Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 65

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El ambiente se volvió incómodo al instante.

Shen Ci tosió un par de veces.

—¿Por qué no lo intentas otra vez? Si cultivas un poco la relación, acabará acercándose a ti. Hay que ir poco a poco.

Qin Yi no tenía ningún interés en cultivar una relación con un gorrión. Ya que no quería comer de su mano, simplemente dejó de intentarlo. Puso sobre la mesa el pedacito de pan que había arrancado y comenzó a comerse el suyo.

A Shen Ci parecía gustarle mucho todo lo relacionado con el chocolate y, por influencia suya, Qin Yi también había desarrollado cierta preferencia por él.

Acababa de darle un mordisco cuando, por el rabillo del ojo, vio que el gorrión volvía a bajar. Aprovechando que no estaba prestando atención, se llevó furtivamente el trozo de pan que Qin Yi había dejado sobre la mesa.

Qin Yi lanzó una mirada hacia los dos pájaros.

Seguía sin entender qué tenían de adorables aquellas criaturas ruidosas que no paraban de piar.

Shen Ci comía mientras alimentaba a los gorriones y, al final, uno de ellos incluso terminó posándose directamente sobre su mano, con una actitud que prácticamente decía: «Si me das comida, puedes acariciarme cuanto quieras».

Una tranquila merienda se había convertido en una sesión para domesticar gorriones.

Qin Yi tenía sentimientos encontrados. Quería decir algo, pero ni siquiera sabía por dónde empezar, así que terminó guardando silencio.

Después de dejar volar a los dos gorriones ya satisfechos, Shen Ci también había terminado de comer y beber. Se estiró perezosamente en su asiento.

—Gege, ¿qué tal si a partir de ahora salimos a tomar el té todas las tardes de los fines de semana?

—Como quieras.

Qin Yi terminó el último sorbo de su bebida.

—Pero espero que no acabemos alimentando gorriones todas las veces.

Shen Ci no pudo evitar reír. Se levantó y colocó la tetera, las tazas y los platos sobre la bandeja.

—Regresemos.

A partir de aquel día, los dos salieron a tomar el té todos los fines de semana.

Y aquella pareja de gorriones comenzó a visitarlos con frecuencia, como si consideraran el lugar un restaurante de bufé libre. Incluso construyeron un nido en uno de los árboles del jardín y tuvieron una nidada de pequeños gorriones.

El piar se multiplicó.

Además, conforme el clima se volvía cada vez más caluroso, Qin Yi finalmente dejó de querer salir.

Por suerte, desde el interior de la casa no se escuchaba el canto de los pájaros, así que tampoco llegó al extremo de ponerse a discutir por el ruido de unas cuantas criaturas emplumadas.

A medida que se acercaba el gaokao, los alumnos de último año entraron en la etapa final de preparación.

El ambiente en el salón era extremadamente tenso. Nadie tenía ya energía para preocuparse por nada que no fueran los estudios.

Incluso los dos peores estudiantes de la clase comenzaron a esforzarse seriamente. Pasaron de obtener apenas cien puntos en el examen integral de Humanidades a tener posibilidades de ingresar a una universidad de segundo nivel, algo que llenó de satisfacción al profesor Chang, su tutor de grupo.

Shen Ci también repasaba las materias siguiendo su planificación habitual, reforzando aquello en lo que todavía tenía carencias.

Sin embargo, siempre experimentaba una extraña sensación.

Sentía que él nunca había vivido un último año de preparatoria tan tenso.

Al principio pensó que se debía a que la «Primera Preparatoria de Yanyang», donde había estudiado en su mundo original, era una escuela bastante común y el ambiente académico no era tan intenso.

Pero, poco a poco, comenzó a percibir más anomalías.

Ni siquiera recordaba haber presentado exámenes de simulación.

Tampoco podía recordar qué preguntas habían aparecido en el gaokao del año en que él lo presentó.

Muchos fragmentos de sus recuerdos se habían vuelto borrosos.

Era como si el mundo que originalmente le pertenecía estuviera alejándose poco a poco de él.

Aquella sensación de miedo, que llevaba muchísimo tiempo sin aparecer, volvió a invadirlo.

¿De verdad terminaría siendo asimilado por completo por este mundo?

¿Se convertiría totalmente en el Shen Ci del libro?

Sin embargo, no tardó demasiado en recuperarse de aquel temor y consiguió convencerse a sí mismo.

Ya había muerto en su mundo original.

Era imposible regresar y tampoco sentía demasiado apego por aquel lugar.

Incluso si terminaba siendo asimilado completamente por este mundo, tampoco sería algo tan terrible.

Después de todo, aquí estaba el piano que amaba.

Y también estaba la persona que amaba.

Para obtener algunas cosas, había que estar dispuesto a perder otras a cambio.

Shen Ci aceptaba aquel intercambio.

Después de ajustar su estado de ánimo, volvió a concentrarse en los estudios.

De ese modo, presentó el gaokao sin contratiempos y tuvo un desempeño tan estable como siempre.

Después del examen, comenzaron oficialmente sus vacaciones.

Probablemente aquel sería el verano más largo y relajado de toda su vida como estudiante.

Shen Ci regresó feliz a casa para pasar las vacaciones junto a Qin Yi y, poco después, llegó su cumpleaños número diecinueve.

En un abrir y cerrar de ojos, ya llevaba un año viviendo con la familia Qin.

A diferencia de su cumpleaños número dieciocho, esta vez Qin Yi se encargó personalmente de celebrarlo.

Shen Ci finalmente pudo cumplir su deseo de comer su pastel de chocolate favorito el día de su cumpleaños. Sopló las velas y pidió un deseo junto a Qin Yi, sintiéndose la persona más feliz del mundo.

Después de terminar el pastel, Qin Yi dijo de repente:

—Todavía tengo otro regalo para ti.

Shen Ci se limpió una pequeña mancha de chocolate de la comisura de los labios y lo miró sorprendido.

—¿Todavía hay más? Gege, ¿cuántos regalos me preparaste exactamente? Compraste el pastel, comimos fideos de longevidad, me diste dinero y ropa… ¿Qué más te queda por regalarme?

—Todo eso es lo más básico.

Qin Yi habló con absoluta seriedad.

—Todavía queda una cosa. Quizá no pueda llamarse exactamente un regalo, pero creo que es necesario que te la entregue. Digamos que… simplemente estoy devolviéndola a su verdadero dueño.

Al escuchar «devolviéndola a su verdadero dueño», Shen Ci dirigió inmediatamente la mirada hacia el collar que Qin Yi llevaba al cuello.

—¿Vas a devolvérmelo? No creo que sea buena idea.

—No es esto.

Qin Yi parecía impotente ante la dirección que había tomado su imaginación.

—¿Cómo podría devolverte algo que tú me regalaste? Está en el segundo piso. Sube a verlo.

Shen Ci parecía desconcertado.

—¿Lo pusiste en mi habitación?

—No. Tú sube primero y después te diré dónde está.

Shen Ci se confundió todavía más.

¿Qué clase de objeto era para que Qin Yi tuviera que mantener tanto misterio? ¿Por qué tenía que estar necesariamente en el segundo piso? ¿Y qué significaba eso de «devolverlo a su verdadero dueño»?

No tuvo más remedio que subir.

Una vez arriba, miró a su alrededor.

—Pero ¿qué es exacta…?

Sus palabras se interrumpieron a mitad de la frase.

Qin Yi se había puesto de pie y, con la ayuda de Wen Yao, se disponía a subir las escaleras.

Últimamente Qin Yi estaba intentando dejar atrás los aparatos ortopédicos y caminar con muletas. Sobre terreno llano todavía podía desenvolverse, pero subir escaleras seguía siendo demasiado difícil para él.

Por eso había pedido a Wen Yao que lo ayudara.

Como era el cumpleaños de Shen Ci, Wen Yao excepcionalmente decidió darle algo de consideración a Qin Yi y no se burló de él como solía hacerlo.

Shen Ci permaneció en el descansillo del segundo piso, observándolo apoyarse en las muletas y avanzar escalón por escalón.

Podía percibir claramente cuánto esfuerzo le costaba.

Sintió una punzada en el corazón, pero al mismo tiempo se conmovió profundamente.

Aunque todavía no sabía qué regalo podía ser tan importante como para que Qin Yi insistiera en subir personalmente, ya había comprendido perfectamente el peso de los sentimientos de aquel hombre que nunca había sido bueno expresándose con palabras.

Shen Ci bajó rápidamente y se colocó junto a él, acompañándolo con Wen Yao hasta que finalmente consiguió llegar al segundo piso.

Después de subir con dificultad aquellas decenas de escalones, Qin Yi sentía las rodillas débiles y respiraba ligeramente agitado.

Entró en la habitación de Shen Ci, que era la más cercana, y se sentó para descansar un rato.

Solo entonces sacó una llave.

—La sala de piano del segundo piso. Ve a abrirla.

Shen Ci se quedó atónito.

—¿La sala de piano… del segundo piso?

¿Había una sala de piano en el segundo piso?

Qin Yi terminó de regular lentamente su respiración y asintió.

—Mm.

Solo entonces Shen Ci recordó que, cuando acababa de llegar a la residencia Qin, el mayordomo le había mencionado que había más de una sala de piano en la casa.

Sin embargo, siempre practicaba en la del primer piso y nunca había sentido curiosidad por saber dónde estaban las demás.

Con el paso del tiempo, terminó olvidándolo.

Después de todo, tampoco subía demasiado al segundo piso. Prácticamente nunca había dormido en su propia habitación.

Ahora, con la llave en la mano, finalmente encontró aquella sala de piano.

En cuanto abrió la puerta, vio un piano junto a la pared.

Un piano blanco.

Era diferente al de la sala de piano del primer piso.

Este modelo era más pequeño: un piano de cola para uso doméstico, también conocido como «media cola».

Como Qin Yi ofrecía conciertos con frecuencia, prácticamente nunca utilizaba instrumentos de ese tamaño. Incluso cuando practicaba en casa, usaba un piano de gran cola con especificaciones profesionales.

Eso significaba que aquel piano no pertenecía a Qin Yi.

Shen Ci se acercó.

Por alguna razón, el instrumento le resultaba familiar.

Qin Yi no había podido subir al segundo piso durante todo aquel año, así que aquel piano llevaba al menos un año sin ser tocado.

Sin embargo, era evidente que alguien se había encargado regularmente de su mantenimiento.

Aunque a simple vista ya no parecía completamente nuevo, estaba impecablemente limpio.

Igual que la propia sala.

Aunque nadie entraba allí para practicar, la habitación permanecía luminosa y sin una mota de polvo.

Shen Ci se sentó frente al piano, levantó la tapa del teclado y tocó unas cuantas frases al azar.

La afinación era precisa.

Probablemente lo habían afinado hacía poco.

En cuanto la música comenzó a fluir de sus dedos, aquella sensación de familiaridad se volvió todavía más intensa.

Era como si alguna vez se hubiera sentado frente a aquel mismo piano.

Como si hubiera tocado aquellas teclas innumerables veces.

Le resultaban tan familiares como un viejo amigo que hubiera permanecido a su lado todos los días.

Shen Ci no podía explicar de dónde provenía aquella sensación.

Entonces vio aparecer a Qin Yi en la entrada de la sala, apoyado en sus muletas.

Sus siguientes palabras dieron respuesta a aquella inexplicable familiaridad.

—¿Todavía lo recuerdas?

Shen Ci levantó la cabeza.

Había cierta confusión en su mirada.

—Es tu piano —dijo Qin Yi en voz baja—. El piano que tu padre vendió.

Shen Ci:

—…

Permaneció completamente inmóvil durante varios segundos.

Después abrió los ojos de par en par, incapaz de creerlo.

La enorme cantidad de información desordenó por completo sus pensamientos y se puso de pie bruscamente.

¿El piano que Shen Zhaocheng había vendido?

Eso había ocurrido al menos un año antes de que firmaran el acuerdo.

En aquel entonces, Qin Yi ni siquiera lo conocía.

¿Cómo podía haber sabido que Shen Zhaocheng estaba vendiendo su piano?

¿Y por qué habría comprado un piano usado?

Shen Ci solo recordaba vagamente que Shen Zhaocheng había dicho algo como:

«Increíble que haya vendido por el precio original un piano usado durante tres años. Todavía existen compradores con más dinero que cerebro».

Nunca había imaginado que el comprador hubiera sido Qin Yi.

La voz de Shen Ci tembló ligeramente.

—¿Por qué está en tus manos?

Qin Yi guardó silencio un momento.

Primero se sentó en el sofá y dejó las muletas a un lado.

Después habló en voz baja:

—En realidad, llevaba mucho tiempo dudando si debía contártelo. Lo pensé durante bastante tiempo y llegué a la conclusión de que, ya que vamos a casarnos, debería ser más sincero contigo.

Shen Ci caminó hacia él y se sentó a su lado.

Adoptó una expresión seria.

—Habla de una vez.

¡Llevaban un año juntos y aquel hombre todavía le ocultaba algo tan importante!

—Yo le compré el piano a Shen Zhaocheng —explicó Qin Yi—. No me faltan pianos y tampoco compraría sin motivo un instrumento usado. Lo compré únicamente porque era tuyo.

Hizo una breve pausa.

—En aquel entonces no sabía por qué habías dejado repentinamente de estudiar piano, igual que al principio tampoco sabía por qué habías comenzado a aprender de repente. Aunque me parecía una lástima que abandonaras de aquella manera, tampoco tenía derecho a interferir en tus decisiones.

—Cuando escuché que Shen Zhaocheng quería vender este piano, no quería que algo que te pertenecía terminara en manos de otra persona. Así que me puse en contacto con él de forma anónima, compré el piano y lo traje a casa. Pensaba conservarlo como recuerdo.

—Espera.

La expresión de Shen Ci se volvió extraña.

—¿Como recuerdo…? ¿Estabas coleccionando cosas mías?

Lo miró fijamente.

—Dime la verdad. ¿Tú ya me conocías desde mucho antes?

Qin Yi apartó la mirada con cierta incomodidad.

Respondió en voz muy baja:

—Mm.

Al ver confirmada su sospecha, Shen Ci quedó todavía más desconcertado.

Se apresuró a preguntar:

—¿Desde cuándo? ¿Un año antes de proponer el matrimonio entre nuestras familias? ¿Dos años? ¿O incluso antes?

Qin Yi apretó ligeramente los labios y dirigió la mirada hacia otro lado.

—Hace trece años… No. Ahora deben de ser catorce.

Shen Ci volvió a abrir los ojos de par en par.

De repente, sintió que había olvidado cómo hacer operaciones matemáticas con números menores de veinte.

Tardó varios segundos en calcular cuántos años tenía él catorce años atrás.

Finalmente, lo miró completamente conmocionado.

—¿Ya me conocías cuando yo tenía cinco años? Qin Yi, ¿cuántas cosas más hay que todavía no sé?

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