Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 103
—Solo le ofrecí lo que necesitaba —respondió Qin Yi con «modestia»—. Pero tampoco lo hice únicamente para ayudarlas. Cuando se divorció de Shen Zhaocheng, probablemente no le quedaron muchos ahorros. Sin embargo, en apenas dos años consiguió volver a reunir lo suficiente para el pago inicial de un departamento, pagar los estudios de su hija e incluso inscribirla en clases de dibujo. Por cómo visten y se comportan, su calidad de vida tampoco parece mala. Eso demuestra que realmente es muy competente en su trabajo.
—Te fijaste en bastantes detalles.
—Precisamente me falta personal —continuó Qin Yi—. El salario que le ofreceré no será inferior al de su trabajo actual y seguramente tendrá una carga laboral más ligera. Podrá disponer de más tiempo para acompañar a su hija y, al mismo tiempo, ampliar sus contactos para facilitar que Shen Ge pueda estudiar arte en mejores condiciones en el futuro. Por mi parte, obtendré una mayor eficiencia laboral. Todos salimos ganando.
Shen Ci parpadeó y, de repente, se aferró a su brazo.
—Gege, acabo de descubrir que no solo sabes tocar el piano. Todo lo que acabas de decir suena bastante convincente.
—Si solo supiera tocar el piano, ¿cómo podría mantenerte?
—¿Mmm? —Shen Ci inclinó la cabeza—. Entonces tendrás que esforzarte mucho. Después de todo, mantenerme es muy difícil.
Así habló Shen Ci, el «extremadamente difícil de mantener».
Qin Yi lo miró y una leve sonrisa apareció involuntariamente en sus labios.
—Está bien. Me «esforzaré» mucho para mantenerte.
*
Los días de clases siempre pasaban volando.
En un abrir y cerrar de ojos llegó el tercer Año Nuevo que Shen Ci pasaba en la residencia Qin.
Lo extraño era que Qin Yi todavía no había mencionado nada sobre casarse.
Cada vez que Shen Ci intentaba tantearlo indirectamente, Qin Yi encontraba alguna manera de responder con evasivas y se negaba a darle una respuesta clara.
Shen Ci estaba muy desconcertado.
Por la actitud de cierto hombre, era imposible que ya no quisiera casarse con él. Sin embargo, tampoco parecía tener ninguna prisa.
Además, Shen Ci tenía la constante sensación de que estaba haciendo algo a escondidas.
Mientras Shen Ci tenía clases, aquello no resultaba tan evidente. Pasaba varias horas fuera de casa todos los días y Qin Yi podía aprovechar su ausencia para hacer lo que quisiera.
Pero en cuanto llegaron las vacaciones, cierto hombre no tardó en dejar pistas.
Aunque Shen Ci había revisado la habitación varias veces sin encontrar nada sospechoso, un día descubrió que Huaihuai ya no cantaba las canciones que él le había enseñado.
En su lugar, tarareaba una melodía completamente desconocida.
Shen Ci rebuscó durante mucho tiempo entre todas las melodías que conocía, pero no consiguió identificarla. Incluso grabó al loro y probó varios programas diferentes de reconocimiento musical, pero ninguno logró encontrar la pieza correcta.
—¿Qué demonios estás cantando?
Shen Ci miró al loro con el ceño fruncido.
¿Qué clase de pieza podía conocer un loro que él no conociera?
Tampoco parecía que Huaihuai estuviera improvisando al azar. La melodía se repetía siempre de la misma manera, lo que significaba que claramente la había aprendido en alguna parte.
…Un momento.
Aparte de él, nadie se dedicaría específicamente a enseñarle canciones al loro.
Si Huaihuai había escuchado una pieza tantas veces como para aprender a imitarla, solo podía ser por Qin Yi.
Últimamente Qin Yi había estado rehabilitándose con el piano. Shen Ci nunca lo oía tocar después de volver de clases, así que seguramente practicaba mientras él estaba en la universidad.
El loro debía de haber aprendido la melodía escuchándolo tocar.
En ese caso, Qin Yi tenía que saber qué pieza era.
Así que Shen Ci fue a buscarlo con Huaihuai.
Sin embargo, Qin Yi respondió:
—No lo sé. Nunca la he escuchado.
Shen Ci: «¿?»
¿Había piezas que ni siquiera el joven señor Qin conocía?
El nivel de sospecha de cierto hombre aumentó drásticamente.
Shen Ci lo observó con expresión desconfiada.
—Gege, ¿últimamente estás haciendo algo a mis espaldas?
Qin Yi hizo una breve pausa antes de negarlo inmediatamente.
—No.
—¿De verdad no? —Shen Ci no le creyó en absoluto—. Será mejor que confieses sinceramente. De lo contrario, voy a empezar a sospechar que, mientras no estoy, te ves en secreto con algún gatito callejero.
El joven señor Qin, acusado repentinamente de «infidelidad», miró a Shen Ci y después al loro con una expresión indescriptible.
Probablemente ni siquiera él había imaginado que su plan, que consideraba impecable, terminaría arruinado por un simple pájaro.
Finalmente suspiró y cedió.
—Ven conmigo.
Shen Ci lo siguió hasta la sala de música.
Qin Yi se sentó frente al piano, abrió la tapa del teclado y comenzó a tocar.
Desde la última vez que Shen Ci lo había sorprendido practicando en secreto, Qin Yi se había vuelto especialmente cuidadoso.
Habían pasado varios meses y Shen Ci no había vuelto a encontrarlo practicando.
No esperaba que aquel día tomara la iniciativa de tocar frente a él.
Después de varios meses de rehabilitación, los problemas físicos que antes habían afectado la calidad de su interpretación habían desaparecido por completo.
Shen Ci escuchó en silencio.
Hacía muchísimo tiempo que no oía a Qin Yi tocar, y cada vez que lo escuchaba era un nuevo deleite.
La pieza le resultaba completamente desconocida.
Sin embargo, varios compases de la parte culminante se parecían muchísimo a la melodía que Huaihuai había estado cantando.
Shen Ci no pudo evitar dirigirle a Qin Yi una mirada significativa.
Así que aquel hombre realmente le había mentido.
Cuando terminó la pieza, Shen Ci continuó inmerso en la música durante un buen rato antes de reaccionar.
Preguntó sorprendido:
—Esta pieza… No me digas que la compusiste tú.
—Sí.
—¿De verdad?
Shen Ci había escuchado todas las composiciones anteriores de Qin Yi, y no una, sino muchas veces.
En aquella también podía distinguir claramente el «estilo de Qin Yi», pero al mismo tiempo era diferente de todas las anteriores.
No sabía si se debía a que estaba demasiado acostumbrado a su antiguo estilo o a alguna otra razón, pero sentía que algo en aquella pieza resultaba extraño.
Qin Yi vio que fruncía el ceño y preguntó primero:
—¿Qué problema crees que tiene?
Shen Ci vaciló.
No se consideraba lo bastante capacitado como para criticar una composición de Qin Yi y, por un momento, no se atrevió a responder.
—Di lo que piensas.
—Creo que… —Shen Ci finalmente reunió valor— le falta algo. Le falta un poco de… alma.
Atreverse a decir que una composición de Qin Yi «no tenía alma» hizo que Shen Ci sintiera que quizá se le había subido demasiado a la cabeza.
Su mente comenzó a trabajar a toda velocidad, preparando toda una serie de frases para consolarlo: que su condición física podía haber influido, que llevaba demasiado tiempo sin componer y era normal que eso afectara su trabajo…
Sin embargo, para su sorpresa, Qin Yi no se enfadó ni se entristeció.
Al contrario, sonrió.
—Tienes razón.
Shen Ci se quedó inmóvil.
Qin Yi se levantó, caminó hasta la estantería y sacó dos partituras de uno de los estantes superiores.
Shen Ci: «…»
¡Con razón nunca había encontrado nada!
¡Resultaba que lo había escondido allí arriba!
¿Se estaba aprovechando de que Shen Ci no era lo bastante alto para ver lo que había en esos estantes y tampoco podía alcanzarlos?
Qin Yi le entregó las dos partituras.
Shen Ci lo fulminó con la mirada antes de aceptarlas, todavía enfurruñado.
Una correspondía a la versión que Qin Yi acababa de interpretar.
La otra…
—¿Piano a cuatro manos? —Shen Ci abrió los ojos con asombro—. ¿Esta es una partitura para cuatro manos?
—Sí.
Qin Yi pasó suavemente una mano sobre las teclas.
—Cuando comencé a componerla, descubrí que una interpretación en solitario no podía producir el efecto que buscaba. Solo una interpretación a cuatro manos podía transmitir la expresividad que imaginaba. Cuando dijiste que le faltaba alma, sentiste exactamente lo mismo que yo.
Shen Ci sostuvo la partitura con incredulidad.
Qin Yi, el rey absoluto de los solistas, ¿había compuesto una pieza para piano a cuatro manos?
—¿Por qué me miras así?
Qin Yi también parecía un poco desconcertado, aunque no profundizó en ello.
—Nunca había compuesto algo así y tampoco puedo interpretar yo solo las partes de dos personas al mismo tiempo. Por eso no estoy completamente seguro del resultado final. He estado haciendo pruebas durante todo este tiempo y, por ahora, ya no encuentro nada que pueda mejorar. Probablemente necesite escucharla interpretada completa para descubrir si todavía hay algún problema.
Shen Ci parpadeó.
—Entonces, ¿con quién vas a tocarla?
Qin Yi pareció sorprendido por la pregunta y arqueó ligeramente una ceja.
—Aparte de ti, ¿acaso hay alguien más?
El ambiente quedó repentinamente en silencio.
Al ver que Shen Ci no decía nada, Qin Yi continuó:
—Antes me preguntaste cuándo pensaba regresar a los escenarios. Ya lo decidí. Dentro de dos meses ofreceré un concierto de regreso y esta pieza será la última del programa.
Shen Ci continuó sin responder.
Por fuera parecía tranquilo.
Por dentro, su corazón latía a toda velocidad.
¿Qin Yi lo estaba invitando a tocar a cuatro manos con él?
¿Y además quería usar aquella pieza como cierre de su concierto?
¿Eso no significaba que Shen Ci aparecería en el concierto personal de Qin Yi, que subiría al escenario junto a él y que ambos completarían aquella pieza juntos?
Aquello…
Aquello era simplemente…
Qin Yi frunció ligeramente el ceño.
—¿No quieres?
—¡Sí! ¡Claro que quiero!
Shen Ci estaba tan emocionado que casi se le enredaban las palabras.
—Pero nunca he tocado a cuatro manos.
—Yo tampoco —respondió Qin Yi—. ¿Qué te parece si lo intentamos ahora mismo?
—¿Ah? ¿A-ahora? —Shen Ci incluso tartamudeó un poco—. Espera, primero déjame revisar la partitura.
La extendió apresuradamente. Hasta le temblaban un poco las manos.
—¿Qué parte toco yo?
—El registro agudo.
Shen Ci volvió a examinar cuidadosamente la partitura.
Por lo general, la parte aguda llevaba la voz principal y la melodía, pero aquella composición era claramente diferente.
Durante la primera mitad, la melodía principal se encontraba en el registro grave y la parte aguda servía como acompañamiento. Más adelante, ambas funciones se invertían y todo el carácter de la pieza también cambiaba.
La obra se titulaba «Persiguiendo la luz».
La transición del registro grave al agudo también representaba el paso de la pesadumbre a la ligereza, de la desesperación a la esperanza.
Con solo observar la partitura, Shen Ci sentía que podía ver la vida pasada de Qin Yi entre aquellas notas.
Levantó la cabeza.
Había repasado la partitura de principio a fin y, dejando de lado todo lo que le hacía sentir, solo tenía una impresión sobre la dificultad técnica.
Era dificilísima.
Para conseguir el efecto que Qin Yi buscaba, ambos tendrían que coordinarse con una precisión extraordinaria.
En el clímax final, las dos partes se entrelazaban estrechamente, siguiéndose una a otra hasta el punto de que prácticamente dejaba de existir una distinción entre voz principal y acompañamiento.
La pieza exigía muchísimo de ambos intérpretes.
Si cualquiera de los dos no tenía el nivel suficiente, toda la interpretación se vendría abajo.
¿Qin Yi realmente consideraba que su nivel actual era suficiente para afrontar una pieza de semejante dificultad?
Quedaban dos meses para el concierto de regreso.
¿Confiaba tanto en él como para creer que podrían alcanzar una coordinación impecable en solo dos meses?
Después de terminar de leerla, Shen Ci volvió a perder un poco la confianza.
Miró a Qin Yi.
—Esto… ¿no es demasiado difícil?
—Ya has interpretado piezas más difíciles —respondió Qin Yi con absoluta tranquilidad—. La única diferencia es que aquellas eran para solista y esta es a cuatro manos. ¿O acaso crees que no tenemos suficiente compenetración?
—Bueno… es que nunca lo hemos intentado…
—Precisamente por eso debemos intentarlo.
Qin Yi recurrió entonces a la provocación.
—Si de verdad no quieres, tendré que buscar algún gatito callejero para que toque conmigo…
—No.
La expresión de Shen Ci cambió en un segundo.
—Nada de gatitos callejeros.
Qin Yi fingió encontrarse en un dilema.
—Pero tú no quieres acompañarme…
—¿Quién dijo que no quiero?
Shen Ci se remangó, se dejó caer de inmediato sobre el banco del piano y colocó la partitura en el atril.
—Rápido. Vamos a tocarla ahora mismo.
Una curva casi imperceptible apareció en los labios de Qin Yi.
Se sentó junto a Shen Ci y respondió en voz baja:
—A sus órdenes.