De Goblin a Dios Goblin - Capítulo 315
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- Capítulo 315 - ¿Un Dios Demonio? ¡Todos le hacen caso a Lin Tian!
A petición de Lucifer, el Dios Demonio Azazel no tuvo de otra más que mandar llamar a su hijo menor para que se presentara.
No tardó en aparecer una figura envuelta hasta el cuello en una arpillera gruesa, descendiendo del cielo. Solo se alcanzaban a ver un par de ojos opacos, observando con miedo a la multitud alrededor.
Era nada menos que Simir, alguna vez llamado el hombre más perfecto del Infierno: hijo de un Dios Demonio, híbrido angelical de segunda generación.
Simir miró alrededor con nerviosismo. Decenas de miradas clavadas en él lo abrumaban. Su postura estaba rígida, ni siquiera podía pararse derecho.
—Tsk, tsk, tsk. El supuesto hombre perfecto… ¿y terminó así?
—Parece rata de alcantarilla.
—No entiendo. Era fuerte, les gustaba a las mujeres y era guapo. ¿Cómo cayó tan bajo?
Los demonios empezaron a chismear. Unos lo lamentaban, otros se burlaban sin piedad.
Azazel ya no aguantó. Se acercó de zancada, le arrancó la arpillera a Simir y lo regañó con frustración:
—¡Sigues siendo mi hijo, por el amor del cielo! ¡Mírate! Das pena. Hoy más te vale dejar buena impresión con la hija de Lucifer, ¡o te saco de la familia!
—¡Padre, no, por favor! Yo no puedo… no me hagas esto… —balbuceó Simir, aterrado.
Ver mujeres le detonaba recuerdos horribles. Las demonias presentes lo miraban como si fuera un juguete, y eso lo hacía sentir todavía peor.
Aunque traía el aspecto descuidado y sucio, no podía ocultar sus facciones impactantes y su piel clara. Como híbrido angelical, su genética era impecable, y esa “calidad” se heredaba.
Al verlo así, Lin Tian no pudo evitar pensar en dos palabras:
“Hikikomori.”
Un ermitaño encerrado.
Y lo más triste era que este tipo no siempre había sido así. Pero siglos de aislamiento lo habían convertido en esto.
Lin Tian comentó con desdén:
—Un encerrado es un encerrado. ¿Pa’ qué inventar excusas?
Saber que su “rival” era un encerrado lo hizo sentir aún más seguro. Aunque Celeste se le aventara encima, Simir ni de chiste se atrevería a hacer algo… capaz hasta se moría del susto.
No había de otra: los encerrados eran así.
Aun así, no se podía negar que Simir tenía su encanto. Con poder de combate 24,000, estaba casi a la par de Celeste.
—Tú… ¿quién eres? —Simir lo miró de reojo.
—¡No sabes nada de mi situación! ¡Deja de inventar cosas sin saber! —explotó Simir, alterado.
Lin Tian sonrió con burla y ni se molestó en responder. Solo dijo:
—Ya, Su Alteza Celeste. Haz lo que te indiqué.
Satisfecho porque ya había logrado su objetivo —y además se había llevado ganancias inesperadas—, Lin Tian no tenía la menor intención de quedarse más tiempo.
Al oír eso, Celeste vaciló.
—Va… pero a él sí le ha tocado duro. ¿Ves a esas demonias en la multitud? Antes lo forzaban todo el tiempo… de ese modo.
Señaló hacia el público.
Lin Tian siguió su mirada. Unas—no, un grupito—no, varias demonias enormes estaban sonriéndole a Simir con una malicia descarada. Se reían hasta entrecerrar los ojos.
Y esa era solo una.
Junto a ella había otra con una nariz todavía más grande y puntiaguda que la de un goblin, y la cara llena de granos como para exprimirle kilos de puntos negros.
Al ver la expresión miserable de Simir, Lin Tian entendió en el acto. Cualquier hombre al que lo emboscaran y lo agredieran así, día tras día, año tras año… terminaría loco.
Con razón Simir acabó de esta manera.
En la lógica demoníaca, la lujuria era “normal”: un intercambio donde nadie “pierde”. Pero Simir no tenía forma de resistirse cuando lo sometían y lo dejaban inconsciente una y otra vez.
—¿Qué tal? Su fuerza es innegable, y en apariencia es casi un ángel. En cierto sentido, todavía es puro —comentó Lucifer.
Al final, que te obliguen no cuenta como “impureza voluntaria”.
Celeste no esperaba encontrar de verdad un macho de alto nivel “puro”. Resignada, dijo:
—Vamos. Hablemos a solas.
Simir negó con la cabeza, pero Azazel lo silenció con una mirada dura. No le quedó de otra que obedecer.
Los dos se fueron hacia la parte trasera del salón.
Simir tragó saliva sin poder evitarlo al mirar la figura elegante de Celeste y su rostro perfecto. De verdad era hermosa… como un ángel bajado del cielo.
Pero entonces—
La voz fría de Celeste cortó sus pensamientos:
—Te lo dejo claro. Si nos casamos, no solo vas a tener que “cumplirme”, también te voy a usar para mi entretenimiento.
Simir se quedó tieso.
—¿C… cómo que entretenimiento?
Celeste, aguantándose la pena, habló con expresión seria y empezó a explicar su “interés” por ciertas obras ilustradas.
Y describió ideas fantasiosas e irreales de su colección… la mayoría hechas para público masculino.
Simir se quedó congelado al escuchar términos como “amarres”, “sadomaso”, “cambio de género” y “futa”. Su cara se torció de horror y gritó:
—¡No! ¡Esto es una locura! ¡El mundo entero se volvió loco! ¡No lo haré! ¡Jamás!
Balbuceando incoherencias, se agarró la cabeza y salió corriendo.
Cuando volvió al gran salón, traía la cara pálida del terror. Señaló a todos y gritó:
—¡Celeste… ella es más aterradora de lo que se imaginan! ¡Corran! ¡Corran por sus vidas!
Comparado con que lo dominaran por fuerza bruta, esto era un nivel completamente distinto de infierno.
Al ver su huida en pánico, Celeste sintió que quizá se había pasado. Simir ya estaba al borde del colapso mental y sus palabras fueron la gota que derramó el vaso.
—¿De verdad dije algo tan horrible? —murmuró.
Hasta Lin Tian lo encontró triste.
—Para un demonio con tanto poder, esto da lástima —comentó.
Los demás, incluido Lucifer, se quedaron totalmente sacados de onda.
Azazel se rascó la cabeza.
—¿Y ahora qué demonios pasó aquí?
Cuando Celeste regresó, Lucifer le preguntó con severidad:
—Hija, ¿qué le hiciste? ¿Cómo es posible que se volviera completamente loco?
Celeste fingió inocencia.
—No sé. De la nada se le botó la canica.
Nadie se atrevió a escarbar más en el tema. Azazel soltó un suspiro pesado, avergonzado.
—¡Este chamaco! Tenía potencial infinito… ¡y se volvió loco por unas cuantas mujeres! ¡Y ni siquiera perdió nada por eso! ¡Hah!
Lucifer, ya resignado, propuso:
—¿Por qué no eliges a alguien más? Baja tantito tus estándares. No estás precisamente joven y…
Mientras hablaba, le cruzó por la mente la colección que Celeste había mostrado antes, y le dio un escalofrío.
—Padre, ¿no viene una guerra contra los ángeles? Dejemos esto para después —dijo Celeste, seria.
Lin Tian aprovechó:
—Exacto. La guerra es cruel… yo lo sé mejor que nadie. Si algo sale mal, se convierte en desastre para los dos bandos.
Lucifer se quedó un momento sorprendido por lo acertado del comentario.
“Este goblin… hay que vigilarlo,” pensó.
De pronto, la voz burlona de Beelzebub rompió la calma:
—¿Cómo se atreve un simple goblin a interrumpir las discusiones de nuestra familia de Dioses Demonio? ¡Te voy a romper brazos y piernas y te voy a volver un cadáver viviente!
Un grupo de demonios superiores rodeó de inmediato a Lin Tian, y el aire se volvió pesadísimo. Desde antes habían planeado darle una lección… sin matarlo para no arruinar el plan.
Beelzebub miró a los otros con frialdad.
—Dejémoslo lisiado y como cadáver viviente. Todavía puede usar su poder, así que nadie debería oponerse.
Los Dioses Demonio se veían serios, pero guardaron silencio. No querían enfrentarse a un “amigo” de tantos años.
Lin Tian frunció el ceño. Se había enfocado tanto en ayudar a Celeste que casi se le olvidó este estúpido.
Se adelantó, le picó el pecho a Beelzebub con un dedo y se burló:
—Tengo curiosidad… ¿de dónde sacaste los huevos para retarme?
Beelzebub sonrió con malicia.
—No creas que Lucifer te va a salvar esta vez. Ya dijo que cuando el Proyecto Edén se complete, puedo matarte las veces que quiera y él no va a meter las manos. Voy a empezar cortándote las extremidades y dejándote como cadáver viviente. Cuando el plan se logre, te mato, encierro tu alma y te torturo hasta el fin del mundo.
Su voz estaba llena de rabia. Llamas estallaron a su alrededor, pintando el mundo con su aura ardiente.
Lin Tian miró a Lucifer. Lucifer desvió la mirada, dando permiso tácito.
Al ver eso, Celeste dio un paso al frente, negándose a dejar que su amigo terminara así.
—Padre… esto no es propio de ti. ¿Por qué tú…
Pero la voz de Lin Tian cortó la tensión, llena de desprecio y sin una pizca de miedo:
—Viviste miles de años y sigues tan menso. Te doy una oportunidad: arrodíllate y ruega por perdón. Si no… el que se vuelve cadáver viviente eres tú.
El salón cayó en un silencio atónito.
Solo los labios de Lucifer se curvaron en una sonrisa leve.
—Interesante —murmuró.
Entonces estallaron las carcajadas alrededor.
—¡Ja! ¡Otro loquito!
—¿Este güey está idiota? ¿Por qué Celeste se haría amiga de un tarado así?
—¡Esto está buenísimo! ¿Le está pidiendo a un Dios Demonio que se arrodille? ¿Y que lo van a volver cadáver viviente?
Las burlas llenaron el salón, casi pegándole la cara a Lin Tian.
Hasta Azazel no pudo ocultar su sorpresa.
—Conquistaste la Zona Deshabitada y el Yermo. Abriste la Puerta del Edén, algo inexplicable. ¿Y aun así tienes la cabeza tan hueca?
Celeste también estaba desconcertada.
—Yo prometí protegerte y voy a cumplir. Si quieren hacerte daño, tienen que pasar por mí primero—
Antes de que terminara, Lin Tian la interrumpió.
—No hace falta. Ni siquiera necesito que me toquen. Esto lo resuelvo yo.
Beelzebub se reía tan fuerte que casi se tiraba al piso.
—¿Ya vieron? ¡Este imbécil está tan asustado que anda diciendo tonterías! ¡La única cosa que nunca debiste hacer fue meterte con la Zona Deshabitada!
—¡Siente arrepentimiento!
—¡Siente dolor!
—¡Siente desesperación!
Lin Tian lo corrigió con calma:
—Yo sí pensaba ocuparme de la Zona Deshabitada, pero fue tu subordinada Scarlett la que se adelantó y arrastró a todos —incluyéndote a ti— a este desmadre.
Beelzebub entrecerró los ojos con desprecio.
—¿Ah, sí? ¡A ver qué haces ahora! ¡Agárrenlo, córtenle brazos y piernas primero y luego órdenenle que abra la Puerta del Edén!
Antes de que ejecutaran la orden, se oyó un sonido húmedo, desgarrador, que heló la sangre.
Pero no era que los demonios atacaran a Lin Tian…
Era Lin Tian atacándose a sí mismo.
Se metió la mano en el pecho y atravesó su propio corazón. La escena fue grotesca… pero su cara no mostró dolor. Al contrario: sus labios se curvaron en una sonrisa retorcida antes de desplomarse en el suelo.
El salón explotó en caos.
—¿Qué acaba de pasar? ¿Se… se suicidó?
—¿Está loco? ¿Quién se arranca su propio corazón y encima sonríe? ¡Qué miedo!
—¡Espérense! ¿Nadie ve el problema? Si se muere, ¡no puede abrir la Puerta del Edén!
—¿Qué?!
El grito de un demonio superior heló el ambiente.
Samael, uno de los Dioses Demonio, reaccionó primero.
—¡Rápido! ¡Sálvenlo! ¡Ya!
Los ojos de Azazel se contrajeron.
—¡Maldita sea! ¿Cómo pudo pasar esto?
El pánico se regó como fuego. Hace un segundo estaban emocionados por el Proyecto Edén, y ahora parecía que todo se iba al carajo. Si Lin Tian moría, se acababa todo.
Abaddon, el Dios Demonio que gobernaba la enfermedad, dio un paso al frente. Traía un atuendo como de médico medieval, con un monóculo verde. Sacó una semilla negra y la plantó en el corazón de Lin Tian.
Luego acomodó el corazón de vuelta en el pecho. La semilla brotó como hilos, cosiendo venas y uniendo todo sin costuras.
Después, Abaddon formó un círculo mágico en la mano y cantó en la lengua antigua de los Dioses Viejos.
—Magia de Clase Mítica: Peste de Vida y Muerte.
Esa habilidad exclusiva le permitía plantar semillas negras en el cuerpo de un objetivo, controlando su vida, envejecimiento, enfermedad y muerte. Podía matar, curar o imponer enfermedades.
Pero solo podía usarse una vez por persona; si se intentaba otra vez, el objetivo desarrollaba resistencia y ya no se podía controlar vida o muerte, solo enfermarlo.
Los Siete Dioses Demonio —Lucifer, Beelzebub, Samael, Azazel, Abaddon, Belial y Mastema— observaron mientras Lin Tian, que estaba muerto hace nada, empezaba a moverse.
Su “resurrección” asustó a Celeste.
—Majestad Lin Tian, ¿estás bien? ¿Por qué te mataste de la nada? ¡Yo te dije—
No alcanzó a terminar.
Lin Tian volvió a moverse, levantando la mano como si fuera a arrancarse el corazón otra vez.
Las demonios que se estaban burlando se quedaron mudos. La risa desapareció, reemplazada por puro terror.
¿Qué clase de persona se mata así de decisivo y sin miedo?
Solo un loco.
Pero un loco con la cabeza fría era mil veces más aterrador que un demente.
Algunos empezaron a entender la intención de Lin Tian. Las serpientes gris-negras de Samael salieron de su carne, enrollándose en la mano de Lin Tian.
—¡Espera! Ya sé lo que quieres… ¡nomás aguanta, sí!
Beelzebub, todavía sin entender del todo, sintió un miedo instintivo y retrocedió.
Lin Tian sacudió las serpientes, se puso de pie y soltó una risita oscura.
—Ah, entonces sí hay Dioses Demonio inteligentes. Pensé que todos estaban igual de estúpidos que Beelzebub.
—¡Maldito! ¡Habla claro! —rugió Beelzebub, mostrando los colmillos y listo para golpear.
Pero Abaddon se interpuso para bloquearlo.
Antes de que Beelzebub pudiera moverse, Azazel, Samael, Belial y Mastema se colocaron junto a Abaddon, protegiendo a Lin Tian.
La sonrisa siniestra de Lin Tian se ensanchó.
—Si no convierten a Beelzebub en cadáver viviente ahorita… me mato otra vez.
Su voz rebosaba confianza y burla.
Claro que le daba miedo morir, pero tenía la habilidad de Renacer. Ni siquiera la había usado cuando Abaddon lo revivió. Todo el espectáculo era una jugada calculada para intimidar a los Dioses Demonio.
La revelación dejó a todos en silencio.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué el Lord Abaddon y el Lord Samael lo están protegiendo?
A Beelzebub se le llenó la frente de sudor frío cuando lo entendió.
—¡Bestia miserable! ¡Me estás amenazando!
Lin Tian se encogió de hombros como si nada.
—Sí. ¿Y qué? Ven, pues. Órale, menso.
Cuando la “amistad” choca con el interés propio, la amistad no vale nada. Si Lin Tian moría, la esperanza que habían cultivado por milenios se evaporaba.
Y por eso, hasta que el Proyecto Edén se completara, los Dioses Demonio no tenían de otra que hacerle caso a Lin Tian.
…