De Goblin a Dios Goblin - Capítulo 314

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  4. Capítulo 314 - ¿Fantasía? El Árbol del Infierno, Material Supremo para Forjar
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—Su Alteza, otros de mi clan también necesitan esto, así que escojo unos cuantos más…

Antes de que Lin Tian terminara, Lucifer lo interrumpió.

—El Fruto Demoníaco es extremadamente precioso. Si quieres más, te los puedes llevar todos cuando conquistemos el Edén.

Ni siquiera dentro de su propio clan, Lucifer los regalaría tan fácil.

El poder que contenían era demasiado aplastante.

Si alguien obtenía una habilidad imparable, eso sin duda provocaría conflicto interno… no, era garantía.

Lucifer entendía a los demonios mejor que nadie.

Al oír eso, Lin Tian respondió con un “ajá” a regañadientes, pero ni de chiste pensaba dejarlo así.

Pensó: Si los diera ahorita, me ahorraría un mundo de problemas.

Como no iba a pasar, decidió recurrir a tácticas medio marranas.

—Vámonos —ordenó Lucifer.

Cuando ambos salieron, la abertura en la barrera empezó a cerrarse. Su poder era tan enorme que podía resistir ataques de deidades del mismo nivel que Lucifer.

Cualquiera que tocara esa barrera lo alertaría al instante.

Se retiraron y regresaron al Palacio Demoníaco.

En ese momento apareció Celeste, con los ojos llenos de preocupación.

—Majestad Goblin, ¿estás bien? ¿Qué… qué hicieron ustedes dos?

—Solo una transacción pequeña —respondió Lucifer—. Ahora debo ir a aclarar asuntos con los demás y después reorganizaré tu banquete. Por lo pronto, pónganse cómodos.

Dicho eso, Lucifer se dirigió hacia los palacios de los otros Dioses Demonio.

Al final, el malentendido de hace rato los dejó inconformes, y tenía que explicarlo.

¿Y por qué no lo arregló ahí mismo?

Por puro cuidado: por si Lin Tian de verdad estaba conspirando con Jehová.

Solo después de probarlo, Lucifer se quedó tranquilo.

Además… también era para guardarle la cara a Celeste.

Pasara lo que pasara, no podía permitir que el primer “amigo” que ella trajo a casa muriera así de fácil.

Al ver a Lin Tian ileso, Celeste por fin respiró tranquila.

—Pensé que mi padre iba a hacerte algo. ¿Qué trato hicieron?

Sin dudarlo, Lin Tian le contó todo. No había necesidad de esconderlo.

Luego preguntó:

—Oye, ¿tú puedes abrir la entrada al Árbol del Infierno?

—Sí se puede —dijo Celeste, confundida—. ¿Qué planeas? ¿No acabas de conseguir un Fruto Demoníaco?

Lin Tian se encogió de hombros.

—Uno no alcanza. Tu papá es bien codo. ¿No te vas a enojar si me llevo todos?

Por lo que había dicho Lucifer, parecía que ya ni le importaba el Árbol del Infierno y hasta mencionó que más adelante se lo daría todo a Lin Tian.

Celeste lo desestimó, indiferente.

—Haz lo que quieras. De todos modos mi padre me prohíbe comer Frutos Demoníacos. Pero… ¿ya se te olvidó algo? La barrera del Árbol del Infierno no se puede romper, ni siquiera yo.

Los que tenían linaje demoníaco serían controlados y corrompidos por el poder demoníaco.

Si comían los frutos, no podrían resistir sus deseos y terminarían torciéndose en demonios auténticos.

Lucifer prefería que su hija se quedara sin habilidad exclusiva de Clase Mítica antes que dejarla comerlos.

—No te preocupes. Solo necesito que abras la entrada —dijo Lin Tian con una sonrisa confiada.

Él tenía la Bendición de Jehová, que podía usar dos veces: una para atravesar la barrera y otra para salir.

Pero necesitaba que abrieran la entrada de manera manual, por eso le pidió ayuda.

Llegaron al centro de un patio profundo dentro del palacio.

Bajo sus pies había una enorme puerta de piedra grabada con runas intrincadas.

Parada encima, Celeste infundió su poder demoníaco único, y la superficie cubierta de runas pareció “cobrar vida”.

La puerta se abrió lentamente.

Lin Tian no perdió tiempo y entró de inmediato.

Pronto estuvo frente al Árbol del Infierno otra vez: imponente, artístico, absolutamente intimidante.

Celeste intentó disuadirlo una vez más.

—Si tocas esa barrera, mi padre lo va a sentir al instante. Si quieres los frutos, lo mejor sería—

No alcanzó a terminar.

Vio cómo la figura de Lin Tian se desdibujaba, volviéndose borrosa, y atravesaba la barrera como si no existiera.

Hasta Celeste, con toda su experiencia, se quedó en shock.

—¡Imposible! ¿De verdad atravesaste una barrera que puso mi padre?

Antes, ni con los ataques combinados de seis Dioses Demonio —y ella incluida— pudieron romperla.

De hecho, sus intentos solo hicieron que la barrera se fortaleciera.

Era la cima de la magia de barreras: la Barrera de Runas Oscuras.

Absorbía todo ataque, físico o mágico, y se hacía más fuerte.

La única forma de romperla era usar magia capaz de invertir su poder y drenarla por completo… como la Espada Sella-Magia.

Dentro, Lin Tian saltó de inmediato a la copa del árbol, arrancó los diez Frutos Demoníacos restantes y los guardó en su anillo espacial.

Luego su mirada se clavó en el Árbol del Infierno en sí.

Sin duda, el árbol valía mucho más que sus frutos.

Bastaba pensar en las novelas antiguas: muchos artefactos legendarios se forjaban con cuerpos de plantas raras o bestias míticas.

En su vida pasada, Lin Tian había leído cosas así montones de veces. Esta vez decidió intentar forjar usando algo que no fueran minerales.

Sacó con calma un hacha mágica de duodécimo rango.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Celeste, alarmada.

A ella no le molestaba que se llevara los frutos, pero cortar el árbol… eso podía provocar un problema enorme.

El Árbol del Infierno probablemente cumplía un papel crucial en el Infierno.

—¡Espera! El Árbol del Infierno es la base del poder demoníaco. ¡Si lo cortas podría haber consecuencias graves!

¿Por qué los ángeles nunca se atrevían a invadir el Infierno? ¿Por qué los demonios se escondían en sus profundidades sin sol?

Precisamente porque el creador del Árbol del Infierno había establecido un Dominio Demoníaco indestructible, que alimentaba de poder a los demonios sin parar.

Y además era un poder compartido. A diferencia de la superficie —donde solo funciona bien tu propio dominio— aquí los demonios podían beneficiarse del dominio del Árbol.

Incluso Blanitte, a quien Lin Tian había derrotado antes y dejado al borde de la muerte, se había recuperado gracias al dominio del Árbol del Infierno.

—Va. Entonces solo cortaré un pedazo —respondió Lin Tian.

Aceptó que tumbar el árbol entero sería pasarse de lanza, así que eligió una rama ni tan grande ni tan pequeña, lo justo para fabricar un arma.

Le dio un hachazo.

¡Crack!

En el siguiente instante, la cabeza del hacha se partió y salió disparada.

Por suerte, Lin Tian reaccionó rápido y la atrapó antes de que la barrera detectara el disturbio.

Mirando los fragmentos derretidos del hacha, murmuró sorprendido:

—Es un artefacto mágico de duodécimo rango… ¿y se rompió de un solo golpe? Esto está ridículo.

Celeste explicó:

—Ya hemos probado antes. Este árbol tiene resistencia extremadamente alta. Casi no se puede dañar: es inmune al fuego y al agua. Pero como tú tienes poder sagrado… tal vez puedas.

Al oír eso, Lin Tian regresó a la rama. Sacó otra arma e infundió poder sagrado, refinándolo y concentrándolo con cuidado en el filo.

La energía brutal que emanaba hizo que hasta Celeste se sintiera incómoda. Si la golpeaban con eso, sin duda saldría herida.

Así se explicaba por qué los ataques anteriores de Lin Tian no hacían efecto, mientras los de Alice sí podían herir directamente a Beelzebub.

Alice ya dominaba ese método desde hace rato.

Con eso, Lin Tian volvió a atacar.

¡Swish!

La rama se cortó limpia, cayendo al suelo.

La sección cortada brillaba como lava fundida, emanando luz roja, calor intenso y humo blanco.

Lin Tian bajó de un salto para levantar la rama… y se topó con que era absurdamente pesada, casi imposible de cargar.

—Esto sí es material de calidad —exclamó.

Sin dudarlo, la guardó en su anillo espacial, pensando en probar si la habilidad de Bill podía forjarla en un artefacto mágico de Clase Solar.

Si funcionaba, ya no tendría que gastar tantos puntos de vida para canjear uno.

Y mejor aún: tal vez se volvería algo de Clase Luna Llena o incluso superior.

Su Lanza de Sangre solo servía para ataques infundidos con Sangre de Ruina, pero no era un arma “matona”: dejaba heridas demasiado pequeñas.

Contra enemigos con regeneración monstruosa, necesitaba un arma capaz de decapitar de un solo golpe.

Poco después, el cuerpo de Lin Tian se desdibujó otra vez, volviéndose borroso mientras salía de la barrera.

Celeste, todavía impactada, comentó:

—Eres increíble. Al principio pensé que solo eras un goblin un poco más fuerte, pero ahora de verdad admiro tu fuerza… y tu ambición.

Atreverte a pensarlo, atreverte a hacerlo y, sobre todo, lograrlo… eso no era cosa de cualquiera.

Incluso si alguien más —como el hijo de un Dios Demonio, o ella misma— lo intentara, nadie se atrevería a robar los frutos o a cortar el Árbol del Infierno.

El descaro y la ambición eran rasgos de un verdadero poderoso.

Lin Tian se encogió de hombros.

—Vámonos. Tu padre, tan amable y buena onda, todavía tiene que organizarte otro banquete para buscarte marido.

Claro que le tenía miedo a Lucifer, eso ni se discutía.

Ahorita no tenía manera de ganarle… ninguna.

Pero con la Puerta del Edén, Lin Tian no temía que Lucifer lo forzara a servir como perro; más bien, se aseguraba de que Lucifer no se atreviera a hacerle daño.

Lucifer incluso tenía que tratarlo con respeto.

Si el rey Goujian de Yue pudo tragarse años de humillación antes de tumbar al Reino Wu, ¿por qué un demonio poderoso, que llevaba decenas de miles de años aguantando, no iba a aprovechar la oportunidad de volver a la luz?

Lin Tian entendía eso muy bien, por eso se veía tan confiado.

Estos demonios no eran monstruos de bajo nivel. No es que “amaran” la oscuridad o la suciedad por naturaleza… también anhelaban tierras luminosas, prósperas y cálidas.

Scarlett, viviendo en el mundo mortal, era el mejor ejemplo.

Aunque le tenía pavor a Lin Tian, haría lo que fuera por no volver al Infierno y perder su puesto como Soberana de Pecado Superior.

¿Y por qué Celeste valoraba tanto su trabajo en la Casa de las Súcubos?

El mundo mortal era un lugar que los demonios deseaban con desesperación.

Celeste dudó.

—Cierto, casi lo olvido… ¿qué hago esta vez? ¿Lo mismo que antes, rechazar a todos?

Lin Tian asintió.

—Está fácil. Rechaza sin miedo a esos tontos. Ninguno te merece.

Y no era halago ni exageración.

Celeste era linaje angelical de segunda generación.

Esos demonios superiores tenían la sangre angelical diluida tras incontables generaciones. Y mientras más débil el linaje, más fácil era corromperse por el poder demoníaco, volviéndose salvajes y crueles.

Celeste se apenó un poquito.

—Es que… aún no me siento lista. Tal vez después de leer unos cuantos libros ilustrados sobre ser esposa ya esté preparada.

—Eso… aprender a ser esposa con esos libros no suena buena idea. Te voy a mandar a alguien que te enseñe bien —dijo Lin Tian entre risa y fastidio.

Las obras del Demonio Dibujante, llenas de chicos güeros, protagonistas adolescentes y tramas de NTR, no eran material apto para “aprender”. Eran la corrupción personificada.

Regresaron al salón, acomodando mesas y sillas y recogiendo lo que estaba tirado.

Poco después, los demonios superiores que habían huido empezaron a volver poco a poco.

Con el malentendido resuelto —y con Celeste siendo la hija de Lucifer— solo un idiota se negaría a la oportunidad de ganarse el favor.

En el peor caso, igual se llevaban una buena comida.

En nada, el ambiente regresó a la alegría anterior, lleno de ruido y emoción.

Mientras tanto, los siete Dioses Demonio se sentaron al fondo del salón, hablando con seriedad.

—Esta es la oportunidad que hemos esperado por decenas de miles de años. No podemos dejarla ir —dijo Lucifer.

Los otros Dioses Demonio, incluido Samael, asintieron con fuerza, los ojos brillándoles de codicia y expectativa.

—¡Sí! Nuestra oportunidad de levantarnos por fin llegó…

Ya habían intentado confrontaciones directas contra los ángeles y el Edén, pero siempre terminaron retirándose en vergüenza.

Gabriel, el arcángel del ala derecha, era un rival temible. Y luego estaba Miguel, que había heredado el puesto que antes era de Lucifer como arcángel del ala izquierda.

Y dentro del Edén, Adán y Eva eran fuerzas aterradoras por sí mismas.

Por último, Jehová, la deidad suprema.

Una confrontación frontal era imposible de ganar.

Su única opción era un ataque sorpresa al Edén, matar a Adán y Eva, y luego enfrentar a Jehová.

Varios Dioses Demonio miraron a Lin Tian con expresiones más cordiales que antes.

Pero Beelzebub, aún ardido por la humillación, se quedó haciendo jeta.

—Hmph. Un simple goblin… ¿por qué se merece esto?

—Aguántate por ahora —dijo Lucifer, dándole un sorbo a su vino tinto.

Beelzebub lo miró con odio y apretó los dientes.

—Después de esto, quiero matarlo. No vas a detenerme, ¿verdad?

Lucifer se quedó un segundo callado, se encogió de hombros… y no dijo nada.

En ese momento, la voz de Celeste se elevó por encima del bullicio del banquete.

—Lo siento, pero igual que antes… no siento nada por ninguno de ustedes —dijo con frialdad, su tono cargado de autoridad.

Su voz indiferente y aura dominante destrozaron el ánimo de muchos.

—¡Su Alteza! ¡Yo tengo las habilidades curativas más poderosas entre los demonios superiores! ¡Conmigo, cualquier herida que sufra se cura!

—¡Curar no es nada! ¡Mi habilidad única de Clase Mítica permite que mi cuerpo se adapte a cualquier ataque! ¡Puedo protegerla para que nunca la lastimen!

—¿Fuerza? La tuya da pena. Si te borran de un golpe, ¿quién protege a quién?

—Si ninguno somos suficientes, Su Alteza, entonces díganos… ¿qué tipo de pareja está buscando?

Los demonios superiores, sin ganas de rendirse, protestaron.

Lucifer, haciendo el papel de padre consentidor, intervino:

—Hija, dime qué tipo de persona quieres y yo te la consigo.

Celeste pensó un poco y respondió, algo nerviosa:

—Tiene que ser guapo, más fuerte que yo, sabio para su edad, puro de corazón y… eh… que ninguna mujer lo haya tocado.

En un instante, los demonios superiores se rindieron por completo.

Algunos podían cumplir con lo de ser fuertes o guapos, pero lo último —puro y sin haber tocado mujer— era imposible.

En el Infierno, su vida diaria giraba alrededor de complacer deseos. Con miles de años encima, alguien “intacto” sería… rarísimo.

La expresión de Lucifer se puso seria.

—Mmm. ¿No dijo alguno de ustedes que tenía un hijo que cumple todo eso? ¿Por qué no lo traen?

Azazel, uno de los siete Dioses Demonio, respondió a regañadientes:

—Ese niño es extremadamente introvertido y no vino al banquete.

Luego, tras pensarlo, añadió:

—Pero como se trata de la señorita Celeste, lo traeré.

Al ver eso, Celeste se puso nerviosa y se acercó a Lin Tian, susurrándole:

—¿Qué hago? Se dice que el hijo menor de Azazel es el hombre más perfecto del Infierno. Pero cada vez que sale, hordas de demonias intentan… asaltarlo. Lo traumaron y por eso vive encerrado. Nunca ha tratado con una mujer.

—¿Lo traumaron hasta volverlo ermitaño? —Lin Tian se quedó pasmado—. Eso suena a vida de protagonista… caray.

Aun así, sonrió con malicia y le respondió:

—Entonces haz esto: suéltale todo lo que aprendiste de esos libros ilustrados. Con eso basta.

Un hombre tan puro, perfecto y asustado de las mujeres… si le avientan ese “conocimiento”, lo más probable es que se le multipliquen los traumas.

El daño podría hasta ser irreversible.

Pero mientras esto se resolviera rápido, más rápido Lin Tian podría largarse a disfrutar sus Frutos Demoníacos.

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