Cultivo: Estudié en el extranjero en los tiempos modernos - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - Postura del Pino y la Grulla
En el campo de entrenamiento ya los esperaba el Instructor Jefe Xu.
Estaba con el torso desnudo, su cuerpo musculoso brillando de sudor. En las manos sostenía una lanza larga, que pulía mientras practicaba movimientos marciales. Al ver que Zheng Fa y Gao Yuan se acercaban, agitó el brazo y la lanza salió disparada como un dragón nadando, cayendo con precisión en el armero.
—¿Ya llegaron? —les echó un vistazo, con una sonrisa traviesa en el rostro—. ¿Qué pasa? ¿Ya probaron lo amargo de servir al Séptimo Joven Maestro, eh?
Zheng Fa y Gao Yuan: “…”
—Dicen que ser asistente de estudio en la familia Zhao es un trabajo prestigioso, pero ya es la sexta vez que entreno a asistentes de estudio para el Séptimo Joven Maestro —dijo el Instructor Jefe Xu con un dejo de lástima.
Zheng Fa recordó lo que Gao Yuan había mencionado: que el Séptimo Joven Maestro ya había tenido cinco asistentes antes. Gao Yuan, a su lado, se veía todavía más desanimado.
—El Séptimo Joven Maestro es difícil de complacer; ningún asistente le dura mucho. Aun así, casi todos en la familia Zhao se pelean por este puesto. ¿Saben por qué? —preguntó de pronto el Instructor Jefe Xu.
Ambos lo miraron con curiosidad.
—La razón —continuó—, ¡es el arte marcial que estoy por enseñarles!
El Instructor Jefe Xu siguió hablando:
—El antepasado de la familia Zhao fue discípulo de la Secta Inmortal. De hecho, en cada generación ha habido miembros que ingresaron a la secta a cultivar, y por eso la familia Zhao lleva mil años de prestigio en la región.
—Pero las técnicas inmortales son inalcanzables. Para nosotros, de origen humilde, el Favor Celestial es solo un sueño.
Su tono se volvió solemne, aunque enseguida se llenó de fervor.
—¡Sin embargo, la familia Zhao no solo posee el Favor Celestial! También tenemos artes marciales con las que dominamos el mundo mortal. ¡Con ellas dejamos de ser débiles! Aunque no sigan como asistentes de estudio, tendrán una base sólida para pararse firmes en la vida.
—Mírenme a mí. Gracias a perfeccionar las artes marciales, gané el puesto de entrenar a los guardias de la familia Zhao. Vivo bien, con comida y bebida de sobra. ¿Y cuando salgo afuera? Nadie me falta al respeto.
Los ojos de Gao Yuan brillaron de emoción. En cambio, Zheng Fa sintió una extraña familiaridad con la escena: se parecía demasiado a un discurso motivacional de ventas moderno. Al menos, pensó, los vendedores modernos siempre empezaban metiendo ansiedad, ¿no?
El Instructor Jefe Xu notó la diferencia. Sabía que no era muy elocuente y le había costado inventarse ese discurso “inspirador”. Aun así, el bien nacido Gao Yuan parecía tan animado que casi aullaba, mientras que Zheng Fa permanecía completamente indiferente.
Tras observarlos, Xu se volvió hacia Gao Yuan.
—Tú ya entrenaste algo antes. ¿Sabes qué se necesita para aprender en una escuela marcial de la ciudad de Jingzhou?
Gao Yuan pensó un momento antes de responder:
—Normalmente primero hay que pagar la cuota de ingreso… creo que como mínimo veinte taeles de plata.
—¿Y qué más?
—He oído que tienen una regla: tres años de entrenamiento y cinco de servidumbre.
—¡Exacto! —aplaudió Xu con fuerza—. En esas escuelas ni siquiera tienes garantizado aprender algo de valor, ¡y aun así tienes que servirles años enteros!
—Pero aquí, en la familia Zhao, la señora ha tenido la gran generosidad de permitir que ustedes, simples asistentes de estudio aprendan artes marciales. ¡Es una bondad extraordinaria!
Zheng Fa tuvo que admitir que tenía razón. En este mundo, ser sirviente de la familia Zhao ya era considerado un privilegio. La familia controlaba recursos sociales enormes, y hasta las migajas que les llegaban a sus sirvientes eran mucho mejores que la vida de un plebeyo común.
—Y más aún: ¿cómo podrían compararse las artes marciales de esas escuelas con las técnicas atesoradas por la familia Zhao?
—Instructor Jefe, ¿cómo se mide la calidad de un arte marcial? —preguntó Gao Yuan con curiosidad.
Xu sonrió con orgullo y explicó:
—En el Reino Xuanyi, todas las artes marciales tienen un mismo origen: ¡la Secta Inmortal!
—¿La Secta Inmortal?
—Se dice que los discípulos de la Secta Inmortal poseen incontables habilidades místicas y que sus técnicas son increíblemente poderosas. Pero tienen un detalle: requieren talento innato. Sin él, no se puede cultivar. Aun así, esos discípulos tenían amigos y familiares sin talento, ¿cierto?
—¿Entonces las artes marciales se crearon para ellos?
—No exactamente “creadas” —aclaró Xu—. Al principio, las artes marciales eran versiones simplificadas de las técnicas de la secta, o quizá incompletas. Los que no tenían talento podían entrenarlas y obtener fuerza superior a la gente común, aunque aún lejísimos de las técnicas inmortales.
Al oír esto, Gao Yuan murmuró:
—Aun así, yo preferiría cultivar.
—Claro, ¿quién no? —bufó Xu—. Pero que tengas potencial de cultivo es otro tema. Incluso en la familia Zhao, el Séptimo Joven Maestro tiene un toque de aptitud inmortal… ¿y puede cultivar acaso?
—¿El Séptimo Joven Maestro? ¿Por qué no? —preguntó Gao Yuan, perplejo.
Xu se dio una palmada ligera en la mejilla, molesto consigo mismo por casi soltar un secreto.
—¡Basta! Cambiemos de tema.
—Las artes marciales que se transmiten en las escuelas de ciudad son restos de técnicas de sectas inmortales venidas a menos. Con el tiempo se perdió mucho, y los herederos posteriores no tuvieron la capacidad de preservar su poder.
—Pero la familia Zhao es distinta. Con inmortales en cada generación, nuestras artes marciales han sido refinadas sin parar. En sofisticación, incluso superan a las versiones originales.
Zheng Fa y Gao Yuan estaban inclinados a creerle, considerando la reputación de mil años de los Zhao.
—Hoy les enseñaré una de nuestras técnicas heredadas: una habilidad llamada “Postura del Pino y la Grulla”. —Quizá aún molesto por su desliz anterior, Xu ya no desperdició más palabras.
—¡Observen bien!
Demostró la postura. Los pies separados, el delantero apenas tocando el suelo, los dedos del pie trasero clavados en el piso formando un arco. Las manos cerradas en puños flojos, cerca del cuerpo.
Lo más llamativo era el torso. De la cintura al cuello se arqueaba hacia atrás como un arco, parecido a una grulla cantando al cielo.
—¡Atención a mi postura! ¡Imítenla! —les ladró—. ¡Echen raíces con los pies! ¡Los cinco dedos deben agarrar el suelo como garras! ¡Pero mantengan su torso suelto!
Una vez que imitaron la postura, añadió:
—¡Sincronicen con mi respiración! Inhalen… exhalen…
Al inhalar, sus músculos superiores ondulaban como ruedas girando, hasta que su pecho y abdomen se hincharon como una gran esfera. Al exhalar, su aliento largo y prolongado sonó como el canto melodioso de una grulla.
Zheng Fa batallaba por seguirlo. No importaba cómo se acomodará, la postura le resultaba incómoda. Xu lo rodeaba, dándole palmadas en la espalda y en el abdomen una y otra vez.
—¡Arquea más la espalda! ¡No tanto!
—¡El estómago! ¡Relájalo!
—¡Concéntrate en el ritmo de la respiración!
Poco a poco, Zheng Fa empezó a sentir un atisbo de algo: un calor recorriéndole el cuerpo al compás de su respiración.
Pero al cabo de un rato, el esfuerzo fue insoportable y no pudo mantener más la postura. Gao Yuan también hacía muecas de dolor.
—¡Instructor Jefe, esta ‘Postura del Pino y la Grulla’ es durísima! —se quejó Gao Yuan.
—¡Difícil porque es poderosa!
—¿Qué tan poderosa? —insistió Gao Yuan.
Xu sonrió con arrogancia y abrió los brazos. De repente, su fornido cuerpo se elevó en el aire como un ave. Para alguien tan musculoso, sus movimientos eran sorprendentemente ligeros y gráciles, como si flotara con el viento.
Cuando aterrizó, había cubierto una distancia de cinco o seis zhang.
—¿Usted… puede volar? —Gao Yuan se quedó boquiabierto.
—¿Volar? Claro que no. Pero con la ‘Postura del Pino y la Grulla’ dominarán las técnicas de ligereza, sin igual en el mundo mortal —presumió Xu—. Además, esta postura proviene de una legendaria técnica inmortal que, según se dice, concede vida eterna. Si la dominan, tal vez…
—¿¡Vida eterna!? —exclamó Gao Yuan, exaltado.
—¡Sueña! Con suerte alarga los años —replicó Xu, rodando los ojos.
—Entonces… ¿cuánto tardaría en dominar esta técnica? —preguntó Gao Yuan tras pensarlo.
—¿Tú? Tal vez treinta años —lo miró de reojo Xu.
—¿Y una vez dominada, cuántos años más viviría?
—Veinte, tal vez.
—… ¿Entonces salgo perdiendo diez años netos? —comentó Gao Yuan, con lógica matemática.