Cultivo: Estudié en el extranjero en los tiempos modernos - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - La Caja de Comida
Después de que el mayordomo Wu se fue, la atmósfera entre los tres se volvió incómoda. Gao Yuan giró el rostro para no mirar a Zheng Fa, su mano derecha apretaba con fuerza la tela de su ropa, con una postura tensa. Aunque Zheng Fa mantenía una expresión tranquila, no podía evitar sentirse intranquilo. En cambio, Han Cheng, que antes había estado más abatido, ahora parecía haber desistido por completo, con la mirada paseándose entre Gao Yuan y Zheng Fa con un aire divertido, como si esperara ver un espectáculo.
Nadie habló.
El silencio era insoportable, y Zheng Fa no pudo decir cuánto tiempo pasó antes de que el mayordomo Wu finalmente regresara apresurado.
Por el rabillo del ojo, Zheng Fa notó cómo Gao Yuan tragaba saliva con nerviosismo.
—Ya le informé a la señora —empezó el mayordomo Wu apenas llegó—. Ella ya decidió a los candidatos para ser asistentes de estudio del Séptimo Joven Maestro.
Miró a los tres, deteniéndose un instante antes de anunciar:
—Gao Yuan.
A su lado, Gao Yuan se tambaleó levemente.
—…y Zheng Fa.
—¿Dos? —preguntó sorprendido Xu Zheng.
—Dos —confirmó el mayordomo Wu.
A él mismo le parecía raro. Originalmente, la señora solo tenía pensado escoger a un nuevo asistente de estudio para el Séptimo Joven Maestro, y seguramente se inclinaba desde el principio por Gao Yuan. Sin embargo, después de que el mayordomo Wu le contara sobre la aptitud excepcional de Zheng Fa, la señora, para sorpresa de todos, cambió de opinión.
Aún recordaba haber escuchado su voz a través de la cortina, cuando se retiraba antes:
—¡Interesante!
Zheng Fa no pudo evitar mirar la expresión de Han Cheng. Tal como sospechaba, era indescriptible.
De tres, habían elegido a dos. Naturalmente, el que quedaba fuera estaba en una posición bastante incómoda.
Zheng Fa podía imaginarse lo furioso que debía de estar Han Cheng.
—Ustedes dos, regresen a casa y prepárense hoy. Mañana se presentan en la residencia —instruyó el mayordomo Wu, haciendo un ademán para que los tres se retiraran.
Han Cheng se marchó con paso apresurado, claramente molesto. Gao Yuan, en cambio, se quedó cerca de Zheng Fa, como si quisiera decirle algo.
Y sí, en cuanto Han Cheng estuvo lo bastante lejos para no escuchar, Gao Yuan habló:
—Hermano Zheng, de ahora en adelante, trabajemos juntos en armonía.
El tono de sus palabras llevaba un trasfondo bastante claro.
Zheng Fa volteó a ver a Gao Yuan y solo encontró sinceridad en su rostro; nada quedaba de la sospecha y la cautela de antes.
Ese cambio de actitud era demasiado repentino.
Ser asistente de estudio del Séptimo Joven Maestro era sin duda un puesto especial dentro de la residencia Zhao, pero ahora que Gao Yuan también había sido escogido, ¿por qué de pronto se mostraba tan deferente?
—Hermano Zheng, tal vez no lo sepas, pero no somos los primeros asistentes de estudio del Séptimo Joven Maestro.
—Lo sé. El hijo del mayordomo Wang de nuestra finca fue su asistente antes. Lo golpearon y lo mandaron de regreso.
—No, no fue solo él —Gao Yuan levantó la mano y extendió cinco dedos—. Desde que el Séptimo Joven Maestro empezó sus estudios elementales, cinco personas han sido sus asistentes. Todas fueron despedidas por la señora. Y los desafortunados, como el hijo del mayordomo Wang, hasta recibieron castigos.
Zheng Fa se estremeció.
Ahora entendía por qué Gao Yuan quería aliarse con él. Ante alguien tan difícil como el Séptimo Joven Maestro, habían dejado de ser rivales para convertirse en compañeros de armas.
¿Y disputas internas entre colegas?
Ni siquiera tenían asegurado el puesto todavía, ¿qué sentido tenía conspirar uno contra el otro?
Con eso en mente, Zheng Fa preguntó algo que había estado rondando en su cabeza:
—Hermano Gao, escuché que pasaste el examen de erudito.
—Por suerte. Hace tres años me convertí en “tongsheng”.
—¿Y con los títulos de erudito se puede llegar a ocupar cargos en el gobierno? —recordando sus clases de historia, Zheng Fa no entendía por qué alguien como Gao Yuan competiría por un simple puesto de asistente.
—¿Cargos en el gobierno? —Gao Yuan parecía confundido por la pregunta—. ¿Quién te dijo eso? Un “tongsheng” debe pasar el examen de “xiucai”, y un “xiucai” debe pasar el de “jinshi”. Solo entonces se puede ser nombrado como escribiente, y eso ni siquiera es un funcionario de verdad.
—¿Un escribiente?
—Hermano Zheng, ¿de veras no lo sabes? En nuestro gobierno, desde los magistrados del condado hasta los prefectos, todos los cargos deben ser discípulos de la Secta Inmortal. A los eruditos como nosotros apenas nos usan de escribientes para tareas mundanas. Para eso es lo único que servimos.
—En cuanto a este puesto ‘menor’ de asistente de estudio, la familia Zhao tiene lazos muy estrechos con la Secta Inmortal. Además, la hermana mayor del Séptimo Joven Maestro es discípula de la secta. ¿Cómo alguien como yo se atrevería a menospreciar este rol?
Viendo alejarse a Gao Yuan, Zheng Fa reflexionó sobre sus palabras.
¿Entonces incluso pasar el examen de “jinshi” solo servía para ser un escribiente? Y eso porque los discípulos de la Secta Inmortal, al estar por encima de los asuntos mundanos, no se rebajaban a encargarse del gobierno.
Por primera vez, Zheng Fa comprendió la diferencia entre el Reino Xuanyi y las sociedades antiguas de las que había leído.
En los libros de historia, las estructuras de poder antiguas se describían como pirámides: el emperador en la cima, los funcionarios debajo y los ciudadanos en la base, con el poder descendiendo de arriba hacia abajo.
En el Reino Xuanyi, en cambio, todo giraba alrededor de la Secta Inmortal. Era más bien como una serie de círculos concéntricos.
La Secta Inmortal formaba el círculo más grande; sus discípulos gobernaban territorios como señores feudales con un poder casi absoluto. Solo respondían a la propia Secta Inmortal, no a señores de rango superior.
Sus familias eran círculos más pequeños, que a su vez abarcaban a escribientes y sirvientes como círculos aún más pequeños.
Se parecía más al sistema feudal occidental que recordaba de sus libros de texto.
Para eruditos como Gao Yuan, servir a una familia prestigiosa como los Zhao ya era una oportunidad excelente.
En ese momento, Zheng Fa comprendió por completo la importancia de su nuevo papel como asistente de estudio.
Aun así, su entendimiento de este mundo seguía siendo superficial, y no estaba seguro de si sus observaciones eran del todo acertadas. Pero una cosa estaba clara: en el Reino Xuanyi, la Secta Inmortal reinaba suprema, sin dejar espacio para la autoridad real.
Al salir por la puerta trasera, encontró al viejo cochero todavía esperándolo. Huang Yu, en cambio, no estaba por ningún lado.
—¿Ya regresó, joven amo? —el cochero bajó de inmediato al verlo, sacó un banquito de madera de atrás y extendió una mano para ayudarlo a subir al carro.
Era obvio que el hombre ya se había enterado de que Zheng Fa había sido nombrado asistente de estudio del Séptimo Joven Maestro.
La familia Zhao llevaba existiendo mil años, y hasta las relaciones entre los sirvientes estaban muy entrelazadas. Noticias como esas podían ocultarse de los amos, pero no de gente como los cocheros.
Apurado, Zheng Fa lo rechazó con un ademán y subió por su cuenta.
Incluso el carro de bueyes se sentía distinto ahora. A la ida, el piso estaba forrado solo con una tabla de madera simple con restos de hojas de verduras. Ahora, sobre la madera había una gruesa manta negra.
Mientras tanto, el cochero le sonreía con deferencia.
—Joven amo, ¿nos vamos? —preguntó el viejo con un tono respetuoso.
—Tío, mejor llámame como siempre, Xiao Zheng —dijo Zheng Fa al fin, sin poder aguantarse—. Vámonos.
El regreso fue rápido. Con el viento silbando alrededor, el cochero habló de pronto:
—Joven amo… Xiao Zheng, la caja de comida junto a ti es un regalito que compré en la ciudad, en la Torre Juxing. Llévala a casa.
Zheng Fa ya la había notado antes. Estaba lacada en negro y sellada con firmeza, parecía bastante valiosa.
—Tío, no puedo aceptar esto…
—¡Bah, qué tonterías! ¿Acaso tu madre no me dio hace rato carne curada y tortas planas? Te digo, ¡su sazón es tan buena que hasta supera a los cocineros de la Torre Juxing! Darte esto es lo menos que puedo hacer, ¡si hasta yo soy el que salió ganando!
Zheng Fa podía jurar que el cochero ni se había visto tan interesado en la carne curada de su madre antes.
—Eso solo es comida casera —intentó negarse.
—¡Ándale, Xiao Zheng! ¡No lo rechaces! Ya que fuiste hasta la ciudad de Jingzhou, ¿a poco no vas a llevarle algo a tu hermanita?
Al recordar la carita reacia de Zheng Shan cuando partió, Zheng Fa dejó de insistir.
Al caer la tarde, con el humo de las cocinas elevándose de las casas al borde del camino, por fin regresaron a la finca.
Incluso antes de bajar, Zheng Fa escuchó la voz de su hermana menor, Zheng Shan, que venía desde debajo del gran olmo en la entrada del pueblo:
—¡Ya verás cuando regrese mi hermano! ¡A ver si te atreves a volver a molestarme!
El corazón de Zheng Fa se tensó. Aunque su hermana era llorona en casa, rara vez lloraba fuera. Y ahora, su voz traía un ligero sollozo.