Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 97
Una voz tan familiar como insoportablemente extraña resonó en los oídos de Yebon. Una voz que, durante años, solo había podido escuchar en videos.
Bajó el teléfono para mirar la pantalla.
El nombre que aparecía era:
«Bastardo».
—…¿Hyung…?
—Sí. Soy ese maldito bastardo terrible.
La voz llegó a través del auricular.
Eso significaba que estaba cerca.
Yebon alzó la cabeza de golpe y recorrió los alrededores con la mirada, desesperado.
Y entonces…
Allí estaba.
Cha Hyuk.
De pie, con un pequeño ramo de flores en la mano.
Yebon se frotó los ojos con fuerza, incapaz de creer lo que veía. Pero, por mucho que parpadeara, Cha Hyuk seguía allí, perfectamente nítido frente a él.
Se le cortó la respiración.
Sintió que el pecho estaba a punto de estallarle.
Antes de poder pensar, ya estaba corriendo hacia él.
—¿Por qué… por qué tardaste tanto en volver?
Cha Hyuk lo rodeó con los brazos cuando Yebon se lanzó contra su pecho. La esquina puntiaguda del birrete se clavó en la barbilla de Cha Hyuk.
—¿De verdad estás jugando conmigo? Desapareces después de decirme aquello y luego, durante cinco años… ¡cinco años enteros!, no llamas, no envías mensajes y simplemente esperas que yo te siga esperando. ¿De verdad creíste que me quedaría aquí sentado, esperándote tranquilamente? ¿Cómo pudiste hacerme esto? Te odio. De verdad te odio.
—Lo siento. Quería regresar lo antes posible, pero… tenía demasiados pecados por los que responder. No fue fácil. Tuve suerte de que no me llevara diez años…
Yebon sorbió por la nariz y levantó la cabeza para mirarlo.
Tenía el cabello mucho más corto que antes.
También parecía un poco más delgado.
Pero aun así, seguía siendo mucho más grande que Yebon.
Volvió a esconder el rostro contra su pecho e inhaló profundamente.
El intenso aroma a colonia que solía adherirse a Cha Hyuk había desaparecido. En su lugar, una fragancia suave y dulce a suavizante de ropa llenó sus sentidos.
Sin darse cuenta, dejó escapar una pequeña risa.
—Ahora… ahora sí podemos estar juntos, ¿verdad?
—Sí. Aunque ahora me digas que me vaya, no lo haré. Aunque… si de verdad no quieres que me quede, entonces sí me iré.
La repentina inseguridad de Cha Hyuk hizo que Yebon frunciera el ceño con frustración.
—No digas estupideces. Me robaste toda mi juventud y ahora crees que puedes salir con una excusa irresponsable y a medias.
—…Ya me lo esperaba un poco, pero vaya. Ahora eres mucho más directo que antes…
—Sí, por tu culpa. Ahora soy un completo desastre. Hay gente que directamente me llama grosero y todo es culpa tuya. Será mejor que te hagas responsable.
—…Gracias. Por esperarme.
Yebon alzó la mirada hacia Cha Hyuk.
Cha Hyuk bajó la suya hacia Yebon.
Durante un largo momento, ninguno de los dos habló.
Solo se observaron, asimilando la presencia del otro, como si necesitaran asegurarse de que aquello era real.
Yebon, luchando por contener la oleada de emociones que crecía en su interior, levantó finalmente una mano y sostuvo la mejilla de Cha Hyuk.
—A partir de ahora, hyung… ama de la manera en que quieras amar. Vive la vida que quieras vivir. Conmigo. Siempre.
Una suave sonrisa apareció en los labios de Cha Hyuk antes de inclinarse y presionarlos contra los de Yebon.
El beso comenzó con delicadeza.
Un reencuentro vacilante y prolongado.
Pero, cuando el peso de todos los años separados, toda la añoranza y todo aquel deseo desesperado cayó sobre ellos, no tardó en volverse ardiente.
Cha Hyuk atrajo a Yebon aún más cerca. Sus brazos se cerraron alrededor de su cintura y lo empujaron contra la pared.
Con un golpe suave, el birrete de Yebon terminó por caer al suelo.
Las voces de la gente que conversaba a su alrededor llegaron hasta sus oídos, pero a ninguno de los dos le importó.
Ni siquiera un poco.
A pesar del aire helado, cada parte de Yebon que tocaba a Cha Hyuk ardía de calor.
—Mmh…
Al final, Yebon ya no pudo contener la oleada de emociones y dejó que las lágrimas cayeran.
Un sabor salado se extendió entre sus labios cuando las lágrimas resbalaron por su rostro.
Cha Hyuk levantó lentamente los párpados.
Bajando un poco la mirada, observó a Yebon con los ojos llenos de una tristeza silenciosa.
Tenía la nariz completamente roja por el llanto y las lágrimas le corrían sin control por las mejillas.
Cha Hyuk sabía que jamás podría comprender por completo la profundidad de las emociones que Yebon había soportado.
Pero, al menos, podía imaginarlo.
¿Cuántas veces había creído en él, lo había extrañado y resentido, solo para terminar resignándose una y otra vez?
¿Cuán solitaria y dolorosa debía haber sido aquella espera?
—…Lo siento. Gracias.
Mientras Yebon lloraba en silencio, Cha Hyuk le tocó el rostro con extremo cuidado, como si estuviera manipulando un delicado cristal.
Repitió las mismas palabras una y otra vez.
La luz del sol se reflejaba en las pestañas húmedas de Yebon, haciéndolas brillar.
Su mirada llena de lágrimas se alzó hacia Cha Hyuk, rebosante de una tristeza dolorosamente suave.
Cha Hyuk estaba preparado.
No importaba lo que Yebon quisiera decir, no importaba cuán doloroso o furioso fuera.
Estaba dispuesto a escucharlo todo.
Sin embargo, lo que salió de la boca de Yebon fue completamente inesperado.
—Hyung, tu vida se acabó.
A pesar de sus ojos llorosos, su voz sonó francamente amenazadora.
Tomado por sorpresa, Cha Hyuk parpadeó confundido.
Entonces, Yebon lo agarró repentinamente de las solapas del abrigo y tiró de él hacia delante.
Ante el brusco tirón, Cha Hyuk se dejó arrastrar sin oponer resistencia, inclinando el cuerpo hasta quedar a la altura de sus ojos.
—A partir de ahora, no tienes permitido mirar a nadie más. Cada instante de tu vida me pertenece.
—Ni siquiera puedes salir a caminar sin mi permiso.
Cinco años.
Cinco años enteros habían convertido a Yebon en alguien ferozmente dominante.
La intensidad con la que miraba a Cha Hyuk hizo que el corazón de este latiera de manera errática.
El calor le subió al rostro.
Nunca había creído sentir atracción por personas tan autoritarias.
¿Acaso sus gustos habían cambiado?
¿O era simplemente porque se trataba de Yebon?
La firme mirada de Yebon era tan cautivadora que Cha Hyuk comenzó a tener dificultades para sostenerla.
Al final, ya no pudo soportarlo y se cubrió el rostro con ambas manos.
Yebon inclinó la cabeza, confundido por el repentino gesto.
—…¿Qué estás haciendo, hyung?
La manera tan natural en que Yebon había dejado de hablarle con formalidad era completamente descarada y, al mismo tiempo, ridículamente adorable.
—¿Cómo es posible que, por mucho tiempo que pase, sigas siendo tan lindo?
—…¿Perdón?
Yebon entrecerró los ojos con absoluta incredulidad.
—¡No estoy bromeando! ¡Hablo en serio! ¡Te estoy advirtiendo para que te prepares!
—Sí, sí. Haz conmigo lo que quieras, Yebon.
Sin previo aviso, Cha Hyuk deslizó las manos bajo los muslos de Yebon y lo levantó con un solo movimiento.
Yebon, al encontrarse de repente suspendido en el aire, agitó los brazos durante un momento antes de rodear instintivamente los hombros de Cha Hyuk para mantener el equilibrio.
—…Tú… acabas de decir que puedo hacer lo que quiera contigo, ¿verdad?
—Por supuesto.
Cha Hyuk hundió la cabeza bajo la barbilla de Yebon y se frotó contra él de manera juguetona, como un gato que buscara atención.
Verlo comportarse así mejoró todavía más el ánimo de Yebon.
Extendió una mano y pasó los dedos por el cabello de Cha Hyuk, ahora mucho más corto.
En ese momento, su teléfono vibró con fuerza.
Los ojos de Yebon se abrieron de par en par al recordar de repente que había gente esperándolo para tomarse fotografías.
—¡Ah, cierto! ¡Hyung, tengo que irme!
—¿Hm?
Aunque Yebon forcejeó para que lo bajara, Cha Hyuk no lo soltó.
Yebon le dio varias palmadas insistentes en el hombro, pero Cha Hyuk solo lo miró con una expresión inocente y confundida.
—Mi mamá y mis amigos…
—¿Por qué demonios este bastardo no contesta el telé…?
Sus miradas se encontraron.
Yebon quedó frente a frente con Lee Seunggu.
Ambos se congelaron en el acto.
Luego, cuando los ojos de Seunggu se desplazaron lentamente hacia la persona que sostenía a Yebon, abrió la boca por completo y los ojos se le agrandaron como platos.
—Espera. ¿Qu…? ¡SANTO CIELO!
Seunggu estaba tan sorprendido que olvidó por completo sus modales. Señaló directamente a Cha Hyuk, incapaz siquiera de articular bien las palabras.
—Mmm, ha pasado bastante tiempo —lo saludó Cha Hyuk con tranquilidad, completamente relajado.
Mientras tanto, Yebon finalmente comprendió que la posición en la que estaban resultaba extremadamente comprometedora.
Originalmente…
Había planeado contárselo correctamente a Seunggu cuando llegara el momento adecuado.
Jamás imaginó que los descubriría de aquella manera.
Durante una fracción de segundo, se preguntó si debía explicarse.
Pero ya era demasiado tarde.
Además, si iba a decírselo de todos modos, bien podía hacerlo ahora.
Yebon respiró hondo, sostuvo la mirada de Seunggu y declaró:
—¡Sí, estamos saliendo!
…Oh.
Había gritado demasiado fuerte.
Todo su rostro comenzó a arderle.
Cha Hyuk, que todavía lo sostenía, lo miró con sorpresa.
Luego, como si no pudiera contenerse, su expresión se deformó y dejó escapar una risa baja.
Mientras tanto, Seunggu, que se había quedado aturdido ante la repentina confesión de Yebon, se rascó la cabeza con torpeza.
—Ah… sí. Yo, eh… ya lo sabía. Pero gracias por decírmelo.
¿Qué?
Los ojos de Yebon se abrieron con incredulidad.
¿Ya lo sabía?
—Amigo… si a estas alturas todavía no me hubiera dado cuenta, significaría que no tengo la más mínima capacidad de observación.
…¿Era tan evidente?
Ahora era Yebon quien se sentía avergonzado.
Cha Hyuk lo bajó con cuidado y se agachó para recoger el birrete caído. Luego se lo colocó nuevamente sobre la cabeza con delicadeza.
Mientras tanto, Seunggu jugueteó con su teléfono durante unos instantes antes de volver a levantar la mirada.
—Bien, ve con ellos, Yebon.
Cha Hyuk sintió una punzada de decepción.
Pero, por mucho que quisiera quedarse, no era tan descarado como para entrometerse en el tiempo que Yebon debía pasar con su familia y sus amigos.
Dio un paso atrás y asintió.
Sin embargo…
—Espera, ¿qué? ¿Por qué solo yo? Hyung, tú también vienes.
Yebon extendió la mano hacia él.
Los ojos de Cha Hyuk vacilaron ligeramente.
—¿Yo… también?
—Obviamente. Solo voy a graduarme una vez.
Cha Hyuk dudó, sin estar seguro de si realmente debía acompañarlo.
Pero, antes de que pudiera pensarlo demasiado, Yebon, claramente impaciente, tomó su mano y tiró de él.
Y así, Cha Hyuk terminó siendo arrastrado directamente hacia la familia y los amigos que esperaban a Yebon.
En cuanto llegaron, una voz familiar exclamó:
—Oh, cielos.
Era la madre de Yebon.
Reconoció a Cha Hyuk de inmediato.
Y no solo ella.
Todos lo hicieron.
En ese momento, todas las miradas quedaron fijas en él.
Algo incómodo, Cha Hyuk esbozó una pequeña sonrisa cortés e hizo una respetuosa reverencia.
—Ha pasado mucho tiempo.
—Oh, Dios mío… Yo… ah, sí. De verdad ha pasado muchísimo tiempo.
La madre de Yebon luchó por encontrar las palabras adecuadas, claramente desconcertada.
Justo cuando un silencio incómodo amenazaba con instalarse, Lee Seunggu gritó de repente:
—¡Muy bien, todos! ¡Colóquense frente a la estatua!
A poca distancia, Seunggu ya agitaba la mano desde detrás del trípode que había instalado.
Gracias a él, la tensión se disolvió rápidamente y todos se apresuraron a ocupar sus lugares.
Yebon, sonriente, tiró de Cha Hyuk para que se colocara a su lado.
Durante un breve instante, Cha Hyuk vaciló, preguntándose si realmente no debería haber ido.
Pero entonces…
—Me alegra que hayas venido.
Una voz baja.
Cha Hyuk giró la cabeza.
Yebon lo miraba no solo con calidez, sino con una certeza que no dejaba lugar a dudas.
Algo se atoró en la garganta de Cha Hyuk.
Lo tragó y se obligó a responder.
—…Gracias.
—¡Muy bien, es hora de tomar la foto! —gritó Seunggu mientras corría para ocupar su lugar en un extremo.
Clic.
El obturador sonó.
Seunggu revisó rápidamente la fotografía antes de dirigirle de pronto una mirada cómplice a alguien.
Entonces Park Sujeong, que estaba en uno de los extremos, se acercó y le entregó algo a Cha Hyuk.
Un birrete.
Cha Hyuk parpadeó sorprendido y miró a su alrededor como si buscara una explicación.
Pero, para entonces, todos los demás ya se habían apartado discretamente, dejando únicamente a Yebon y a él dentro del encuadre.
Cha Hyuk soltó una risa incómoda y se colocó el birrete.
—Santo cielo, hyung. Te queda increíble.
A diferencia de cuando lo llevaba Yebon, el birrete le daba a Cha Hyuk un aire completamente distinto.
Yebon nunca había visto a nadie llevarlo tan bien.
—¿Me queda bien?
—Totalmente. En serio.
Yebon, todavía sosteniendo el ramo con una mano, levantó la otra y le hizo un gran gesto de aprobación con el pulgar.
Cha Hyuk, avergonzado pero divertido, le devolvió una sonrisa tímida.
En ese momento, Seunggu entrecerró los ojos y gritó:
—¡Bien, bien! ¡Ya basta de coquetear! ¡Concéntrense!
—¡Tres, dos, uno!
Clic. Clic. Clic.
La cámara capturó cada una de sus sonrisas.
Yebon y Cha Hyuk, riendo uno junto al otro.
Juntos.
—Fin—