Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 92

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Los párpados cerrados de Yebon temblaron antes de abrirse lentamente.

Su visión seguía desenfocada. Parpadeó varias veces hasta que el techo blanco sobre él terminó por volverse nítido.

Tenía la cabeza embotada y el cuerpo insoportablemente pesado. Movió apenas los dedos y sintió algo extraño en el dorso de la mano. Al girar un poco la cabeza, vio que tenía una vía intravenosa conectada.

—¡Y-Yebon!

Ante la voz apremiante de su madre, Yebon alzó la mirada.

Ella se había puesto de pie de golpe y lo observaba con los ojos muy abiertos y llenos de lágrimas. Las profundas ojeras bajo sus ojos dejaban claro que no había descansado bien.

—Ah… mamá…

La voz apenas le salió, ronca y débil.

Yebon hizo una mueca al oírse. Su madre, al borde del llanto, comenzó a acariciarle y frotarle las mejillas con desesperación.

—Ah… Gracias. Muchísimas gracias…

Susurraba su agradecimiento al aire, repitiéndolo una y otra vez mientras examinaba su rostro.

El inmenso alivio en su voz hizo que Yebon finalmente lo comprendiera.

Estaba vivo.

Había sobrevivido.

Al sentir las manos ásperas pero cálidas de su madre, dejó escapar un largo suspiro. La tensión que le endurecía los hombros comenzó a desvanecerse poco a poco.

—Kang Yebon, tú…!

La voz de su madre se elevó por la frustración, pero se interrumpió, incapaz de terminar la frase.

Apretó con fuerza los labios y lo observó durante unos instantes. Finalmente, logró contener las lágrimas y presionó el botón de llamada.

Poco después, una enfermera entró apresuradamente en la habitación.

—Yebon despertó.

—¡Oh! ¡Llamaré al médico de inmediato!

Yebon se frotó los ojos resecos y murmuró:

—…¿Qué pasó?

Su voz seguía ronca, apenas por encima de un susurro.

Su madre, con el corazón encogido al escucharlo, se dio unas suaves palmadas en el pecho antes de dejar escapar un profundo suspiro.

—Eso debería preguntártelo yo. Saliste a presentar tu examen y terminaste secuestrado por un psicópata… ¿Tienes idea de cómo me sentí cuando recibí esa llamada? Creí que se me iba a detener el corazón.

—…¿Un psicó… pata?

Su madre vaciló antes de sacar el teléfono. Lo manipuló durante unos instantes y luego se lo entregó.

Yebon lo tomó y miró la pantalla.

Había una noticia abierta.

[Sospechoso de asesinato en el distrito ○○, arrestado mientras intentaba estrangular a una víctima]

Aproximadamente a las 6:12 p. m. del día 28, un sospechoso identificado por el apellido Kim, de veintinueve años, fue detenido en un almacén abandonado a las afueras de Seúl después de que un ciudadano denunciara haber escuchado ruidos extraños.

Kim fue sorprendido mientras intentaba estrangular con una cuerda a una joven víctima masculina, identificada como estudiante universitario. Gracias al aviso del ciudadano, la policía llegó a tiempo para intervenir y la víctima fue rescatada sin lesiones graves.

Las autoridades confirmaron que Kim es el principal sospechoso de dos casos anteriores de desmembramiento…

El artículo incluía una fotografía de Kim Hyunwoo siendo arrestado.

Aunque su rostro estaba difuminado, no había duda.

Era él.

¿…La denuncia de un ciudadano?

¿De verdad había ocurrido así?

Yebon estaba seguro de que, antes de perder el conocimiento, había visto a Cha Hyuk.

Pero ¿cómo había sabido Cha Hyuk dónde encontrarlo?

Ni siquiera el propio Yebon sabía adónde lo habían llevado. Lo habían secuestrado dos veces seguidas. Además, el único propósito de Kim Hyunwoo había sido matarlo.

Era imposible que hubiera revelado su ubicación por descuido.

Y entonces…

—Ese bastardo se metió en ese mundo porque Park Byungsik encubrió el hecho de que asesinó a su propio padre.

Aquella voz áspera volvió a zumbar en sus oídos.

Kang Yebon no tenía idea de quién era Park Byungsik, pero supuso que debía de ser un alto mando o alguien con mucho poder dentro de la organización a la que pertenecía Cha Hyuk.

«Entonces hyung se convirtió en gánster… ¿por algo así?»

Yebon estaba sumido en la confusión y repasaba aquellas palabras una y otra vez.

No pretendía creer ciegamente lo que había dicho Kim Hyunwoo, pero tampoco podía ignorarlo por completo.

Recordó cómo Cha Hyuk siempre evitaba cualquier conversación relacionada con su padre.

Pero… aquel no era el momento de pensar en eso.

—Mamá, ¿alguien vino a buscarme?

Ante su pregunta, su madre frunció ligeramente el ceño.

Sin embargo, antes de que pudiera responder, un médico entró en la habitación e interrumpió la conversación.

Durante toda la revisión, Yebon no dejó de mirar nerviosamente a su madre. Ella permaneció en silencio, escuchando las palabras del médico con los labios fuertemente apretados.

Cuando el médico se marchó, su madre habló de pronto.

—Yebon, necesito que seas sincero conmigo.

—…¿Sobre qué?

—Ese profesor… el que fue a la boda de Woochan.

El corazón de Yebon se desplomó.

—En realidad no es profesor, ¿verdad?

Sus pupilas temblaron de manera incontrolable.

Su madre soltó un profundo suspiro, como si ya hubiera obtenido la respuesta.

Yebon se apresuró a decir algo, cualquier cosa, pero antes de que pudiera hacerlo, su madre, con una expresión algo amarga, se excusó diciendo que necesitaba ir al baño.

…¿Qué era exactamente lo que había descubierto?

Kang Yebon permanecía mirando su teléfono sin expresión.

Había pasado una semana desde que lo hospitalizaron, pero no había recibido ninguna noticia de Cha Hyuk.

Ni siquiera había ido a visitarlo.

En cambio, la noche en que Yebon despertó, recibió dos mensajes.

[Cha Hyuk hyung: Yebon-ah.] (10:44 p. m.)

[Cha Hyuk hyung: No, olvídalo. Iré a verte pronto. Lo siento.] (10:54 p. m.)

Y eso fue todo.

Cha Hyuk no contestaba sus llamadas ni respondía sus mensajes.

A juzgar por el hecho de que Yebon estaba en una habitación privada, era evidente que Cha Hyuk se había encargado de ello.

…¿Por qué se disculpaba exactamente?

¿Y por qué había vuelto a desaparecer de aquella manera?

Eso era lo que más alteraba a Yebon.

El recuerdo de haber estado a punto de morir a manos de Kim Hyunwoo todavía le provocaba escalofríos de vez en cuando, pero, extrañamente, no lo afectaba tanto como debería.

Quizás se debía a que su mente estaba demasiado ocupada pensando en Cha Hyuk.

En cambio, no dejaba de repasar una y otra vez las palabras de Kim Hyunwoo y todo lo relacionado con Cha Hyuk.

Incluso su madre, aunque lo trataba igual que siempre, no había vuelto a mencionar a Cha Hyuk.

Le había preguntado si en realidad no era profesor.

Eso significaba que había descubierto algo.

¿Pero qué?

Yebon no tenía idea.

Cada vez que preguntaba quién había denunciado el incidente, o sobre la habitación del hospital, o cualquier otra cosa relacionada con Cha Hyuk, su madre evitaba responder.

Cha Hyuk…

¿Por qué no iba a verlo?

Yebon recordó de pronto la última vez que Cha Hyuk había desaparecido, diciendo que Yebon corría peligro por su culpa.

No podía ser…

¡No otra vez!

El estómago se le revolvió y los ojos comenzaron a arderle.

Apretó con fuerza la manta entre los dedos, con las manos temblorosas.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió con un suave traqueteo.

Yebon se secó rápidamente los ojos y miró hacia la entrada.

—Vaya, Kang Yebon, ¿te dieron una habitación privada? Qué buena vida.

Lee Seunggu echó un vistazo alrededor, como si fuera la primera vez que entraba en una habitación privada.

Detrás de él entraron Park Sujung y algunos amigos más.

—¿Ya te sientes mejor?

Lee Seunggu dejó un paquete de jugos de frutas sobre la mesa junto a la cama, mientras Park Sujung colocaba una pequeña caja de pastel a los pies de la cama.

Yebon observó el llamativo logotipo impreso en la caja.

Era de la pastelería a la que él y Cha Hyuk solían ir todo el tiempo.

La que estaba cerca de la universidad y era famosa por su pastel de avellana.

Su mirada vaciló ligeramente.

—Nos quedamos completamente impactados cuando nos enteramos de lo que pasó. De verdad estuviste a punto de…

Ante las palabras preocupadas de Park Sujung, varios de sus amigos asintieron.

Yebon les ofreció una débil sonrisa y también asintió.

—Gracias por venir a verme.

—Pareces un maldito esqueleto. Ese bastardo está completamente loco, ¿no? Si quería que lo arrestaran por asesinato, debería haber confesado de una vez. ¿Por qué demonios tuvo que secuestrarte e intentar matarte? Es un psicópata. Menos mal que alguien pasó por allí y te encontró.

Ahora era Lee Seunggu quien estaba furioso, insultando a Kim Hyunwoo como si él mismo hubiera sido la víctima.

Park Sujung, que había estado escuchando en silencio, miró a Yebon con preocupación, temiendo que mencionar el incidente pudiera alterarlo.

Pero, inesperadamente, Yebon solo soltó una risa seca, como si no le importara demasiado.

—Yo tampoco imaginé que las cosas terminarían así.

—…Sí. Es un verdadero alivio que estés a salvo. A partir de ahora, quédate conmigo cuando estemos en la universidad, ¿entendido?

Las palabras de Lee Seunggu eran medio en broma y medio en serio.

Yebon sonrió levemente y asintió.

Sin embargo, estaba completamente agotado.

Todos sus visitantes podían notarlo. Nadie pasó por alto lo exhausto que parecía.

Después de todo lo ocurrido, era natural que no pudiera recuperarse de inmediato.

—Entonces… ¿cuándo te darán el alta?

—Dijeron que podré salir dentro de tres días.

—Entonces ya falta poco.

—Sí… supongo.

Tras la respuesta de Yebon, el silencio cayó sobre la habitación.

El grupo intercambió miradas, sin saber qué decir a continuación.

Finalmente, Lee Seunggu, que estaba sentado al borde de la cama, se puso de pie.

—Ya llevamos demasiado tiempo aquí y todavía estás recuperándote. Descansa. Nos veremos cuando salgas.

—Ah…

Yebon quiso decir algo.

Al menos pedirles que se quedaran un poco más, aunque solo fuera por cortesía.

Pero las palabras no salieron.

En lugar de eso, se limitó a asentir y despedirse con la mano mientras comenzaban a salir.

Uno a uno, todos se marcharon, hasta que solo Lee Seunggu permaneció junto a la puerta.

Justo cuando estaba a punto de salir, Yebon lo llamó con urgencia.

—Espera… De camino aquí, ¿no viste por casualidad a hyung? A Cha Hyuk hyung…

Lee Seunggu vaciló y lo observó durante unos instantes.

Pasaron varios segundos antes de que finalmente respondiera.

—…No, no lo vi.

—Ah… ya veo. Está bien, gracias. Llega con cuidado a casa.

Lee Seunggu volvió a decirle que descansara mucho antes de salir finalmente de la habitación.

Y entonces Yebon se quedó completamente solo.

Su corazón se hundió en lo más profundo de la desesperación.

Ya no tenía idea de qué estaba ocurriendo.

Más tarde, aquella misma noche, recibió un mensaje de Lee Seunggu.

[Lee Seunggu: Oye… Tu madre me dijo que no te contara nada, pero cuanto más lo pienso, más siento que debo decírtelo…] (7:21 p. m.)

[Lee Seunggu: La verdad es que sí vi a tu hyung cuando venía subiendo… Parecía estar completamente destrozado.] (7:21 p. m.)

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