Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 86

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Ante las palabras de Yebon, su madre asintió lentamente.

La idea de que él fuera lo último que había dejado atrás la persona a la que en otro tiempo más había odiado en el mundo le resultaba irónica y, al mismo tiempo, extrañamente compleja.

No recordaba cuándo se había tomado aquella fotografía ni qué los había hecho reír con tanta felicidad.

Pero había algo que, sin darse cuenta, había llegado a comprender: ocultos detrás de todos sus malos recuerdos de Kang Taehyun, también había momentos felices, enterrados en lo más profundo.

Yebon intentó recordar en qué momento exacto Kang Taehyun había comenzado a derrumbarse, pero sus recuerdos eran demasiado borrosos.

Kang Taehyun sufría repentinos ataques de ira e irritabilidad. Sin embargo, otros días se comportaba como una persona completamente distinta y trataba a Yebon con calidez y afecto.

Y, aun así, Yebon solo había elegido recordar el odio.

—…¿Por qué esta foto? —preguntó.

Tenían que existir fotografías familiares de los tres. Seguramente también habría muchas fotos en las que apareciera solo su madre.

Si alguien merecía ser quien velara por el lugar de descanso de Kang Taehyun, era ella, no él.

Su madre nunca se había rendido con Kang Taehyun. Se había aferrado a él, creyendo que algún día mejoraría.

Yebon… ni siquiera había asistido debidamente al funeral. Desde la secundaria, apenas había intercambiado unas cuantas palabras con aquel hombre.

Apoyó una mano contra el cristal y cubrió el rostro de su yo más joven, como si quisiera borrarlo.

—Ah, bueno… Ese portarretratos siempre estuvo en la habitación de tu padre —explicó su madre en voz baja—. Después de que entraste a la secundaria, solía quedarse mirándolo durante mucho tiempo.

—…¿Esta foto?

—Sí. Nunca me respondía cuando le preguntaba, pero… creo que extrañaba aquellos días.

Era extraño.

Yebon siempre había creído que Kang Taehyun lo odiaba. De lo contrario, ¿por qué le habría dicho cosas tan crueles y lo habría mirado con tanto veneno en los ojos?

La idea de que Kang Taehyun hubiera añorado al niño de la fotografía le resultaba imposible de imaginar.

—Mamá… Siempre dijiste que papá era alguien que había perdido el rumbo.

—¿Alguien que… perdió el rumbo?

Yebon bajó la mirada hacia su madre, que estaba de pie a su lado.

Ella contemplaba la fotografía enmarcada con una tristeza serena en el rostro.

—En la vida hay momentos en los que las personas pierden el sentido de la dirección y toman el camino equivocado —murmuró—. Le pasa a todo el mundo. A ti, a mí… seguramente nosotros también nos hemos perdido alguna vez.

»Pero la mayoría de las personas, tarde o temprano, encuentran el modo de seguir adelante. Tu padre… creo que fue alguien que perdió el camino por completo y siguió vagando, incapaz de encontrar la forma de regresar.

»Antes era una persona muy amable e íntegra…

Un Kang Taehyun amable e íntegro.

Yebon no lograba imaginarlo, así que simplemente escuchó en silencio.

—Por eso pensé… que, si lo guiaba bien y lo animaba lo suficiente, podría volver a mantenerse firme. Creía… que, como yo lo amaba más que nadie, sería capaz de hacerlo. Que nadie conocía a Kang Taehyun mejor que yo. Que nadie comprendía su dolor como yo.

Su voz tembló, y Yebon pudo sentirlo.

Su madre todavía amaba y extrañaba a su padre.

Nunca lo había entendido.

¿Por qué no podía dejarlo ir? ¿Por qué contemplaba sus fotografías con tanta añoranza?

Sin embargo, después de escuchar sus palabras, por fin comprendió la razón.

La versión de Kang Taehyun a la que ella se aferraba no era la de los recuerdos dolorosos.

Era la de los momentos felices.

—Y en cuanto a ti, Yebon…

Su madre volvió la mirada hacia él.

—Desde el principio, me juré que nunca permitiría que perdieras el rumbo. Que no dejaría que te ocurriera lo mismo…

Su voz flaqueó.

Bajó la cabeza y guardó silencio durante unos instantes antes de continuar.

—Pero no me di cuenta de que, al hacer eso, solo te estaba haciendo las cosas más difíciles. Aquel día, cuando me dijiste todo eso… al principio me sentí destrozada. De verdad me había esforzado. Te di amor, te consolé, hice todo lo que pude. Así que, ¿cómo podías decirme algo así? También me enfadé.

»Pero después de pensarlo con calma… lo entendí.

Una sonrisa tenue apareció en sus labios mientras acariciaba suavemente la mejilla de Yebon.

—En realidad, no te estaba viendo como eres. Te miraba a ti… y veía a Kang Taehyun en tu lugar. Como eras su hijo, no dejaba de pensar que podía volver a ocurrir lo mismo. Ese miedo hizo que intentara controlarte todavía más.

»Me decía a mí misma que solo quería que fueras feliz… pero la verdad es que únicamente quería que siguieras el camino que yo había elegido para ti.

Dejó escapar un suspiro leve, y su voz volvió a temblar.

—Incluso llegué a pensar… que tal vez sería mejor que siguiéramos distanciados así. Quizá eso sería mejor para ti…

Yebon apretó la mandíbula para contener las emociones que comenzaban a desbordarse en su interior.

Clavó los dedos en las palmas y negó con la cabeza de manera rápida y firme.

—…Eso no es verdad. Yo nunca quise que las cosas fueran así entre nosotros.

—…Gracias por decirlo.

Los labios de su madre se curvaron en una sonrisa muy suave.

—Yo también voy a intentarlo. Trataré de convertirme en alguien con quien puedas sentirte tranquilo. Así que deja de preocuparte tanto por cómo me siento, ¿de acuerdo? Vive la vida que tú quieras.

»Perdón por haberte hecho sentir que tenías que andar con tanto cuidado a mi alrededor durante todo este tiempo.

Yebon tragó con dificultad, intentando contener el nudo que se le había formado en la garganta.

—…Yo también lo siento. Debí ser más sincero contigo. Pero… tenía miedo.

—Está bien. Claro que lo tenías. Lo entiendo, y yo también lo siento. Pero, sin importar lo que digas ni lo que ocurra, sigues siendo mi hijo. Y te amo.

Palabras que nunca antes habían podido decirse.

Palabras que habían permanecido enterradas bajo el miedo y la vacilación.

Por fin, aquel día, lograron decírselas el uno al otro.

Al salir de la cafetería, Yebon miró a su alrededor mientras bebía de su café con leche frío y ladeaba la cabeza pensativo.

Últimamente no lograba librarse de la sensación de que alguien lo observaba.

Con el tiempo, aquella impresión se había vuelto más intensa, hasta el punto de hacerle preguntarse si estaba perdiendo la cabeza.

Pero, en serio…

¿Quién iba a molestarse en espiarlo?

Aun así, la inquietud no desaparecía.

En lugar de dirigirse a la parada de autobús habitual, decidió seguir caminando.

De todos modos, no era un mal día para dar un paseo. El café estaba recién hecho y el clima era agradable.

Intentando quitarle importancia, exageró un poco sus pasos y avanzó con más determinación de la necesaria.

Pero entonces volvió a sentir aquel cosquilleo en la nuca.

Por instinto, se giró de golpe.

Sus ojos se abrieron de par en par.

Desde un callejón cercano asomaba una cabeza muy familiar y muy brillante.

Yebon dio media vuelta de inmediato y marchó hacia allí.

La persona que se ocultaba en el callejón no era otra que Ma Dongpal.

—¡Dongpal ahjusshi!

—¡Oh! Ah, sí, sí. Cuánto tiempo.

Ma Dongpal, vestido con un chaleco acolchado negro, apagó rápidamente el cigarrillo contra la pared.

Se frotó la parte superior de la cabeza con expresión ligeramente sobresaltada, como si no hubiera esperado que Yebon lo reconociera primero.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que Yebon visitó Bluemoon, así que, naturalmente, tampoco se había encontrado con Ma Dongpal en mucho tiempo.

Había supuesto que no volvería a verlo pronto.

Mucho menos allí.

Y, sobre todo, no ahora que Cha Hyuk ni siquiera seguía asistiendo a la universidad.

Yebon inclinó la cabeza y miró al hombre.

—¿Qué lo trae por la universidad? ¿Tenía algún asunto cerca?

—Ah, eh… sí. Tenía que resolver algo en una inmobiliaria de por aquí.

—Ah, ya veo. Pero podía haber venido a saludarme en lugar de esconderse así. ¡Me asustó!

Yebon soltó una risa juguetona mientras una oleada de alivio lo invadía.

Así que Ma Dongpal era quien lo había estado observando.

Se había puesto paranoico por nada.

—…¿Eh?

Pero la reacción de Ma Dongpal fue completamente inesperada.

Parecía sinceramente confundido, como si ni siquiera se hubiera percatado de que Yebon estaba allí.

Una sensación helada descendió por la espalda de Yebon.

Su cuerpo, que acababa de relajarse, volvió a ponerse tenso.

—…Espere. ¿No estaba mirándome hace un momento? Lo digo porque llevo todo este tiempo sintiendo que alguien me está observando…

Su voz se apagó mientras volvía la mirada con cautela hacia los alrededores.

Y entonces volvió a sentirlo.

Aquella mirada penetrante y persistente.

Seguía allí.

Todavía lo estaba observando.

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