Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 76

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Kang Yebon frotó la frente contra la almohada al escuchar unas voces apagadas. La funda era suave, pero el dolor sordo que ascendía desde la parte baja de su espalda hizo que enseguida dejara de prestarle atención.

—Ugh…

Al menos no lo habían hecho otra vez dentro del coche. Y, sobre todo, no en el asiento del conductor. Moverse con tanta intensidad en un espacio tan reducido había dejado cada rincón de su cuerpo resentido.

Todavía aturdido, Yebon se movió lentamente y tanteó junto a la almohada hasta encontrar su teléfono.

Sentía los párpados pesados, pero hizo un esfuerzo por abrirlos y mirar la hora. Eran poco después de las dos de la tarde. La batería estaba al 12 % y tenía once llamadas perdidas, todas de su madre. Aun así, parecía que ella había desistido, porque la última llamada era de las siete de la mañana.

…La verdad, era un alivio. Yebon había temido que incluso llegara a denunciar su desaparición. Aunque, siendo sincero, eso tampoco habría servido de mucho. Ya era adulto, no llevaba tanto tiempo fuera y, además, al menos le había enviado un mensaje.

—Tengo que… cargar el teléfono…

Su voz salió ronca mientras murmuraba y volvía a esconder el rostro en la almohada.

—Dame el teléfono, Yebon.

Justo cuando frotaba distraídamente la cara contra la almohada, sintió que el colchón se hundía a su lado. Al girar un poco la cabeza, vio a Cha Hyuk sentado junto a él con la mano extendida.

Juraría que hacía un momento estaba cerca de la entrada… ¿Cuándo había llegado hasta allí?

Todavía medio dormido, Yebon alargó el brazo y le entregó el teléfono. Sin vacilar, Cha Hyuk conectó el cargador.

—Debes tener hambre. Pedí servicio a la habitación.

Hasta ese instante no había sentido demasiada hambre, pero apenas escuchó esas palabras, el estómago empezó a protestar con fuerza.

—Hyung, ¿cuándo te levantas…?… ¡Ah…!

En cuanto intentó incorporarse para ir a comer, un dolor punzante le atravesó el cuerpo y volvió a desplomarse sobre la cama. En el proceso, la manta se deslizó y dejó al descubierto por completo su trasero.

Nunca antes había tenido agujetas tan fuertes. Tal vez fuera porque habían dormido de una forma incómoda dentro del coche; desde luego, esta vez era mucho peor que de costumbre.

—¿Te duele mucho?

Una mano grande se apoyó sobre la parte baja de su espalda descubierta y comenzó a masajearla con suavidad. El contacto fresco le provocó un escalofrío, pero la firme presión resultaba sorprendentemente agradable. Yebon simplemente asintió.

—De ahora en adelante… nada de hacerlo en el coche…

Su débil murmullo fue recibido con una carcajada. Cha Hyuk arrugó la nariz con aire juguetón, mientras sus ojos brillaban divertidos. La piel sonrojada de Yebon, todavía teñida de un delicado color rosado, era tan tentadora que daban ganas de morderla.

—A mí me gustó, pero supongo que para ti no fue precisamente una buena experiencia.

Qué lástima.

Las manos que le masajeaban la cintura comenzaron a deslizarse lentamente hacia abajo. Llegaron hasta uno de sus glúteos, pero Yebon, con la cara todavía enterrada en la almohada, ni siquiera pareció darse cuenta.

—¡Ah, hyung!

En el instante en que Cha Hyuk le dio un firme apretón, Yebon prácticamente saltó de la cama y echó la cabeza hacia atrás del susto. Frunció el ceño con evidente indignación, pero Cha Hyuk solo sonrió.

—Me pareció que esa era la parte que más te dolía, así que pensé en ayudarte.

Lo dijo con un descaro absoluto. Yebon abrió la boca para responder, pero Cha Hyuk habló antes.

—Después de todo, fui yo quien te dejó así.

El susurro, cargado de diversión, hizo que el rostro de Yebon se tiñera de un rojo intenso.

El dolor persistente que aún recordaba de haberse golpeado una y otra vez contra el muslo de Cha Hyuk regresó de golpe a su mente. Presa del pánico, apartó su mano de un manotazo y enseguida cubrió su trasero con una almohada.

—¡Voy a vestirme! ¡Muévete!

—¿Quieres que te ayude?

—¡No, gracias!

Kang Yebon se envolvió con fuerza en la manta, le dio la espalda a Cha Hyuk, bajó de la cama y recogió su ropa a toda velocidad antes de salir corriendo hacia el baño.

Aunque Cha Hyuk ya lo había visto absolutamente todo… e incluso había puesto la boca allí, la vergüenza de Yebon seguía resultándole adorable.

Cha Hyuk contempló distraídamente la manta que había quedado tirada frente a la puerta del baño. Durante un instante pensó en perseguirlo y abrir la puerta de golpe, pero terminó conteniéndose.

En lugar de eso, deslizó la mano sobre la cama, arrastrando ligeramente la sábana, hasta detenerla justo donde Yebon había estado acostado.

Sintiendo el calor que aún permanecía allí, se dejó caer de espaldas sobre el colchón.

Permaneció mirando distraídamente el techo del hotel hasta que el teléfono que llevaba en el bolsillo empezó a vibrar.

En vez de sacarlo enseguida, frunció ligeramente el ceño. Se giró hacia un lado fingiendo ignorarlo, pero cuanto más intentaba hacerlo, más insistente parecía la vibración.

Al final terminó cediendo y revisó la pantalla.

Era uno de sus subordinados, el mismo con quien había estado antes de salir furioso de la oficina.

La llamada terminó enseguida, pero inmediatamente empezaron a llegar mensajes.

[Hyungnim, el representante Lee está buscándolo. ¿Qué hacemos?] (2:19 p. m.)

[Se presentó sin avisar.] (2:19 p. m.)

Así que la noticia ya había llegado a Lee Wonpil.

Golpear a Kim Hyunwoo hasta dejarlo hecho un desastre y mantenerlo retenido debía de haber llegado a sus oídos. La única incógnita era si se había enterado tarde o si lo había sabido desde el principio y simplemente había decidido esperar. De cualquier forma, Cha Hyuk no esperaba que apareciera directamente en el negocio.

Observó los mensajes unos segundos antes de responder de manera escueta.

[Estaré allí por la tarde. Aguanten hasta entonces.]

Después de enviar el mensaje, apagó el teléfono de inmediato.

No quería que nadie lo molestara en ese momento.

Poco después, Yebon salió del baño ya vestido. Tenía el flequillo ligeramente húmedo, señal de que se había lavado la cara. Recogió la manta que había quedado junto a la puerta y caminó hasta donde estaba Cha Hyuk.

—¿Tienes sueño? ¿Cuándo te despertaste, hyung?

Le echó la manta encima y luego se acostó a su lado.

—No. Yo también me desperté tarde. Poco antes del mediodía.

Yebon hizo memoria. La última vez que habían estado en el baño ya pasaban de las ocho de la mañana.

—Entonces dormiste unas tres horas y media. Es muy poco. Luego vas a estar cansado cuando regresemos. Cuando volvamos…

Su voz fue apagándose poco a poco. Cha Hyuk giró la cabeza para mirarlo.

Entonces, como si reuniera el valor para tomar una gran decisión, Yebon apretó los puños y declaró:

—¡Yo… yo voy a conducir!

—…¿Tienes licencia?

Como Yebon siempre iba en autobús, Cha Hyuk jamás había contemplado esa posibilidad. Lo miró sorprendido, y Yebon se rascó la mejilla con timidez antes de asentir.

—La saqué justo después de terminar el examen de ingreso a la universidad. Pero después de conseguirla nunca tuve una razón para conducir… Simplemente no lo hice. Era más fácil ir a la universidad en autobús… y tampoco suelo viajar mucho, así que…

Cha Hyuk permaneció observándolo en silencio durante un buen rato.

Finalmente respondió con un despreocupado:

—Ah…

—Conduciré yo.

Normalmente habría sentido curiosidad y lo habría dejado intentarlo.

Pero poner a un conductor sin experiencia directamente en la autopista era una imprudencia.

Yebon pareció entenderlo también, porque, en lugar de insistir, solo soltó una risa incómoda y asintió.

Un silencio ligeramente incómodo se instaló entre ambos hasta que llamaron a la puerta.

Era el servicio a la habitación.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Yebon se levantó de un salto.

—¡Yo abro!

Había llegado en el momento perfecto.

Se sentía un poco avergonzado por haber ofrecido conducir con tanta seguridad cuando, en realidad, casi no tenía experiencia.

Corrió hacia la puerta.

A su espalda alcanzó a escuchar la suave risa de Cha Hyuk.

Como no podían quedarse allí para siempre, finalmente subieron al coche.

El viaje duraría unas tres horas. Parecía bastante largo, pero después de quedarse dormido un rato, Yebon descubrió que ya habían pasado dos.

Al volver la cabeza hacia el asiento del conductor, Cha Hyuk seguía exactamente igual que antes.

Yebon observó su perfil durante un largo momento antes de hablar.

—No quiero volver a casa.

—¿Quieres que dé la vuelta?

La respuesta inmediata lo dejó sin palabras y terminó soltando una risa incrédula.

Probablemente solo estaba bromeando.

Pero aun así le hacía feliz que, incluso en broma, Cha Hyuk siguiera sus tonterías con tanta naturalidad.

Sin embargo, esa sensación agradable duró poco.

Cuanto más se acercaban a casa, más difícil era seguir ignorando la realidad.

¿Cómo iba a reaccionar su madre esta vez?

No tenía la menor idea.

¿Se enfadaría otra vez como la vez anterior?

¿Y si incluso llegaba al extremo de ponerle un cerrojo a la puerta de su habitación?

…Bueno, quizá eso ya era exagerar.

Yebon apretó los labios mientras se perdía en sus pensamientos.

—¿Es por tu madre?

—…Sí. Nunca había hecho algo así antes… así que no tengo idea de cómo va a reaccionar. Y además…

En realidad, no tenía muchas ganas de disculparse.

Quizá solo fuera orgullo, pero, aun sabiéndolo, no quería dar marcha atrás.

Yebon abrió los labios para hablar, pero al final solo tragó saliva.

—Bueno, da igual. Si me echa de casa, te lo diré. Dijiste que podía vivir contigo, ¿verdad? Pienso tomarme esas palabras muy en serio.

—Sí. Ni siquiera hace falta que te eche. Puedes venir cuando quieras.

—Pero tú…

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Cha Hyuk le lanzó una mirada de reojo y vio que Yebon lo observaba con cierta vacilación, como esperando su reacción.

—¿Qué pasa conmigo? Termina lo que ibas a decir.

Cha Hyuk le acarició suavemente la mejilla con el dorso de la mano, animándolo a hablar con tranquilidad.

Solo entonces Yebon desvió un poco la mirada antes de preguntar con cautela:

—Solo estaba pensando… En realidad no sé casi nada de tu pasado. Ni de tu familia… Quería preguntarte por eso.

Pero enseguida vaciló.

Tenía que haber una razón por la que Cha Hyuk jamás había mencionado ese tema, ni una sola vez.

—…Mi familia…

La voz de Cha Hyuk sonó más pesada de lo habitual.

Yebon se preguntó si habría hecho una pregunta que no debía.

Estuvo a punto de decir: «No tienes que hablar de eso», pero terminó cerrando la boca.

Si Cha Hyuk quería contárselo, por muy dolorosa que fuera la historia, él quería escucharla.

…Ah… Así que esto es lo que se siente.

Ese deseo de conocer las heridas de otra persona.

Hasta entonces, Yebon nunca había sentido la necesidad de profundizar en los pensamientos más íntimos de nadie, así que aquella sensación le resultaba completamente nueva.

Y, al darse cuenta de eso…

También comprendió cuánto le gustaba Cha Hyuk.

Y, al mismo tiempo, recordó aquellas palabras:

«Así que, si algún día Yebon decide contarme algo así, no puedo evitar sentirme feliz.»

Y entonces también comprendió que Cha Hyuk lo quería tanto como él a él.

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