Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 63
—No es nada importante. Solo hay un terreno que necesito comprar, pero un maldito bastardo se me adelantó.
—¿Y?
—Ese hijo de puta se fue a Corea. Tú sabes mejor que nadie cómo partirle la cara a la gente, ¿no, Hyuk?
Kang Cheolwon dio una profunda calada al cigarrillo. Sus mejillas se hundieron mientras inhalaba y luego expulsó una bocanada de humo directamente al rostro de Cha Hyuk.
Cha Hyuk ni siquiera cambió de expresión.
Pero tampoco tenía motivos para rechazar la petición.
—¿Para cuándo lo necesitas?
—Mmm… Cuanto antes, mejor.
En otras palabras, quería que todo estuviera resuelto prácticamente en cuanto Cha Hyuk pisara Corea.
Parecía que su plan de ir a ver a Yebon apenas regresara ya se había ido al traste.
Sintió ganas de maldecir, pero se contuvo.
Después de todo, era inevitable que este tipo de situaciones se repitieran ahora que, por puro egoísmo, había arrastrado a Yebon a su vida.
—Entonces, cuento contigooo~.
Kang Cheolwon lanzó al suelo la colilla, ya reducida al filtro, y la aplastó con la punta del zapato.
Cha Hyuk estuvo a punto de apartarlo de un empujón.
Pero no hizo falta.
Porque, en ese mismo instante, su mirada se cruzó con la de Park Byungsik, que seguía bebiendo y celebrando junto a otros ejecutivos.
—Ah, ese viejo loco. Yo me largo.
Como Kang Cheolwon y Park Byungsik nunca se habían llevado bien, desapareció rápidamente del lugar.
Al mismo tiempo, Park Byungsik le hizo una seña a Cha Hyuk para que se acercara.
Lo último que Cha Hyuk quería era meterse en aquel grupo ruidoso.
Pero no tenía alternativa.
A juzgar por el rostro enrojecido de Park Byungsik, ya llevaba unas cuantas copas encima.
—Buenas noches, presidente.
Cha Hyuk hizo una ligera reverencia.
Las personas que rodeaban a Park Byungsik eran, como mínimo, altos ejecutivos o figuras políticas de peso.
Incluso alcanzó a oír fragmentos de conversaciones en japonés.
Parecía que también había invitados japoneses.
—¡Este! ¡Este de aquí es mi muchacho, Cha Hyuk!
Park Byungsik le dio una fuerte palmada en la espalda mientras soltaba una sonora carcajada.
Cha Hyuk apenas curvó los labios en una leve sonrisa.
Las miradas que de pronto recayeron sobre él eran casi punzantes.
Si Park Byungsik lo presentaba personalmente como «su muchacho», era evidente que no era una persona cualquiera.
—Vaya, eres incluso más impresionante de lo que había oído. Mucho gusto. Soy Chun Jihwan.
Cha Hyuk conocía ese nombre.
Según había escuchado, Chun Jihwan era una figura importante del Partido OO.
Viéndolo junto a Park Byungsik, parecía que el rumor era cierto.
Aunque aparentaba la misma edad que Park Byungsik, en realidad solo tenía cuarenta y cinco años.
A su lado permanecía una mujer de cabello hasta los hombros, elegante y de porte refinado.
En cuanto sus miradas se encontraron, ella le dedicó una sonrisa amable.
Era la hija mayor de Chun Jihwan.
Por cortesía, Cha Hyuk inclinó ligeramente la cabeza y estrechó la mano que Chun Jihwan le ofrecía con una sonrisa educada.
—Mucho gusto. Soy Cha Hyuk. Así que usted es el diputado Chun. Se ve mucho más joven de lo que imaginaba. Casi no lo reconozco.
—¡Ja, ja! Ya basta. ¿Joven dices?
Aunque restó importancia al cumplido, sonreía de oreja a oreja.
Después de soltar la mano de Cha Hyuk, empujó suavemente a su hija hacia delante.
—Esta es mi hija, Chun Younghyun. Debe de tener…
—Tengo veinticinco años. Mucho gusto.
Su voz era tan delicada como su aspecto.
Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas.
Era imposible saber si era por el frío o por el alcohol.
Cha Hyuk comprendió de inmediato qué clase de situación era aquella.
Por eso solo respondió con indiferencia:
—Sí. Mucho gusto.
Y no añadió nada más.
No era la primera vez que ocurría algo parecido.
Al ver la escasa reacción de Cha Hyuk, Park Byungsik le dio otra fuerte palmada en la espalda.
—Este mocoso sigue sin tener habilidades sociales. Una señorita te saluda primero y eso es todo lo que sabes decir.
Cha Hyuk permaneció en silencio.
Park Byungsik conocía perfectamente su forma de ser.
Chasqueó la lengua y volvió a hablar.
—Ven conmigo un momento.
—Sí, sí, presidente. Adelante.
Park Byungsik hizo una seña con la barbilla para que lo siguiera mientras se alejaba.
Cha Hyuk caminó detrás de él.
Park Byungsik terminó deteniéndose en un rincón apartado, algo alejado del salón principal.
Metió la mano en el bolsillo, sacó un cigarrillo y se lo colocó entre los labios.
Luego hizo un pequeño gesto con la cabeza.
—He oído que últimamente has estado tosiendo mucho. ¿No deberías dejar de fumar de una vez?
—…Qué mocoso tan insolente.
Park Byungsik frunció el ceño, molesto, pero aun así encendió el cigarrillo.
—¿Sabes por qué estoy organizando una fiesta como esta?
—Supongo que la demencia ya empezó a hacer efecto.
—…
Park Byungsik le dio una patada en la espinilla.
Cha Hyuk ni siquiera pestañeó.
Era difícil saber si él se había vuelto más resistente o si Park Byungsik simplemente había perdido fuerza con la edad.
—Ya es hora de que pienses en establecerte. No tiene sentido seguir arrastrándote detrás de Wonpil.
—Y, sin embargo, usted tampoco tiene familia, presidente.
—Tsk. Te saco del basurero para que no acabes muerto en una cuneta y ahora me tratas como si no fuera nadie.
Vaya…
Aunque parecía irritado, en su voz todavía había un matiz de buen humor.
—He oído que últimamente andas muy pendiente de un chico joven.
Ahí estaba.
Ese era el verdadero motivo de la conversación.
Cha Hyuk ni siquiera intentó negarlo.
Ocultar algo solo hacía que los demás sintieran todavía más curiosidad por descubrirlo.
Así funcionaba ese mundo.
Si no podía ocultarse por completo, era mejor mostrarlo abiertamente.
Aunque permaneció callado, Park Byungsik interpretó aquel silencio como una confirmación.
—Nunca mostraste el más mínimo interés por las mujeres y ahora resulta que te gustan los hombres.
—…
—Si lo que te gustan son los hombres, también está ese chico del Grupo HS…
—No es que me gusten los hombres.
—Entonces ¿por qué perder el tiempo con un crío que no sabe nada? ¿Qué demonios te pasa, Cha Hyuk?
Park Byungsik tosió varias veces con el cigarrillo aún entre los labios.
Después de un buen rato de toses secas, se frotó el cuello arrugado con una mano.
—Ejem… Cuando te dije que formaras una familia, no quería decir que fueras a convertirte en alguien con una debilidad.
—Lo sé.
—Y, por el amor de Dios, después de decirte que no lo hicieras, ¿sigues pensando acompañar a ese bastardo de Lee Wonpil a Hong Kong? ¿Qué? ¿También piensas llevarte a ese chico contigo?
Te dije que te quedaras tranquilo en Corea hasta que yo regresara.
Chasqueó la lengua y frunció los labios con irritación mientras sus ojos envejecidos se clavaban en Cha Hyuk.
Este guardó silencio unos segundos antes de responder con absoluta calma.
—En realidad… cambié de opinión.
Los ojos de Park Byungsik se iluminaron al instante.
Había sorpresa.
Pero, por encima de todo, satisfacción.
—¿De repente? La última vez, cuando te dije que no fueras, fuiste más terco que una mula. ¿Y ahora…? No me digas que tú, pequeño…
Entrecerró los ojos con desconfianza.
Pero Cha Hyuk no respondió.
Simplemente continuó hablando.
—Me di cuenta de que ya no tengo motivos para ir. Además, presidente… Lo que acabo de decir no debe llegar jamás a oídos de Lee Wonpil.
—…Vaya.
La determinación en los ojos oscuros de Cha Hyuk dejaba claro que no se trataba de un simple capricho.
La verdad era que Park Byungsik nunca había visto con buenos ojos que Cha Hyuk siguiera a Lee Wonpil hasta Hong Kong.
Ya estaba envejeciendo.
Era momento de pensar en un sucesor.
Desde el día en que acogió a Cha Hyuk, siempre lo había considerado el candidato ideal.
Sin embargo, pese a todo, Cha Hyuk mostraba muy poco interés por el poder.
Y, para empeorar las cosas…
Era increíblemente terco.
Aunque llevaba muchos años dentro de la organización, su rango apenas había ascendido.
Eso siempre había sido motivo de frustración para Park Byungsik.
Aun así, estaba convencido de que algún día Cha Hyuk terminaría caminando por el sendero que él había preparado.
Y, aunque no quisiera…
Estaba seguro de que encontraría la forma de obligarlo.
Después de todo, ese lugar era todo lo que Cha Hyuk tenía.
Y nadie lo sabía mejor que él.
‘Pensé que todavía haría falta un poco más de tiempo…’
Originalmente, pensaba obligarlo a quedarse definitivamente bajo su mando en cuanto regresara de Hong Kong.
Que siguiera aferrado a ese inútil de Lee Wonpil le resultaba molesto, pero…
‘Por ahora no hay necesidad de separarlo de ese chico.’
Park Byungsik hizo rápidamente sus cálculos y sonrió, satisfecho.
—Bueno, no importa por qué cambiaste de opinión. Lo importante es que por fin lo hiciste. Pronto prepararé un puesto para ti, así que ve preparándote.
—No será de inmediato.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Antes tengo algo que resolver. Me pondré en contacto con usted cuando esté casi terminado. De todas formas, voy a necesitar su ayuda, presidente.
—Ja… Qué descarado eres.
Cualquiera que los escuchara pensaría que él estaba obligando a Cha Hyuk a hacer algo terrible.
Le estaba ofreciendo una oportunidad para ascender sin ningún obstáculo.
Y, en lugar de agradecerla, el muchacho actuaba como si fuera lo más natural del mundo que lo ayudaran.
Tan directo y descarado como siempre.
Precisamente por eso le gustaba.
Dicho sin rodeos, hoy en día no abundaban jóvenes con una voluntad tan firme y una terquedad tan obstinada.
Sí.
A veces hacía cosas bastante extrañas.
Pero eso era perfectamente tolerable.
—…Está bien. Entendido… cof, cof…
Otro acceso de tos lo interrumpió.
Estuvo tosiendo con fuerza durante varios segundos.
Sin decir una palabra, Cha Hyuk se quitó la gruesa chaqueta y la colocó sobre los hombros de Park Byungsik.
—Entonces, ¿por qué demonios organiza una fiesta al aire libre en pleno invierno?
—Cállate, mocoso. Así es como se disfruta la juventud. Pero, hablando en serio… Si ibas a cambiar de opinión tan fácilmente, ¿por qué demonios seguiste durante tanto tiempo a ese bastardo de Wonpil?
—…Nunca lo seguí.
—Entonces ¿qué era?
—Digamos que sí.
Su respuesta seca hizo que Park Byungsik entrecerrara los ojos con suspicacia.
Pero Cha Hyuk no dio más explicaciones.
Simplemente sujetó a Park Byungsik para ayudarlo a caminar y comenzó a conducirlo de regreso al salón del banquete.
—Lo que quieres es largarte de aquí, ¿verdad? Yo puedo ayudarte. Pero primero ayúdame tú. Solo ven conmigo a Hong Kong y encárgate de las cosas durante tres años. Nada más. Cuando tome el control de la facción de Park Byungsik, te conseguiré una identidad falsa, una salida limpia… todo.
Un recuerdo cruzó por su mente.
Era la voz de Lee Wonpil.
Hacía algunos años le había hecho aquella oferta con evidente entusiasmo.
Ahora ya no tenía ningún valor.
Aunque, en realidad…
Nunca lo había tenido.
Lee Wonpil era un mentiroso compulsivo.
Y, aun sabiéndolo, Cha Hyuk había seguido el juego sin discutir.
Porque Lee Wonpil le había servido como una excusa conveniente.
Una excusa para mantener siempre un pie fuera de aquel mundo.
Una barrera que le impedía involucrarse demasiado.
Pero, desde ese día…
Aquella excusa se había derrumbado.
Y esa barrera había desaparecido por completo.