Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 61

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Aunque los cambios eran evidentes desde hacía tiempo, que Cha Hyuk los señalara tan directamente hizo que el rostro de Yebon se calentara de vergüenza.

Pasar tiempo con Cha Hyuk tenía un efecto extraño en él: sentía como si su edad mental retrocediera.

Se volvía más infantil, le daban ganas de discutir por tonterías y de quejarse sin motivo alguno.

Desde pequeño siempre le habían dicho que era maduro y responsable. Por eso, verse comportándose de esa manera lo hacía sentirse un poco avergonzado.

De repente, Cha Hyuk le sujetó las mejillas con ambas manos, haciendo que sus labios se fruncieran involuntariamente.

—Si estás molesto, puedes insultarme.

Los ojos oscuros que se encontraron con los suyos estaban llenos de una infinita dulzura.

Le daba la impresión de que, hiciera lo que hiciera, Cha Hyuk lo aceptaría todo y seguiría encontrándolo adorable. Ese pensamiento le hizo cosquillas en la garganta.

—…¿Por qué?

—Porque puedes.

Era una razón muy extraña. Aun así, Yebon no pudo evitar sonreír.

Entonces se preguntó de repente…

¿Qué haría si algún día tuviera que estar muy lejos de Cha Hyuk?

—Me gustas.

Yebon lo dijo en voz baja, con los ojos suavemente curvados mientras le confesaba sus sentimientos. A diferencia de la vez anterior, cuando aquellas palabras se le escaparon en medio de la frustración, esta vez solo estaban llenas de un afecto sincero.

Cha Hyuk permaneció callado unos instantes. Se limitó a mirarlo fijamente antes de estrecharlo con fuerza entre sus brazos.

—¡H-Hyung…!

Era pleno día, y algo así nunca había pasado antes.

Yebon se removió ligeramente, pero Cha Hyuk solo lo abrazó con más fuerza. Su rostro quedó enterrado contra el pecho de Cha Hyuk y, con cada respiración, lo único que percibía era su aroma.

—Está bien. De día no hay nadie por aquí.

Poco a poco, un abrigo cayó sobre la espalda de Yebon, envolviéndolo en calidez y disipando el frío que aún quedaba sobre su piel.

Con la oreja apoyada sobre el pecho de Cha Hyuk, el roce de la ropa quedó ahogado por el sonido constante y poderoso de sus latidos.

Su corazón latía incluso más rápido que el de Yebon cuando casi se cayó hacía un momento.

Después de todo, aquella Nochebuena estaba resultando ser realmente maravillosa.

Acurrucado cómodamente entre sus brazos, Yebon habló con cautela.

—Pero, hyung… ¿de verdad no puedes golpear esa máquina de boxeo una vez? Tengo curiosidad.

Cha Hyuk soltó una pequeña risa nasal.

No esperaba que, en un momento como ese, Yebon siguiera pensando en la máquina.

—…Está bien.

No entendía por qué estaba tan obsesionado con aquello, pero era incapaz de rechazar cualquier petición suya.

La verdad era que no quería mostrarle sus puños en acción. Sin embargo, no iba a golpear a una persona, solo era una máquina.

No debería haber ningún problema.

Después de introducir el dinero, el saco volvió a elevarse.

Apretó el puño y miró de reojo.

Los ojos de Yebon brillaban de emoción.

Por alguna razón sintió que debía hacerlo bien, así que acomodó la postura. Echó el brazo completamente hacia atrás, girando incluso el torso, y lanzó el puñetazo con todas sus fuerzas.

¡BOOM!

Una explosión ensordecedora retumbó por todo el lugar.

El sonido fue muchísimo más fuerte de lo esperado.

Los ojos de Yebon se abrieron como platos.

Cha Hyuk, en cambio, solo observó el saco mientras este rebotaba tras el impacto.

Los números rojos del marcador parpadearon, titubeando como si la máquina estuviera teniendo problemas para procesar el resultado.

—…¿Se descompuso?

Yebon se acercó, mirando incrédulo la pantalla.

Por suerte, al poco tiempo los números comenzaron a subir rápidamente.

El resultado final fue…

999.

La boca de Yebon quedó completamente abierta.

Así que sí era posible conseguir 999 puntos…

Pero, al mismo tiempo, no pudo evitar preguntarse…

¿Por qué solo 999?

En el instante en que el puño de Cha Hyuk impactó, Yebon estaba convencido de que la máquina iba a hacerse pedazos.

La única explicación para que el número no fuera mayor era que el marcador estuviera limitado a 999.

Sabía que Cha Hyuk era fuerte.

Pero jamás imaginó que estuvieran hablando de un nivel así.

Levantó la cabeza para mirarlo.

Cha Hyuk sonreía con cierta incomodidad, como si estuviera en un aprieto.

¿Acaso le había pegado demasiado fuerte?

Entonces recordó cómo Yebon se había sobresaltado hacía un momento por el estruendo.

En medio del incómodo silencio, Cha Hyuk giró hacia la entrada, como si quisiera escapar de la situación.

—…Será mejor que entremos…

—Hyung, eso fue increíble… Hazlo otra vez.

Yebon levantó el dedo índice mientras lo miraba con los ojos centelleantes.

Toda la tensión abandonó los hombros de Cha Hyuk.

Soltó una risa baja y asintió.

Introdujo otro billete en la máquina.

Mientras Yebon observaba con los ojos llenos de brillo, la escena del puñetazo de Cha Hyuk volvió a reproducirse en su mente como una imagen persistente.

Si la máquina no hubiera estado allí, con aquel físico y la brutal fuerza de su golpe, habría parecido una escena sacada directamente de una película de acción.

Si Cha Hyuk hubiera sido actor…

Yebon estaba seguro de que, en ese mismo instante, se habría convertido en su mayor admirador.

—Yebon, ¿de verdad no vas a ir?

—…Mmm… Sí… No voy… No voy…

Su voz sonaba completamente pastosa por el sueño.

Molesto por la luz que se filtraba en la habitación oscura, Yebon se cubrió la cabeza con la manta.

—Está bien. Mamá se va con la gente de la iglesia. Cuando despiertes, asegúrate de comer.

—…Mmm… Está bien…

Su madre dejó escapar un profundo suspiro, como si ya hubiera esperado esa respuesta.

Yebon siempre había tenido el sueño muy pesado.

Era imposible hacerlo despertar al amanecer.

Normalmente era un hijo obediente, pero con esto era increíblemente terco.

De todos modos, ella tampoco pretendía obligarlo.

Después de todo, ver el primer amanecer del año tampoco era algo tan importante.

Permaneció un momento contemplando a su hijo dormido, luego cerró la puerta con cuidado y salió.

Poco después, la puerta principal se abrió y volvió a cerrarse suavemente.

Solo entonces Yebon volvió a hundirse en un sueño profundo y tranquilo.

En la primera mañana del año, no le importaba el amanecer ni nada parecido.

Dormir era mucho más importante.

Con las cortinas opacas completamente cerradas, su habitación seguía tan oscura como si aún fuera de noche.

Al cabo de un rato, el teléfono que estaba tirado en el suelo comenzó a vibrar.

Bzzz… Bzzz… Bzzz…

El ruido llenó la silenciosa habitación.

Pero Yebon apenas se removió entre sueños.

No despertó.

La llamada se detuvo un instante.

Y enseguida volvió a sonar.

Como el teléfono estaba sobre el piso, la vibración retumbaba todavía más por toda la habitación.

Frunciendo el ceño, Yebon buscó el móvil a tientas, todavía medio dormido.

¿Quién demonios llamaba a esa hora?

¿Qué clase de desconsiderado no tenía noción del tiempo?

Su rostro se arrugó por el fastidio.

—…¿Quién es… en serio…?

Su voz sonaba pesada por el sueño, cargada de una irritación imposible de ocultar.

Aún demasiado adormecido como para abrir bien los ojos, se llevó el teléfono a la oreja mientras permanecía acostado de lado.

Pero no obtuvo respuesta.

Solo el tenue sonido del viento colándose por el altavoz.

—…¿Hola…?

Cuando elevó un poco la voz, la otra persona finalmente respondió.

—[¿Te desperté para nada? Vuelve a dormir, Yebon.]

En cuanto oyó aquella voz, incluso medio dormido la reconoció al instante.

Era Cha Hyuk.

Todo rastro de sueño desapareció de golpe.

Se incorporó de un salto mientras sujetaba el teléfono.

—¡Ah!

Con horror descubrió que no era una llamada normal.

¡Era una videollamada!

Y reflejado en la pantalla oscura estaba él mismo, con el cabello completamente revuelto y la cara hinchada por el sueño.

Muerto de la vergüenza, empezó a manotear el teléfono y terminó dejándolo caer.

—[Ah… Ahora me siento un poco culpable. ¿Será mejor que cuelgue…?]

—¡No! ¡No pasa nada!

Presa del pánico, Yebon encendió rápidamente la luz y volvió a recoger el teléfono.

Pero su cara seguía hinchada de recién despertado.

De ninguna manera iba a dejar que Cha Hyuk lo viera así.

Así que cambió de inmediato a la cámara trasera.

Ahora, en lugar de su rostro, la pantalla mostraba el suelo y sus pies.

Después amplió la imagen de Cha Hyuk, como si eso pudiera salvarlo de la vergüenza.

En la pantalla apareció el rostro de Cha Hyuk desde un ángulo poco favorecedor.

Si hubiera sido cualquier otra persona, se habría visto terrible.

Pero en él, el cabello ligeramente despeinado por el viento hacía que pareciera una sesión fotográfica.

Verlo así solo hizo que Yebon se sintiera todavía más avergonzado de que hubiera visto, aunque fuera por un instante, su cara de recién levantado.

—Hyung, ¿estás afuera?

El cielo que se veía detrás de él comenzaba apenas a iluminarse.

Miró la hora.

Faltaba muy poco para las seis de la mañana.

—[Sí. Ahora mismo estoy en Hokkaido.]

Cha Hyuk había viajado a Japón unos días antes.

Le había dicho que tenía algo que hacer allí y que permanecería unas dos semanas.

Yebon había asumido que durante ese tiempo no podrían verse.

Jamás imaginó que recibiría una videollamada como aquella.

Inclinó ligeramente la cabeza, confundido.

Sabía que Cha Hyuk estaba en Hokkaido.

Pero ¿por qué estaba afuera a esa hora?

Y, sobre todo…

¿Por qué lo había llamado?

Como si hubiera leído sus pensamientos, Cha Hyuk cambió de cámara.

—[Quería enseñarte el amanecer.]

En cuanto la imagen cambió, Yebon contuvo el aliento.

Toda la pantalla de su teléfono quedó ocupada por el inmenso océano.

Más allá del horizonte, el sol carmesí ascendía lentamente.

Yebon nunca había visto un amanecer en toda su vida.

Había pasado noches enteras despierto, sí.

Pero siempre dentro de casa.

Nunca había contemplado realmente el alba.

—…Guau.

La calidad del video no era la mejor.

Pero el sonido de las olas y el cielo tiñéndose de rojo con la salida del sol despertaron en él una emoción profunda y desconocida.

Por primera vez sintió de verdad el final de un año…

Y el comienzo de otro.

Durante un largo rato, ambos permanecieron en silencio mientras observaban cómo nacía el nuevo día.

Estaban en lugares completamente distintos.

Pero mirando el mismo paisaje.

Yebon creyó que, al menos por un instante, ambos estaban sintiendo lo mismo.

Solo cuando el sol terminó de elevarse habló de nuevo.

—Creo que ya entiendo… por qué la gente va a ver el amanecer.

Nunca había comprendido por qué las personas luchaban contra el sueño y soportaban un frío helado solo para quedarse mirando el cielo.

Pero ahora creía entenderlo.

Y también se sentía agradecido.

Agradecido con Cha Hyuk, que había salido al frío solo para llamarlo.

Porque sabía que Yebon lo extrañaría en ese comienzo de año.

—Hyung… eres una persona muy amable.

[…]

—Me siento muy afortunado de que la persona a la que le gustas… sea yo.

Lo único que se oía era el suave romper de las olas.

El ambiente.

El momento.

Todo lo envolvió por completo.

Y antes de darse cuenta, había dicho algo terriblemente vergonzoso.

—…¿Por qué no dices nada, hyung? Ahora esto se volvió incómodo…

—[Ja… Yebon… si sigues diciendo cosas así…]

Su voz se había vuelto más grave.

¿De verdad había dicho algo tan raro?

Yebon se frotó la mejilla, que ardía de calor, con el dorso de la mano mientras seguía mirando la pantalla.

—[Puede que tome un avión de regreso a Corea ahora mismo.]

—…Ah.

Toda la tensión desapareció al instante.

Los labios de Yebon, que se habían endurecido por los nervios, se relajaron en una sonrisa.

—¿Qué estás diciendo?

—[Cuando vuelva… ¿quieres que hagamos un viaje?]

—¿De verdad?

—[Sí. ¿Hay algún lugar al que quieras ir?]

Solo imaginar un viaje…

Los dos solos…

Fue suficiente para que el corazón de Yebon comenzara a latir de emoción.

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