Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 55
—Normalmente no bebe tanto…
Seunggu pinchó la mejilla de Yebon con un dedo. Tenía el rostro completamente enrojecido por el alcohol.
Al principio, Yebon parecía estar bebiendo tan poco como de costumbre, pero, en algún momento, empezó a vaciar vasos de soju por su cuenta y terminó completamente ebrio.
—Lee Seunggu, tú sabes dónde vive Yebon, ¿verdad?
—Sí. Creo que deberíamos pedirle un taxi para que vuelva a casa, pero está completamente inconsciente.
La reunión comenzaba a llegar a su fin y algunos ya se habían marchado.
—Uf… ¿Debería llevarlo yo y quedarme a dormir en su casa?
Seunggu era el único que conocía la dirección de Yebon, pero, como este se había mudado hacía dos meses, ahora vivía justo en la dirección opuesta a la suya.
Mientras observaba a Yebon con expresión preocupada, la bolsa que había junto a él comenzó a vibrar.
En ese instante, Yebon, que hasta entonces había permanecido tumbado como un ratón muerto, se incorporó de golpe.
—¡Oye, Kang Yebon!
Yebon no escuchó el llamado de Seunggu. Rebuscó torpemente dentro de su bolsa y sacó el teléfono.
Después de mirar la pantalla, sonrió con tanta alegría que su rostro se iluminó y respondió la llamada.
—Sí, hyung.
Seunggu frunció el ceño.
Tal vez fuera por el alcohol, pero la voz de Yebon sonaba extrañamente dulce, provocándole escalofríos.
Intentó pensar en alguien a quien Yebon pudiera llamar hyung. La única persona que se le ocurrió fue Jung Woochan, pero había oído que últimamente se habían distanciado.
Movido por la curiosidad, Seunggu se inclinó inconscientemente para escuchar.
—Mmm… solo bebí un poco, solo un poquito… No bebí demasiado…
La voz al otro lado de la línea era muy grave y Seunggu apenas conseguía escuchar algunas palabras.
Le resultaba familiar, pero no lograba recordar de quién era.
—¿Dónde estoy…? ¿Dónde estoy…?
Yebon miró a su alrededor con los ojos vidriosos.
Incapaz de seguir soportándolo, Seunggu le arrebató el teléfono.
—Hola, soy amigo de Yebon. Estamos en el restaurante Kwakga’s Makchang, cerca de la universidad.
[…]
Como no obtuvo respuesta, Seunggu volvió a mirar la pantalla para comprobar si la llamada se había cortado.
Seguía conectada.
Sin embargo, se quedó completamente paralizado al leer el nombre.
「Cha Hyuk hyung」
¿Cha Hyuk? ¿El Cha Hyuk que yo conozco…?
Sin darse cuenta, Seunggu sostuvo el teléfono respetuosamente con ambas manos.
—…¿Hola?
Cuando habló con cautela, por fin recibió una respuesta.
[Ah, sí. Entendido. Iré para allá, así que, por favor, cuida de Yebon. Tardaré unos cinco minutos.]
Aquella profunda voz, capaz de atravesar el suelo y llegar hasta el sótano, pertenecía sin duda a Cha Hyuk.
Seunggu ya se había sorprendido cuando Yebon mencionó que tenía planes con él, pero ahora su expresión se volvió un poco extraña.
—Ah, sí. Entendido.
Después de responder, le devolvió el teléfono a Yebon, que no había dejado de exigirlo.
—¿Qué pasó? ¿Por qué colgó?
—Oye, hyung-nim viene a recogerte. Ponte la chaqueta, idiota.
—…¿Hyung-nim? Ah, ¿hyung? Tú siempre lo llamas hyung-nim… ¿Qué eres, uno de sus subordinados o algo así? Qué ridículo, de verdad…
Era la primera vez que Seunggu veía a Yebon comportarse de esa manera estando borracho.
Negó con la cabeza, incrédulo.
—Sí, idiota. Date prisa y vístete.
Yebon, que hacía unos momentos fingía estar muerto, se tambaleó, pero se puso rápidamente la chaqueta.
Después de hablar con Cha Hyuk, algo no dejaba de rondar por la mente de Seunggu.
Sin embargo, decidió ignorarlo y ayudó a Yebon a salir.
Cuando el viento frío hizo que Yebon se estremeciera, Seunggu chasqueó la lengua y le subió el cierre de la chaqueta acolchada.
—Oye, Yebon.
—¿Mmm?
Yebon lo miró con los ojos empañados por el alcohol.
Seunggu dudó unos instantes, pero terminó sonriendo con torpeza y negó con la cabeza.
—No importa. La próxima vez no bebas así. Llevas todo este tiempo actuando como si nunca te emborracharas y ahora estás increíblemente terco.
—¿De verdad…? No lo sé…
Yebon soltó una risita, y una tenue nube blanca se formó frente a sus labios.
Poco después, un sedán negro se detuvo frente al restaurante.
Antes de que Seunggu pudiera preguntarle si era el automóvil correcto, Yebon dio un paso hacia delante.
—Ahjusshi… no, ¡hyung!
En cuanto Cha Hyuk salió del coche, Yebon se acercó tambaleándose y se lanzó directamente a sus brazos.
—¡Oye, estás loco…!
Seunggu se alarmó e intentó detenerlo, pero Cha Hyuk levantó una mano para indicarle que no pasaba nada.
—Kang Yebon.
Cha Hyuk examinó a Yebon, que se había acurrucado entre sus brazos.
Él solo sonreía, con el rostro aún completamente rojo.
—¿Bebió mucho?
Seunggu, que observaba la escena con la mente en blanco, recobró el sentido y respondió:
—Ah, sí. De repente empezó a beber por su cuenta, se emborrachó y después se negó a volver a casa.
—…Ya veo. Gracias.
—Ah… no hay de qué.
Un silencio incómodo se extendió entre ambos.
Cha Hyuk sonrió ligeramente y asintió.
Seunggu respondió de inmediato con una reverencia.
Cha Hyuk subió al automóvil junto con Yebon.
El coche, que había permanecido con el motor encendido, partió enseguida.
Seunggu observó cómo desaparecía con emociones contradictorias.
No sabía si sus ojos le estaban jugando una mala pasada, pero, por algún motivo, la imagen de ambos juntos se sentía… extraña.
¿Tengo la vista mal…?
Tal vez él también estuviera borracho.
Seunggu se rascó la cabeza y regresó al interior del restaurante.
—¿Por qué bebiste tanto, Yebon?
Yebon balanceaba los pies bajo el asiento.
Tal vez por el frío, tenía los dedos de los pies tan helados que le dolían.
—Porque sí… solo porque sí.
El automóvil se detuvo en un semáforo en rojo y Cha Hyuk lo miró con recelo.
Yebon parpadeó lentamente, con una expresión adormilada.
Un intenso olor a alcohol escapaba de su respiración.
Cha Hyuk extendió la mano y le sostuvo la mejilla.
Estaba completamente roja, y su rostro se sentía cálido y suave, como un pastel de arroz recién cocido al vapor.
—Está fresquito…
Pareciendo satisfecho, Yebon frotó la mejilla contra la palma de Cha Hyuk.
Al verlo, Cha Hyuk reprimió sus instintos y le cubrió los ojos con la mano.
—Te llevaré a casa, así que duerme.
—…No tengo sueño.
—Duerme.
Cha Hyuk habló con firmeza y lo empujó suavemente contra el respaldo del asiento.
Poco después, la luz cambió a verde y el automóvil volvió a ponerse en marcha.
Aunque había dicho que no tenía sueño, no pasó mucho tiempo antes de que se oyera su respiración suave y acompasada.
Cha Hyuk soltó una risa baja y apagó la radio.
El interior del coche quedó lleno únicamente por la respiración regular de Yebon.
Antes de que se dieran cuenta, llegaron frente a su complejo de apartamentos.
Cha Hyuk estacionó a un lado de la calle y apagó el motor.
—Yebon. Yebon, ya llegamos. Despierta.
Cha Hyuk sacudió suavemente su hombro.
Yebon abrió los ojos con lentitud.
Parecía incapaz de enfocar bien, pues parpadeó varias veces.
—Tengo sueño…
—Sí, sí. Tienes que dormir en casa. ¿Quieres que te acompañe hasta la puerta?
—…Mi mamá se desmayaría si te viera…
—…
Cha Hyuk prefirió no imaginar qué había querido decir Yebon con aquello.
En lugar de responder, le quitó el cinturón de seguridad.
Aunque ya estaban frente al edificio, todavía le preocupaba dejarlo solo.
—Yebon, toma tu bolsa.
—Mmm…
Yebon asintió y recogió la bolsa.
Cha Hyuk bajó primero del automóvil, rodeó el vehículo y abrió la puerta del copiloto.
Luego introdujo las manos bajo las axilas de Yebon y lo levantó del asiento.
Lo sacó del coche sin dificultad y sostuvo su cuerpo tambaleante.
—Yebon, ¿cuál es tu departamento?
—…Edificio 102, departamento 809.
Cha Hyuk consiguió llevar a Yebon, que apenas podía caminar derecho, hasta el ascensor.
Normalmente, Yebon no solía aferrarse mucho a él en público.
Sin embargo, ahora que estaba borracho, se abrazaba a su costado sin la menor intención de soltarlo.
Era… bastante adorable.
—Kang Yebon, no vuelvas a beber tanto fuera de casa, ¿entendido?
Ante el tono severo, Yebon levantó la vista con expresión malhumorada e hizo un pequeño puchero.
—…Yo decido.
—Ja.
Cha Hyuk dejó escapar una risa seca ante aquella respuesta insolente y acabó revolviéndole el cabello.
Yebon se estaba convirtiendo poco a poco en un mocoso consentido.
Y a Cha Hyuk le gustaba.
Después de todo, actuar de forma mimada era algo que solo se hacía cuando se quería a alguien y se confiaba en esa persona.
Deseaba que Yebon siguiera siendo caprichoso y terco con él, sin necesidad de contenerse.
—…Quiero mantenerte a mi lado para siempre.
Como si hubiera escuchado aquel murmullo, Yebon llamó a Cha Hyuk.
—Hyung, hyung.
—Sí, Yebon.
—¿No puedes dejar de ir a Hong Kong?
Por primera vez desde aquel día, Yebon mencionó el tema que nunca habían llegado a discutir apropiadamente.
Los ojos de Cha Hyuk vacilaron mientras bajaba la mirada hacia él.
—No… solo… ¿no puedes dejar de ser un gánster…?
No quiero que te lastimen… Yo también quiero estar contigo…
Los ojos de Yebon se inclinaron con tristeza.
Cha Hyuk lo observó en silencio durante unos momentos.
—…¿Por qué te convertiste en gánster, hyung…?
—…
El silencio se prolongó.
Los labios de Yebon se movieron ligeramente, como si quisiera añadir algo, pero en ese momento el ascensor emitió un sonido y las puertas se abrieron.
—Debes entrar y descansar bien. Mañana sufrirás por la resaca.
Como si estuviera evitando la pregunta, Cha Hyuk rodeó los hombros de Yebon con un brazo y salió rápidamente del ascensor.
Luego lo soltó a poca distancia de la puerta marcada con el número 809.
—Llámame cuando despiertes mañana, ¿de acuerdo?
—…Sí.
—Que duermas bien, Yebon.
Cha Hyuk le revolvió el cabello y lo empujó suavemente hacia la puerta.
Yebon parecía tener mucho más que decir, pero, a regañadientes, abrió la cerradura y entró.
La puerta se cerró con un golpe sordo.
La sonrisa de Cha Hyuk desapareció.
Solo dentro del ascensor, apoyó la espalda contra la pared y quedó sumido en sus pensamientos.
«Hyuk, yo ocultaré eso por ti. ¿Por qué no trabajas para mí?»
Cuando aún estaba en la preparatoria, en un día tan frío como aquel…
Cha Hyuk había matado a su padre.