Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 31

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Un sedán negro se detuvo junto a los árboles al borde de la carretera. Yebon se desabrochó el cinturón de seguridad.

—Gracias por traerme a casa. Debes de estar cansado después de trabajar tanto en la tarea de hoy.

—Tú también, Yebon.

El silencio se instaló entre ambos. Evitando deliberadamente la mirada de Cha Hyuk, Yebon abrió la puerta y bajó del auto.

—Llega con cuidado. Nos vemos la próxima semana.

—Claro. Si necesitas algo, avísame.

Yebon dudó un instante, pero enseguida sonrió para no dejar ver lo que realmente estaba pensando.

—Está bien.

Solo entonces el auto arrancó. Yebon permaneció inmóvil, observando cómo el sedán negro se hacía cada vez más pequeño en la distancia.

Desde que Cha Hyuk le había dicho que se marcharía a Hong Kong, Yebon ni siquiera recordaba cómo había logrado concentrarse en la tarea.

Había pasado el resto del tiempo completamente distraído, perdiéndose gran parte de lo que Cha Hyuk decía.

Solo cuando el automóvil desapareció entre el tráfico Yebon volvió a moverse.

«No volveré en al menos cinco años…»

Entonces… ¿de verdad dejará la universidad por completo el próximo año?

«Probablemente… Hay un límite para el tiempo que puedo mantener una excedencia.»

Al comprender que Cha Hyuk realmente se iría, Yebon descubrió lo mucho que se había acostumbrado a depender de él.

Era normal. Cha Hyuk siempre lo había tratado de una manera que hacía imposible no apoyarse en él. Cualquiera habría terminado dependiendo de alguien así.

No es que vaya a desaparecer para siempre… Podemos seguir en contacto, vivimos en la era digital. Entonces… ¿por qué me siento tan deprimido?

Yebon aceleró el paso, intentando sacudirse aquellos pensamientos que se aferraban a su mente. El viento frío se coló sin piedad por el profundo escote en V de su suéter de punto.

Pero… ¿por qué Cha Hyuk había elegido precisamente ese momento para decirle que se marchaba?

Su voz había sonado apresurada, como si intentara impedir que Yebon hablara.

«¿Tenía miedo de que dijera alguna tontería? ¿O de que le preguntara si le gusto? ¿Por eso se adelantó?»

Al llegar al ascensor del edificio, pulsó el botón y ladeó la cabeza.

«¿Qué iba a decir en ese momento?»

No recordaba si realmente había llegado a abrir la boca o si solo había pensado en hacerlo. Ni siquiera recordaba qué era lo que pretendía decir.

Durante todo el trayecto en el ascensor trató de hacer memoria, pero no consiguió recordar nada.

El sedán negro dejó atrás la zona concurrida y se internó por una calle oscura donde varios faroles estaban averiados.

Edificios deteriorados se mezclaban con otros modernos y lujosos, haciendo imposible distinguir si aquel lugar pertenecía a un barrio marginal o a una zona acomodada.

Cha Hyuk estacionó frente a un elegante edificio de tres plantas.

Apenas el auto se detuvo, un hombre corpulento salió apresuradamente y abrió la puerta del conductor.

Había salido tan deprisa que los botones de su camisa estaban mal abrochados. Una larga cicatriz se extendía desde debajo de uno de sus ojos hasta la comisura de la boca.

—¿Qué pasó? ¿No se suponía que esta noche te quedarías en la residencia familiar?

Cha Hyuk tomó el abrigo del asiento del acompañante y salió del vehículo.

—Cambié de opinión. ¿Tienes algún problema con eso?

—¡Ninguno!

El hombre comprendió al instante que Cha Hyuk estaba de muy mal humor.

Con todo el cuerpo rígido, lo siguió en silencio hacia el interior del edificio.

Aunque por fuera el lugar lucía impecable, la oficina estaba cubierta por una espesa nube de humo.

Ignorando las reverencias de quienes lo saludaban, Cha Hyuk frunció el ceño y agitó la mano con desagrado.

—¿Alguien aquí tiene ganas de morirse de neumonía?

Apenas terminó de hablar, todos corrieron a abrir las ventanas. Cha Hyuk soltó una risa burlona, pero, por suerte para ellos, no hizo más comentarios.

Mientras se dirigía a su despacho, algo llamó su atención.

En una esquina había un hombre ligeramente inclinado. Su llamativo cabello rojo destacaba entre la multitud de hombres de cabello negro.

Cha Hyuk arqueó una ceja.

—¿Quién es ese?

Al escuchar la pregunta, el hombre que lo acompañaba palideció y llevó de inmediato al señalado ante él.

—Es el nuevo.

—…¿El nuevo?

¿Había un nuevo recluta del que él no sabía nada?

El rostro de Cha Hyuk se ensombreció aún más.

Las puntas de los dedos del hombre comenzaron a temblar.

—Llegó hoy. Lo envió el presidente Lee. Pensé que ya lo sabías, hyung. Lo siento. Ah… también dijo que lo destináramos a Bluemoon.

Ah…

La expresión de Cha Hyuk se volvió gélida y la temperatura del lugar pareció descender de golpe.

Así que era cosa de Lee Wonpil.

Lee Wonpil había sido el hyung que lo había formado en sus comienzos y, desde el primer día, nunca lo había soportado. Incluso había dicho que aquel mocoso ignorante seguramente moriría en un par de años.

Sin embargo, a medida que la influencia de Cha Hyuk dentro de la organización aumentaba, Lee Wonpil había empezado a ponerle obstáculos de forma cada vez más sutil.

Aunque, en realidad, Cha Hyuk nunca había tenido intención de ocupar su puesto.

Miró al recién llegado con expresión indiferente.

El muchacho se irguió y sostuvo su mirada sin retroceder.

No hacía falta preguntar por qué lo habían enviado allí.

Qué fastidio.

—Nombre.

—Kim Hyunwoo.

Incluso aquella simple presentación sonó desafiante.

Sus ojos, ligeramente entornados, le recordaron a alguien que últimamente le desagradaba especialmente.

Al idiota que no dejaba de rondar a Kang Yebon.

Una sonrisa torcida apareció en los labios de Cha Hyuk.

—Parece que nos veremos muy seguido.

—Eso parece.

La respuesta descarada hizo que el hombre a su lado le propinara un fuerte golpe en la nuca.

Aunque una lluvia de insultos cayó sobre él, Kim Hyunwoo no apartó la mirada. Si acaso, quien parecía más incómodo era el hombre que acababa de golpearlo.

Parece que Lee Wonpil lo ha consentido bastante.

—Entonces, nos veremos seguido.

—Sí.

Con una sonrisa cargada de insolencia, Cha Hyuk lanzó una última mirada a Kim Hyunwoo antes de darle la espalda.

No tenía ningún interés en perder el tiempo enfrentándose a un cachorro lleno de ímpetu.

—Woo Jongsik.

—Ah… Ha sido bastante escurridizo. Sigue huyendo…

El hombre inclinó un poco más la cabeza. Bajo la severa mirada de Cha Hyuk, apenas se atrevió a levantar los ojos un instante antes de bajarlos de nuevo.

—¡Lo siento! ¡Lo encontraré lo antes posible!

—Encuéntralo antes de que termine este mes.

—¡Sí! ¡Lo siento!

Por un momento, Cha Hyuk pensó que habría sido mejor regresar directamente a casa.

Pero solo imaginar aquella casa vacía le provocaba una sensación especialmente desoladora esa noche.

Lanzó una última mirada al subordinado, que seguía inclinado, y pasó de largo junto a Kim Hyunwoo.

Entró en su despacho, encendió la luz y se dejó caer pesadamente en la silla frente al escritorio.

Permaneció unos instantes mirando al vacío antes de encender el ordenador e introducir una memoria USB.

La pantalla cobró vida reproduciendo la misma película que había visto con Yebon unas horas antes.

Mientras la observaba distraídamente, se frotó el pecho.

Sin embargo, la ropa enfriada por el aire del exterior seguía transmitiéndole un frío penetrante.

Sabía que cortar aquella relación era lo correcto, tanto para él como para ese chico.

Pero los sentimientos eran tercos por naturaleza.

Y ese muchacho tan perspicaz seguramente ya estaba empezando a darse cuenta de lo que él sentía.

Aquella noche solo quería huir y dejarlo todo atrás.

Pero Cha Hyuk sabía que, pasara lo que pasara, siempre volvería a ese lugar.

Era el único sitio donde podía vivir.

Yebon sostenía la barbilla con una mano mientras miraba fijamente el libro de texto sobre el pupitre.

Su mirada estaba tan vacía como las limpias páginas que aún no tenían una sola anotación.

Desde que Cha Hyuk le había dicho el sábado que se marcharía a Hong Kong, había permanecido en ese estado.

¿Por qué había elegido precisamente ese momento para decírselo?

¿Acaso estaba marcando una línea entre ellos?

Yebon no dejaba de darle vueltas a las verdaderas intenciones de Cha Hyuk.

Aun así, aunque estuviera en Hong Kong, podían seguir en contacto.

Entonces… ¿por qué sentía que Cha Hyuk estaba intentando poner distancia entre los dos?

No entendía por qué aquello lo atormentaba tanto.

Después de soltar un suspiro tan profundo que parecía tragárselo la tierra, Yebon finalmente se dio cuenta de que ya no quedaba nadie en el salón.

Había estado tan absorto en sus pensamientos que ni siquiera notó cuándo terminó la clase.

Movió los ojos de un lado a otro y empezó a guardar sus cosas en la mochila.

En serio… ¿Todos se fueron sin decirme nada?

Justo cuando estaba maldiciendo en silencio a sus compañeros por abandonarlo, una voz lo llamó desde atrás.

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