Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 82
Los pasos de Jian Xia se detuvieron un instante.
Sin mostrar ninguna reacción particular, se volvió lentamente y levantó la mirada hasta encontrarse con los ojos de Wan Baiqing.
En realidad, la situación familiar de Fu Hanjun no era demasiado complicada. Sus padres habían fallecido cuando era joven y solo le quedaban su abuelo y la familia de su tío.
Por el poco contacto que Jian Xia había tenido con ellos y por los rumores que circulaban, aparte de Fu Cong, la relación de Fu Hanjun con la familia de su tío no era buena.
Naturalmente, la familia Wan estaba todavía más alejada.
Aunque Jian Xia no conocía demasiado bien todos los entresijos de aquellas relaciones, siempre recordaba lo que Fu Hanjun le había dicho.
Sin importar con cuál de aquellas personas se encontrara, solo tenía que mantener la cortesía básica.
Todo lo demás podía dejárselo a él.
Aunque Fu Hanjun no se lo había explicado detalladamente, aquellas palabras ya dejaban bastante clara la relación que mantenía con ellos.
Conocidos a los que bastaba saludar.
Cortesía superficial…
Por eso, cuando Jian Xia vio el nombre de Wan Baiqing en el registro de visitantes del cementerio, en realidad se sintió un poco sorprendido y desconcertado.
Aunque las madres de Wan Baiqing y Fu Cong eran hermanas biológicas, por lo que la familia Wan podía considerarse pariente de la familia Fu, cuando se llegaba a Fu Hanjun aquel parentesco ya era bastante lejano.
Para ser sincero, incluso si actualmente no estuvieran enfrentados, tampoco le correspondía a Wan Baiqing venir a visitar las tumbas de los padres de Fu Hanjun.
Mucho menos ahora que una de las líneas de investigación de la reforma emprendida por Fu Hanjun estaba profundizando precisamente en antiguos proyectos relacionados con la familia Wan y con su tío, sacando a la luz problemas uno tras otro sin ninguna piedad.
Que Wan Baiqing apareciera allí justo en aquel momento era algo que Jian Xia no conseguía comprender.
Sin embargo, todos aquellos meses actuando no habían sido en vano.
—Hola —saludó Jian Xia con una sonrisa.
Miró a Wan Baiqing con una cantidad perfectamente medida de desconcierto en los ojos, pero no hizo ninguna pregunta.
La mirada de Wan Baiqing estaba fija en el ramo de lirios blancos que Jian Xia sostenía entre los brazos.
Se quedó ligeramente aturdido.
Él también había llevado lirios cuando llegó.
Porque, cuando Fu Hanjun era pequeño, cada vez que iba a visitar a sus padres llevaba consigo un ramo de lirios blancos.
Eran las flores favoritas de su madre.
En un instante, todas las sospechas que había conseguido reprimir volvieron a surgir en su mente.
Los recursos que recibía Jian Xia.
El CP que los internautas habían comenzado a apoyar sin motivo aparente.
Los únicos dos conjuntos de alta costura de N.U en la Gala AQ.
La opinión pública que había resultado tan difícil de controlar después de que Zhou Li golpeara a Jian Xia.
Y además…
La casa rodante que Entretenimiento Verano seguía proporcionando a Jian Xia y aquel gato blanco que había aparecido durante su última transmisión en vivo…
Si se analizaba cada detalle por separado, ninguno parecía demostrar nada.
Sin embargo, todos eran como espinas clavándose una tras otra en el corazón de Wan Baiqing, impidiéndole dormir tranquilo.
Y ahora se sumaba aquel ramo de lirios blancos.
¿No eran ya demasiadas coincidencias?
Los dedos de Wan Baiqing, ocultos dentro de sus mangas, se cerraron involuntariamente hasta formar puños.
Levantó la mirada y se encontró con los ojos de Jian Xia.
Jian Xia lo observaba educadamente, con una sonrisa en los ojos y un ligero desconcierto.
Wan Baiqing comprendió de repente que Jian Xia en realidad no lo conocía.
O quizás…
Lo había confundido con un fan.
Por eso ni siquiera se había molestado en preguntarle quién era.
Era cierto.
Él no era tan famoso como Jian Xia. Hasta ese momento apenas había conseguido interpretar papeles de segundo protagonista masculino en dramas comerciales.
En la industria del entretenimiento abundaban personas como él.
Era perfectamente normal que Jian Xia no lo conociera.
Y pensar que, en teoría, era él quien tenía detrás aquel enorme árbol llamado Fu Hanjun.
Sin embargo, solo podía observar impotente cómo Jian Xia ascendía paso a paso dentro de la industria cinematográfica.
Wan Baiqing reprimió con fuerza los celos que sentía.
—Eres tú, ¿verdad? —preguntó, incapaz de ocultar el tono sombrío de su voz.
Eres tú, ¿verdad?
La persona que está al lado de Fu Hanjun eres tú, ¿cierto?
Wan Baiqing prácticamente ya no tenía dudas.
Pero Jian Xia claramente no comprendió a qué se refería.
El desconcierto de sus ojos se profundizó y le dedicó una ligera sonrisa.
—Sí, soy yo.
El corazón de Wan Baiqing se saltó un latido.
Entonces escuchó a Jian Xia añadir sonriente:
—Soy Jian Xia.
¡Mierda!
Aquel diálogo en el que cada uno parecía estar hablando de algo completamente diferente irritó a Wan Baiqing.
Avanzó unos pasos, pero de repente tuvo una idea y volvió a detenerse.
—He visto tus películas —dijo.
—Qué coincidencia. —Jian Xia sonrió con modestia—. No esperaba encontrarme con un fan en un cementerio. Lamentablemente, hoy no traje bolígrafo. Lo siento, no podré darte un autógrafo.
Wan Baiqing soltó una risa fría para sus adentros.
Jian Xia realmente era increíblemente presumido.
—No importa.
Volvió a mirar el ramo que Jian Xia sostenía entre los brazos.
—Qué coincidencia. Yo también traje lirios hoy.
Jian Xia no tenía ningún aire de estrella y respondió con una ligera sonrisa:
—Los lirios son flores bastante comunes, ¿no? Cuando vine durante el Festival Qingming vi a muchas personas trayéndolos. No es extraño que hayamos elegido las mismas flores.
Parecía tener sentido.
Wan Baiqing frunció el ceño.
Aquella sensación tan familiar volvió a invadirlo.
Era esa impotencia exasperante de sentir que algo era evidentemente sospechoso, pero ser incapaz de demostrarlo.
Ni siquiera se dio cuenta de que la palabra que había surgido en su mente era «demostrar».
Jian Xia era mucho más atractivo en persona que en la pantalla.
Bajo la luz del sol, su piel parecía deslumbrantemente blanca. Sus ojos color ámbar se curvaban al sonreír, como un lago impregnado por la calidez del sol.
—Todavía tengo que ir a presentar mis respetos, así que me marcho primero —dijo Jian Xia.
—¿Es algún familiar tuyo…?
—Lo siento.
Jian Xia no respondió.
Sosteniendo el ramo entre los brazos, se internó en el cementerio.
Tras despedirse, solo dejó ante Wan Baiqing una figura alta y delgada alejándose poco a poco.
Wan Baiqing permaneció allí unos instantes, hasta que la silueta de Jian Xia desapareció tras una curva.
Quería seguirlo para averiguar adónde iba.
Sin embargo, aquel comportamiento resultaría demasiado sospechoso.
Si Jian Xia se sentía amenazado en un cementerio tan vacío y llamaba a la policía, el único que acabaría perjudicando su propia imagen sería él.
Wan Baiqing salió del cementerio y regresó a su auto, pero no se marchó inmediatamente.
Con una mirada sombría, mantuvo los ojos fijos en el sendero que descendía de la montaña mientras se sumía en sus pensamientos.
Después de doblar por el sendero, Jian Xia aprovechó la sombra de los árboles para quedarse quieto durante unos instantes.
Solo cuando vio que Wan Baiqing se daba la vuelta y se marchaba, continuó hacia la tumba de los padres de Fu Hanjun.
Tal como esperaba, frente a la lápida había un ramo de lirios blancos recién cortados.
Además, a diferencia de las tumbas cercanas, la hierba nueva que había brotado alrededor de la tumba de los padres de Fu Hanjun había sido cuidadosamente retirada.
Era evidente que Wan Baiqing se había tomado muchas molestias.
Sin embargo, a Jian Xia no le gustaba la intimidad que Wan Baiqing mostraba hacia Fu Hanjun.
Ni tampoco aquella…
¿hostilidad hacia él?
Aunque era evidente que Wan Baiqing intentaba contenerla deliberadamente, Jian Xia seguía percibiendo claramente la intensa animadversión que emanaba de él.
Jian Xia se agachó con el ramo entre los brazos.
—Papá, mamá —los llamó suavemente—. ¿Todavía me recuerdan? Ya vine una vez a visitarlos con Fu Hanjun.
En el aire solo se escuchaba el viento atravesando las copas de los árboles y algún que otro canto disperso de los pájaros.
—Perdón por haber tardado tanto en volver a visitarlos —continuó Jian Xia—. Fu Hanjun ha estado muy ocupado últimamente y no ha podido venir. Pero no se preocupen. En cuanto termine con todo, vendrá a verlos lo antes posible.
Después sonrió.
—¿Contentos?
Tras hablar brevemente con ellos, Jian Xia imitó lo que había visto hacer a Fu Hanjun y limpió cuidadosamente la lápida.
Cuando estaba a punto de marcharse, avanzó dos pasos y de repente regresó.
Abrió los envoltorios de ambos ramos de lirios y los intercambió.
Después colocó de manera perfectamente ordenada frente a la tumba el ramo que él mismo había llevado.
En cuanto al de Wan Baiqing…
Lo tomó entre los brazos, caminó varias filas de tumbas y lo dejó frente a la lápida de un desconocido.
—Señor —murmuró Jian Xia mientras observaba la fotografía del anciano en la lápida y hacía una reverencia—. Se trata de una situación especial. Espero que pueda disculparme. La próxima vez que venga, le quemaré muchísimo papel moneda y lingotes de oro.
…
Wan Baiqing fumó varios cigarrillos abajo.
Cuando ya comenzaba a impacientarse, finalmente vio a Jian Xia bajar lentamente por la montaña.
El viento levantaba una esquina de su abrigo y agitaba su cabello negro.
Jian Xia mantenía los ojos ligeramente bajos, como si estuviera pensando en algo, y no pareció notar la presencia de Wan Baiqing.
Al pie de la montaña había una extensa zona de césped.
Probablemente el auto de Jian Xia no había entrado hasta allí.
Wan Baiqing lo observó pasar junto a su vehículo y continuar hacia adelante. Unos minutos después, Jian Xia dobló por un sendero y desapareció de su vista.
Wan Baiqing abrió la puerta, bajó del auto y volvió a subir la montaña.
Al verlo regresar, el anciano encargado del cementerio pareció un poco sorprendido, pero aun así lo dejó entrar sin decir nada.
—Oiga, viejo.
Después de caminar unos pasos, Wan Baiqing se detuvo y llamó al tío Wang.
El tío Wang levantó la mirada.
—¿Qué número de tumba visitó el que acaba de bajar? —preguntó Wan Baiqing.
—La sesenta y uno.
El tío Wang fingió revisar el registro antes de responderle.
Wan Baiqing no dijo nada más.
Asintió y entró.
Caminó rápidamente hasta la tumba de los padres de Fu Hanjun.
Allí vio el ramo de lirios blancos que él mismo había dejado.
Había comprado las flores en la floristería situada frente a su complejo residencial, y el envoltorio era diferente al del ramo de Jian Xia.
¿Realmente había pensado demasiado?
Wan Baiqing permaneció allí bastante tiempo antes de dirigirse a buscar la tumba número sesenta y uno.
No fue difícil encontrarla.
Estaba a poca distancia de la tumba del matrimonio Fu.
En la lápida no había demasiado texto, únicamente la fotografía de un anciano.
El ramo que Jian Xia había llevado descansaba tranquilamente frente a ella.
Durante el descenso, Wan Baiqing tenía la cabeza llena de dudas.
¿Realmente sus sospechas iniciales habían condicionado su forma de pensar, haciendo que relacionara inconscientemente todo lo que Jian Xia hacía con Fu Hanjun?
Negó con la cabeza.
La situación le parecía absurda y, al mismo tiempo, lo dejaba completamente desconcertado.
…
Pasaban de las ocho de la noche.
Jian Xia había terminado de cenar hacía poco.
Después de caminar un rato por el jardín, regresó a la sala de estar. Mientras acariciaba al gato, bajó la mirada para revisar el plan de rodaje del día siguiente.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de Fu Hanjun avisándole que había llegado bien.
Probablemente creyendo que Jian Xia todavía estaba rodando, el mensaje era muy breve:
«Ya aterricé sin problemas. En un rato iré al hotel».
Jian Xia dejó los documentos que tenía en la mano y respondió:
«Llámame cuando llegues al hotel».
Apenas había enviado el mensaje cuando recibió una llamada de Fu Hanjun.
El ruido de fondo al otro lado era bastante fuerte.
En la voz de Fu Hanjun se percibía una ligera sonrisa.
—¿No estás rodando ahora?
—Seguro que no leíste los mensajes del grupo del equipo. —Los ojos de Jian Xia se curvaron—. Hoy están completando escenas de los personajes secundarios y de los extras. Xue Rong y yo tenemos medio día libre.
—Ah.
La voz profunda de Fu Hanjun se elevó ligeramente.
—¿Por qué nadie me avisó?
Jian Xia no pudo evitar echarse a reír.
Era perfectamente normal sentir algo de decepción porque, después de conseguir por fin unas vacaciones, no pudieran pasarlas juntos.
Sin embargo, Jian Xia tampoco se sentía especialmente decepcionado.
Después de todo, los asuntos importantes eran lo primero.
El ruido al otro lado disminuyó.
Probablemente Fu Hanjun había buscado un lugar más tranquilo para hablar.
—Hermano.
Jian Xia lo pensó unos instantes y decidió contarle lo ocurrido con Wan Baiqing.
—Después de salir del set hoy fui al cementerio. Me encontré allí con Wan Baiqing.
Fu Hanjun pareció igualmente sorprendido.
Al otro lado hubo unos instantes de silencio.
—¿Qué hacía allí?
Jian Xia le contó todo lo ocurrido con Wan Baiqing.
Cuando llegó a la parte en la que había intercambiado los ramos de flores, Fu Hanjun no pudo contener una risa baja.
—Pequeño astuto —dijo.
—Después vi que volvió a subir a la montaña. —Jian Xia también rio—. Probablemente sospechaba algo.
—No tengas miedo.
Fu Hanjun lo tranquilizó inmediatamente. Su tono transmitía absoluta seguridad.
—Yo me ocuparé.
Jian Xia guardó silencio durante unos instantes.
De repente sintió un fuerte impulso de decirle a Fu Hanjun que, en realidad, no tenía miedo en absoluto.
Aunque su relación saliera a la luz.
Aunque se desatara una tormenta.
Podía enfrentarse valientemente a todo.
Pero, después de pensarlo, al final no dijo nada.
…
Fu Hanjun regresó cinco días después.
Cuando salió de la autopista desde el aeropuerto, el cielo ya se había oscurecido.
Tang Ge condujo directamente hacia el set.
A medida que Buran se convertía poco a poco en medio demonio, su aura había pasado de aquella pureza fría y elevada, semejante a la nieve de una montaña, a una mezcla inquietante de rectitud y maldad.
Sin embargo, para ser más precisos, aquella impresión externa era inestable.
Porque, en lo más profundo de su corazón, libraba una batalla prácticamente a cada instante.
Las escenas de aquella parte eran extremadamente difíciles de rodar.
A veces, una diferencia minúscula bastaba para que el resultado se desviara por completo de lo que debía transmitir.
Naturalmente, era imposible ocultar durante mucho tiempo a los demás inmortales que Buran estaba sufriendo la reacción violenta de la energía demoníaca.
Algunos se lamentaban por él.
Otros le ofrecían ayuda.
Pero, naturalmente, también había quienes habían comenzado a reprimirlo y marginarlo.
La escena que estaban rodando aquel día era una batalla entre él y el Venerable Inmortal Yunhua.
Aunque los movimientos estaban cargados de una intensa intención asesina, eran al mismo tiempo hermosos y fluidos, como agua corriendo entre las nubes.
Aquello no representaba ninguna dificultad para Jian Xia.
La verdadera dificultad estaba en sus ojos y en sus microexpresiones.
La intensa intención asesina durante el combate.
La dolorosa represión que surgía en su interior en el instante en que estallaba la energía maligna.
Una mitad de él todavía podía considerarse él mismo.
La otra mitad, sin embargo, estaba siendo controlada…
Ya habían rodado aquella escena muchas veces, pero Jian Xia no estaba satisfecho con ninguna toma.
Incluso Qu Shui pensaba que estaba demasiado cansado aquel día y consideraba trasladar la escena al día siguiente.
—Hagámosla una última vez —dijo Jian Xia mientras se masajeaba la muñeca, que comenzaba a dolerle ligeramente después de sostener la espada durante tanto tiempo.
—Una última vez —aceptó Qu Shui—. Después de esta toma te vas a descansar.
Jian Xia sonrió y volvió a avanzar.
Aseguró el arnés de seguridad y, siguiendo la indicación de la claqueta, su cuerpo volvió a elevarse lentamente.
Suspendido en el aire, su figura se veía elegante y despreocupada.
Sin embargo, entre sus cejas había una sombría frialdad, y la ligera curva de sus labios provocaba escalofríos.
¿Dónde había quedado aquel Buran puro e inmaculado, semejante a una brisa fresca bajo la luna?
Yunhua invocó su artefacto y atacó silenciosamente.
Había sangre en la comisura de los labios de Buran.
Soltó una risa fría, levantó la mano y blandió la espada con movimientos amplios y poderosos mientras las mangas de su túnica ondeaban violentamente.
Pero apenas un instante después, su cuerpo perdió repentinamente el equilibrio.
El viento rugió junto a sus oídos.
Jian Xia escuchó los gritos de alarma de todos en el set.
Por suerte, justo cuando estaba a punto de golpear el suelo, el cable de seguridad encontró resistencia y lo frenó por un instante.
La ventaja de haber estudiado danza durante años se manifestó plenamente en aquel momento.
Jian Xia apoyó una mano contra el suelo y rodó para amortiguar la fuerza de la caída.
Aun así, un dolor intenso atravesó su pierna derecha.
Sintió miedo después de lo ocurrido.
Y también cierta culpabilidad.
Cerró los ojos durante unos instantes, intentando calmar los violentos latidos de su corazón.
Tras aquel instante de vacío provocado por la caída, los sonidos volvieron finalmente a sus oídos.
Pasos caóticos corrían hacia él desde todas direcciones.
Innumerables voces gritaban su nombre.
Jian Xia quiso levantarse y decirles a todos que estaba bien.
Sin embargo, unos brazos fuertes lo envolvieron repentinamente con fuerza.
En el mismo instante, percibió junto a su nariz un aroma demasiado familiar.
El corazón le dio un vuelco.
Jian Xia abrió los ojos.
Sin ninguna preparación, se encontró con los ojos de Fu Hanjun.
Estaban completamente enrojecidos por el pánico.
—Xiaxia… Xiaxia…
Fu Hanjun repetía su nombre una y otra vez mientras lo sostenía entre sus brazos y avanzaba hacia afuera con grandes zancadas.
Al verlo abrir los ojos, sus brazos se apretaron inconscientemente alrededor de él.
Pero inmediatamente volvió a aflojar la fuerza, como si temiera hacerle daño.
—Xiaxia, ¿cómo te sientes? ¿Dónde te duele? No tengas miedo, iremos al hospital ahora mismo…
Fu Hanjun hablaba muy rápido.
Pero su voz era muy suave, como si incluso temiera hablar demasiado alto y molestarlo.
Cada palabra estaba impregnada de un miedo profundo.
Jian Xia jamás había visto a Fu Hanjun así.
Cuando él mismo había estado enfermo.
Cuando la empresa se había enfrentado a una crisis enorme.
Cuando había sido atacado y difamado maliciosamente en internet…
Fu Hanjun siempre había mantenido todo bajo control.
Siempre tranquilo y sereno.
Como si ningún contratiempo ni daño pudiera afectarlo realmente.
Pero ahora…
Fu Hanjun bajaba la mirada hacia él y, detrás de sus densas pestañas negras, había un miedo imposible de ocultar.
Pánico.
Dolor.
Desconcierto.
Impotencia…
Parecía un niño indefenso que abrazaba con fuerza su tesoro roto, como si estuviera a punto de echarse a llorar en cualquier momento.
El corazón de Jian Xia se volvió dolorosamente blando.
Quiso levantar la mano y tocar las delgadas mejillas de Fu Hanjun, así como aquella marcada línea de su mandíbula…
Pero ya habían salido del estudio.
Fu Hanjun gritó con fuerza el nombre de Tang Ge y, sin soltar a Jian Xia, llegó rápidamente hasta el auto.
—Al hospital.
Su voz temblaba violentamente.
Y prácticamente al mismo tiempo, la noticia de que Jian Xia se había lesionado durante el rodaje comenzó a difundirse.
En cuanto aparecieron las fotografías de Fu Hanjun sosteniéndolo con fuerza entre sus brazos, internet estalló.