Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 81
—Fu Hanjun.
Jian Xia permanecía perezosamente acurrucado entre los brazos de Fu Hanjun. Las comisuras de sus ojos todavía estaban ligeramente enrojecidas y hasta su voz tenía un leve tono ronco que hizo que Fu Hanjun recordara los pastelillos de castaña que acababan de comer aquella noche.
Suave y dulce.
—¿Mm?
Con las frentes apoyadas una contra la otra, Fu Hanjun apartó la mirada de los labios de Jian Xia, que estaban tan rojos e hinchados que parecían un poco fuera de lo normal, y la llevó hasta sus ojos.
—¿Por qué dejaste de llamarme hermano? —preguntó.
—Hermano —respondió Jian Xia obedientemente.
Fu Hanjun soltó una risa y bajó la cabeza para morderle los labios, sin demasiada fuerza pero tampoco con demasiada suavidad.
—Si sigues así, mañana no podré rodar —protestó Jian Xia.
—Entonces no ruedes. —Fu Hanjun se acercó para besarlo—. Les pagaremos la indemnización.
—Eso sí que no. —Jian Xia rio mientras lo empujaba—. Me costó muchísimo conseguir finalmente trabajar con el maestro Qu Shui.
—¿Qu Shui es más importante o yo soy más importante?
Fu Hanjun no se dejó convencer y le dio un pellizco amenazante en la cintura.
—Por supuesto que el maestro Qu es más importante —respondió Jian Xia con una sonrisa, provocando deliberadamente al tigre.
—Ah, ¿el maestro Qu es más importante, verdad?
La mano de Fu Hanjun comenzó a hacerle cosquillas en la cintura. Jian Xia se retorció entre risas, intentando escapar por todas partes. Al final, completamente indefenso, no tuvo más remedio que suplicar mientras reía:
—¡Me equivoqué…! Hermano, me equivoqué… Tú eres importante. Tú eres el más importante.
Después de jugar hasta quedarse sin aliento, Jian Xia encontró una posición cómoda y se tendió sobre Fu Hanjun, enterrando su suave mejilla en el hueco de su cuello.
—Hermano, ¿estás cansado? —preguntó.
En el baño, Fu Hanjun realmente había perdido bastante el control.
Su habitual aire de caballero prácticamente había desaparecido. Sus facciones empapadas se veían afiladas y profundas, impregnadas inexplicablemente de una actitud desenfrenada y casi rebelde que resultaba tan sensual que hacía temblar hasta las puntas de los dedos.
Jian Xia había quedado completamente indefenso ante él y apenas había podido aferrarse a su hombro mientras gemía.
Al final, ni siquiera recordaba con claridad cómo habían terminado de bañarse.
—Estoy bien —respondió Fu Hanjun.
Desde aquel ángulo, solo necesitaba inclinar ligeramente la cabeza para ver el diminuto lunar claro situado junto a la esquina del ojo de Jian Xia.
Aquel lunar estaba ubicado en un lugar especialmente sutil. Normalmente era tan tenue que resultaba imposible descubrirlo sin mirar con atención, pero en cuanto se mojaba, parecía aquel pequeño toque que el maquillador había añadido deliberadamente durante el rodaje de Torrente: apenas visible, pero suficiente para volver particularmente seductores los ojos de Jian Xia.
Sobre todo en momentos como aquel…
Cuando aquellos ojos estaban húmedos, llenos de lágrimas y empañados por el deseo, resultaban tan sensuales que podían volver loco a cualquiera.
Sin poder contenerse, Fu Hanjun volvió a posar sus ardientes labios junto al rabillo del ojo de Jian Xia.
—Duerme —dijo, apoyando una mano en su nuca.
—Mm.
Jian Xia respondió obedientemente.
Sin embargo, al cabo de unos instantes volvió a moverse.
—¿No dijiste antes que tenías que viajar al extranjero? —De repente recordó qué era aquello que llevaba tiempo queriendo preguntarle—. ¿Cuándo te vas?
—Lo retrasaron unos días. Aproximadamente el diez —respondió Fu Hanjun.
¿El diez?
Jian Xia intentó calcularlo con los dedos durante unos momentos.
Quizás el aroma y la presencia de Fu Hanjun lo hacían sentirse demasiado seguro, o quizás realmente había quedado agotado después de todo lo ocurrido. Antes siquiera de terminar sus cálculos, los brazos que tenía alrededor de la cintura de Fu Hanjun fueron perdiendo fuerza poco a poco.
Fu Hanjun abrió los ojos y contempló a Jian Xia bajo la tenue luz de la lámpara junto a la cama.
Jian Xia tenía facciones pequeñas y todavía conservaba cierto aspecto juvenil. Su piel era blanca como la nieve y sus labios, en contraste con lo habitual, estaban especialmente rojos, teñidos de un atractivo difícil de describir.
Sus densas pestañas caían sobre sus mejillas, proyectando una sombra oscura debajo de sus ojos.
A Fu Hanjun le recordó a la Bella Durmiente de los cuentos.
Lo observó atentamente durante un rato.
Después volvió a inclinarse y depositó un suave beso sobre su frente.
Tan ligero como si estuviera besando un copo de nieve.
Con infinito cuidado y cariño.
…
Como tenía que regresar al equipo de rodaje temprano a la mañana siguiente, poco después de las cinco Jian Xia se levantó en silencio y fue al vestidor a cambiarse.
Intentó no hacer ningún ruido, pero cuando salió, Fu Hanjun ya había abierto los ojos.
Jian Xia se acercó, se sentó junto a la cama y se inclinó para besar suavemente los delgados párpados de Fu Hanjun.
—Sigue durmiendo un poco —susurró.
—Ya no voy a dormir.
Fu Hanjun lo sujetó por la muñeca y comenzó a jugar con sus dedos.
—Quiero desayunar contigo.
—¿Desayunar conmigo hace que la comida sepa especialmente bien? —preguntó Jian Xia entre risas.
—Mm.
Fu Hanjun lo atrajo con fuerza hacia sus brazos y, después de abrazarlo, lo soltó y se incorporó.
—Cuando estoy contigo, hasta el aire se vuelve dulce y delicioso.
—Fu Hanjun, sí que sabes hablar bonito.
Jian Xia rio y se dejó caer entre sus brazos.
—Mm.
Fu Hanjun sonrió y tomó su muñeca para examinar atentamente el dorso de su mano.
Habían pasado demasiado tiempo en el baño la noche anterior y la fina costra de la herida se había desprendido. La piel nueva y tierna dejaba ahora una pequeña marca roja sobre el dorso blanco de su mano.
—Yo ya estoy prácticamente recuperado. —Fu Hanjun pasó la yema del dedo sobre aquella marca—. Tú, en cambio, tienes que prestar atención a tu seguridad durante el rodaje.
—Ya lo sé.
Temiendo que continuara sermoneándolo, Jian Xia se levantó sonriendo y apoyó una mano sobre su hombro.
—Espera aquí. Voy a elegirte la ropa.
Fu Hanjun se recostó perezosamente contra el cabecero.
En realidad, últimamente se levantaba casi todos los días poco después de las cinco.
Era un periodo excepcional. No solo tenía una enorme cantidad de trabajo, sino que además encontraba obstáculos constantemente. Por mucha energía que tuviera, no le quedaba otra alternativa que sacrificar horas de sueño para ganar tiempo.
Simplemente nunca se lo había dicho a Jian Xia porque no quería preocuparlo.
Jian Xia regresó enseguida.
Había elegido una camisa blanca, un traje gris café y una corbata a rayas.
El conjunto le daba a Fu Hanjun una elegancia cálida y refinada que rara vez mostraba.
A Jian Xia le gustaba mucho.
Observó cómo las firmes y armoniosas líneas musculares de Fu Hanjun desaparecían poco a poco a medida que abrochaba uno tras otro los botones de la camisa.
Con la corbata en las manos, Jian Xia se inclinó hacia él y le hizo un nudo Windsor, apretándolo firmemente contra su garganta.
—¿Quieres estrangularme? —Fu Hanjun rio y levantó una mano para aflojar un poco la corbata.
—Escuché que…
Jian Xia se acercó a su oído y murmuró algo con las mejillas enrojecidas.
—¿Quieres probarlo? —Fu Hanjun soltó una risa incrédula.
Jian Xia no respondió.
Solo lo miró con los ojos curvados por la sonrisa.
La expresión de Fu Hanjun permaneció impasible, pero no pudo evitar levantar una mano para cubrirse los ojos. Después tosió ligeramente.
—Ya hablaremos de eso cuando llegue el momento.
Sujetó a Jian Xia por la muñeca y comenzó a caminar hacia afuera.
—Vamos. Primero desayunemos.
Al ver que Fu Hanjun se negaba a girarse, claramente avergonzado, Jian Xia lo siguió mientras reía en silencio.
¿Así que Fu Hanjun también sabía sentir vergüenza?
En realidad, ¿cómo iba a atreverse Jian Xia a hacer algo semejante?
Pero, por alguna razón, mientras le anudaba la corbata y contemplaba la sensual nuez de Fu Hanjun, de repente se le había ocurrido aquella idea y había sentido unas ganas irresistibles de provocarlo.
Cuando bajaron, la tía Wu ya se había levantado temprano y había preparado el desayuno.
Camarones con huevo, congee de cerdo magro con huevo centenario y zongzi con yema de huevo…
Era sencillo, pero reconfortante y suave para el estómago.
Jian Xia tomó un poco de congee y se comió un zongzi. Fu Hanjun, además, le dio la yema del suyo.
Con eso quedó satisfecho.
Después del desayuno, Jian Xia no se quedó más tiempo. Subió inmediatamente al auto para regresar al set.
No fue hasta que el vehículo salió de los Jardines Guihu que volvió a abrir el plan de rodaje que Sun Peipei le había enviado la noche anterior y que solo había leído hasta la mitad.
Las escenas de aquel día también serían bastante exigentes.
La energía demoníaca llevaba consigo causa y efecto y no podía desaparecer de la nada. Por eso, Buran había implantado en su propio cuerpo la energía demoníaca extraída de Bai Yan y se había recluido para purificarla poco a poco con su propia energía espiritual y su médula inmortal.
Sin embargo, ignoraba que, cuando Bai Yan había muerto en su vida anterior, no había conservado en su corazón la aspiración hacia el Dao que él imaginaba.
Había muerto llena de odio.
Un odio profundo e insondable.
Precisamente por eso la energía demoníaca de su cuerpo era tan pura y poderosa.
Así, tras repetidos enfrentamientos internos, Buran no consiguió neutralizar por completo la energía demoníaca implantada en su cuerpo.
Por el contrario, después de agotar todas sus fuerzas, sufrió la reacción violenta de aquella energía.
Innumerables pensamientos malignos, ideas crueles e imágenes despiadadas comenzaron a surgir poco a poco en su mente, echando raíces y germinando, esperando el momento de contraatacar.
Cuando estaba a punto de estallar otra gran guerra entre el Reino Inmortal y el Reino Demoníaco, Buran no tuvo más remedio que salir nuevamente de su reclusión.
La guerra entre inmortales y demonios fue extremadamente brutal.
El Reino Demoníaco estaba decidido a recuperar a su Emperatriz Demoníaca y llevaba mucho tiempo preparándose para ello.
Al terminar la guerra, ambos bandos sufrieron pérdidas extraordinariamente graves.
La batalla consumió demasiado poder espiritual de Buran. Como consecuencia, dentro de su cuerpo, donde las fuerzas puras y demoníacas luchaban entre sí, la energía demoníaca comenzó a imponerse mientras la energía pura se debilitaba gradualmente.
Aunque el Reino Inmortal obtuvo una victoria por muy poco, un problema apenas había terminado cuando surgió otro.
Todos los inmortales sabían que, incluso sin Bai Yan, aquella guerra habría estallado tarde o temprano.
Sin embargo, Bai Yan, que con tanta dificultad había logrado ser aceptada por el Reino Inmortal, volvió a convertirse en el centro de todas las críticas.
Bai Yan ya había olvidado el pasado.
Pero, conforme fueron ocurriendo una serie de acontecimientos, terminó descubriendo nuevamente su verdadera identidad.
Al mismo tiempo, sus recuerdos comenzaron a agitarse en lo más profundo de su mente.
Las escenas fragmentadas de Buran arrancándole tendones y huesos empezaron a reaparecer.
Buran permaneció fuera de su reclusión durante muy poco tiempo.
Sin embargo, incluso durante aquel breve periodo, Bai Yan volvió a admirar y a enamorarse en secreto de su Maestro.
Pero cuanto más lo amaba, más cruel resultaba la verdad para ella.
El rechazo del Reino Inmortal.
Las supuestas «atrocidades» de su Maestro.
Una cosa tras otra fue empujando a Bai Yan cada vez más lejos.
No fue hasta mucho después, cuando Buran ya se había convertido en medio demonio y Bai Yan se vengó de él de la misma manera, que finalmente comprendió la verdad.
Los demonios nacían del corazón.
Aunque le arrancara a Bai Yan los tendones y los huesos, jamás podría impedir que volviera a caer en el camino demoníaco.
Tras soportar cuarenta y nueve días de una tortura peor que la muerte, cuando Buran despertó volvió a ser el Venerable Inmortal Buran.
Pero Bai Yan había perecido una vez más.
Esta vez fue incluso peor que en su vida anterior.
Ni siquiera llegó a presenciar su muerte.
Bai Yan había elegido desaparecer por voluntad propia.
Al recuperar toda la energía demoníaca que había dentro del cuerpo de Buran, sus recuerdos del pasado también despertaron en su mente, escena tras escena.
Recordó que originalmente no era más que una vulgar coneja blanca criada en el patio trasero del Templo Hongmeng y que había alcanzado la iluminación debido al deseo que sentía por cierto joven taoísta.
Recordó cómo ninguna de las sectas de cultivo del mundo estaba dispuesta a aceptarla, y cómo aquel joven taoísta siempre se había mantenido delante de ella para protegerla.
Recordó que, antes de morir, para permitir que aquel joven taoísta siguiera viviendo, había hablado de su deseo de seguir el Dao y le había suplicado que, sin importar qué ocurriera, la salvara.
Pero, en lo más profundo de su corazón, lo único que había sentido era un odio incontenible…
Naturalmente, también recordó cómo aquel hombre había vuelto a desafiar la oposición de todos para llevarla desde el campo de batalla hasta el Palacio Yuxiu y criarla con todo su cuidado.
Recordó cómo había extraído la energía demoníaca de su cuerpo y la había introducido en el suyo para purificarla personalmente.
Incluso después de varios siglos, él todavía recordaba su promesa y estaba dispuesto a arriesgar la vida para salvarla.
Pero ella seguía sin poder escapar de su destino de convertirse en demonio.
Después de desaparecer, Bai Yan se enterró a sí misma bajo la montaña inmortal del Palacio Yuxiu.
Juró que, mientras no lograra purificar por completo su energía demoníaca, jamás volvería a entrar en el ciclo de la reencarnación.
…
Y las escenas que el equipo debía rodar aquel día eran precisamente aquellas en las que Buran sufría la reacción violenta de la energía demoníaca.
Menos de dos días después de que Jian Xia regresara al equipo de rodaje, el Grupo Fu volvió a protagonizar una noticia importante.
El anciano Wen, miembro del consejo de administración de la compañía, había sido formalmente arrestado por delitos económicos.
El impacto de aquella noticia fue mucho mayor que el de cualquiera de las anteriores.
No solo sacudió las secciones económicas. Debido a la influencia de Fu Hanjun, incluso los medios de entretenimiento se hicieron eco del asunto.
Después de todo, el anciano Wen era diferente del anciano Zhang.
Dentro del Grupo Fu, aparte de Fu Quan, era prácticamente la persona con mayor influencia.
En cuanto se publicó la noticia, las acciones del Grupo Fu se desplomaron.
Sin embargo, por la tarde, poco antes del cierre del mercado, comenzaron a recuperarse inexplicablemente y terminaron formando por muy poco una gran vela alcista.
Los pequeños inversores que habían liquidado sus posiciones durante la mañana maldijeron sin parar.
Aunque todavía no comprendía demasiado del mercado bursátil, Jian Xia también sabía que quizás las verdaderas buenas noticias para el Grupo Fu finalmente habían llegado.
Y aquellos inversores que habían vendido pensando en volver a entrar al día siguiente aprovechando un precio más bajo quizá ya hubieran perdido su oportunidad de hacerlo.
Al mismo tiempo, las cuentas contratadas que anteriormente habían estado en primera línea difamando a Fu Hanjun parecieron finalmente sentirse intimidadas y, al menos por el momento, se calmaron.
Los días en el set pasaron volando.
En un abrir y cerrar de ojos llegó el día diez.
Las escenas de aquella tarde y de la noche se concentraban en los personajes secundarios. Después de que Jian Xia y Xue Rong llevaran tanto tiempo rodando sin descanso, finalmente consiguieron medio día libre.
Xue Rong abandonó inmediatamente el set a toda velocidad para disfrutar de la vida.
Jian Xia, en cambio, se quedó pensativo mirando la información del vuelo de Fu Hanjun aquella mañana.
—Si el joven presidente Fu no está en casa, ¿aun así vas a regresar? —preguntó Zhu Qian en la habitación del hotel mientras recogía algunas cosas que había dejado allí—. ¿Por qué no te quedas descansando tranquilamente aquí y evitas tanto viaje?
No era fácil para ninguno de ellos.
Como Jian Xia tenía libre aquella mitad del día, también les había dado medio día de descanso a Zhu Qian y Sun Peipei.
Zhu Qian quería regresar para reunirse con su novio.
Sun Peipei vivía sola y había decidido aprovechar para dormir en el hotel.
—Sí, voy a regresar. —Jian Xia estaba cambiándose de ropa—. Pero antes quiero ir a un lugar.
—¿Solo tienes medio día y todavía quieres ir a otro sitio? —preguntó Zhu Qian—. ¿Adónde? ¿Quieres que te acompañe?
A medida que avanzaba la promoción de Torrente, la popularidad de Jian Xia también estaba aumentando de forma constante.
Si iba a algún lugar público, Zhu Qian todavía se preocupaba bastante.
—No hace falta —respondió Jian Xia—. Quiero ir al cementerio a visitar a los padres de Fu Hanjun.
Fu Hanjun estaba tan ocupado últimamente que probablemente no había tenido tiempo de visitar a sus padres.
Jian Xia quería ir a verlos en su lugar.
—Ohhh… —dijo Zhu Qian, alargando deliberadamente la voz.
—¿Qué pasa? —Jian Xia rio.
—Nada. —Zhu Qian lo molestó—. Solo pienso que eres un esposo muy considerado.
—¿Y qué tiene de malo ser considerado?
Jian Xia soltó una risa, se puso la capucha de su abrigo y se preparó para salir.
—Ten cuidado —gritó Zhu Qian desde atrás, sintiendo cada vez más que estaba desarrollando una mentalidad de madre preocupada respecto a Jian Xia.
—Lo sé.
Jian Xia sonrió y se despidió de ella con la mano.
Debajo del hotel había una floristería.
Jian Xia compró flores y luego pasó por la pastelería de al lado para comprar pan y un pequeño pastel antes de subir al auto de Qi Ming.
La ciudad cinematográfica estaba en las afueras.
Aunque el cementerio quedaba en otra dirección, tampoco estaba demasiado lejos.
No encontraron tráfico en el camino y llegaron en apenas media hora.
Jian Xia bajó del vehículo al pie de la montaña y comenzó a subir escalón por escalón.
El clima era excelente.
A ambos lados del camino se respiraba plenamente la primavera. De no tratarse de un cementerio, aquel lugar habría sido perfecto para una excursión primaveral.
Cuando llegó a la entrada, Jian Xia llamó a la puerta de la pequeña caseta del cuidador.
Poco después salió el tío Wang.
—Hola, tío Wang.
Jian Xia sonrió y le entregó la bolsa con los dulces que llevaba en la mano.
—Ah, eres tú.
El tío Wang reconoció a Jian Xia casi inmediatamente y no pudo evitar mirar detrás de él.
—Fu Hanjun no pudo venir —explicó Jian Xia, sabiendo perfectamente a quién buscaba—. Últimamente está muy ocupado. Probablemente no pueda venir durante un tiempo.
—Bien, bien —respondió el tío Wang.
Luego preguntó:
—Pero volverá después, ¿verdad?
—Por supuesto. Sus padres están aquí.
Jian Xia sonrió y bajó la cabeza para registrarse en el libro de visitas.
Acababa de escribir el primer carácter cuando su mano se detuvo de repente.
Justo encima de su nombre, la firma más reciente decía:
«Wan Baiqing».
—Tío Wang —preguntó Jian Xia—, ¿a quién vino a visitar esta persona?
—Oh.
El tío Wang se puso sus lentes para leer.
—Ese joven que entró antes… Creo que también vino a visitar al señor y la señora Fu.
Se detuvo un instante y, de repente, recordó algo.
—Ah, cierto. También me preguntó si el joven Fu había traído alguna vez a alguien con él.
—¿Y qué le dijo? —preguntó Jian Xia.
—Le dije la verdad.
Al recordar que aquel joven también le había preguntado por el aspecto de Jian Xia, el tío Wang frunció ligeramente el ceño.
—¿No debía decírselo?
A lo lejos, una figura avanzaba hacia ellos.
Wan Baiqing ya había terminado de rendir homenaje.
—Mm. —Jian Xia sonrió—. No pasa nada por lo que ya le dijo. Pero si vuelve a preguntarle otras cosas, será mejor que no le revele nada por el momento.
El tío Wang no conocía los conflictos que había detrás de aquello.
Pero, teniendo en cuenta la relación entre Jian Xia y Fu Hanjun, asintió inmediatamente.
Jian Xia y Wan Baiqing nunca se habían visto personalmente.
Por eso, cuando ambos se cruzaron, Jian Xia fingió no conocerlo y siguió caminando sin detenerse.
Al principio creyó que Wan Baiqing tampoco lo había reconocido y dejó escapar en secreto un suspiro de alivio.
Sin embargo, apenas había avanzado unos pasos cuando el sonido de los pasos a su espalda se detuvo de repente.
Entonces escuchó a Wan Baiqing pronunciar su nombre:
—¿Jian Xia?