Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 77
A mediados de marzo, Torrente anunció oficialmente su fecha de estreno y comenzaron a publicarse uno tras otro avances promocionales de distintas temáticas, escenas detrás de cámaras y toda clase de material publicitario.
Desde el punto de vista de la promoción, aunque el nivel general de atención era bastante bueno, las reacciones en las tendencias de búsqueda eran variadas.
Por suerte, el número de personas que marcaban la película como pendiente en las distintas plataformas de venta de entradas aumentaba a toda velocidad.
A medida que se acercaba la fecha del estreno, los internautas volvieron a sacar a relucir todo tipo de noticias relacionadas con la producción.
Y, naturalmente, lo que más interés despertaba seguía siendo aquel triángulo que se había formado durante el proceso de selección de reparto de Qi Chunming.
En segundo lugar estaba la curiosa historia de cómo el actor emperador Sun Qi había terminado beneficiándose de una desgracia después de aceptar participar en Torrente.
El primer director con el que Sun Qi había trabajado tras debutar había sido precisamente Qi Chunming.
En aquel entonces, Qi Chunming todavía gozaba de bastante buena reputación, mientras que Sun Qi no era más que un recién llegado. Podía decirse que el director había sido una de las personas que le habían dado su primera gran oportunidad.
Sin embargo, cuando comenzó la producción de Torrente, Sun Qi ya era un actor emperador, mientras que la reputación de Qi Chunming se había vuelto bastante controvertida. Con la intención de aumentar el interés por la película, Qi Chunming recurrió a Sun Qi.
En circunstancias normales, teniendo en cuenta el rendimiento de las últimas películas de Qi Chunming y la versión inicial del guion, un proyecto semejante habría sido descartado mucho antes de llegar siquiera a manos de Sun Qi.
Pero, para devolver aquel antiguo favor, Sun Qi terminó aceptándolo.
Nadie esperaba que, poco después de que confirmara su participación, Entretenimiento Verano se involucrara en el proyecto y transformara Torrente de un proyecto problemático en uno de los más codiciados.
Los actores que anteriormente habían rechazado a Qi Chunming se arrepintieron enormemente cuando se enteraron.
【La verdad es que, en la industria del entretenimiento, a veces todo depende de la suerte.】
Lu Xiuyan leyó aquel comentario de un internauta en la pantalla y no pudo evitar reír.
¿Suerte?
Aquello no tenía nada que ver con la suerte.
Era puro y simple poder del dinero, ¿de acuerdo?
Después de todo, se trataba de la pareja del pequeño vicepresidente.¹
Ahora que lo pensaba, el joven presidente Fu había hecho un trabajo excelente manteniendo todo en secreto.
Durante el rodaje de Torrente, no era como si nunca hubiera visitado el set, pero aun así nadie había conseguido descubrir el menor indicio.
Aunque también había ayudado mucho la cortina de humo creada por él y Jian Xia. Los internautas estaban demasiado ocupados apoyando al «CP Jian-Fu», así que naturalmente habían descartado por completo a Sun Qi.
La puerta de la oficina se abrió y Yao Junlai entró.
Lu Xiuyan levantó la mirada de la pantalla de la computadora.
—¿El joven presidente Fu tampoco vendrá hoy?
—Si pudiera venir, ¿crees que tendría que venir a buscarte a ti? —Yao Junlai llevaba un tiempo tan ocupado que apenas tocaba el suelo con los pies. Mientras hablaba, dejó sobre el escritorio de Lu Xiuyan los documentos que necesitaban su firma—. Digo yo, ya deberías empezar a soltarles un poco las riendas a los que tienes debajo y dejar que se encarguen de proyectos por su cuenta. En el futuro, Jun’er probablemente concentrará la mayor parte de su energía en los asuntos de su familia, así que Entretenimiento Verano dependerá de ti. Si vas a seguir corriendo todo el día de un set de rodaje a otro, mejor déjame a mí tu puesto de jefe.
—Te lo regalo —dijo Lu Xiuyan entre risas.
En el futuro, Fu Hanjun inevitablemente tendría que hacerse cargo del Grupo Fu.
Todo el mundo en Entretenimiento Verano sabía que, llegado el momento, quien realmente administraría la empresa sería Lu Xiuyan.
—Mejor no. —Yao Junlai también rio—. No me atrevo a usurpar el poder. Si lo hiciera, Fu Hanjun encontraría alguna forma retorcida de hacerme pagar.
Lu Xiuyan bajó la cabeza, firmó los documentos y se los devolvió.
—Por lo menos ahora apenas puede dividir su atención —dijo con un suspiro—. Allí hay una batalla sangrienta todos los días. Menos mal que es el joven presidente Fu. Si fuera cualquier otra persona, probablemente no podría manejarlo.
Últimamente, el Grupo Fu estaba atravesando una renovación interna a gran escala. Ya había aparecido varias veces en los titulares y el precio de sus acciones subía y bajaba constantemente, haciendo que los inversionistas vivieran con el corazón en un puño.
Sentado bajo la sombra de un árbol, Jian Xia observó durante un rato la evolución de las acciones y luego buscó las últimas noticias relacionadas con el Grupo Fu.
«Gran renovación interna en el Grupo Fu».
«Profunda reestructuración del Grupo Fu».
«Los continuos cambios en el Grupo Fu provocan descontento entre la alta dirección».
«Se sospecha que miembros de la cúpula del Grupo Fu están implicados en delitos económicos».
«…»
Y aquel día había aparecido además una entrevista con Lin Jingya.
Al parecer, los periodistas la habían interceptado frente a «Diseño Wanjia», la empresa en la que colaboraba con su hermana mayor, Lin Jingxian.
Aunque no había dicho una sola palabra durante toda la entrevista, su expresión era pésima.
Los periodistas interpretaron aquello como una señal de que estaba extremadamente descontenta con la forma autoritaria de actuar de Fu Hanjun, futuro heredero del Grupo Fu, pero que, aunque estaba furiosa, no se atrevía a decir nada.
—¿Sigues leyendo noticias sobre el joven presidente Fu? —Zhu Qian se acercó y preguntó en voz baja—. Si quieres saber algo, ¿por qué no se lo preguntas directamente?
—Siempre cuenta las buenas noticias y se guarda las malas. —Jian Xia ni siquiera levantó la cabeza—. Mejor investigo por mi cuenta.
Desde el Festival de Primavera hasta ese momento no había pasado demasiado tiempo, pero Jian Xia había adquirido la costumbre de entrar en los foros bursátiles para revisar la cotización. Aunque muchas cosas todavía le resultaban confusas, poco a poco había aprendido a interpretar algunos indicadores.
—¿Y tú qué opinas? —Zhu Qian se tocó la nariz y no pudo evitar preguntar en voz baja—. ¿Cómo pudo deshacerse de tanta gente de golpe?
Sin importar lo que dijeran los rumores del exterior, en las pocas ocasiones en que Zhu Qian había tratado personalmente con Fu Hanjun, la impresión que él le había dejado era la de un hombre caballeroso y educado.
Aunque siempre mantenía una marcada distancia con los demás, jamás había menospreciado a nadie por su identidad o posición social.
Ese era el Fu Hanjun que Zhu Qian conocía.
Sin embargo, en lugares que ella no podía ver, era capaz de reformar sin pestañear una empresa gigantesca de una manera tan drástica, tanto en su estructura general como en su personal…
Aquella personalidad decidida y despiadada, junto con esos métodos fulminantes, no encajaban en absoluto con la imagen de Fu Hanjun que Zhu Qian tenía en mente.
Incluso le daba un poco de miedo.
¿Cómo podía alguien de poco más de veinte años ser tan implacable?
—Aunque sea así —dijo Jian Xia—, confío en él. Nunca libra una batalla que no esté seguro de poder ganar.
Aunque decía eso, no pudo evitar recordar a Zhang Anruo, el joven de la familia Zhang que Lin Jingya había mencionado la primera vez que Jian Xia conoció al anciano señor Fu.
Si Fu Hanjun no lo hubiera elegido a él, sino a Zhang Anruo, probablemente todo habría sido mucho más sencillo.
En aquel asunto, prácticamente no podía ayudar a Fu Hanjun en nada.
Lo único que podía hacer era mantenerse al tanto de su situación por otros medios y acompañarlo espiritualmente mientras atravesaba aquellas dificultades. Además de eso, solo podía hacer bien su propio trabajo y, si era posible, ganar más dinero para Entretenimiento Verano.
—¿Hay alguna actividad promocional de Torrente en la que tengamos que colaborar? —preguntó a Zhu Qian.
—Además de un programa de variedades que se grabará en la televisora local a principios de abril y que nos ocupará una noche… —Zhu Qian hojeó su pequeña libreta—, tendrás que asistir al estreno. Fuera de eso, solo necesitas grabar algunos VCR para que el resto del equipo pueda utilizarlos cuando vaya a otras ciudades a promocionar la película.
El maestro demonio era diferente de Torrente. Prácticamente todas las escenas importantes recaían sobre los protagonistas masculino y femenino.
Por eso, cuando Yao Junlai organizó las actividades promocionales, y para no interferir con el rodaje de este lado, solo le asignó dos apariciones a Jian Xia.
Podía decirse que era el protagonista con la agenda promocional más ligera.
—¡Xiaxia! —Sun Peipei acababa de llenar el termo de Jian Xia con agua y lo llamó desde cierta distancia—. ¡Ya casi empezamos a rodar!
—Bien.
Jian Xia le entregó el teléfono a Zhu Qian y se puso de pie.
Comparado con el pequeño taoísta distante y obstinado del día en que Fu Hanjun había ido a visitarlo, el Venerable Inmortal Buran de aquel momento sí que parecía verdaderamente etéreo y trascendente.
Debido a aquella calamidad relacionada con Bai Yan, Buran no había ascendido en menos de cien años como se había previsto inicialmente. Habían tenido que pasar más de quinientos años antes de que finalmente alcanzara las filas de los inmortales.
En su momento, el Templo Hongmeng no lo había abandonado. Y él, aunque había tardado un poco más, varios siglos después había terminado llevando gloria al Templo Hongmeng.
Sin embargo, las opiniones de los mortales nunca habían sido tan importantes para Buran.
Durante aquellos quinientos años, había recorrido incontables tierras, pero jamás volvió a encontrarse con Bai Yan.
Cuando Bai Yan se marchó, cada una de sus palabras había expresado su anhelo por seguir el camino correcto y preservar su corazón del Dao. Por eso, Buran siempre había mantenido la esperanza de que la bondad que permanecía en su alma pudiera mantenerla alejada del camino demoníaco y permitirle reencarnar como humana.
Año tras año, los largos y solitarios siglos fueron pasando.
Buran llegó a pensar que quizás jamás volvería a encontrarse con Bai Yan.
Sin embargo, nunca imaginó que el destino acabaría reuniéndolos una vez más.
Fue en el campo de batalla, después de una gran guerra en el Reino Demoníaco, donde encontró a Bai Yan, que por entonces todavía era una niña pequeña.
Aunque el poder de su cuerpo aún no había despertado, Buran reconoció con una sola mirada que ella estaba destinada a convertirse en la futura Emperatriz Demoníaca.
La energía maligna que emanaba de ella se extendía por todo su cuerpo. Bajo su piel y su carne se había entrelazado hasta formar parte de sus tendones y huesos, profundamente arraigada en su propia existencia.
A pesar de la oposición de todos, Buran se la llevó al Palacio Yuxiu y la crio a su lado.
Al igual que durante aquella ocasión anterior en el mundo mortal, Buran volvió a convertirse en una anomalía, alguien a quien el Reino Inmortal apenas podía tolerar.
Aunque esta vez no lo habían rodeado e intentado exterminar como en el pasado, Buran sabía perfectamente que, en cuanto la energía demoníaca dentro del cuerpo de Bai Yan mostrara el menor cambio, sería imposible evitar que aquello volviera a suceder.
La única diferencia sería que esta vez el escenario no sería el mundo mortal, sino el Reino Inmortal.
Cultivar para convertirse en inmortal…
Y, al final, ni siquiera los inmortales conseguían desprenderse del polvo y los prejuicios del mundo.
Tras varios siglos de aparente tranquilidad, y gracias a la supresión y protección del poder espiritual de Buran, Bai Yan había crecido hasta convertirse en una hermosa y elegante joven.
En secreto, se había enamorado de su propio maestro: el elevado e inalcanzable Venerable Inmortal Buran.
Su energía demoníaca siempre había permanecido perfectamente reprimida. Su maestro también le decía constantemente que, mientras él siguiera allí, podría garantizarle una existencia tranquila, igual que la de cualquier otra joven inmortal.
Nunca tendría que preocuparse por algo que todavía no había ocurrido.
Pero Bai Yan jamás imaginó que, cuando su cuerpo finalmente fuera capaz de soportarlo, la persona a la que más amaba sería quien le arrancaría los tendones y extraería sus huesos.
La energía demoníaca era extremadamente difícil de separar del cuerpo. El dolor que provocaba era suficiente para hacer que una persona deseara morir incluso después de soportarlo durante un solo segundo.
Sin embargo, Bai Yan tuvo que resistir aquel tormento durante siete veces siete, cuarenta y nueve días, hasta quedar prácticamente enloquecida.
Cuando despertó de nuevo, había olvidado muchas cosas.
Solo sentía como si hubiera padecido una enfermedad muy grave.
Todos sus hermanos de secta la trataban extremadamente bien, pero nunca volvió a ver a su maestro.
Aunque en sus recuerdos siempre aparecía una figura vestida de blanco, jamás conseguía distinguir el rostro de aquella persona.
Quedó bajo el cuidado de su hermano mayor de secta y, al desaparecer la influencia de la energía demoníaca, su cultivo, que anteriormente había permanecido estancado, comenzó a avanzar a una velocidad extraordinaria.
Poseía más espiritualidad que cualquier otro discípulo del Palacio Yuxiu.
En las montañas inmortales, el paso del tiempo apenas se percibía.
Su cultivo se volvió cada vez más profundo y estable, mientras que su corazón permaneció puro. Con el transcurso de los años, finalmente comenzó a ser aceptada poco a poco por el Reino Inmortal.
Sin embargo, cada vez que preguntaba por su maestro, sus hermanos de secta siempre respondían:
—El Maestro se encuentra en reclusión cultivando.
—Entonces, ¿cómo es el Maestro? —preguntaba ella una y otra vez.
Cada vez que hacía aquella pregunta, en el rostro de su hermano mayor aparecía una expresión que Bai Yan era incapaz de comprender.
Parecía tristeza.
Y también dolor…
Bai Yan no lo entendía.
¿Acaso su maestro no estaba simplemente en reclusión cultivando?
Entonces, ¿por qué su hermano mayor ponía aquella expresión?
…
Y la escena que rodarían aquel día era precisamente aquella en la que Buran arrancaba los tendones y extraía los huesos de Bai Yan para refinar y eliminar su energía demoníaca.
Después de repetirla varias veces, finalmente lograron completar con éxito una larga toma continua.
Qu Shui levantó una mano.
—¡Corten!
Aquella escena exigía muchísimo de los actores.
Uno contenía mientras el otro liberaba; uno reprimía sus emociones mientras el otro estallaba. Incluso las imágenes sin editar bastaban para estremecer a cualquiera.
—Xiaxia, alguien vino a visitarte al set.
Al ver que el esfuerzo por contener las emociones durante la escena había hecho aparecer una fina capa de sudor en las sienes de Jian Xia, Sun Peipei se apresuró a entregarle una pequeña toalla.
Sun Peipei era verdaderamente considerada y, además, muy educada. Cuanto más tiempo pasaban juntos, más le agradaba a Jian Xia.
Como ella estaba siempre a su lado y se ocupaba meticulosamente de todo, Jian Xia incluso se había vuelto un poco más perezoso que antes.
—¿Quién? —preguntó Jian Xia. Su voz, normalmente clara, estaba ligeramente ronca.
Giró la cabeza siguiendo la dirección que señalaba Sun Peipei y, para su sorpresa, vio a toda la familia de su tío.
Como era fin de semana, incluso Jian Lin estaba allí.
Jian Xia todavía no había salido completamente del personaje. Las comisuras de sus ojos estaban enrojecidas, tenía los labios apretados y su mirada era fría y afilada.
Además, todavía sostenía la espada en la mano.
Parecía que, al instante siguiente, podría avanzar lentamente y hundir aquella larga espada, cuyo filo reflejaba la luz del sol, directamente en el pecho de alguien.
Mientras estaban rodando, a la familia de Jian Yuan no le habían permitido entrar.
Ahora, al encontrarse repentinamente con aquella mirada, Jian Lin se sobresaltó tanto que retrocedió instintivamente.
Sin embargo, la expresión del rostro de Jian Xia pronto se suavizó.
Le entregó la espada de utilería a Sun Peipei, tomó la toalla y se limpió las manos.
El rodaje de la mañana ya había terminado.
Puesto que su tío y su tía habían venido, independientemente del motivo o de sus intenciones, lo correcto era invitarlos a comer.
Había momentos en los que debía mostrarse duro, pero también había aprendido que, cuando correspondía guardar las apariencias, debía hacerlo.
Antes de que pudiera acercarse, Zhu Qian ya había ido hacia ellos.
—¿Qué hacen aquí? —Su expresión no era precisamente agradable.
—Vinimos a ver a Xiaxia —respondió Zhao Wen—. Después de todo, vimos crecer a Xiaxia desde pequeño. Hace muchísimo que no lo vemos. ¿Cómo podríamos no extrañarlo ni un poco?
¿De verdad habían desarrollado una conciencia de repente?
Zhu Qian no se lo creía en absoluto.
—Hermana Qian —la llamó Jian Xia—. Pide comida a domicilio. Yo los llevaré al auto para que podamos hablar.
—Está bien —respondió Zhu Qian.
—Tú y Peipei tampoco coman hoy la comida del equipo. —Jian Xia dio un par de pasos antes de detenerse—. Pidan lo que les guste.
—¡Bien! —Zhu Qian se alegró de inmediato.
Después de terminar aquella importante escena, Xue Rong descansaba con los ojos cerrados, agotada.
Tras avisarle al director, Jian Xia se cambió el vestuario, pero mantuvo el maquillaje y regresó junto a su familia.
Jian Lin observaba con curiosidad su apariencia. Luego tiró discretamente de su muñeca.
—Hermano, ¿puedo pedirle un autógrafo a la hermana Xue Rong?
—¿Eres fan de Xue Rong? —Jian Xia sonrió ligeramente, pero aun así lo rechazó—. La maestra Xue tuvo escenas muy pesadas hoy y ahora mismo está descansando. Si quieres un autógrafo, luego puedo pedirle uno y llevártelo.
Jian Lin: —…
—¿No puedes llamarla ahora? —insistió sin rendirse—. A mis compañeros y a mí nos encanta. Quiero hablar con ella. Solo una frase.
La película grababa el sonido directamente en el set y, durante una toma larga, bastaba con que un pequeño detalle saliera mal para tener que repetirlo todo desde el principio.
Xue Rong acababa de pasar más de media hora llorando y gritando desgarradoramente hasta que ambos habían conseguido completar aquella toma con enorme dificultad.
Por no hablar de Jian Lin; aunque hubiera ocurrido algo realmente importante, Jian Xia no habría tenido el valor de molestarla en ese momento.
—Así es. —Zhao Wen también intervino con una sonrisa—. ¿No están en el mismo equipo? Podrías hacerle ese pequeño favor, ¿no?
—No —respondió Jian Xia.
Miró a madre e hijo con una sonrisa que no llegaba a ser una sonrisa.
Claramente no había hecho ningún movimiento, pero, por alguna razón, aquella sensación intimidante que Jian Lin había experimentado cuando sus miradas se encontraron al principio volvió a apoderarse de él.
Jian Lin retrocedió otra vez.
De pronto sintió que aquel Jian Xia que antes siempre lo había tratado con tanto cariño…
parecía haber cambiado de alguna manera.