Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76
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Fu Hanjun tenía mucha fuerza. Después de estrechar a Jian Xia firmemente entre sus brazos, inclinó un poco la cabeza y lo besó hasta dejarle los labios doloridos y con cosquillas. Una sensación de entumecimiento recorrió sus nervios como una corriente eléctrica y se precipitó directamente hacia su cerebro.

Por un instante, fue como si el mundo entero hubiera dejado de existir. Frente a él solo quedaban aquel cálido abrazo y ese aroma familiar y agradable.

—Fu Hanjun —murmuró Jian Xia de manera indistinta, hundiendo los dedos en su piel a través de la fina camisa.

—¿Mm? —respondió Fu Hanjun en voz baja. Sus movimientos se detuvieron ligeramente y apoyó la frente contra la suya—. ¿Qué pasa, pequeño taoísta?

Jian Xia: —…

No pudo contenerse y soltó una carcajada.

Bajo sus húmedas pestañas, sus ojos se curvaron ligeramente. Junto con el tenue rubor en las comisuras de sus ojos, su sonrisa se veía todavía más hermosa, como una flor de manzano silvestre empapada por la lluvia primaveral, suave y dulce.

—Si sigues llamándome así, voy a perder toda la sensación —dijo Jian Xia entre risas, levantando el rostro.

—¿Qué sensación? —preguntó Fu Hanjun, obviamente con malas intenciones.

Jian Xia apretó los labios para contener la risa y apartó la cara.

—Oye, Jian Xia. —Fu Hanjun lo llamó suavemente junto al oído. Levantó una mano, lo sujetó por la barbilla y le hizo girar el rostro antes de inclinarse para besar juguetonamente sus labios—. ¿Qué sensación? Dímelo. Quiero escucharlo.

—¡Oye! —Jian Xia se sonrojó y, tomado por sorpresa, mordió la comisura de los labios de Fu Hanjun.

—Qué feroz, pequeño taoísta —dijo Fu Hanjun entre risas.

—No me llames pequeño taoísta.

Jian Xia no pudo evitar pellizcarle los firmes músculos de la cintura.

—Esto es violencia doméstica —lo acusó Fu Hanjun, todavía riendo.

Jian Xia arrugó la nariz. Al final, no pudo contenerse y cambió el pellizco por un abrazo. Volvió a enterrar el rostro contra el pecho de Fu Hanjun y respiró profundamente.

Seguía siendo aquella conocida fragancia amaderada, mezclada con un tenue y dulce aroma cítrico. Era tranquilizadora y, al mismo tiempo, embriagadora.

—Ya no te llamaré así. —Una suave risa llegó desde encima de su cabeza. Fu Hanjun lo tomó de la muñeca—. Primero come. Si esperamos más, se enfriará.

El aspecto de Jian Xia aquel día era demasiado hermoso y le sentaba demasiado bien.

Solo con verlo allí de pie, interpretando a aquel pequeño taoísta frío, poderoso y marcado por la tragedia, Fu Hanjun sentía que casi se quedaba sin aliento de lo fascinado que estaba.

Era incluso más impresionante que en las fotografías promocionales del personaje que el equipo había publicado anteriormente y que tantos elogios habían recibido en internet. Encajaba todavía mejor con el personaje.

Fu Hanjun sentía una comezón en el corazón y simplemente no podía resistirse a provocarlo.

Sobre la mesa había cuatro platos calientes, una sopa y un pequeño pastel.

—¿Es pastel de castañas? —Jian Xia se acercó para olerlo. Percibió enseguida un aroma dulce y ligero a castaña.

—Mm. —Fu Hanjun sonrió y se agachó para recoger la copa que él mismo había tirado al suelo momentos antes. Por suerte, la habitación estaba alfombrada y la copa no se había roto—. ¿Te gusta?

—Mm. —Jian Xia sonrió con los ojos curvados—. Me gustan las cosas suaves y dulces.

Fu Hanjun bajó los ojos hacia él y, sin darse cuenta, apretó ligeramente las comisuras de los labios.

Tanto lo que acababa de decir como la expresión con la que alzaba el rostro en ese momento eran tan adorables que Fu Hanjun deseaba atraparlo de inmediato entre sus brazos y estrujarlo a gusto.

—Cómetelo después. —Hizo todo lo posible por reprimir el impulso que bullía en su interior—. Primero la comida.

—Solo un bocado.

Jian Xia hizo un poco de puchero. Con el tenedor tomó un pedacito del borde y se lo llevó sonriente a la boca.

—No tienes idea. Sun Peipei normalmente no me deja comer estas cosas.

Jian Xia no tenía una constitución propensa a engordar, así que Zhu Qian nunca había sido demasiado estricta con él en lo referente a la comida.

Pero Sun Peipei era diferente.

Estaba acostumbrada a trabajar con Zhou Li y se preocupaba por absolutamente todo. Temía que Jian Xia no prestara atención a su alimentación y que, más adelante, los vestuarios confeccionados a su medida dejaran de quedarle bien.

Su personaje tenía un aire tan etéreo que sería una verdadera lástima que el vestuario le restara puntos o que algunos trajes no pudieran aparecer en cámara debido a cambios en su figura.

Después de todo, ya existían precedentes semejantes dentro de la industria.

Por eso, Sun Peipei le prohibía terminantemente consumir alimentos demasiado calóricos. Incluso los bocadillos que preparaba para él eran bajos en calorías.

—¿Sun Peipei te resulta bastante útil? —preguntó Fu Hanjun. Había vuelto a lavar y secar la copa antes de sentarse frente a Jian Xia con una sonrisa.

—Sí, bastante —respondió Jian Xia—. Es una chica atenta, trabajadora y de buen carácter.

Fu Hanjun bajó la mirada, abrió el vino y sirvió apenas un poco en el fondo de ambas copas. Al ver lo bien que comía Jian Xia, no pudo evitar seguir sirviéndole comida.

—No importa —dijo con indulgencia—. Hoy todo esto es para ti. Come cuanto quieras.

—Fu Hanjun —dijo Jian Xia con una costilla entre los dientes—, ¿por qué no me avisaste antes de venir hoy?

—Quería darte una sorpresa —respondió Fu Hanjun mientras le servía sopa.

En realidad, temía que, si Jian Xia sabía que iba a venir, se pasara el día esperándolo con demasiada ilusión y acabara distrayéndose durante las escenas de acción a gran altura.

—La verdad es que sí fue una gran sorpresa —dijo Jian Xia, sosteniendo el cuenco de sopa.

Era una sopa de buche de pescado preparada sobre una base de caldo de pollo. Estaba magníficamente cocinada, sin el menor rastro de olor a pescado; solo tenía un sabor fresco y delicioso.

Jian Xia bebió un pequeño cuenco y Fu Hanjun volvió a llenárselo.

—La sopa de buche de pescado es muy buena para la piel y también ayuda a aliviar el cansancio. Bebe un poco más —dijo con una sonrisa.

Jian Xia sostuvo el cuenco entre ambas manos.

—¿Tienes fotos recientes de ellos? —preguntó.

A Fu Hanjun le encantaban muchísimo su gato y su perro. Antes de que Jian Xia apareciera en su vida, la galería de su teléfono personal estaba prácticamente llena de fotografías de aquellos dos.

—Te las enseño después de comer —dijo Fu Hanjun.

—Hace tanto que no vuelvo a casa que ya los extraño.

—Bien.

Parecía que, sin importar qué pidiera Jian Xia, Fu Hanjun jamás se negaba.

Él no comió demasiado. Pasó la mayor parte del tiempo observando a Jian Xia y sirviéndole comida.

Mientras hablaba, sus ojos y cejas estaban impregnados de una sonrisa cálida y suave, haciendo que Jian Xia sintiera aquella felicidad y seguridad propias de alguien profundamente mimado.

—Ellos también te extrañan —dijo.

—¿De verdad? —Jian Xia lo miró. Un instante después, sus ojos brillaron con picardía—. ¿Y tú? ¿Me extrañaste?

—¿Tú qué crees? —Fu Hanjun sonrió, mirándolo profundamente.

—Yo no voy a adivinarlo —dijo Jian Xia a propósito.

—Te extrañé, te extrañé. —Fu Hanjun se inclinó hacia él con una sonrisa y, como si no supiera qué hacer con él, levantó una mano y le revolvió el cabello con fuerza un par de veces—. Casi me muero de tanto extrañarte.

—¿De verdad? —Jian Xia sonrió.

—Mm —respondió Fu Hanjun en voz baja.

—Yo también te extrañé.

Jian Xia sonrió hasta que sus ojos se curvaron. Levantó una mano, sujetó a Fu Hanjun por la muñeca y llevó su mano hasta sus labios para darle un sonoro beso.

Fu Hanjun: —…

¿Qué se suponía que hiciera si sentía que el corazón se le derretía por completo?

El teléfono junto a la ventana comenzó a sonar. Fu Hanjun sonrió, tomó la mano de Jian Xia y se la apretó suavemente antes de levantarse para contestar.

Jian Xia ya estaba prácticamente satisfecho. Feliz y con el estómago lleno, tomó la mitad del pastel.

La dulce crema se derritió en su boca. Mientras comía pequeños bocados, mantuvo los ojos fijos en Fu Hanjun.

Fu Hanjun llevaba una discreta camisa negra metida dentro del pantalón. De pie allí, su espalda se veía recta y sus piernas parecían exageradamente largas.

Como si hubiera percibido su mirada, giró la cabeza y miró a Jian Xia con una sonrisa.

—¿Es así? —dijo.

Luego añadió:

—Entendido.

Después de colgar, dijo:

—Ya decidieron el reparto de El registro del corazón de jade. Lin Qing será el segundo protagonista masculino.

—¿Ah? ¿En serio? —Los ojos de Jian Xia se abrieron de par en par y estuvo a punto de levantarse de un salto por la emoción.

—¿Tan contento estás? —preguntó Fu Hanjun con un tono difícil de interpretar.

—No puede ser. —Jian Xia lo miró incrédulo—. ¿Hasta de Lin Qing estás celoso?

—Tuviste rumores románticos con él —dijo Fu Hanjun con un tono cargado de significado.

—Tsk.

Jian Xia rio y acercó a los labios de Fu Hanjun la mitad del pastel que le quedaba.

—Cómetelo tú —dijo Fu Hanjun.

Jian Xia tampoco insistió. Volvió a darle otro mordisco al pastel mientras buscaba su teléfono.

Las clases ya habían comenzado. De los cuatro compañeros del dormitorio, tres ya se habían incorporado a diferentes producciones y Lin Qing era el único que seguía allí.

Con la llegada de los nuevos estudiantes en otoño, su espacio para desarrollarse dentro de la industria se reduciría todavía más.

Ahora había aparecido una oportunidad tan buena y, además, el personaje encajaba con Lin Qing. Podía proporcionarle un excelente punto de partida. ¿Cómo podría Jian Xia no alegrarse por él?

Sin embargo, cuando encontró el teléfono, cambió de opinión.

Sería mejor que el propio equipo de producción notificara directamente a Lin Qing. Esa sensación de abrir una caja misteriosa, con toda aquella mezcla de nerviosismo y expectación, haría que la alegría se multiplicara cuando recibiera una buena noticia.

Después de pensarlo un poco, volvió a dejar el teléfono.

Hacía mucho que Jian Xia no comía hasta quedar tan lleno. Después de cenar, ambos se sentaron acurrucados en el sofá. Jian Xia revisó el plan de rodaje del día siguiente mientras Fu Hanjun hojeaba el guion que había llevado consigo.

El guion de El maestro demonio ya estaba bastante perfeccionado, pero durante el rodaje seguían haciéndose ajustes frecuentes y, de vez en cuando, aparecían páginas nuevas con modificaciones.

Por eso, Jian Xia lo repasaba cuidadosamente todas las noches para prepararse para las escenas del día siguiente.

Después de terminar de revisar lo suyo, se acercó a Fu Hanjun para mirar lo que tenía entre las manos.

En la esquina superior derecha del guion estaba impreso el título. Jian Xia lo leyó suavemente:

—¿Sin nada?

—Mm. —La mirada de Fu Hanjun permaneció sobre el guion mientras respondía suavemente.

—¿Estás eligiendo proyectos o es uno nuevo que van a producir? —preguntó Jian Xia con curiosidad—. ¿De qué trata?

—Es un proyecto nuevo. —Fu Hanjun le entregó el guion—. ¿Quieres verlo?

Jian Xia lo recibió y hojeó un par de páginas. Muy pronto, las interacciones entre los personajes captaron por completo su atención.

—Estamos hablando con el maestro Zhou Changshan —dijo Fu Hanjun.

—¿Ah? —Jian Xia se quedó desconcertado—. ¿Quieren invitar al maestro para que lo dirija?

—Esa es la intención —respondió Fu Hanjun—. Pero este proyecto no comenzará hasta otoño como muy pronto. No hay prisa.

—¿Sin nada? —Jian Xia repitió inconscientemente el título mientras continuaba pasando las páginas.

—¿Te gusta? —Fu Hanjun lo miró de reojo y sonrió discretamente.

—Mm.

Después de leer aproximadamente un tercio, Jian Xia pasó directamente a las últimas páginas para ver el desenlace.

Fu Hanjun estaba recogiendo algunas cosas para ir a ducharse y no pudo evitar reír al ver lo que hacía.

—Si el final puede considerarse bastante feliz, ¿por qué se llama Sin nada? —preguntó Jian Xia, algo confundido, después de leer rápidamente las últimas páginas.

Sin importar cómo se desarrollara la historia, mientras el final fuera bueno, para él ya podía considerarse satisfactorio.

—Quizás, para la mayoría de la gente común, un final así no pueda considerarse satisfactorio —dijo Fu Hanjun. Hizo una pausa y de pronto preguntó—: ¿Tú crees que el final de El maestro demonio es satisfactorio?

—Sí —respondió Jian Xia sin pensarlo demasiado.

Aunque Buran y Bai Yan habían sufrido el dolor de que la persona amada les arrancara tendones y huesos; aunque ambos se habían enfrentado al mundo entero por el otro y habían padecido innumerables calamidades, al final, después de caer al mundo mortal y perder todos sus recuerdos, aun así se encontrarían entre el inmenso mar de personas con una sola mirada y volverían a enamorarse el uno del otro…

Tras varios miles de años, finalmente lograron lo que tanto habían anhelado: caminar juntos de la mano y compartir la vida más ordinaria de todas, una vida sencilla y llena del calor cotidiano.

Habían conseguido aquello que deseaban.

Podía considerarse un final feliz.

Al escucharlo, Fu Hanjun pareció recordar algo. Bajo sus espesas pestañas, una profunda sonrisa surgió involuntariamente en sus ojos.

Todos aquellos años de espera, decepción, soledad en medio de la oscuridad y tormento autoimpuesto… Incluso sabiendo que Jian Xia ya estaba comprometido, no había podido evitar observarlo en secreto, escribirle chistes para hacerlo reír, tenderle una mano cuando lo necesitaba y construir para él el respaldo más sólido posible…

En realidad, Fu Hanjun pensaba igual que Jian Xia.

Mientras pudiera pasar toda una vida de la mano de la persona que más amaba, por mucho sufrimiento y dolor que hubiera tenido que soportar, todo habría valido la pena.

La noche fue igualmente ardiente.

Los dos permanecieron estrechamente abrazados mientras hablaban de cosas sin importancia.

Fu Hanjun le contó que las flores de jazmín de invierno del patio ya habían florecido y que los brotes del manzano silvestre comenzaban a hincharse. Jian Xia, por su parte, le contó anécdotas del rodaje y los cambios que el guionista había realizado en algunas escenas…

Antes, aquella felicidad que siempre había parecido tan difícil de alcanzar ahora parecía descansar fácilmente en la palma de sus manos.

—Estos próximos meses estaré especialmente ocupado —dijo Fu Hanjun—. En abril también tendré que viajar al extranjero, así que, después de esta visita, no sé cuándo podré volver a verte.

—¿En abril? —preguntó Jian Xia—. ¿Torrente entrará ya en su periodo promocional?

—Mm. —Fu Hanjun asintió—. Si durante las actividades promocionales tienes que coincidir con Zhou Li, no te obligues a soportar nada. Di lo que tengas que decir. No importa si pareces arrogante o caprichoso. Sé perfectamente lo que estoy haciendo.

—Entendido. —Jian Xia sonrió.

Sintió una cálida sensación en el pecho y, sin poder contenerse, se acercó al oído de Fu Hanjun y bajó la voz.

—¿Quieres que lo hagamos una vez?

—No. —Fu Hanjun presionó suavemente la estrecha cintura bajo su palma y acarició aquella piel lisa y delicada—. Vi tu plan de rodaje para mañana. Aunque la mayoría de las escenas serán frente a una pantalla verde, los movimientos son bastante difíciles.

—Duerme —dijo.

—Entonces puedo ayudarte a…

Jian Xia empezó a deslizarse hacia abajo mientras hablaba, pero Fu Hanjun rio y lo atrapó entre sus brazos.

—No hace falta.

Le acarició suavemente el cabello fresco y sedoso de la nuca. Incapaz de contenerse, besó a Jian Xia. Su voz se había vuelto extremadamente ronca.

—Tendremos muchas oportunidades en el futuro.

Jian Xia se quedó quieto. Sus pestañas rozaron una y otra vez la ardiente piel del pecho de Fu Hanjun, provocándole una comezón que parecía penetrar hasta los huesos.

—Xiaxia. —Fu Hanjun jugueteó lentamente con su suave lóbulo—. Actuar es solo tu trabajo. No importa qué ocurra, tu seguridad siempre tiene que ser lo primero. ¿Entendido?

—Sí, ya lo sé —respondió Jian Xia con voz amortiguada.

Lo comprendía.

Si no hubiera algo realmente importante esperándolo, si Fu Hanjun no tuviera por delante una enorme tormenta que afrontar, jamás pasaría más de un mes sin ir a verlo.

Fu Hanjun no respondió. Solo bajó la cabeza y depositó un beso muy suave sobre su frente.

—Fu Hanjun —dijo Jian Xia—. No dejaré que te preocupes por mí.

Fu Hanjun siguió sin decir nada, pero su corazón se ablandó por completo.

Había venido a verlo precisamente para aliviar un poco la añoranza que llevaba acumulada en el corazón.

Sin embargo, ahora, aun teniéndolo entre sus brazos, con solo pensar que al día siguiente tendrían que separarse, descubrió que lo extrañaba incluso más intensamente que antes de venir.

Resultaba que, cuando de verdad amas a alguien, no existe remedio alguno para la añoranza.

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