Cancelaron mi compromiso y terminé casándome para atraer buena fortuna a una familia rica - Capítulo 133
Fu Hanjun jamás imaginó que aquellos sentimientos perdurarían durante tanto tiempo.
Naturalmente, en aquel momento tampoco podía prever que, más adelante, no cursaría la maestría que había planeado y mucho menos continuaría con un doctorado.
Aparte de cumplir su promesa y erradicar por completo los males que aquejaban al Grupo Fu desde hacía años, tomando el control de la empresa a los veintiocho, todos sus planes de vida parecieron desviarse de su rumbo original por el simple hecho de haber mirado una vez más a aquella persona.
Y eso que esa persona no sabía absolutamente nada.
Poco después de aquel día, comenzó el rodaje de Cuento de hadas negro y Jian Xia se incorporó oficialmente al equipo.
Como era un recién llegado sin ninguna experiencia ni contactos en la industria, apenas salía del estudio de grabación y del hotel. Dedicaba la mayor parte de su tiempo a recuperar las clases que se había perdido y a estudiar minuciosamente el guion una y otra vez.
Incluso verlo de lejos parecía haberse convertido en un lujo.
Para entonces, Fu Hanjun ya había conseguido conocer algunos aspectos de la vida de Jian Xia por sus propios medios.
Su padre, Jian Wei, tenía un pequeño negocio de transporte. Tan pequeño que no habría podido hacerse cargo de ninguno de los encargos del Grupo Fu.
Su madre, aunque no gozaba de muy buena salud, también administraba una pequeña cafetería.
Muchos años atrás, cuando la ciudad apenas comenzaba a expandirse hacia las afueras, Jian Wei había aprovechado la oportunidad para comprar una casa de tamaño mediano, donde vivía junto con la familia de su hermano menor.
Con el paso de los años, aquella zona, que en un principio estaba bastante apartada, se había vuelto muy próspera, y el valor de la propiedad se había multiplicado varias veces.
Aunque procedía del campo, Jian Wei había demostrado tener bastante buen ojo.
Como padres, Jian Wei y Jiang Fangrong respetaban y cuidaban mucho a Jian Xia. No tenían expectativas poco realistas de que su hijo debiera convertirse en alguien extraordinario a toda costa, por lo que había crecido en un ambiente libre y relajado.
En definitiva, la familia de Jian Xia era bastante común.
No eran especialmente ricos, pero pertenecían precisamente a esa clase de familias que Fu Hanjun más envidiaba y anhelaba.
Sus padres se amaban, vivían en armonía y mantenían un ambiente familiar cálido y distendido. Era un hogar lleno de felicidad.
Fu Hanjun pensaba que, si sus padres siguieran vivos, su familia probablemente también sería así.
Por supuesto, también había averiguado la identidad de la persona que había ido a recoger a Jian Xia a la salida de la escuela aquel día, y sabía que ambas familias mantenían una estrecha amistad desde hacía muchos años.
En cierto modo, su relación quizá se parecía a la que él tenía con Xiao Wanli y Yao Junlai.
Solo que Fu Hanjun era de carácter frío. Aunque siempre se había llevado muy bien con ellos, jamás mostraba en público una cercanía semejante a la que existía entre aquel hombre y Jian Xia.
A sus ojos, la intimidad de aquellos dos resultaba un poco inquietante, pero tampoco parecían exactamente una pareja…
Después de todo, no tenían esa actitud empalagosa que mostraban Yao Junlai y Xiao Wanli cuando estaban enamorados.
Aquello lo tranquilizó un poco.
Era miércoles otra vez, el día en que Fu Hanjun regresaba a la antigua residencia para cenar con su abuelo.
Por alguna razón, aquella vez también habían acudido Fu Tingqing y su familia. Además de ellos, estaba presente la familia de la tía materna de Fu Cong.
Cuando Fu Hanjun estacionó, Fu Cong estaba hablando por teléfono bajo el viejo ciprés que se alzaba frente a la entrada principal.
Al ver el automóvil, no reconoció de inmediato a su conductor.
Después de marcharse de la Escuela Secundaria Número Uno de Longcheng aquel día, Fu Hanjun había comprendido por fin que su automóvil llamaba demasiado la atención. Por eso, había comprado una camioneta SUV negra y corriente.
Un vehículo al que nadie prestaría una segunda mirada, sin importar dónde estuviera estacionado.
Desde que la tenía, rara vez conducía a la universidad alguno de los lujosos automóviles que le había regalado su abuelo, cada uno más llamativo que el anterior.
Y como aquel día venía directamente de la universidad, había utilizado naturalmente la camioneta.
—¡Hermano! —Fu Cong se quedó muy sorprendido al verlo bajar y colgó el teléfono—. ¿Cambiaste de auto?
Se acercó y lo examinó por todos lados antes de reírse.
—¿Qué pasa? Los demás cambian de auto para tener uno mejor, ¿y tú vas retrocediendo?
Al ver que Fu Hanjun no le daba importancia, insistió:
—Ten cuidado, no vaya a regañarte el abuelo por hacer quedar mal a la familia Fu.
—¿Acaso el prestigio de la familia Fu depende de los automóviles que conducimos? —Fu Hanjun finalmente lo miró con indiferencia y preguntó—: ¿Por qué vinieron hoy?
Normalmente, la familia de Fu Tingqing acudía los sábados.
—Mi primo dijo que quería venir a ver al abuelo —explicó Fu Cong—. Así que vinimos todos juntos.
Fu Hanjun respondió con un leve sonido y se dirigió hacia la residencia principal.
—Ve tú primero, hermano —dijo Fu Cong—. Tengo que hablar con un compañero para organizar una visita al rodaje de Jian Xia este fin de semana.
Fu Hanjun volvió a responder con su habitual despreocupación, pero sus pasos se detuvieron.
—¿Jian Xia? —preguntó, como si fuera algo casual—. ¿El que estaba tocando el violín aquel día?
—Sí. —Fu Cong explicó con toda seriedad—: El que toca el violín es el personaje que interpreta. En realidad, él toca muy bien el guzheng.
Vaya manera de defenderlo, pensó Fu Hanjun.
—Hace un tiempo pasé por la entrada de su escuela y creo que lo vi con su… ¿novio? —preguntó sin expresión alguna.
Fu Cong quedó tan sorprendido que, por un momento, no reparó en que su hermano, pese a mantener el rostro impasible, estaba haciendo una pregunta muy poco habitual en él.
¿Desde cuándo se interesaba por los chismes?
Se quedó desconcertado, pero enseguida se acercó, incapaz de contener su propia curiosidad.
—¿Quién está saliendo con quién?
Fu Hanjun lo miró de reojo y arqueó una ceja.
—¿Qué pasa? ¿Te gusta?
Fu Cong: «…».
—¡A mí me gustan las chicas, ¿de acuerdo?! —protestó indignado—. ¡Y eso que eres mi hermano! Ni siquiera sabes algo tan básico.
Fu Hanjun se llevó el puño a los labios y tosió ligeramente.
—El otro era un poco mayor que él, bastante corpulento y de aspecto más bien corriente. Los vi por casualidad cuando pasaba por allí.
—Ah… —Fu Cong comprendió de inmediato—. Entonces debía de ser Wei Cheng.
Levantó la mirada hacia Fu Hanjun.
—Hermano, ¡qué pensamientos tan poco inocentes tienes! Toda nuestra clase sabe que esos dos son amigos desde que eran pequeños y jugaban juntos en el barro. Jian Xia siempre ha considerado a Wei Cheng como a un hermano mayor de verdad. ¿Cómo es que los viste una sola vez y pensaste que estaban saliendo? Además, Wei Cheng tampoco es tan feo, ¿no?
—¡Oye, hermano!
Al ver que Fu Hanjun no respondía y reanudaba su camino, Fu Cong lo llamó con indignación.
Sin embargo, no alcanzó a ver la tenue sonrisa que, excepcionalmente, apareció en los ojos negros de su hermano.
Una sonrisa de alivio.
En la sala, Fu Tingqing y su esposa, junto con Wan Leshan y su esposa, acompañaban al anciano mientras tomaban té y conversaban.
Wan Baiqing estaba sentado obedientemente junto al anciano. Parecía escuchar atentamente la conversación de los adultos, pero sus ojos no dejaban de dirigirse hacia la entrada.
Por eso, en cuanto Fu Hanjun apareció, fue el primero en ponerse de pie.
—Hermano.
Fu Hanjun saludó con un gesto de cabeza a todos los presentes y se dirigió directamente a las escaleras.
Aunque ya se había llevado sus pertenencias de uso diario, su abuelo había conservado intacto su dormitorio para que pudiera quedarse allí cuando regresara de visita.
—Abuelo, subiré a ocuparme de unos asuntos —dijo con tono tranquilo.
—Ve —respondió el anciano con un ademán—. Luego le diré a la tía Lian que te llame para cenar.
Al verlo marcharse, Wan Baiqing no tuvo más remedio que sentarse de nuevo, decepcionado.
Fu Hanjun subió por la escalera de caracol y solo aminoró el paso después de doblar el último tramo.
Sabía desde hacía mucho tiempo que Wan Baiqing estaba enamorado de él.
Por eso, ahora lo trataba con especial frialdad, incluso más que cuando eran pequeños.
Si no te gusta alguien, no debes darle ninguna esperanza. Esa era la noción más elemental y fundamental que Fu Hanjun tenía sobre los sentimientos.
Y, sobre todo, detestaba la sensación de que aquella mirada pegajosa se posara sobre él.
Esa era también una de las razones por las que había decidido mudarse repentinamente a Jardines del Lago Gui al comenzar su tercer año de universidad.
Wan Baiqing y sus padres siempre encontraban alguna excusa para visitar al anciano en la residencia familiar.
En lugar de seguir soportando encuentros desagradables, prefería mudarse cuanto antes y disfrutar de un poco de tranquilidad.
Apenas había regresado a su habitación y todavía no había cerrado la puerta cuando sonó el teléfono que llevaba en el bolsillo.
Yao Junlai y Xiao Wanli lo llamaban para invitarlo a beber.
—No voy —respondió fríamente.
—Vamos, hombre. Hoy ninguno de los dos llevará a su pareja —dijo Yao Junlai.
En cuanto terminó de hablar, ambos se echaron a reír maliciosamente al otro lado de la línea.
De los tres amigos, Fu Hanjun era el único que seguía soltero.
Aunque sus pretendientes podrían formar una fila desde Longcheng hasta la ciudad A, seguía sin tener pareja. Por eso, últimamente aquellos dos se sentían especialmente superiores cuando estaban frente a él.
Fu Hanjun ya les había explicado claramente que lo único que le desagradaba era su manera empalagosa de comportarse, pero ambos insistían en interpretar sus palabras como las quejas de alguien que despreciaba las uvas porque no podía alcanzarlas.
Fu Hanjun ni siquiera se molestaba en discutir con ellos.
Si se tomara en serio cada una de sus provocaciones, aquellos dos terminarían haciéndolo morir de rabia.
—Hoy volví a la antigua residencia para cenar con mi abuelo —dijo.
—Ah, cierto. Se me olvidó que nuestro Hanjun ya se mudó.
Yao Junlai pareció apartar la cabeza para comentárselo a Xiao Wanli. Luego volvió a acercarse al teléfono.
—Está bien. Entonces ven después de cenar.
—Ya veremos.
Fu Hanjun colgó sin comprometerse.
Cuando volvió a bajar, la comida ya estaba servida. Fu Cong y Wan Baiqing estaban juntos, con las cabezas muy próximas, cuchicheando entre ellos.
Al ver que Fu Hanjun tomaba asiento, Lin Jingya les recordó:
—Ya es hora de comer.
Luego añadió:
—¿Acaso no hay muchísimos casos de esas prácticas turbias y reglas no escritas en la industria del entretenimiento?
Al escuchar las palabras «industria del entretenimiento», Fu Hanjun levantó involuntariamente la mirada.
—¡Eso ya ni siquiera puede llamarse una regla no escrita! —replicó Fu Cong con indignación—. ¡Eso fue una agresión sexual!
—Sí, sí —asintió Wan Baiqing—. Se aprovechó de que el joven artista no tenía a nadie que lo respaldara.
—A ustedes, los niños, es muy fácil engañarlos —dijo Lin Jingya entre risas—. A lo mejor fue el propio artista quien preparó una trampa para ascender.
—Vamos, coman.
Fu Cong hizo un gesto de desagrado. Al notar que Fu Hanjun había levantado la mirada, se apresuró a pasarle el teléfono.
—Hermano, ¿tú qué opinas?
Fu Hanjun bajó los ojos y vio una noticia sobre un joven artista que había sufrido abusos por parte de un inversionista.
La noticia estaba causando bastante revuelo. Debía de haberse publicado hacía poco, pero ya acumulaba más de diez mil comentarios.
Fu Hanjun no dijo nada, aunque frunció ligeramente el ceño y su mirada se ensombreció.
Aquel asunto pasó fugazmente por la mesa, como una mota de polvo, y pronto todos cambiaron de tema.
Fu Tingqing comenzó a hablar de cierto proyecto, intentando tender un puente para la familia Wan.
Fu Cong, sin importarle nada, interrumpió a su padre para bromear sobre la camioneta que acababa de comprar Fu Hanjun.
—¿Qué? ¿Hanjun cambió su auto por uno de esos? —Fu Tingqing abrió tanto los ojos que casi se le salieron de las órbitas.
—Nuestro Hanjun tiene gustos muy diferentes a los nuestros —comentó Lin Jingya con una sonrisa—. Desde que alcanzó la mayoría de edad, papá le regala uno o dos automóviles cada año, pero parece que ninguno le satisface.
Sus palabras tenían una evidente intención de sembrar discordia.
Hasta Fu Cong se sintió incómodo al escucharlas.
Sin embargo, Fu Hanjun ni siquiera levantó los párpados.
—¿Acaso uno no puede cansarse de comer grandes banquetes y querer cambiar de vez en cuando por unas verduras? —replicó Fu Cong a su madre—. Una alimentación equilibrada es necesaria para mantenerse sano, ¿no?
—Xiao Cong tiene razón —dijo el anciano señor Fu con una sonrisa.
Él mismo le puso una costilla en el plato.
Fu Cong arqueó las cejas con orgullo.
Lin Jingya había estado a punto de darle una bofetada a aquel hijo suyo para imponer su autoridad, pero el gesto del anciano la dejó completamente inmóvil.
Se esforzó por mantener una sonrisa elegante y asintió.
—Sí, justo eso iba a decir. Xiao Cong ya ha crecido y empieza a comprender las cosas. Más adelante deberías aprender de tu hermano y familiarizarte también con los asuntos de la empresa.
Fu Cong: «…».
—Hermano —Fu Cong nunca podía mantener la boca cerrada durante mucho tiempo. Después de unos instantes de silencio, volvió a preguntar—: El abuelo me contó que contrataste hace poco a un jardinero y que dejó precioso tu patio. También instalaste una sala de billar y estás aprendiendo a jugar. ¿Es verdad?
Era cierto.
Como sabía que a Jian Xia le gustaba el billar, Fu Hanjun había contratado recientemente a un instructor muy profesional y estaba aprendiendo.
—¡Vaya! —exclamó Wan Baiqing al escucharlo—. ¿Podríamos ir a visitarte algún día?
Miró a sus padres.
—Nosotros también acabamos de mudarnos y queremos arreglar el jardín.
Su madre, Lin Jingxian, sonrió y asintió de inmediato.
—Si nos gusta cómo quedó, quizá tengamos que pedirte que nos prestes al jardinero para que nos eche una mano.
—No presto a mi jardinero —respondió Fu Hanjun, limpiándose la comisura de los labios con una servilleta y levantando ligeramente la mirada.
—Ja, ja… —Lin Jingxian soltó una risita cortés.
Aunque acababan de rechazarla de manera tan directa, su rostro no mostró el menor rastro de incomodidad.
En cambio, Lin Jingya fue la primera en cambiar de expresión al ver que Fu Hanjun no les concedía ni un poco de consideración.
Wan Leshan intervino sonriente para suavizar el ambiente.
—También es cierto. En familias como las nuestras, es mejor no prestar al personal de la casa. Pero quizá más adelante podamos pedirle a ese jardinero que nos recomiende a alguien adecuado.
Esta vez, Fu Hanjun no dijo nada.
Apartó la silla, se puso de pie y tomó su gabardina para llevarla doblada sobre el brazo.
—Abuelo, tengo otros asuntos que atender. Me marcho.
Normalmente, cuando Fu Hanjun regresaba a la antigua residencia, después de cenar acompañaba a su abuelo a pasear y conversar antes de irse.
El anciano sabía que le desagradaban las personas que estaban sentadas a aquella mesa.
Por eso, hizo un ademán con la mano.
—Ve. Conduce con cuidado.
Wan Baiqing no había recibido respuesta a su petición de ir a visitar la casa y ahora tampoco se atrevía a insistir.
Solo pudo observar con anhelo cómo aquella figura alta abría la puerta principal y desaparecía en la oscuridad que ya había caído sobre el exterior.
Durante todo el trayecto, Fu Hanjun no dejó de recordar la noticia sobre el mundo del entretenimiento que había visto en el teléfono de Fu Cong durante la cena.
Cuando estaba a punto de llegar a No Du, finalmente se detuvo en una esquina, sacó el teléfono y abrió la noticia para leerla con detenimiento.
El artista afectado había debutado en un concurso de talentos y gozaba de una popularidad considerable.
Sin embargo, para competir por un papel en determinado proyecto, todavía necesitaba que alguien lo presentara a las personas adecuadas. Esperaba poder aprovechar su relación con un inversionista para tomar un atajo.
Pero una noche, después de beber, aquel inversionista lo obligó a mantener relaciones sexuales contra su voluntad dentro de un reservado.
Después del incidente, el equipo del artista solicitó al hotel las grabaciones de las cámaras de seguridad. Solo entonces descubrieron que alguien las había apagado deliberadamente antes de que ambos entraran.
Era imposible afirmar que aquello no había sido premeditado.
…
El motivo por el que el asunto acababa de salir a la luz era que el equipo del artista solo había confirmado recientemente que, aunque aquel inversionista había aportado dinero al proyecto, su participación era muy limitada y prácticamente no tenía poder de decisión sobre el reparto.
La misma noche de los hechos, el artista había salido del hotel y se había dirigido directamente al hospital, donde conservó las pruebas.
Probablemente, al descubrir que había sufrido semejante daño sin obtener siquiera el papel que buscaba, no pudo contener su indignación y decidió denunciar públicamente las acciones del inversionista.
En internet había opiniones de todo tipo.
Algunas coincidían con las de Fu Cong; otras, con las de Lin Jingya. Naturalmente, tampoco faltaban toda clase de interpretaciones diferentes…
Pero Fu Hanjun no pensó en nada de eso.
En cuanto terminó de leer, lo único que acudió a su mente fue el precario «equipo de trabajo» de Jian Xia.
Como recién llegado, Jian Xia solo tenía a una empleada a su lado.
Se llamaba Zhu Qian y procedía de la cafetería de su madre.
Nunca había trabajado en la industria del entretenimiento ni recibido formación o preparación alguna relacionada con ella. Era fácil imaginar cuál sería su nivel de profesionalismo.
En cuanto a sus contactos y experiencia en el sector, eran prácticamente inexistentes.
Un recién llegado, además, tan hermoso, puro e inexperto como él…
En una industria donde las personas podían devorarse unas a otras, resultaba fácil imaginar cuántas dificultades aguardaban a Jian Xia en el futuro.
Después de todo, aquel era un mundo dominado por completo por el capital.
El capital podía darte la vida o destruirte. Podía proporcionarte oportunidades sin descanso o relegarte al olvido, hasta que nadie volviera a recordar tu existencia.
Fu Hanjun recordó involuntariamente el brillo de los ojos de Fu Cong cuando hablaba de visitar el rodaje.
Incluso Fu Cong se sentía feliz y orgulloso de que Jian Xia hubiera podido entrar en la industria del entretenimiento. Cuánto más ocurriría con los demás muchachos.
Sin embargo, ninguno de ellos pensaba en prepararse para los peligros que Jian Xia pudiera enfrentar.
Tampoco eran conscientes del enorme precio que la mayoría de las personas debía pagar para conseguir destacar en aquel mundo.
Pero él sí.
Él pensaría muchísimo en Jian Xia y en su futuro.
Fu Hanjun apagó la pantalla del teléfono en silencio. Sus ojos brillaban de manera extraordinaria en la oscuridad.
Si Jian Xia no tenía capital ni una base sólida que lo respaldara…
Entonces, él estaba dispuesto a convertirse en su «capital» y en su «respaldo».
Porque le gustaban aquella sonrisa cálida y serena de Jian Xia y sus ojos suaves y luminosos…
Deseaba que la luz de aquellos ojos jamás se extinguiera.
Porque era la única luz que, después de tantos años, había conseguido penetrar hasta lo más profundo de su alma.
Más brillante que el sol y más cálida que sus rayos, era suficiente para disipar todas las sombras de su vida y sacarlo de aquella profunda oscuridad.
Cuando Yao Junlai y Xiao Wanli ya estaban algo ebrios, la figura de Fu Hanjun apareció finalmente al fondo del pasillo.
Caminaba con paso firme. Su gabardina de color caqui claro acentuaba las líneas largas y elegantes de su figura, y sus ojos parecían arder, iluminados por un resplandor contenido.
Yao Junlai y Xiao Wanli, que estaban a punto de reprocharle su tardanza:
«…».
Ambos se enderezaron inconscientemente, como dos obedientes alumnos de primaria, y observaron cómo Fu Hanjun tomaba asiento frente a ellos.
—Quiero fundar una empresa de entretenimiento —anunció sin rodeos.
—¿Ah? —Yao Junlai abrió los ojos de par en par, convencido de que realmente había bebido demasiado.
—¿Ah? —Xiao Wanli se quedó boquiabierto, pensando que algo andaba mal con sus oídos.
—¿Qué? —preguntaron al unísono—. Hanjun, ¿qué quieres hacer?
—Voy a fundar una empresa de entretenimiento —repitió Fu Hanjun con absoluta determinación.
Yao Junlai y Xiao Wanli intercambiaron una mirada.
Acto seguido, Yao Junlai estiró la mano y pellizcó con fuerza el muslo de Xiao Wanli, haciéndolo gritar de dolor.
—Así que es verdad… —murmuró Yao Junlai—. No estoy soñando.
—Dinos, ¿te has enamorado de alguien? —preguntó Xiao Wanli.
—¿Eres idiota? —Yao Junlai lo miró—. ¿Quién no se lanzaría a sus brazos si él se fijara en esa persona? ¿Para qué iba a tomarse tantas molestias fundando una empresa?
—Eso también es cierto.
Xiao Wanli estaba cada vez más desconcertado. No entendía qué demonios le había pasado a Fu Hanjun.
Durante un instante, los cuatro ojos de ambos quedaron clavados en él.
—Tú no eres de los que actúan por capricho. ¿Qué pasa? ¿Ya no piensas cursar una maestría?
Fu Hanjun reflexionó un momento y luego asintió.
—No la cursaré.
Entretenimiento Verano se fundó de manera inesperada, y la noticia se difundió rápidamente por los círculos de la alta sociedad de Longcheng.
Todo el mundo pensaba que Fu Hanjun solo había tenido un capricho y quería entretenerse jugando a ser empresario del espectáculo.
Sin embargo, aunque nadie se tomaba demasiado en serio aquel proyecto, el día de la inauguración acudieron todas las personas que debían estar presentes.
Algunos fueron a felicitarlo; otros aprovecharon la ocasión para hacerle favores, presentándole contactos y recursos de la industria, o recomendándole personas especializadas en determinados ámbitos…
Pero la mayoría acudió simplemente para dejarse ver y estrechar relaciones.
Nadie imaginó que Fu Hanjun se esforzaría tanto.
En apenas un año, Entretenimiento Verano produjo y estrenó su primera película, que se convirtió en un éxito inmediato.
Durante aquel año, después de pasar innumerables noches sin dormir, Fu Hanjun aprendió a fumar y terminó volviéndose adicto.
Al mismo tiempo, los distintos departamentos de Entretenimiento Verano comenzaron a tomar forma. Contrató a varios directores jóvenes y talentosos, consiguió traer del extranjero a Lu Xiuming…
Entre los nuevos artistas que firmaron con la compañía, Wan Quan destacó rápidamente y, junto con Jian Xia, quien interpretaba a Sui Meng en Cuento de hadas negro, se convirtió en una de las dos nuevas estrellas que surgieron aquel año.
Nadie sabía que, durante ese tiempo, Entretenimiento Verano había ofrecido varias veces un contrato a Jian Xia.
Lamentablemente, Jian Xia nunca había aceptado ninguna de aquellas ofertas.
Y aquella camioneta SUV negra que solía estacionarse frente al hotel del equipo de rodaje o a la entrada de la Escuela Secundaria Número Uno de Longcheng ya casi no tenía oportunidades…
No. Para ser exactos, su dueño apenas tenía tiempo de dejarla estacionada durante horas solo para poder ver a cierta persona una vez.
Durante aquel período, la única ocasión en que Fu Hanjun pudo contemplar a Jian Xia durante bastante tiempo fue el día que visitó el equipo de Cuento de hadas negro para ver a Zhou Changshan y consultarle algunas cuestiones.
Aquel día, observó a Jian Xia actuar desde la barandilla del segundo piso del estudio.
Se quedó mirándolo, absorto, durante casi toda la mañana.
El muchacho estaba profundamente inmerso en su personaje. Sus ojos brillaban cuando miraba a Huo Chong, el actor con quien compartía escena, con la dependencia propia de alguien enamorado.
Aquella mirada hacía que Fu Hanjun, al despertar de sus sueños a medianoche, no pudiera evitar perderse una y otra vez en ella.
Ese mismo año terminó el rodaje de Cuento de hadas negro, pero Jian Xia tardó muchísimo en desprenderse de su personaje.
Permaneció atrapado en aquella historia sombría y opresiva, incapaz de salir de ella.
Las pocas veces que Fu Hanjun consiguió verlo, su estado de ánimo era especialmente bajo.
Incluso sus ojos color ámbar habían perdido parte de su luminosidad y parecían más bien negros.
Fu Hanjun consultó toda clase de materiales y escribió un pequeño relato humorístico para él.
Cuando terminó, se lo envió a Xiao Wanli y Yao Junlai para probarlo, y ambos se echaron a reír a carcajadas.
Sin embargo, un solo relato no era suficiente.
No bastaba para distraer a alguien durante mucho tiempo ni para conseguir que se sumergiera por completo en una historia y riera con libertad.
Por eso, Fu Hanjun contrató a uno de los guionistas más experimentados del país en el género de la comedia para que desarrollara aquel relato y lo convirtiera en un guion desternillante.
Invitó a Jian Xia a protagonizarlo.
Fue también en aquella ocasión cuando Jian Xia le escribió una carta de rechazo muy sincera. En ella explicaba que todavía se sentía perdido respecto al camino que quería seguir y que ni siquiera estaba seguro de continuar desarrollándose en la industria del entretenimiento en el futuro.
Cada palabra de la carta transmitía humildad y dulzura.
Era exactamente el Jian Xia que Fu Hanjun conocía tan bien.
En realidad, tampoco estaría mal que no siguiera en la industria del entretenimiento, pensó Fu Hanjun en aquel entonces.
Aquel año pasó volando.
La gente dejó de llamarlo «joven señor Fu» y comenzó a dirigirse a él como «joven presidente Fu».
Al mismo tiempo, había entrado ya en el segundo semestre de su último año de universidad.
Solo esperaba.
Esperaba a que Jian Xia alcanzara la mayoría de edad para poder aprovechar su relación con Fu Cong, conocerlo oficialmente, acercarse a él y comenzar a cortejarlo poco a poco.
Todo parecía sencillo. Era únicamente cuestión de tiempo.
Incluso había comenzado a preparar una pequeña recepción para aquel año y había acordado con Fu Cong que llevara a sus compañeros.
La noticia puso a Fu Cong tan contento que casi quiso abrazarlo y darle un beso.
Aquel día fue, en realidad, un día completamente corriente.
También era miércoles y, además, el cumpleaños de Jian Xia.
Fu Hanjun estaba de un humor especialmente bueno.
Aunque todavía no tenía ninguna razón para felicitarlo personalmente, al menos sabía que, cuando terminaran los exámenes de ingreso a la universidad, podría dar un verdadero paso hacia él.
Aquella noche, como de costumbre, Fu Hanjun fue a cenar con su abuelo a la antigua residencia.
Al salir, compró un ramo de rosas de un rojo intenso con la intención de dejarlo discretamente frente a la puerta de la casa de Jian Xia.
Representaban el amor y la pasión ardiente que sentía por él.
Sin embargo, mientras se dirigía a la casa de la familia Jian, recibió una llamada de Fu Cong.
Y se enteró de que Jian Xia se había comprometido.
Fue como un rayo caído de un cielo despejado.
La noticia lo golpeó de lleno.
En aquel momento, la voz del locutor de la radio sonaba especialmente suave mientras presentaba una vieja canción.
—Escuchemos juntos esta canción de antaño. Escuchemos cómo un amor secreto también puede convertirse en poesía.
Comenzó a sonar una melodía hermosa y ligeramente melancólica.
La voz ronca y triste de una cantante resonó suavemente en el interior del automóvil.
«Temo que no sepas que sigo esperando a solas.
Cuánto deseo confesarte este amor.
En realidad, solo te he amado a ti durante toda mi vida.
Y sigo dispuesto a esperarte con todo mi corazón.
Aquella noche lluviosa pasaste silenciosamente junto a mí
y ocupaste mi corazón con mi primer amor.
Hoy te contemplo mientras caminas hacia mí.
Déjame decirte:
I love you.
Lluvia fría, detente en silencio.
Mi corazón inocente, por ti,
no teme cuántos días de viento y lluvia deba atravesar, mientras pueda seguir a tu lado…».
Un chirrido agudo de frenos rompió el silencio.
Fu Hanjun detuvo el automóvil a un lado de la carretera, en medio de las sombras.
Durante aquel año y pico, no sabía cuántas veces había permanecido escondido en la oscuridad para contemplar discretamente a Jian Xia.
Cada vez que regresaba, su corazón se llenaba de una luz cálida y feliz.
Una luz que le devolvía el calor.
Durante aquel año y pico, Jian Xia no había sabido absolutamente nada.
Pero él había saboreado una y otra vez aquel amor, lleno de anhelos y expectativas interminables.
Aquel año y pico había sido uno de los períodos más felices de toda su vida.
…
Sin embargo, había sido demasiado breve.
Apenas un año y pico.
Fu Hanjun hundió la cabeza sobre el volante.
Nadie podía ver su expresión.
El Mulsanne negro permanecía inmóvil y silencioso entre las sombras, como una bestia herida.
Y, si alguien se hubiera acercado en aquel momento, quizá habría podido distinguir a través de la ventanilla cómo las venas sobresalían en aquella mano blanca y de largos dedos que aferraba el volante con todas sus fuerzas.