Caballero en eterna Regresión - Capítulo 360
La Estocada Silenciosa.
La especialidad de Jaxon.
Sin sonido. Sin intención. Sin presencia. La hoja avanzó para cumplir su propósito: apuñalar, cortar, abrirse camino a través de la carne.
Se deslizó sin ruido hacia la espalda de Enkrid.
Si solo seguía hasta el final, el contrato quedaría cumplido.
—¿Quieres entrenar?
Jaxon se encontró mirando a Enkrid a los ojos.
La Estocada Silenciosa se detuvo.
Su espada se quedó congelada a mitad del movimiento, el brazo extendido… atrapado por la vacilación.
“¿Lo sintió y reaccionó?”
Si era así, entonces había fallado.
Clink.
La espada larga plateada de Enkrid ya estaba desenvainada, rozando con ligereza la hoja detenida de Jaxon. Un simple gesto.
Jaxon se recompuso rápido, retirando la espada a una guardia defensiva.
La vibración del contacto le trepó por el brazo.
—Le puse “Silver”.
Enkrid habló con naturalidad, alzando la hoja en vertical.
La espada reflejó la luz de la luna, inclinada en ángulo.
Fue entonces cuando Jaxon se dio cuenta.
No era que la Estocada Silenciosa hubiera fallado—
Era que él nunca se había comprometido de verdad con ella.
No había borrado por completo su presencia.
No había puesto toda su intención en el ataque.
¿Por qué?
—Jaxon.
Pronunciaron su nombre.
La luz lunar se reflejó en esos ojos azules y penetrantes.
La presión de la espada aumentó.
Los hombros de Enkrid se movieron apenas.
Jaxon reaccionó al instante.
Leyó el gesto, anticipó el tajo y retrocedió.
Whoosh.
Silver trazó un arco corto en el aire donde Jaxon había estado un instante antes.
Enkrid había atacado con precisión, sujetando guarda y recazo, controlando la trayectoria corta de la hoja.
Una técnica que confiaba en el filo puro, no en la fuerza bruta.
—Si pierdes el foco, pierdes un miembro.
Advirtió Enkrid.
Entre los dos agarres de su espada, sus ojos azules ardían, perforando la oscuridad de la noche.
Jaxon analizó.
Aceptó.
—¿Estás jugando a las ventajas de tu arma?
Normalmente habría actuado en vez de hablar.
Pero habló de todos modos.
Se dio cuenta de que esta noche era distinto.
Y aun así, no se quedó dándole vueltas.
Solo siguió el instinto.
¿Era por el contrato?
¿O por la venganza?
¿De verdad era una puñalada por la espalda?
“Qué más da.”
Imitó la forma de hablar de Enkrid en su mente, siguiendo el tono con el que siempre decía las cosas.
Sin darse cuenta.
Enkrid exhaló hondo.
Una bruma visible escapó de sus labios, estirándose bajo la luna.
—Hablo en serio. Si te contienes, te van a herir, Jaxon.
Enkrid ya no era el mismo.
Había cambiado.
Ya no era el hombre al que antes le llovían golpes desde todos lados, al que se burlaban llamándolo “guerrero veterano” solo de nombre.
Ese hombre ya no existía.
Su presencia se sentía el doble de grande.
Jaxon dejó caer la espada.
Thud.
La hoja se hundió en la tierra.
Luego sacó otra arma.
Un estilete.
—¿Esa?
Enkrid la reconoció al instante.
Un arma que Leona Lockfried había ofrecido como premio.
Algo que Enkrid ganó y regaló sin pensarlo.
Jaxon deslizó un dedo por el filo.
¿Enkrid había sabido su valor cuando lo entregó?
En aquel entonces, no había egoísmo en sus ojos.
Ahora… Jaxon le apuntaba con esa misma arma.
—No bajes la guardia. Es una petición.
Una petición.
Era la primera vez que Jaxon usaba esa palabra.
Los labios de Enkrid se torcieron apenas.
Una sonrisa.
—Entonces, media vida.
Una declaración.
Así de peligroso iba a ser esto.
No sería como sus combates de práctica de siempre.
Los ojos de Enkrid ardieron.
Ambos guerreros se sostuvieron la mirada.
La mano de Jaxon bajó.
Una daga silenciosa voló hacia la frente de Enkrid.
Artes de Percepción.
Evasión Instintiva.
Incluso sin vista ni sonido, podía sentirla—
Y esquivarla.
Inclinó la cabeza.
La hoja pasó silbando.
Pero entonces—
Vino otra.
“Desfase de tiempo.”
La técnica de Jaxon.
La táctica que una vez le enseñó a Enkrid—
Un lanzamiento escalonado, preciso.
No lo esperaba tan pronto.
Pero el cuerpo se mueve más rápido que el pensamiento.
Enkrid alzó la espada.
¡Clang!
Metal contra metal.
Chispas destellaron bajo la luna.
Y aun mientras chocaban las hojas—
Enkrid plantó el pie izquierdo con firmeza.
Había guiado sutilmente el foco de Jaxon hacia el intercambio de armas.
Y entonces—
Una patada frontal, seca.
¡Thud!
Saltó tierra.
Y con ella una hierba suelta, que le nubló la vista a Jaxon un instante.
Los ojos de Jaxon bajaron por instinto, y ajustó la postura para responder.
Ping.
Justo detrás del polvo, la espada de Enkrid se lanzó hacia delante.
Una estocada plateada.
Precisa y contenida.
Jaxon la esquivó.
Su especialidad eran los enfrentamientos directos.
Rendía mejor cuando podía controlar la pelea.
Pero esta noche—
Algo se sentía distinto.
Para Enkrid, Jaxon parecía una bestia escondiendo las garras.
Para Jaxon, Enkrid era como una piedra perfecta e inmóvil.
Sin huecos.
Sin debilidades.
Había crecido.
Lo cual significaba—
—Esto va a estar divertido.
Murmuró Jaxon.
Y Enkrid sonrió de lado.
—Claro que sí.
—Maldita sea, ¿dónde te dieron tu paliza?
Andrew había repartido habitaciones para la noche.
Pero solo había una escalera que subía a ellas.
En la base, Rem estaba sentado con calma, lanzando su hacha al aire y atrapándola como si no pesara nada.
Su sonrisa se ensanchó cuando vio la hinchazón en el pómulo izquierdo de Jaxon.
—¿No fuiste a apuñalar por la espalda y mejor peleaste de frente? Eso no es propio de ti. ¿Qué, te rechazó una chica? ¿Por eso se te zafó el tornillo?
Decía tonterías, disfrutándolo.
Normalmente, Jaxon lo habría ignorado.
Si esto hubiera sido hace unas horas, ni siquiera habría fingido escucharlo.
Pero ahora… su mente estaba lo bastante suelta para soltarle una respuesta filosa.
—¿Rechazado? ¿Qué, crees que soy tú?
Seis palabras.
Y Rem se sintió derrotado al instante.
Con solo verle la cara a Jaxon, no había manera de negarlo: era demasiado guapo.
Hasta podría ganarse la vida como “rostro” de un salón noble.
—Los hombres de verdad tienen encanto crudo, imbécil.
Rem masculló, atrapando el hacha otra vez.
Esta traducción es propiedad intelectual de Novelight.
Con solo mirar, se notaba que Jaxon había regresado de mucho mejor humor.
—No tengo energía para separar esto esta noche. Si ustedes dos se van a pelear, háganlo afuera. No me vayan a destrozar los muebles.
Enkrid habló desde atrás de Jaxon, caminando hacia la escalera.
Andrew era un tacaño.
La mansión casi no tenía velas.
Olvídate de lámparas: eso era lujo aquí.
Con solo ver las espadas de práctica de los reclutas, era obvio… este lugar no nadaba en dinero.
De noche, el interior quedaba sumido en sombras.
Enkrid prácticamente se materializó desde ahí.
Claro, Rem ya lo había sentido.
—¿Te agarraste a golpes con el Capitán?
Rem ladeó la cabeza mirando el candelabro de pared que parpadeaba.
Con esa luz tenue, se notaban las heridas de Enkrid.
Si Jaxon traía el pómulo hinchado, Enkrid tenía el ojo medio cerrado y morado.
Cojeaba, y una herida pequeña en el antebrazo manchaba las vendas puestas al aventón.
Una herida punzante: una puñalada de daga.
—Pues… carajo.
Hasta Rem tuvo que admitirlo: el cuerpo de Enkrid se había vuelto una fortaleza.
Y su habilidad…
Ya no había duda.
Para herir a alguien así, Jaxon tuvo que ir con todo.
Y Enkrid también.
—¿Te apuñaló por la espalda?
Jaxon ya había perdido todo interés en seguirle el juego.
—Muévete, antes de que te limpie ese cerebro sobretrabajado y te lo quite del cuello.
—Atrévete, cabrón. No te voy a dar ventaja nomás porque te dieron tu madriza.
—Rem, muévete.
La voz de Enkrid cortó el aire.
Rem chasqueó la lengua, pero obedeció, incorporándose con las puntas de los pies.
Los escalones de madera crujieron.
Luego, con un salto ligero, Rem cayó sin hacer ruido.
A pesar del hacha y de su cuerpo ancho, aterrizó sin sonido.
Como un maldito gato.
—Relájate, solo te estaba molestando. Pensé que si estamos en el mismo escuadrón, debería ir a cobrársela al que te dejó así. Pero… ¿esto fue un sparring?
Jaxon ya iba a media escalera, con pasos silenciosos.
Rem lo miró un momento y luego se volvió hacia Enkrid.
—Te ves bastante madreado.
—No es nada.
Enkrid sintió el dolor en la cadera, pero no era algo grave.
La cojera era solo un método para acelerar la recuperación, no señal de debilidad real.
Una de las heridas… la había dejado pasar a propósito.
Así que estaba dentro de lo esperado.
—Entonces, ¿qué pasa?
Rem no era tonto.
Sabía que Jaxon estaba raro esa noche.
Y eso significaba que Enkrid tenía un motivo para pelear así.
Enkrid chasqueó la lengua en su mente.
“Carajo. Es listo.”
Rem, pese a su bocota, era inteligente.
Rápido de mente.
Siempre atento al entorno.
Sus palabras le recordaron a Enkrid algo.
—Yo andaba huyendo tras matar al hijo de un noble. Siempre moviéndome.
Rem lo había dicho antes.
Matar al hijo de un noble y huir… eso significaba que podía permitírselo.
Si hubiera necesitado sigilo, lo habría hecho así.
Pero no lo hizo.
Lo mató de frente, asegurándose de que todos lo supieran.
¿Por qué?
Para atraer todas las miradas hacia él.
Enkrid entendió de golpe.
—Te hiciste el villano a propósito.
Se le escapó sin pensarlo.
Rem parpadeó.
¿De qué demonios estaba hablando este ahora?
—¿Estás enfermo? ¿Se te chispoteó el cerebro?
Se señaló la frente con el índice.
Enkrid lo ignoró.
En su lugar, recordó algo que Kraiss había dicho una vez.
—El Capitán es flojo para usar la cabeza, pero Rem es distinto.
—¿Distinto cómo?
—Rem lo sabe todo, pero finge que no. Solo da un paso al frente cuando lo necesita.
Si hubiera matado al hijo del noble en secreto, ¿qué habría pasado con los campesinos que ese tipo atormentaba?
Los habrían castigado peor.
Así que Rem se aseguró de que toda la atención de los nobles cayera sobre él.
Que lo persiguieran a él.
Luego los guiaba, los confundía, peleaba cuando hacía falta y, cuando llegaba el momento—
Desaparecía.
“Este cabrón es un estratega.”
Rem lo miró largo rato y suspiró.
—Esa mirada que traes está rara. ¿Estás bien?
Enkrid negó con la cabeza.
—Nada.
Pero en su mente seguía dándole vueltas.
Rem nunca había causado problemas de verdad antes de que Enkrid llegara.
Sus líos empezaron después.
¿Por qué?
Porque ahora podía permitírselo.
Ya había asegurado su lugar en el escuadrón.
Se volvió intocable.
¿Un perro salvaje?
No.
Un hijo de puta calculador.
—Sigues con esa mirada rara, viejo.
—Vamos a entretenerlo.
Enkrid desvió el tema y pasó de largo.
La habitación de Jaxon estaba arriba.
Si hubiera querido privacidad, habría escogido otra.
Así que lo oyó todo.
—Maldito gato, siempre trayendo problemas.
Rem refunfuñó, pero no se negó.
Enkrid subió las escaleras, recordando la pelea.
No la pelea como tal, sino el instante después.
—Apúñalame.
Eso le había dicho a Jaxon.
Jaxon no se movió.
—Ya acabé.
Había negado con la cabeza.
Enkrid insistió.
—Una vez no me mata.
Jaxon le había enseñado técnicas.
Recibir una puñalada de vuelta no sería injusto.
Cuando Jaxon había desenvainado desde atrás, Enkrid lo había sentido.
La intención.
La duda.
El conflicto.
Todo estaba en la punta de esa hoja.
Un solo cruce bastó para entenderlo.
El enemigo… quien fuera que movía los hilos—
Había invertido mucho esfuerzo en esto.
—Había un contrato sobre ti.
Jaxon lo había admitido en medio del combate.
Y ahora, cuando Enkrid llegó a su cuarto, solo quedaba un pensamiento.
El que puso todo esto en marcha.
El que mandó advertencia tras advertencia, asesino tras asesino.
Tendría que responder.
Y le daría la respuesta que menos quería escuchar.