A partir de ahora, pedir matrimonio es la única forma de sobrevivir - Capítulo 26
—Yeon.
—¿Sí?
Un poco mareado por una sola lata de cerveza, Shin-Yeon lo miró con los ojos dóciles y confiados de un gatito, y Sun-Ha habló.
—No sé cómo es tu hermano, pero, objetivamente hablando, eres muy hermoso. ¿Cómo que eres feo? Si acaso, tienes una belleza de esas que rara vez se ven. ¿Acaso alguien de aquí te ha dicho alguna vez que no eres atractivo?
—Bueno… los adultos suelen decirles a los chicos de mi edad que son bonitos por cortesía, ¿no? Yo crecí escuchando que no era nada comparado con el mayor y que no valía mucho la pena criarme.
Mientras abría otra lata de cerveza, Shin-Yeon se encontró sumergiéndose en los recuerdos de su infancia.
Kim Shin-Hee había sido tan hermoso desde que era un bebé que llamaba la atención dondequiera que fuera.
A diferencia de su hermano, que era el orgullo de sus padres y el centro de atención en cualquier lugar, Shin-Yeon siempre había quedado relegado a un lado.
—Mis padres solían decir que el mayor era muy bonito, pero que no entendían por qué el segundo había salido así. Mi hermano me decía que, cuando estuviéramos fuera, no actuara como si lo conociera porque yo era feo. Ja, ja.
Al crecer siendo discriminado por su propia familia, Shin-Yeon se había acostumbrado a escuchar sus quejas desde que tuvo edad suficiente para comprender las palabras.
«Criar a un segundo hijo es demasiado difícil. No debí tenerlo. Debí deshacerme de él cuando me enteré. Con uno ya es bastante difícil…».
Así fue como Shin-Yeon llegó a comprender que era un niño que no debería haber nacido y al que criaban únicamente porque no les quedaba otra opción.
Cada vez que sus padres discutían, las consecuencias también recaían sobre él, y los errores de su hermano terminaban convirtiéndose en su carga.
«¡Tu hermano ya le da suficientes problemas a tu madre, Shin-Yeon! ¿No podrías al menos hacerme caso y ayudarme? Tu hermano nunca escucha, pero nuestro Shin-Yeon es un niño tan bueno».
Por el bien de la única persona que le mostraba algo de afecto y realmente hablaba con él —su madre—, Shin-Yeon se esforzó sinceramente por convertirse en un buen hijo.
«Si Shin-Hee cuesta tanto dinero, reduzcan lo que gastan en Shin-Yeon. Con la ropa que le queda pequeña a Shin-Hee es suficiente para él».
«Ya sabes lo codicioso que es ese chico. Cuando le dije que le diera a su hermano menor la ropa que ya no le quedaba, la cortó toda con unas tijeras».
«Ugh, se porta así porque sabe que es bonito. Aun así, eso es mucho mejor que ser tonto. Shin-Hee es listo y sabe cómo conseguir lo que quiere. El segundo simplemente no tiene ninguna gracia… Tsk, tsk».
Así que Shin-Yeon también estudió mucho para no ser tonto.
«Idiota feo. Si cuando estamos fuera actúas como si me conocieras, te mataré. En serio, ¿cómo puede algo con tu aspecto ser mi hermano? Tápate la cara. Me das asco».
Pero los insultos y las palizas que su hermano le propinaba a diario eran demasiado para que un Shin-Yeon que apenas cursaba la primaria pudiera soportarlos.
«Los hermanos pelean mientras crecen».
«Los hermanos pueden discutir un poco. ¿Y qué si tu hermano te pegó un poco? ¿Viniste corriendo a acusarlo enseguida? No tienes ningún amor por tu hermano ni por tu familia».
Como, si se enojaba, el único que terminaba siendo reprendido era él, Shin-Yeon decidió pensar que aquella era simplemente su manera de demostrar afecto y nunca se rebeló ni mostró cuánto le dolía.
Mientras tanto, con el paso del tiempo, el negocio de su padre empeoró y su hermano, ya mayor, desarrolló un gusto por el lujo.
Su madre sufría terriblemente atrapada entre su padre y su hermano.
«Si tan solo uno de ellos no existiera, sufriría menos. Haah…».
Ante aquellas palabras agotadas, murmuradas casi al pasar, Shin-Yeon sintió como si algo le atravesara directamente el corazón. Queriendo aliviar aunque fuera un poco su carga, le pidió perdón a su madre en cada cumpleaños hasta que entró a la secundaria.
—Cuando era pequeño, solía disculparme con mi mamá por haber nacido. Le decía que lamentaba hacer sufrir a la familia solo por existir… pero después se enojó y me preguntó si estaba atormentándola a propósito.
Shin-Yeon lo contó con calma mientras bebía su cerveza y luego soltó una risa incómoda.
—Pero, aun así, para cuando llegué al último año de preparatoria, después de esforzarme tanto, mi mamá se había vuelto mucho más amable y mi hermano siempre andaba por algún otro lado, así que la vida se hizo más llevadera. Mi papá y yo seguimos siendo distantes.
El lugar que Kim Shin-Yeon había conseguido después de soportar tantas dificultades era algo que quería proteger a toda costa.
—No quería perder mi refugio, pero, más que eso, quería ser útil para mi familia, así que me esforcé muchísimo… y así terminaron las cosas.
Encogiéndose de hombros, Shin-Yeon contempló distraídamente el oscuro cielo nocturno y luego pensó en Seo Kyo-Shin.
El día en que su hermano regresó y el día en que tuvo su primera vez entre los brazos de Kyo-Shin.
Seo Kyo-Shin lo había envuelto con su abrigo mientras esperaba frente a la casa y lo había besado con ternura.
Shin-Yeon todavía quería al Seo Kyo-Shin que había sido tan dulce y amable con él.
—Es cierto. Hay una razón por la que terminé enamorándome del director ejecutivo Seo. La primera vez que bebí alcohol en mi vida fue con él, ¿sabes? Y cuando me emborraché por completo e hice un desastre, incluso me cedió su dormitorio.
—No me digas. ¿Su propio dormitorio?
—Sí… Y también cuando entré en celo. Cada vez que iba a casa del director ejecutivo Seo, siempre dormía entre sus brazos. Por eso no pude evitar enamorarme de él.
Shin-Yeon vaciló con la lata de cerveza entre las manos, y sus ojos se enrojecieron.
—Pensé que, si era Seo Kyo-Shin, me daría un hogar cómodo y un lugar cálido y seguro que fuera mío. Pero me equivoqué. Todo fue solo una ilusión mía. Ja, ja.
Shin-Yeon rio mientras bebía su cerveza a grandes tragos.
Sun-Ha creyó comprender por fin por qué Shin-Yeon lo había seguido con tanta facilidad.
Realmente era un gatito que no sabía nada del mundo.
Un gato doméstico abandonado que se había convertido en un callejero sin ningún lugar adonde ir.
Sun-Ha se llevó una mano a la frente. Después de escucharlo decir que quería olvidarlo todo y no volver jamás ni con su familia ni con Seo Kyo-Shin, no podía simplemente dejar solo a Shin-Yeon.
—Ese lugar… ¿quieres que te lo dé yo?
—¿Eh?
—Hay un dicho que dice que, cuando terminas una relación, olvidas a la persona anterior conociendo a alguien nuevo. Nunca creí en eso, pero ahora estoy empezando a pensar que debería hacerlo.
Los ojos de Shin-Yeon se abrieron grandes y redondos por la sorpresa.
—Un dormitorio cómodo… un lugar cálido que sea tuyo. ¿Quieres que yo te lo dé?
Sun-Ha extendió una mano, secó las lágrimas acumuladas en las comisuras de los ojos de Shin-Yeon y bajó la cabeza.
—Shin-Yeon, me gustas. Me gustaste desde el primer momento en que te vi en el autobús.
—…¿Qué?
Sun-Ha besó su frente y luego dejó escapar un suspiro cuando Shin-Yeon se estremeció.
—Este lugar, la Estancia Tradicional Seonjae… soy yo quien debe heredarlo. Mi familia es propietaria del Grupo Irim. Además de las propiedades y el dinero que ya me han asignado, también he ganado bastante por mi cuenta desde que era joven.
Pensando en sus acciones en el extranjero, las propiedades que poseía y sus demás activos, Sun-Ha continuó:
—El dinero que Seo Kyo-Shin invirtió en Suhan… yo lo cubriré por ti, así que… sal conmigo pensando en el matrimonio.
—¡¿Qué?!
Shin-Yeon se echó hacia atrás presa del pánico y estuvo a punto de volcar la silla. Sun-Ha lo sostuvo y continuó con una sonrisa.
—No salgas con un viejo. Sal conmigo de verdad.
—…!
—Y cuando estés seguro, celebraremos la boda.
Sosteniendo la mano sobresaltada de Shin-Yeon, Sun-Ha depositó un beso en el dorso y dijo:
—No estoy diciendo esto porque me haya dejado llevar por el ambiente, así que piénsalo seriamente. Y, si te parece bien, incluso podemos casarnos primero.
Ante la propuesta completamente inesperada de Hwang Sun-Ha, el rostro de Shin-Yeon y, después, todo su cuerpo se pusieron de un rojo intenso.
Seo Kyo-Shin contempló fríamente el teléfono después de que la llamada se cortara de repente y luego volvió la cabeza.
Mientras hablaba por teléfono, el equipo encargado de localizar a Kim Shin-Yeon había conseguido determinar su ubicación desde un extremo de la oficina.
—El teléfono público está cerca de la estación de Jeongeup, en Jeolla del Norte. Su tarjeta también fue utilizada en un restaurante cercano a la estación de Jeongeup.
Ante el informe del equipo de rastreo, Kyo-Shin accedió al sistema de cámaras de seguridad de la zona y revisó las grabaciones correspondientes al momento de la llamada.
Hacía tiempo que había averiguado que Shin-Yeon había comprado un boleto desde la terminal de autobuses expresos hasta Jeongeup, pero después de aquello había perdido su rastro.
Tras confirmar los registros de las transacciones de su tarjeta, había investigado todos los alojamientos, casas de baños y cibercafés de Jeongeup, pero no había encontrado ninguna señal de Shin-Yeon.
Incluso si Shin-Yeon hubiera estado utilizando únicamente efectivo, debería haber aparecido en alguna cámara de seguridad, pero no había rastro alguno.
Pensando que, cuando se quedara sin efectivo, Shin-Yeon acabaría utilizando una tarjeta o retirando dinero, Kyo-Shin también había mantenido sus cuentas bajo vigilancia, pero aquello tampoco había servido de nada.
Shin-Yeon ni siquiera había contratado una nueva línea telefónica y, a medida que todo rastro de su vida cotidiana desaparecía por completo, la sangre de Kyo-Shin se helaba.
Preparándose para lo peor, había reunido formalmente un equipo profesional de rastreo.
Después de enviarlos a Jeongeup para registrar la zona e investigar desde distintos ángulos, el equipo llegó a la conclusión de que Shin-Yeon se estaba ocultando en algún lugar donde no necesitaba utilizar dinero ni tarjetas.
Pero Kyo-Shin también se preguntaba si un chico que acababa de cumplir veinte años realmente podía esconderse de él con tanta perfección por sí solo.
Sus rastros habían sido borrados con tanta pulcritud que parecía como si alguien lo hubiera ocultado deliberadamente y, al final, Kyo-Shin incluso había comenzado a considerar la posibilidad de que lo hubieran secuestrado.
Por eso recurrió a canales más oscuros para averiguar si algún omega recesivo que acabara de cumplir veinte años había sido secuestrado durante las últimas dos semanas.
Incluso movilizó a hackers para revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad de toda la zona, pero tampoco encontró ningún indicio.
Así que el consenso terminó inclinándose hacia la conclusión de que probablemente no se trataba ni de un secuestro ni de que Shin-Yeon se hubiera hecho daño.
Incluso si Shin-Yeon hubiera tomado una decisión drástica, no habría tenido ningún motivo para borrar todos sus rastros de una manera tan exhaustiva.
Teniendo en cuenta su edad y su personalidad, en todo caso debería haber dejado más rastros, no menos.
Y tampoco parecía un secuestro. Si lo hubiera sido, alguien con algún motivo habría contactado con la familia de Shin-Yeon o con las personas cercanas a Kyo-Shin, pero nadie lo había hecho.
«¿Dónde demonios estás?».
Kyo-Shin solo se enteró mucho después de que, antes de huir de casa, Kim Shin-Hee había agredido a Shin-Yeon y de que este había abandonado la casa sangrando.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió el deseo genuino de torturar hasta la muerte a la familia de Shin-Yeon de la manera más dolorosa posible.
Pero no podía ponerles una mano encima, porque sabía que Shin-Yeon —quien ni siquiera en el momento de abandonar su hogar había conseguido desprenderse por completo de su apego hacia su familia— sufriría si lo hacía.
—…
Los ojos de Kyo-Shin estaban inyectados en sangre mientras observaba las grabaciones de las cámaras de seguridad. Desde el día en que Shin-Yeon se marchó, no había dormido más de una hora al día. Incluso cuando conseguía quedarse dormido, siempre despertaba sobresaltado.
Había estado buscándolo sin descanso desde el día en que confirmó que Shin-Yeon había bajado en la Terminal de Autobuses Expresos de Jeongeup.
Había revisado minuciosamente toda la zona de la terminal, conseguido las grabaciones de las cámaras cercanas e investigado las rutas que habían seguido las personas que podrían haber sido Shin-Yeon.
Pero cuanto más se alejaba hacia las afueras, menos cámaras de seguridad había. Además, el equipo era antiguo, lo que hacía que seguirle el rastro fuera muy difícil.
La única pista real eran las grabaciones del día en que Shin-Yeon lo había llamado.
Utilizando las imágenes de las cámaras de la zona identificada, Kyo-Shin siguió el recorrido de Shin-Yeon.
Entonces, en una grabación tomada desde otro ángulo, lo encontró dentro de una cabina telefónica.
Ver a Shin-Yeon desplomado en el suelo de la cabina, sollozando mientras lo llamaba, hizo que algo se rompiera dentro del pecho de Kyo-Shin.
Kyo-Shin comprendió con absoluta claridad lo que significaba sentir que la sangre se te secaba en las venas hasta creer que estabas muriendo.
—Mierda.
«Debí aceptar la primera vez que me tendió aquel ramo de fresias y me propuso matrimonio».
Todo lo que hacía el bebé le había parecido tan adorable y encantador que había querido seguir provocándolo, seguir jugando con él.
Por eso había evitado deliberadamente darle una respuesta clara y había continuado comportándose de una manera todavía más evasiva.
Porque incluso la forma en que Shin-Yeon hacía pucheros le parecía adorable, y le resultaba divertido verlo lanzarse a coqueteos cada vez más atrevidos para intentar conquistarlo.
Pero había otra razón por la que había seguido aplazando aceptar la propuesta de Shin-Yeon.