A partir de ahora, pedir matrimonio es la única forma de sobrevivir - Capítulo 25
—Puede que todo empezara por casualidad, pero sé que tratas a todos con educación y que te esfuerzas por aprender el trabajo. Confío en ti.
—…¡Hic!
Ante las amables palabras de Sun-Ha, Shin-Yeon sorbió por la nariz.
—Vamos a lavarte la cara al baño. El tren viene retrasado, así que todavía tenemos un poco de tiempo.
Sun-Ha tomó a Shin-Yeon de la mano y lo condujo al baño.
Después de que Shin-Yeon se lavara el rostro y eliminara los rastros de lágrimas, Sun-Ha se lo secó con toallas de papel.
Al contemplar su rostro, enrojecido de tanto llorar, incluso le apartó las gotas de agua que habían quedado en su cabello.
—¿Quieres que salgamos a caminar esta noche, solo nosotros dos?
—¿A caminar?
Sun-Ha acarició lentamente el contorno de los ojos de Shin-Yeon, ensombrecidos por sus largas pestañas.
—Podemos contemplar el paisaje nocturno y ayudarte a sentirte mejor.
Cuando Shin-Yeon asintió ligeramente, Sun-Ha lo tomó de la muñeca y dijo:
—Bien. Ahora vayamos a recibir a los huéspedes.
—Sí.
«Mantengamos las cosas lo más simples posible y concentrémonos únicamente en el trabajo.
Ahora mismo soy Kim Yeon, un empleado de la Estancia Tradicional Seonjae».
Los dos se dirigieron hacia la salida de los andenes y recibieron a los huéspedes, que llegaron muy animados.
—¡Ay, pero mira quién está aquí! Sun-Ha, ¿eres tú? ¡Has crecido muchísimo!
—¡Ya lo creo! Te convertiste en todo un hombre. Tu abuela debe estar muy orgullosa.
—¿Han estado bien? Las acompañaré hasta el auto.
Entre las mujeres mayores, vestidas con ropa alegre y apropiada para viajar, también había algunas huéspedes de mediana edad.
Una de ellas, una mujer de mediana edad con una apariencia particularmente fría, intercambió saludos con Sun-Ha y luego clavó la mirada en Shin-Yeon, quien sonreía mientras saludaba a los demás huéspedes desde atrás.
Sin percatarse de aquella mirada, Shin-Yeon mostró la sonrisa más luminosa y amable que pudo.
—Mucho gusto. Soy Kim Yeon, un nuevo miembro del personal de la Estancia Tradicional Seonjae. Probablemente nos veremos de vez en cuando durante su estancia en el hanok. Espero poder atenderlas bien.
—¡Ay, hasta tienen un empleado tan adorable aquí! Qué bonito eres. Tus padres deben estar muy orgullosos.
—¿Cómo puede alguien ser tan dulce y educado?
—Somos amigas de la señora Jeong, la propietaria del hanok. Por favor, cuida bien de nosotras durante nuestra estancia.
Ante el cálido y cortés saludo de Shin-Yeon, todas respondieron alegremente y se presentaron a su vez.
Por lo que pudo entender, uno de sus pasatiempos era hacer de vez en cuando viajes en tren con aquel grupo de amigas tan unido.
Fue mientras Shin-Yeon caminaba con las mujeres, que parloteaban como colegialas, rumbo al estacionamiento cuando la huésped de aspecto frío se dirigió a él.
—¿Cuántos años tienes, estudiante?
—Cumplí veinte este año.
—Así que acabas de convertirte en adulto. ¿Este es un trabajo de medio tiempo?
—Sí… creo que sí.
La huésped asintió y luego lo examinó de arriba abajo antes de decir:
—Me llamo Ha Min-Seon.
—Es un placer atenderla. Todavía soy nuevo, así que sigo aprendiendo el trabajo y puede que de vez en cuando cometa algún error. Si eso ocurre, por favor dígamelo en cualquier momento y lo corregiré de inmediato.
Ha Min-Seon, que había estado observando atentamente a Shin-Yeon, asintió.
Aunque su mente seguía sumida en el caos, Shin-Yeon sonrió a los huéspedes con toda la amabilidad que pudo, esforzándose por concentrarse en el trabajo.
Cuando llegaron al estacionamiento, Shin-Yeon ayudó primero a las huéspedes a subir al vehículo.
Mientras tanto, Sun-Ha guardó el equipaje en el maletero y luego se acercó a Shin-Yeon.
Abrió la puerta del copiloto y primero hizo que Shin-Yeon se sentara. Después rodeó el vehículo hasta el asiento del conductor y le abrochó el cinturón de seguridad.
Había algo ligeramente melancólico en la forma en que contemplaba el rostro de Shin-Yeon.
Las huéspedes, que observaban a los dos desde los asientos traseros, de repente se iluminaron como si acabaran de descubrir lo más entretenido del mundo.
—Nuestro Sun-Ha ya creció, ¿eh?
—El ambiente entre ustedes dos es muy sospechoso, ¿no creen?
—Entonces, ¿en qué etapa están? ¿Conociéndose? ¿Saliendo? ¿Ya son pareja?
Las huéspedes los molestaban con interés, divertidas al ver a Hwang Sun-Ha comportarse con tanta discreción cuando era famoso por tener un carácter terrible.
Avergonzado, Shin-Yeon sonrió con incomodidad y volvió la cabeza hacia la ventana.
Sun-Ha ignoró las bromas de las huéspedes y se quedó mirando a Shin-Yeon. Cuando sus miradas se encontraron a través del reflejo de la ventana, encendió el motor y dijo:
—Ahora nos dirigiremos a la Estancia Tradicional Seonjae.
Mientras todos reían y conversaban alegremente, Ha Min-Seon, sentada en la parte trasera, miró por la ventana y murmuró:
—Qué ridículos son todos… cuando el verdadero ya le pertenece a otra persona.
De regreso en el hanok, Shin-Yeon se mantuvo ocupado acompañando a los huéspedes hasta sus habitaciones, haciendo pequeños encargos y transmitiendo sus solicitudes al edificio administrativo.
Como todos los huéspedes que llegaban por la tarde aparecieron prácticamente al mismo tiempo, estuvo tan ocupado que ni siquiera tuvo oportunidad de pensar en Seo Kyo-Shin ni en su familia.
Shin-Yeon estuvo pendiente de los huéspedes hasta bien entrada la noche y entregó, habitación por habitación, los bocadillos que la propietaria había pedido preparar especialmente.
Antes de terminar su turno, pasó a preguntar si necesitaban algo más y también les deseó buenas noches. Cuando terminó, Shin-Yeon regresó completamente agotado.
—Yeon, hoy estuvimos muy ocupados, así que debió ser difícil para ti, ¿verdad? Ve rápido a descansar. Llévate también algunos bocadillos.
—Así es, ve a descansar. Te ves realmente cansado.
Ante las palabras de Jia y Soo-Jin, que estaban terminando el trabajo en el edificio administrativo, Shin-Yeon salió primero y regresó al alojamiento del personal.
¡Pum!
En cuanto entró, Shin-Yeon se desplomó boca abajo en el suelo de su habitación y se quitó los zapatos de cualquier manera, con la expresión de alguien cuya alma había abandonado el cuerpo.
—Ugh… me muero.
Permaneció tirado en el suelo, gimiendo de cansancio, hasta que finalmente consiguió levantarse y darse una ducha caliente.
Justo cuando terminaba de ponerse el grueso pijama de microfibra que Sun-Ha le había dado porque por la noche hacía frío, alguien llamó a la puerta.
—¡Sí!
Cuando terminó de vestirse y corrió hacia la puerta, Sun-Ha levantó una bolsa de plástico.
—¿Qué tal una cerveza y un paseo?
—…¡Alcohol! ¡Espera un segundo!
—Abrígate bien y sal.
Cuando Shin-Yeon se puso una chaqueta acolchada encima del pijama y salió corriendo, Sun-Ha le subió el cierre hasta arriba.
—Hay un invernadero de cristal en la colina. Por la noche, cuando encienden las luces, el ambiente es muy agradable.
Mientras envolvía la mano de Shin-Yeon con la suya y la metía en su bolsillo, Sun-Ha dijo:
—Una noche de invierno en el campo tiene mucho más encanto de lo que imaginas.
Shin-Yeon siguió tranquilamente a Sun-Ha mientras este lo guiaba por los terrenos nocturnos del hanok.
Después de subir durante unos cinco minutos, apareció ante ellos un gran invernadero de cristal con forma de cúpula, situado en un lugar desde donde se divisaban la pequeña colina y el paisaje de los alrededores.
—Guau…
—Entremos. Adentro debe estar cálido.
Gracias al pequeño calefactor que habían dejado encendido, el invernadero, decorado con bonitas y acogedoras luces, estaba agradablemente cálido.
Cuando llegaron hasta la mesa situada en medio del invernadero y se sentaron, Sun-Ha sacó de la bolsa unas latas de cerveza fría.
—¿Has bebido alcohol alguna vez?
—Sí.
¡Clic! ¡Psssh!
Después de abrir una cerveza para Shin-Yeon y entregársela, Sun-Ha abrió también la suya y luego sacó frutos secos y algunos bocadillos para acompañar.
—Cuando bebo, no suelo comer nada. Sírvete lo que quieras.
Abrió los bocadillos y los frutos secos frente a Shin-Yeon y luego chocó suavemente su lata contra la de él.
—Trabajaste duro hoy.
—Tú trabajaste más, hy…
Se detuvo antes de que aquella forma familiar de llamarlo en coreano saliera con naturalidad y bajó un poco la cabeza, avergonzado.
—Tú trabajaste más.
La cerveza enlatada, que probaba por primera vez, tenía un sabor más tostado de lo que esperaba y bastante gas. Dejando escapar el aliento ante aquella sensación refrescante, Shin-Yeon alzó la mirada hacia el oscuro cielo nocturno.
—Entonces… ¿puedes decirme qué clase de relación tienes con Seo Kyo-Shin?
—¡Cof!
Ante la pregunta tan directa de Sun-Ha, Shin-Yeon se atragantó con la cerveza. Incluso mientras tosía, lo miró con los ojos muy abiertos.
—Con esa reacción, no me digas que vas a decirme que no es nada.
—Eh… el director ejecutivo Seo era el prometido de mi hermano mayor.
—Ah…
Ante la respuesta de Shin-Yeon, Sun-Ha apretó la lata de cerveza con tanta fuerza que parte del líquido se derramó.
Así que eso significaba…
Había estado hablando de Shin-Yeon con el hombre que se suponía que se convertiría en su futuro cuñado.
—Lo dije sin saberlo, pero cometí un error. Lo siento.
—Está bien… Hubo algunas complicaciones.
Mirando su cerveza, Shin-Yeon bebió varios tragos y luego comenzó a confesar lentamente todo lo que había ocurrido hasta entonces.
Cómo Seo Kyo-Shin y Kim Shin-Hee se habían comprometido y cómo habían dejado que Shin-Hee viviera libremente durante tres años antes de que huyera embarazado del hijo de otro novio.
Confesó que, para evitar que la empresa quebrara y que perdieran la casa, había bombardeado a Seo Kyo-Shin con coqueteos y propuestas de matrimonio en lugar del hermano que había huido.
—…Seo Kyo-Shin de verdad es un maldito loco.
Sun-Ha miró a Shin-Yeon, sentado frente a él con una lata de cerveza en la mano mientras hacía aquella confesión en voz baja y con el rostro abatido.
Sonrojado por el alcohol, Shin-Yeon parpadeó con sus largas pestañas y lo miró con unos ojos que brillaban como hermosas canicas bajo la luz.
Su piel pálida hacía que el puente de su nariz y sus labios enrojecidos resaltaran todavía más.
¿Un chico como este le rogó que se casara con él y rechazó todas sus propuestas?
Pum, pum…
El corazón de Sun-Ha había latido con fuerza por la sorpresa desde el primer momento en que vio a Shin-Yeon.
Ahora, contemplando aquel rostro delicado a punto de desbordarse en lágrimas, sentía que toda su mente comenzaba a entumecerse.
—Aunque sabía que él pensaba que estaba bromeando… de verdad terminé enamorándome de él.
—Ya veo.
—No sabía que querer a alguien podía hacerte codicioso. Nunca había deseado nada. Esta fue la primera vez en mi vida… Aunque para él solo fuera una broma, quería que mi primera vez fuera con el director ejecutivo Seo.
En cierto modo, aquel primer amor arruinado, nacido de un corazón tan joven, resultaba lamentable y, al mismo tiempo, un poco adorable…
—Así que tuve mi primera vez con él y huí.
—¡¿Qué?!
Ante la confesión de Shin-Yeon, Sun-Ha levantó la cabeza de golpe, genuinamente sorprendido.
Shin-Yeon se puso rojo de pies a cabeza y murmuró con el rostro lleno de vergüenza y bochorno:
—Al director ejecutivo Seo le gusta mi hermano… pero ese día perdí un poco la cabeza… y de alguna manera conseguí seducirlo lo bastante bien como para tener mi primera vez con él. Aunque no logré seducirlo para que se casara conmigo… Ja, ja.
Sun-Ha se quedó tan atónito que perdió el habla. Se llevó una mano a la frente mientras alzaba la mirada hacia el cielo.
Seo Kyo-Shin de verdad era un maldito hijo de puta.
—Pero lo entiendo. La personalidad de mi hermano es como un residuo tóxico, pero de verdad es muy hermoso. Entonces, ¿cómo podría alguien querer a alguien tan común como yo? Además, solo soy un omega recesivo…
Ante las palabras completamente abatidas de Shin-Yeon, Sun-Ha solo pudo mirarlo con incredulidad.
¿Qué clase de tontería era esa?