¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 77
El tiempo pasó con una crueldad implacable. La última semana de Ian trabajando en la floristería desapareció en un abrir y cerrar de ojos. En su último día, Minhyuk invitó a Ian y a Jiha a cenar. El restaurante era un poco caro para un estudiante universitario, lo que hizo que Jiha se sintiera incómodo, pero a Minhyuk no parecía importarle en absoluto.
Dijo que era el último día de trabajo de su querido hermanito y que, como mínimo, podía hacer eso por él. Gracias a él, disfrutaron de una deliciosa comida. Aunque Jiha apenas podía recordar el sabor de los platos, porque por alguna razón había estado demasiado tenso.
Minhyuk e Ian compartieron muchas historias mientras recordaban el tiempo que habían pasado juntos. Jiha no esperaba que hubieran ocurrido tantas cosas en la floristería, pero al parecer había muchas más anécdotas de las que imaginaba. Incluso quedarse escuchando resultaba entretenido, ya que una historia interesante seguía a otra.
Jiha intentó imaginar cómo era Ian en la tienda. Siempre había sido una persona honesta y directa, así que probablemente no sería muy distinto… pero aun así, pensar que existía una faceta de Ian que Minhyuk conocía y él no… le producía una pequeña punzada de celos.
Cuando Minhyuk abrazó a Ian antes de despedirlo, Jiha incluso sintió una extraña inquietud. Ian debió notarlo, porque lo señaló y comenzó a burlarse de él entre risas, hasta hacer que Jiha sudara de nervios.
«¿Por qué te burlas de mí? Ni siquiera hice nada.»
Una vez que terminó su trabajo en la floristería, Ian empezó a dedicarse a distintas cosas con renovado entusiasmo. Lo primero en la lista era ir de compras. Pensándolo bien, la vez anterior también se había mostrado muy emocionado por salir de compras con Jiha.
—Hay algo que esta vez necesito hacer sí o sí.
—¿Qué?
—Tus gafas. Vamos a ponerles los lentes de una vez. Minhyuk hyung me dio un poco más en mi último sueldo.
—No hace falta…
—No me refiero a eso, tonto. ¿Ya lo olvidaste?
—¿Qué…? Ah.
—Ve a buscarlas.
¿Dónde las había guardado?
Jiha rebuscó en un cajón y sacó un estuche de gafas impecable que no había tocado desde que lo compró. Dentro había una montura plateada y delgada. Las habían comprado durante una salida de compras con Ian, con la intención de colocarles los lentes graduados más adelante.
Jiha se había olvidado completamente de ellas. No las había considerado una prioridad porque no pensaba que necesitara unas gafas nuevas.
—¿Mis gafas son tan horribles?
—El problema es que te tapan la cara. Si son cómodas, úsalas en casa, pero cuando salgas ponte estas. Pruébatelas.
—Mm.
Se quitó las gruesas gafas de montura negra y se puso las plateadas que Ian había escogido. El rostro de Ian se volvió borroso ante sus ojos, pero Ian parecía tremendamente satisfecho.
Sujetándole la cara con ambas manos, la giró hacia un lado y hacia el otro mientras lo admiraba. Y solo después de darle un beso repentino lo soltó.
—Perfecto. Guapísimo. Vamos de compras.
—Ah… está bien…
—Tengo muchísimas cosas que quiero hacer. Vamos a estar bastante ocupados.
—¿Como qué?
—Para empezar, quiero tener una cita con Lee Jiha vestido de pies a cabeza por mí.
—Así que de verdad no te gusta cómo me visto.
—No exactamente. Solo me gusta la idea de que mi hombre se vea como si hubiera sido tocado por mis manos.
Si eso era lo que Ian quería, Jiha no tenía motivos para negarse.
Lo llevó al centro comercial al que habían ido una vez antes. Seguía estando bastante concurrido, hasta el punto de marear, pero esta vez no le resultó tan abrumador. Quizá había menos gente que la vez anterior, o quizá la mentalidad de Jiha había cambiado.
Con Ian pegado a su lado, hablando sin parar de cualquier cosa, apenas le quedaba espacio para preocuparse por quienes los rodeaban.
Ian recorrió las tiendas lleno de entusiasmo. Una vez más, las dependientas parecían más interesadas en él que en Jiha, deseando recomendarle aunque fuera una prenda más que pudiera quedarle bien.
Pero Ian no compró nada para sí mismo.
Jiha creía entender la razón, y aquello le dejó un sabor amargo en la boca.
Mandaron hacer los nuevos lentes para las gafas de Jiha, compraron ropa que él jamás había usado y se probaron todavía más conjuntos. Al poco tiempo, varias bolsas de compras colgaban de las manos de Jiha.
Para llenar sus estómagos hambrientos, se detuvieron en una cafetería, donde compartieron pastel y pan mientras conversaban. Sentados allí de esa manera, realmente parecía una cita de verdad.
Algo de lo que Jiha nunca había sido demasiado consciente.
—Dijiste que había muchas cosas que querías hacer. ¿Qué más?
—Primero, quiero beber hasta emborracharme por completo. Me di cuenta de que nunca me he emborrachado de verdad. La vez pasada no cuenta.
—Podemos hacerlo esta noche.
—¡Perfecto!
—¿Algo más?
—Mmm…
Ian fue contando con los dedos.
Viajar juntos, ir al gimnasio, ver una película, cocinar juntos… Eran cosas bastante simples, y la mayoría ya las habían hecho antes.
Cuando Jiha se lo señaló, Ian respondió que simplemente quería volver a hacerlas, solo ellos dos.
Jiha asintió.
Era cierto. Llenar aquellos dos meses con todo eso sería más que suficiente.
—Y hay una cosa más.
—¿Qué?
Ian bajó la cabeza y miró alrededor. Intrigado, Jiha también se acercó.
—Hacer algo muy indecente.
—…
—¿Por qué no dices nada?
—Bueno… ya hacemos esas cosas… todos los días, ¿no?
—Sí, pero me refiero a algo… más intenso.
—¿Y exactamente cómo sería eso?
—No he pensado tan lejos.
—¿Qué?
—En cualquier caso, quiero hacer algo así. Algo que de verdad me haga latir el corazón.
¿Qué demonios significaba eso?
Jiha no podía imaginarlo. ¿Qué más podían hacer aparte de todo lo que ya hacían?
—¿Como… afuera?
—¿Estás loco?
—Sería emocionante.
—Ese no es el punto. Eso está descartado.
—Qué aburrido. De todos modos, nadie me recordará después, así que ¿qué importa?
—Ese no es el problema.
¿Por qué Ian parecía tan insatisfecho?
No me digas que hablaba en serio.
—De todos modos, quiero hacer ese tipo de cosas contigo. Citas dulces y también cosas ardientes.
—Está bien. Hagamos todo lo que podamos.
—Jeje. De acuerdo.
Ian sonrió con tanta facilidad que Jiha también terminó esbozando una pequeña sonrisa mientras le acariciaba la mejilla.
Sí.
Necesitaban seguir adelante, mantenerse ocupados y no dejar espacio para la tristeza.
Decidieron comenzar de inmediato.
Lo primero: beber.
Como tenían tiempo de sobra, no necesitaban preocuparse por el día siguiente. Por insistencia de Ian, incluso se cambiaron y se pusieron la ropa nueva antes de volver a salir.
Un jersey negro de cuello alto bajo una camisa beige ajustada, rematado con un abrigo largo.
Era un estilo completamente distinto al habitual de Jiha y se sentía incómodo, pero a Ian parecía encantarle. Las nuevas gafas también seguían resultándole extrañas.
—Mm. Perfecto.
—¿Te gusta?
—Sí. Muchísimo. Te ves mucho mejor cuando puedo verte la cara. La gente que te conoce se va a llevar una sorpresa.
¿Por qué se veía tan orgulloso?
Tomados de la mano, se dirigieron al bar que Ian había elegido de antemano. No era un lugar ruidoso y abarrotado donde la gente iba a ligar, como la última vez, sino un sitio acogedor, con una atmósfera íntima y semiprivada.
Cuando llegaron, el murmullo seguía siendo bastante fuerte, pero era un buen lugar para pasar tiempo juntos.
—Muy bien. Observa atentamente mi capacidad para beber.
—Adelante. Yo no voy a beber. Me emborracho enseguida.
—Está bien. Entonces cuídame cuando me quede hecho un trapo.
—Sí, sí.
Con los ojos llenos de expectación, Ian destapó la botella de soju.
Jiha se la quitó de las manos y le llenó el vaso hasta el borde.
Ian se lo bebió de un solo trago, y Jiha rápidamente tomó algunos aperitivos para darle de comer. Ver a Ian comer tan obedientemente hizo que Jiha también tomara un bocado.
Era una simple croqueta de pescado, de las que se podían encontrar en cualquier parte.
Mientras Ian comenzaba a servirse él mismo otra copa, Jiha llenó un cuenco con abundante sopa de pastel de pescado y la colocó delante de él.
—Mm. El alcohol sabe dulce esta noche. Creo que me irá bien.
—No bebas tan rápido. Te hará daño al estómago.
—Está bieeennn, papá. Tú también deberías beber.
—Ya te dije que no me llames papá.
Ian bebía con muchísimo entusiasmo.
Su ritmo era lo bastante rápido como para preocupar.
Cuando estaba a punto de terminar la primera botella, un suave rubor se extendió por sus mejillas y había un ligero aire de euforia en él. Parecía que el alcohol comenzaba a hacer efecto.
Aun así, viendo lo animado que seguía charlando, era difícil decir que estuviera tan «borracho» como él quería.
Bueno, parecía feliz, así que quizá era suficiente.
—Ya empiezas a parecer borracho.
—¿Sí? Tal vez. Me siento bien. Sería mejor si tú también bebieras.
—Me emborracho demasiado rápido. No podría seguirte el ritmo.
—Me preocupa que te aburras.
—Verte a ti ya es suficientemente entretenido.
—¿Por qué? ¿Porque volverás a enamorarte de mí?
—No. Porque eres gracioso.
Ian hizo un puchero y se quejó al instante, pero enseguida cambió de tema y volvió a hablar sin parar.
Eso era precisamente lo que a Jiha le resultaba divertido de él.
También era extraño cómo siempre parecía tener algo que decir.
Después de conversar durante un buen rato y de haber llegado aproximadamente a la mitad de la segunda botella de soju, Jiha finalmente se levantó.
Había algo que le molestaba desde hacía un rato.
—¿Qué pasa?
—Muévete.
Jiha empujó a Ian hacia el asiento de la esquina y se sentó a su lado, llevándose también todos los platos. Miró alrededor, como si intentara ocultar a Ian de la vista de los demás.
—¿Qué estás haciendo?
—La gente no deja de mirarte.
—¿Dónde?
Jiha desvió sutilmente la mirada.
Los ojos de Ian siguieron la dirección y luego volvió a mirar a Jiha con una sonrisa cómplice.
—¿Ves? Aunque después nadie vaya a recordarme, parece que sigo siendo popular.
—Eso parece.
—Esto no sirve. Tendrás que dejar claro que soy tuyo.
—¿Cómo…?
—Aquí.
Ian curvó los ojos en una sonrisa brillante y se señaló suavemente los labios con la punta del dedo.
Jiha miró alrededor con cautela y se inclinó hacia él.
—Vaya, por una vez realmente vas a hace—mm…
En un instante, la lengua de Jiha se deslizó dentro de su boca.
Le sostuvo la mandíbula, acariciando su lengua y rozando el paladar hasta que Ian se estremeció con un leve ceño fruncido.
Jiha presionó suavemente sus labios antes de apartarse.
El rostro de Ian se puso completamente rojo. Se cubrió la boca con los dedos y giró la cabeza.
—Q-qué… Eso estuvo… bastante caliente, ¿sabes?
—Tú lo pediste.
—¡Me refería a un piquito!
—Dijiste que querías dejarlo claro. Pensé que esto era lo mínimo.
—Te has vuelto más atrevido, ¿lo sabías?
—Ni idea.
Jiha le sirvió soju para cambiar de tema.
Ian soltó una risita y se bebió el vaso entero de un trago.
—Mm, sabe bien. Debe de ser por el acompañamiento.
—No me trates como si fuera un acompañamiento.
—¿Y qué tiene de malo? Ya que estás sentado a mi lado, al menos cumple con tu trabajo.
—Solo bebe despacio.
Mientras Ian se estuviera divirtiendo, a Jiha no le importaba.
Mantuvo un brazo alrededor de sus hombros, depositando de vez en cuando suaves besos en su sien y su mejilla mientras se ocupaba de servirle la bebida.
En algún momento, tres botellas vacías ya se habían acumulado sobre la mesa.