¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 76

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No había ni rastro de tristeza o desesperación en el rostro de Ian.

Hablaba como si estuvieran teniendo una conversación cualquiera, decidiendo qué desayunar o planeando las compras del día siguiente.

Pero ¿olvidarlo?

¿Cómo?

Jiha no sabía cómo hacerlo.

Su expresión torcida se negaba a relajarse.

—Qué demonios… ¿Cómo se supone que voy a olvidarte?

—Si de todos modos voy a desaparecer, es mejor olvidar. ¿No es raro seguir recordando a alguien que ya no existe?

—Pero tú no eres alguien que no existe.

—Pero eso será lo que termine pasando. Nunca fui realmente una persona de este mundo.

—…

—Aunque no te diga que me olvides, terminarás olvidándome tarde o temprano. Quizá sea mejor así.

—¿Cómo puedes decir que eso es mejor? ¿Por qué hablas así?

—Porque así no estarás solo.

—…

—Relaja esa cara. Solo estoy siendo realista.

Ian presionó la punta de los dedos sobre el ceño fruncido de Jiha.

Intentar alisarlo solo hizo que su expresión se volviera todavía más extraña.

Ian soltó una pequeña risa.

Jiha no pudo reír con él.

—Si regreso… probablemente ni siquiera recuerde haber estado aquí. O todo terminará con un: «¡Ah! ¡Fue un sueño!». Porque en la novela tú no existes.

Si la novela volvía a publicarse, seguramente Ian no recordaría a Jiha.

Después de todo, Jiha no formaba parte de aquella historia.

Al final, dejarían de existir el uno para el otro.

Todos se olvidarían entre sí.

No tenía sentido que solo Jiha recordara a Ian.

Eso significaba…

Él también lo olvidaría.

Jiha olvidaría a Ian.

—Si fueras el único que me recordara… sería demasiado solitario, demasiado doloroso. No quiero eso. No quiero que sufras. Es mejor que todo se borre.

—Ni siquiera puedo imaginarlo.

—Solo volverías a cómo eras antes.

—Aun así… he cambiado mucho desde entonces…

—¿Has cambiado?

—Probablemente.

—¿Cómo? Dímelo. Quiero saberlo.

Los ojos de Ian brillaron de emoción.

Jiha lo atrajo suavemente hacia sus brazos.

Ian se dejó abrazar con facilidad, apoyando la cabeza sobre el hombro de Jiha mientras pensaba en silencio.

Sin duda, Jiha había cambiado después de conocer a Ian.

Sin embargo, le resultaba difícil señalar exactamente qué había cambiado.

—Supongo que… ahora pienso más seguido: «Lo que tenga que pasar, pasará». Y aun así, nunca ocurre nada tan terrible.

—¿Eso… es algo bueno?

—Tal vez. Siempre he tenido el problema de pensar demasiado las cosas, así que sí.

—¿Y?

—Y…

Jiha se preguntó si debía decirlo.

Jugueteó con el cabello de Ian sin motivo alguno antes de conseguir hablar con una voz tímida y apenas audible.

—Estar contigo…

—¿Mhm?

—Me hizo pensar que quizá… no soy una persona tan horrible como creía.

—¡Ja, ja! ¡No le des tantas vueltas, dilo bien!

Ian levantó la cabeza de repente, haciendo que Jiha casi se mordiera la lengua.

Antes de que pudiera quejarse, Ian le sujetó las mejillas con ambas manos.

Por alguna razón, su rostro brillaba de pura felicidad.

—Ay…

—¿Qué fue eso? Dilo otra vez.

—Que… no soy tan malo como pensaba.

—No basta. Dilo bien.

—¡Creo… que en realidad soy una persona bastante buena!

—¿Ves?

—¿Qué se supone que vea?

La cara de Jiha se puso roja de vergüenza, pero Ian parecía todavía más radiante, completamente feliz.

De repente, lo besó, haciendo que el rubor de Jiha se intensificara.

—Bien. No olvides eso.

—¿Olvidar qué?

—Que eres una buena persona.

Ian apoyó su frente contra la de Jiha y sonrió mientras lo sostenía como si fuera algo valioso.

Su aroma era dulce.

Su voz, suave y tranquilizadora.

Jiha lo observó fascinado.

—Puedes olvidarme… pero espero que nunca olvides que tú, Lee Jiha, eres una persona realmente buena.

—¿De verdad te parece bien?

—Sí. Con eso me basta.

—Pensé que dirías algo como: «Si me olvidas, no te lo perdonaré».

—Ja, ja. Supongo que eso encajaría mejor con mi personaje… pero si las cosas van a ser así, no voy a pelear contra ello. Me preocupas más tú.

—¿Qué hay de qué preocuparse? Tú mismo dijiste que soy tu papá.

—Entonces ponte en el lugar de un hijo que tiene que dejar atrás a su papá. ¿No te preocuparías tú también?

Jiha inhaló profundamente entre los brazos de Ian.

Sentía que podría ahogarse en el aroma de Ian y ser feliz de esa manera.

Lo abrazó con más fuerza, cerrando los ojos mientras escuchaba los latidos de su corazón, su voz y su fragancia.

Era embriagador.

—Lee Jiha, tienes la costumbre de dejarte demasiado solo, y eso me preocupa. Me esforcé mucho por llevarte a lugares, por apreciarte, pero si olvidas todo eso y vuelves a ser el Jiha que se odiaba a sí mismo, me rompería el corazón.

—Entonces ¿qué debo hacer?

—Tendremos que grabarlo profundamente en tu cuerpo para que nunca puedas olvidarlo.

—¿Cómo?

—Mmm…

Ian lamió suavemente el cuello de Jiha, ascendiendo poco a poco con el borde de sus labios.

Para ese momento, devorarse y complacerse mutuamente sin ninguna razón se había vuelto algo completamente natural, hasta el punto de que ya no quedaba espacio para la vergüenza.

Un suspiro perezoso escapó de Ian cuando Jiha inclinó la cabeza, ofreciéndole mejor acceso.

Ian recorrió lentamente la línea de su cuello con la lengua, saboreándolo como si fuera un postre dulce.

—Por supuesto… haremos mucho de esto…

—¿Y?

—Y pasaremos el resto del tiempo saliendo, hablando mucho… Ah, ¿vamos de compras?

—¿De compras?

—Antes de irme tengo que arreglar tu guardarropa. Te cubres demasiado.

—¿Ah, sí? ¿Entonces debería andar desnudo?

—Hay formas de mostrar un poco sin quitarse la ropa. Deja de usar siempre sudaderas y esas camisas de cuadros enormes. No te ayudé a elegir ropa de invierno decente y ya volviste a esto.

—Entonces tendrás que escoger mi ropa.

—Lo haré. Lo cambiaré todo.

—Dudo que haga mucha diferencia.

—Haré una enorme diferencia. Confía en mi gusto.

Se besaron entre risas.

La conversación se derritió en miradas ardientes, en manos que se deslizaron bajo la ropa.

Se había vuelto algo natural.

Sin introducciones.

Sin advertencias.

Jiha se dejó empujar hacia atrás por el peso de Ian.

—Mmm… ¿Hoy lo hacemos en el suelo?

—Te va a doler la espalda.

—Entonces podemos subir a la cama cuando llegue ese momento.

—Haz lo que quieras.

Se besaron.

Poco a poco, la ropa fue cayendo y quedando esparcida mientras sus cuerpos se enredaban.

El calor de su piel solo alimentaba aún más el fuego que ardía entre ellos.

Era como si la conversación sombría de hacía apenas unos minutos jamás hubiera existido.

En lugar de eso, se intercambiaban calor y cercanía.

Se sentía bien.

Tan bien que todo lo que llenaba aquel momento resultaba casi insoportablemente feliz.

«¿De verdad voy a olvidar todo esto?

Tú ya estás grabado profundamente dentro de mí».

Ya no quedaba lugar para la desesperación.

Ian ardía con una extraña determinación.

Aprovecharía al máximo el tiempo que le quedaba.

Pronto nadie lo recordaría.

Sería borrado de este mundo y regresaría a la novela.

Era un destino tan irritante, tan injusto, que las palabras no bastaban para describirlo.

Pero si no podía evitarse, entonces viviría esos últimos días saboreándolos por completo.

Amaría a Lee Jiha con todo lo que tenía.

Hasta que amar se volviera algo natural.

Hasta que se convirtiera en un instinto.

Para que, aunque los recuerdos desaparecieran, quizá la sensación de haber sido amado permaneciera.

Al menos, eso esperaba.

Le dio una excusa a Minhyuk.

Dijo que todo había sido repentino, pero que debía volver a donde vivían sus padres.

También añadió que quería dejar el trabajo para pasar más tiempo con Jiha.

Aunque Minhyuk se sintió muy apenado, no hizo más preguntas.

Lo único que le pidió fue que siguiera yendo durante aproximadamente una semana más, ya que le resultaría triste que se marchara tan de repente.

—Aunque esté renunciando de repente, hyung, no me preguntas nada.

—Porque eres tú. Pensé que debía de ser una decisión que meditaste mucho.

—Confías demasiado en mí. ¿Y si en realidad soy irresponsable y estoy metido en algo turbio?

—Entonces estaría agradecido de que renunciaras por tu cuenta.

—Vaya. Qué frío.

—¿Qué? Lo dijiste tú mismo. En fin… debe ser duro empezar una relación con Jiha y separarte enseguida. Una relación a distancia no será fácil.

—Bueno… sí.

Una relación a distancia.

Habría sido mejor si fuera solo eso.

Pero Ian no corrigió a Minhyuk.

Después de todo, Minhyuk también lo olvidaría pronto.

No había necesidad de dar explicaciones complicadas.

Aunque revelara de repente toda la verdad, nadie creería una historia así.

Por un momento consideró contarlo todo de todos modos, solo para ver cómo reaccionaría Minhyuk antes de que todo desapareciera.

Pero decidió no hacerlo.

Este era el mundo de Jiha.

Ian no quería alterarlo con una imprudencia inútil.

Si Jiha terminaba metido en problemas después de perder los recuerdos por culpa de él, un intruso en este mundo, sería un desastre.

Jiha no parecía el tipo de persona capaz de manejar ese tipo de situaciones con rapidez.

Un intruso.

Eso era él.

Pensar en sí mismo de esa manera le dolía.

¿Así se había sentido Jiha cuando se veía a sí mismo como un extra?

¿Siempre estuvo rodeado por esa clase de soledad?

Qué triste.

Pero en este mundo Jiha jamás podría ser un intruso.

Jamás sería solo un extra.

—Hyung.

—¿Sí?

—¿Cómo puedo… pasar felizmente el tiempo que me queda con Jiha?

—No necesitas que te lo diga. Lo harás bien.

—Vamos, dame algún consejo.

—Deja de obsesionarte con hacerlo todo perfectamente. Con estar juntos basta. No intentes forzar algo especial. ¿No es precisamente este el momento en el que simplemente estar juntos ya se siente bien?

—Es cierto.

—También podría ser divertido hacer las cosas que hacían antes de empezar a salir. Ah, hay algunos restaurantes que quería recomendarte. Lugares que serían perfectos para ustedes dos.

—Vaya, ¿así que piensas en mí incluso cuando no estoy? Qué gran hermano eres.

—Por supuesto que sí. Siempre te he tratado bien, ¿no?

Sí.

Un buen hermano.

Minhyuk lo había ayudado a adaptarse y a encontrar su lugar en este mundo.

Era una lástima tener que separarse de él de esta manera.

Aunque incluso ese sentimiento de arrepentimiento desaparecería.

—Mantente en contacto, ¿de acuerdo? Y si vuelves a Corea, ven a verme. Te invitaré a comer.

—Sí. Lo haré.

Era una mentira.

Ian no iba a llamarlo.

Y Minhyuk tampoco estaría esperando esa llamada.

Probablemente incluso olvidaría a Jiha.

Una vez que Ian desapareciera, el vínculo entre Minhyuk y Jiha también desaparecería.

Como mucho, Minhyuk quizá recordaría a Jiha solo como el estudiante que vivía al lado de la casa de su madre.

Ian se preguntó cómo sería el mundo después de que él desapareciera.

Seguramente había dejado huellas aquí y allá, consciente o inconscientemente.

Pero ¿también desaparecerían todas ellas en vano?

¿Y qué pasaría con el segundo cepillo de dientes que había en la casa de Jiha?

¿Qué pensaría Jiha al encontrar un cepillo que parecía haber aparecido de la nada?

Al final, sería mejor tirarlo antes de que llegara ese día.

No podía arriesgarse a sembrar la más mínima confusión en los recuerdos de Jiha.

Ian decidió comenzar a poner en orden su entorno poco a poco.

Borraría sus huellas.

Se prepararía para ser olvidado.

Sin darse cuenta, había desplazado el lugar que le correspondía a Jiha.

Ahora debía corregirlo.

Para que, al final, solo permaneciera en este mundo aquello que realmente pertenecía a Jiha.

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