¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 61

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡Esto no es un Omegaverso!
  4. Capítulo 61 - Resolución (1)
Prev
Next
Novel Info

Ian permaneció postrado en cama durante tres días enteros.

Durante ese tiempo sufrió varias convulsiones. Se arañaba el propio cuerpo mientras gemía de dolor, hasta el punto de empujar a Jiha sobre la cama y subirse encima de él. Jiha le permitía hacer lo que quisiera, ya fuera empujarlo o destrozarle la ropa. Pero nunca llegaban a tener relaciones sexuales, porque Ian rompía a llorar de repente, sollozando de forma incontrolable. Jiha, sin entender el motivo, solo podía abrazarlo e intentar calmarlo.

El celo de Ian se prolongó de manera anormal y presentó síntomas muy variados: fiebre alta, excitación, tos, sudores fríos, dificultad para respirar, delirios, náuseas y, en ocasiones, vómitos. Incluso se desmayó dos veces.

No fue hasta bien entrada la noche, cuando el fin de semana había terminado por completo, que Ian empezó a recuperar la lucidez. Cuando sus pupilas, que se habían afinado como las de un gato, comenzaron poco a poco a volver a la normalidad, Jiha, que había permanecido tenso todo ese tiempo, por fin pudo respirar aliviado.

—Ah…

—¿Te sientes un poco mejor?

—Sí… Tengo hambre…

—Claro que tienes hambre. Apenas bebiste agua.

—Pero no quiero comer.

—Tienes que hacerlo. O al menos beber agua. Has sudado demasiado.

Jiha se apresuró a sacar un vaso del armario, lo llenó de agua y se lo entregó. Ian lo aceptó de mala gana. Apenas logró dar unos sorbos antes de dejarlo nuevamente.

—¿Qué hora es…? No, ¿qué día es?

—Lunes. Las tres de la madrugada.

—¿Qué? Ah, no… ¿No has dormido nada?

—No. Dormí algunas siestas cuando parecías encontrarte mejor.

—No me di cuenta de que había estado enfermo tanto tiempo…

Ian se dejó caer de nuevo sobre la cama. Jiha observó su rostro alarmado, pero por suerte parecía tratarse solo del cansancio acumulado. Aun así, la forma en que se presionaba la frente mientras gemía no era una buena señal.

—Estoy mareado…

—Descansa un poco más. Quizá luego puedas comer algo.

—Sí… Si como ahora, voy a vomitar.

—Avísame si te apetece algo. Iré a comprarlo.

—¿A esta hora? ¿Adónde?

—A la tienda de conveniencia, al menos. No hay nada en casa que valga la pena comer. No pude salir a hacer compras.

—¿De verdad no saliste ni una sola vez?

—¿Cómo iba a hacerlo? ¿No recuerdas cómo estabas?

—No mucho. Solo algunas partes… Lo único que recuerdo es que fue un infierno.

Soltó un profundo suspiro. Ian parecía atormentado solo con recordar lo que había pasado, pero Jiha sentía alivio simplemente al escuchar que su voz sonaba mucho más fuerte que antes.

Ian se giró boca arriba y se quedó mirando el techo. Sus ojos, aturdidos y cargados de cansancio, permanecían perdidos en algún punto del vacío.

—Debió de haber sido duro para ti, Lee Jiha.

—¿Eh?

—Me limpiaste y cuidaste, ¿verdad? Estoy mucho mejor de lo que esperaba.

—Bueno… Más o menos.

—Debes de estar agotado. Ven a acostarte también.

Volvió a moverse. Acurrucado de lado, observó a Jiha en silencio con unos ojos que parecían pesados por los pensamientos. Después palmeó el espacio a su lado.

—Abrázame mientras duermo.

—…

Sus ojos, empañados por el agotamiento, brillaban como si estuvieran suplicando. Jiha se acostó a su lado en silencio. Él también estaba exhausto. Los exámenes, las tareas y todo lo que había dejado pendiente cruzaron fugazmente por su mente. Pero cuando Ian se acercó como un niño que busca consuelo y apoyó la cabeza contra su pecho, Jiha dejó a un lado esos pensamientos.

Una tenue fragancia llenó sus brazos.

Era el aroma de Ian.

Aunque ya le resultaba familiar, Jiha se dio cuenta de cuánto lo había extrañado. Sin darse cuenta, enterró la mano en el cabello de Ian y lo acercó más.

El sonido de sus latidos resonaba entre ambos.

Pum. Pum.

Ese ritmo constante traía consigo calma y somnolencia. Los párpados de Jiha comenzaron a pesarle. El cansancio que no había sentido durante aquellos días de miedo y preocupación se abatió sobre él de golpe.

—No te enfermes.

Apretó más los brazos alrededor de Ian, como si esperara una respuesta.

Pero las palabras que se acumulaban en los labios de Jiha nunca llegaron a salir. Volvió a cerrar la boca.

Ian, acurrucado contra él, no lo vio.

El cuerpo de Jiha pesaba como plomo por el agotamiento, pero el sueño no llegaba con facilidad.

Su cabeza estaba demasiado llena.

Junto con el cansancio llegaron pensamientos dispersos y preocupaciones que daban vueltas una y otra vez detrás de sus párpados cerrados, impidiéndole dormirse de verdad. Sin embargo, Ian parecía haberse quedado dormido en algún momento. Su respiración, tranquila dentro de los brazos de Jiha, se había vuelto lenta y uniforme.

Jiha intentó acompasar su respiración a la de Ian, obligándose a descansar.

Por suerte, o quizá por desgracia, el agotamiento terminó arrastrándolo a las profundidades del sueño.

Y entonces soñó.

Olvidó los detalles en el instante en que la alarma lo despertó, pero la pesadez que dejó el sueño continuó aferrada a él incluso después de que la somnolencia desapareciera. Solo recordaba una cosa: Ian había aparecido en el sueño, y su expresión estaba llena de un dolor insoportable.

«¿Estoy preocupándome demasiado por su salud…?»

Su cuerpo se sentía pesado, probablemente por haber dormido mal.

Aun así, tenía que levantarse.

Cuando se movió con cuidado para incorporarse, Ian se removió y levantó la cabeza.

—Oh, ¿ya te levantaste?

—Sí…

—Todavía te ves agotado… ¿Estás bien?

—Solo… aturdido. Tal vez no he terminado de despertarme.

—No es eso. Tu cuerpo está caliente… Déjame comprobarlo.

Jiha se dio cuenta de que el calor entre sus brazos había sido demasiado intenso. Rápidamente tocó la frente de Ian.

Estaba ardiendo.

Sosteniendo la cabeza decaída de Ian, lo observó de cerca. Por suerte, sus ojos parecían normales, aunque cansados.

—No es el celo otra vez, ¿verdad?

—No lo creo… Se siente diferente. Solo me siento débil…

—¿Quizá te resfriaste?

—Ja… En serio, ahora estoy coleccionando enfermedades.

—Descansa hoy. Llamaré al hermano Minhyuk.

—No, no puedes… Dijo que hoy estaremos muy ocupados…

Ian intentó incorporarse apoyándose en la cama, pero terminó cayendo de bruces.

—Toma medicina y descansa. No podrás trabajar así.

—Ugh… Qué fastidio. ¿Por qué de repente me tocó el papel del enfermo inútil?

—¿Estás llorando?

—No. Pero siento que estoy a punto.

Su voz temblaba tanto, y además estaba sorbiéndose la nariz, que cualquiera podía darse cuenta de que había estado llorando.

Después de pasar tantos días enfermo y sin comer adecuadamente, aunque el celo hubiera terminado, era imposible que su cuerpo estuviera bien. Al menos era un alivio que Jiha hubiera comprado bastantes medicamentos por si acaso. Se apresuró hacia el armario, tomó un vaso y empezó a revisar la bolsa de medicinas.

—Ah, espera. No deberías tomar esto con el estómago vacío.

—Olvídalo. Ve a lavarte y sal ya. Yo me las arreglaré.

—Pero aun así…

—¡Vete!

Una almohada salió volando hacia él.

Con tan poca fuerza detrás, solo cayó al suelo junto a la cama.

Ian permaneció sentado, fulminando a Jiha con una expresión llena de frustración y resentimiento.

—¡No has hecho nada por mi culpa! ¡Tú también estás ocupado! ¡No hagas que me sienta peor y vete de una vez!

—Está bien, está bien. No me eches. Al menos come algo. Espera… Si quieres comida de verdad, podría comprar gachas…

—¡Lee Jiha, aunque te duches y salgas ahora mismo, igualmente vas a llegar tarde!

—Lo sé… Lo sé.

Ian, que había estallado de ira, parecía haber gastado las últimas fuerzas que le quedaban en ello. Frunció el ceño por el dolor mientras volvía a encogerse y finalmente se dejó caer otra vez, incapaz de sostenerse.

—Tengo que trabajar… Prometí ayudar…

—Descansa. Yo se lo diré.

—Está bien…

Ian suspiró y se cubrió el rostro con ambas manos.

Parecía muy afectado.

Él era la clase de persona que siempre transmitía energía positiva y dirigía el ambiente con su propia vitalidad, así que verse arrastrado durante días por una situación que no podía controlar era algo que claramente le resultaba difícil de aceptar.

Cuando recibir ayuda se prolonga demasiado, es fácil caer en el odio hacia uno mismo por sentirse una carga.

Jiha entendía ese sentimiento mejor que nadie.

Por eso Ian le parecía tan lamentable.

Deseaba que Ian no sintiera esa clase de desprecio hacia sí mismo. No le quedaba bien.

Después de todo, entre las palabras clave que definían a Ian jamás había existido algo como «#uke de baja autoestima».

Para cuando Jiha terminó de asearse, todavía inquieto, y se preparó para salir, Ian ya se había vuelto a quedar profundamente dormido.

Se veía agotado, tanto física como mentalmente.

Jiha acarició varias veces los ojos enrojecidos de Ian antes de abandonar la casa con pasos pesados.

Minhyuk comenzó su día una hora antes de lo habitual.

El sol todavía no había salido. El cielo seguía oscuro y el aire se había vuelto frío.

Se preguntó si Ian sería capaz de ir ese día.

No había recibido ninguna noticia suya.

¿Debería pasar a verlo?

Pero sabiendo que Jiha se sentía incómodo con él, decidió no hacerlo. Aquel chico ya debía de estar bastante ocupado.

Mientras Minhyuk abría la tienda y se ocupaba de los preparativos, finalmente salió el sol y las calles comenzaron a llenarse de gente.

El clima era agradable y, en días despejados como aquel, la floristería solía llenarse de clientes.

Además, ese día tenía que encargarse de un gran pedido reservado, así que prácticamente no tendría tiempo para respirar.

Ian ya debería haberse recuperado.

La falta de contacto seguramente significaba que pensaba venir.

Era la hora a la que Ian solía llegar.

Alguien se acercó puntualmente a la tienda, pero no era la persona que Minhyuk esperaba.

Abrió los ojos de par en par cuando la puerta de cristal se abrió.

—Ah, hola…

—¿Jiha? ¿Qué te trae por aquí? ¿Viniste con Ian?

—No. Solo yo… ¿Estaría bien si lo sustituyo hoy? Debería habérselo dicho antes, pero…

—No, no, está bien. Te lo agradezco. ¿Ian sigue enfermo? Dijo que no era nada grave…

—Eh… Se resfrió o algo parecido, pero ya está mejor. Aun así, creo que necesita otro día de descanso. Se veía muy agotado…

Jiha tartamudeó y habló atropelladamente, como si tratara de justificar su presencia.

A juzgar por sus palabras, Ian debió de haber estado mucho peor de lo que esperaba durante el fin de semana.

Aun así, había estado preocupado por el trabajo de aquel día.

Jiha le había insistido para que permaneciera en la cama, e Ian no había dejado de disculparse por no poder presentarse.

—Está bien. Pero… hoy estaremos muy ocupados, ¿seguro que podrás? No te preocupes demasiado, solo necesito unas manos extra para algunas tareas.

—Está bien. Lo intentaré.

Los enfermos debían descansar.

Y aunque la ayuda no tuviera experiencia, cualquier esfuerzo era bienvenido.

Aun así, Jiha parecía nervioso, como si hubiera cometido algún delito.

Su personalidad era completamente distinta a la de Ian.

Eran prácticamente polos opuestos.

Qué contraste tan curioso.

Después de una breve conversación sobre Ian, la tienda se vio rápidamente absorbida por el trabajo.

Gracias al buen tiempo, más clientes de lo habitual entraban atraídos por las flores coloridas. Además, el gran pedido mantuvo a Minhyuk ocupado durante todo el día. En un momento incluso se quedaron sin materiales de embalaje.

En medio de todo aquello, Jiha resultó ser mucho más útil de lo esperado.

Poseía una naturaleza cuidadosa y atenta.

Observando a Minhyuk trabajar por la tienda, comprendía silenciosamente lo que hacía falta y lo realizaba con calma.

Recoger las hojas caídas de una esquina, alcanzar materiales antes de que se los pidieran, salir a comprar más suministros de embalaje…

Pequeñas cosas, sí, pero exactamente el tipo de ayuda que Minhyuk necesitaba.

Por supuesto, cada vez que debía atender a un cliente, Jiha se ponía rígido, como si quisiera escapar.

La interminable jornada terminó por fin bien entrada la tarde.

Solo entonces Minhyuk tuvo tiempo para observarlo.

Jiha hablaba poco.

Fuera consciente o no, tenía la costumbre de observar las reacciones de los demás.

Incluso durante conversaciones necesarias, sus ojos se movían constantemente, evaluando el estado de ánimo y las expresiones de la otra persona.

Definitivamente era una personalidad tímida.

Pero también era observador, meticuloso y educado.

Cortés, además.

Minhyuk tuvo la impresión de que Jiha, de una forma distinta a Ian, era el tipo de persona que los adultos terminaban apreciando de manera natural.

Y definitivamente se sentía incómodo cerca de él.

Al principio, Minhyuk pensó que solo era timidez.

Pero incluso después de pasar todo el día juntos, cada vez que una conversación terminaba, Jiha retrocedía sutilmente y mantenía cierta distancia.

Ahora que todo se había calmado, incluso parecía inquieto.

Incómodo.

«¿No habíamos convivido ya lo suficiente como para que dejara de sentirse así…?»

Su incomodidad era tan evidente —aunque probablemente creyera que la ocultaba bien— que despertó la curiosidad de Minhyuk.

Quizá podría molestarlo un poco.

—Ha sido un día agotador, ¿verdad?

—Ah… n-no. Estoy bien.

—Pareces cansado. Ven a sentarte. Ahora tenemos un descanso.

—Ah…

—Iba a preparar un poco de té. ¿Quieres? Tengo mucho té negro y también té verde.

—No estoy seguro… No sé mucho de té.

—¿Entonces jugo?

—S-sí…

Probablemente quería rechazarlo, pero estando solos no tenía escapatoria.

Jiha se sentó de mala gana.

Minhyuk preparó rápidamente las bebidas y algunos bocadillos, y luego se sentó frente a él.

—¿Cómo está Ian? ¿Lo has revisado?

—Oh, sí. Le escribí antes. Respondió… con un emoji de sueño.

—Debe de estar durmiendo mientras se recupera. Descansar le hará bien.

—Sí… Eso espero.

Los ojos de Jiha, fijos en el vaso de jugo frente a él, estaban llenos de preocupación.

—Su enfermedad debió de ser peor de lo que imaginaba. ¿Lo llevaron al hospital?

—Bueno… Había ciertas circunstancias… así que no pudimos…

¿Circunstancias?

Minhyuk sintió curiosidad, pero no insistió.

Jiha claramente parecía incapaz de hablar del tema.

—Debió de haber sido duro encargarte de todo tú solo.

—Ian fue quien sufrió. Yo… no pude hacer nada por él.

—Precisamente por eso digo que debió de ser duro para ti. Es difícil, ¿verdad? Cuando alguien que te gusta está enfermo y no puedes hacer nada por ayudarlo. Duele.

—Eso es cierto.

—¿Oh? ¿No vas a negarlo?

—¿Qué?

—¿Te gusta? Me refiero a Ian.

Y fue ahí cuando Minhyuk decidió molestarlo un poco.

Después de todo, no había nada más entretenido que escuchar la vida amorosa de otras personas, especialmente la de los jóvenes.

Sin embargo, contrario a lo que esperaba, Jiha no se puso nervioso.

Simplemente asintió como si fuera lo más natural del mundo.

—Por supuesto. Obviamente.

—¿Eh? ¿Lo admites así de fácil?

—Él también lo sabe. Se lo dije.

Jiha golpeó suavemente con la punta del dedo el borde del vaso.

Tac. Tac.

Su expresión se veía pensativa.

—Al final todo el mundo termina queriendo a Ian, ¿no? He visto a muchas personas quedar completamente fascinadas con él desde la primera vez que lo conocieron. Supongo que yo solo soy una de ellas.

—Eso es cierto… Hay mucha gente así. Ian es adorable, después de todo.

—¿Tú también lo piensas, hyung?

Jiha giró la cabeza para mirar a Minhyuk.

Por primera vez en todo el día, sin rastro de su habitual timidez ni de su costumbre de evitar la mirada, sostuvo directamente los ojos de Minhyuk.

¿Qué quería decir con esa pregunta?

Minhyuk, que había estado a punto de responder fácilmente «Por supuesto», pronto comprendió que Jiha no estaba preguntando simplemente si Ian era un chico adorable.

—Claro que Ian es adorable. Yo también lo creo. También lo aprecio muchísimo y le tengo mucho cariño. Pero no de esa manera. Lo que quiero decir es… no siento por él lo mismo que sienten las personas que se enamoran perdidamente de él. Quiero dejar eso claro.

—No hace falta que te expliques tanto…

—Sí hace falta. Piensa en la diferencia de edad entre Ian y yo.

—La diferencia de edad no impide que las personas se gusten. Hay parejas con diferencias mayores que salen juntas e incluso se casan.

Aquella respuesta tan indiferente solo complicó más las cosas.

De verdad parecía tratarse de un malentendido.

¿Era por eso que se sentía incómodo?

¿Celos?

¿Sentimiento de rivalidad?

Era una confusión bastante adorable. Incluso resultaba tentador dejarla tal cual.

Pero como Minhyuk apoyaba a los dos, tenía que aclararlo cuanto antes.

Sabiendo lo mucho que Ian ya estaba sufriendo por culpa de Jiha, no sería muy maduro de su parte quedarse observando y disfrutar de algo así.

—Yo no lo veo de esa manera. Ian es… bueno, se siente más como un sobrino adorable… No, eso es demasiado. Más bien como un hermano menor. Alguien a quien quiero apoyar.

—Alguien a quien quieres apoyar…

Jiha se recostó en la silla, contempló el vacío durante un momento y luego habló sin apartar la vista.

—Yo siento lo mismo. Quiero apoyarlo… y espero que sea feliz. Si se enamora de alguien.

«Pero eso no es lo que quería decir…»

Minhyuk solo pudo sonreír con amargura, sin saber qué responder.

Jiha parecía tan serio que resultaba difícil seguir insistiendo.

Observando su rostro tranquilo y firme, completamente libre de la vacilación habitual, Minhyuk se dio cuenta de algo.

Jiha quería a Ian mucho más profundamente de lo que él había imaginado.

Había pensado que se trataba simplemente de un enamoramiento juvenil, pero claramente era algo mucho más serio.

Bueno, eso era solo la perspectiva de Minhyuk, pensar que eran demasiado jóvenes.

Quizá él mismo los había subestimado demasiado por la diferencia de edad.

De verdad se estaba convirtiendo en un viejo.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first