Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 98
—La instructora tenía razón en aquel entonces… Al final, nos reconciliamos.
—Así es.
Jiwoon sonrió suavemente mientras pasaba la mano sobre el mismo escritorio donde una vez se había sentado frente a Taecheon.
—Por cierto, ¿dijiste que estudiaste en una preparatoria de artes?
—Sí. Es cierto. Mi sueño original era convertirme en pintor.
—Vaya… También habrías sido un artista increíble.
—¿De verdad lo crees?
—¡Por supuesto! Pero… ¿cómo terminaste dedicándote a la administración hotelera? ¿Fue solo para heredar el negocio familiar?
Taecheon reflexionó un momento antes de responder.
—Sinceramente, durante un tiempo me costó mucho tomar la decisión. Pero, conforme fui creciendo, comencé a interesarme por la administración hotelera. Mi padre nunca me obligó a hacerlo. Fue mi elección.
—Eso es bueno. Si no hubieras elegido la administración, quizá nunca nos habríamos conocido. No suelo ir a exposiciones de arte, así que…
—Quién sabe. Los vínculos humanos son extraños. Incluso si hubiera sido pintor, aunque tú no hubieras entrado al Grupo Sehwa, sigo creyendo que de alguna manera nos habríamos conocido.
Aquellas palabras hicieron que el corazón de Jiwoon se estremeciera.
El destino no siempre llegaba de una forma grandiosa. A veces era el resultado de caminos equivocados, accidentes y coincidencias entrelazadas. Eso también podía ser el destino. Y ahora tanto él como Taecheon lo comprendían muy bien.
—Sí. Nos habríamos conocido sin importar qué.
Con una sonrisa radiante, Jiwoon se inclinó hacia delante. Taecheon, incapaz de resistirse, capturó brevemente sus labios.
Poco después, otras parejas comenzaron a entrar en la sala. También habían acudido para completar el curso final de reconciliación. Jiwoon reconoció algunos rostros e intercambió con ellos corteses inclinaciones de cabeza.
—¡Bienvenidos todos!
El supervisor de divorcios entró con energía y su saludo fue recibido con aplausos.
—Felicidades por haber llegado hasta aquí. Terminar el curso de reconciliación no es fácil. Requiere voluntad, paciencia y perseverancia. Muchas parejas abandonan a mitad del camino.
Su mirada recorrió la sala con evidente orgullo.
—¡Un aplauso para todos!
Los vítores y aplausos no tardaron en resonar.
—Ahora sí han llegado al último paso. Una vez que lo completen, su período de reflexión terminará oficialmente y volverán a ser reconocidos legalmente como pareja.
—Sí.
—Sí, entendido.
Entonces, el personal repartió unas hojas impresas con las palabras: Carta en video para mi cónyuge.
Jiwoon parpadeó. Nadie le había explicado con antelación en qué consistía el programa final, por lo que aquello lo tomó desprevenido.
—Hemos preparado salas de entrevista. Cada uno grabará una carta en video dirigida a su pareja con la videocámara. Lo que digan contará como los últimos seis créditos.
¿Un testimonio sincero de corazón a corazón?
La situación le provocó una intensa sensación de déjà vu. Jiwoon recordó algo parecido que había vivido años atrás, cuando apareció en aquel programa de telerrealidad llamado Aldea del Amor, en Jeju. En aquella ocasión también habían hecho confesiones finales.
Jiwoon había elegido al «Alpha número 1», Seo Taecheon, basándose en la buena impresión que le había causado desde el principio. Sin embargo, nunca llegó a saber a quién había elegido Taecheon. Él había regresado repentinamente a Seúl, dejando a Jiwoon sin una respuesta.
Así que, después de dar tantas vueltas, terminamos eligiéndonos el uno al otro… Si se hubiera quedado aquella vez, seguramente también me habría elegido a mí, ¿verdad?
Perdido en sus pensamientos, Jiwoon apenas notó que las parejas iban terminando una tras otra, hasta que finalmente llegó su turno.
—Pareja número seis, Seo Taecheon y Lee Jiwoon. Por favor, entren en cabinas separadas. Las videocámaras ya están preparadas; solo tienen que presionar el botón de grabación. Cada uno dispone de cinco minutos. Recuerden detener la grabación cuando terminen.
—Sí.
—Entendido.
Un miembro del personal los guio por caminos separados. Jiwoon entró solo en su pequeña cabina.
Todo estaba quieto y en silencio.
—…Uf.
Saber que aquel era el último obstáculo le provocó una presión nerviosa en el pecho. Pero, al mismo tiempo, quería entregarse por completo y hablar con toda sinceridad.
Presionó el botón de grabación y miró directamente al lente.
—Mi querido amor… mi Taecheon.
Con una sonrisa, Jiwoon comenzó a pronunciar en voz baja todo lo que se había acumulado en su corazón.
—¿Ya terminaste, Taecheon?
—Sí. ¿Y tú?
—Por supuesto.
Aunque solo habían estado separados unos minutos, la emoción que mostraron al reencontrarse hizo que el supervisor sonriera con calidez.
—Buen trabajo, pareja número seis. Recojan sus certificados de finalización antes de salir. ¡No lo olviden, porque precisamente vinieron por eso!
—Gracias. Apreciamos mucho todo lo que ha hecho por nosotros.
Jiwoon hizo una cortés reverencia antes de abandonar la sala.
Mientras él salía primero, Taecheon se quedó unos instantes más con el funcionario.
—Entonces, ¿funcionó la estrategia de prolongar el período de reflexión?
—Sí. Fue muy efectiva.
Ambos se estrecharon la mano con discreción.
La operación Conquistar lentamente el corazón de Jiwoon con el paso del tiempo había sido un éxito perfecto.
Mientras tanto, Jiwoon sonreía radiante en el pasillo, aferrando su certificado entre las manos.
—«En virtud de la Ley Especial Alpha-Omega: Programa de Reflexión sobre el Divorcio. Certificado de Retiro de la Solicitud y Reconciliación. Otorgado a Seo Taecheon y Lee Jiwoon».
El papel era sencillo y sin adornos, pero representaba toda una historia. Jiwoon tomó varias fotografías con entusiasmo.
—¿Tanto te alegra?
—Sí. Se siente como si por fin fuera libre.
—Esto ha terminado.
—Sí. De verdad terminó.
El proyecto había llegado a su fin.
Ahora, lo único que los esperaba era un nuevo comienzo.
—¿Qué te parece si pasamos el fin de año en la villa? El amanecer sobre el mar del Este será precioso el día de Año Nuevo.
—¿El amanecer? ¡Me encantaría!
Jiwoon, que se moría de ganas de conocer su nueva villa, estuvo a punto de saltar de alegría. Ver el primer amanecer del primero de enero había sido uno de sus sueños durante mucho tiempo. Sin embargo, cuando era estudiante nunca tenía tiempo libre y, más adelante, no había tenido a nadie con quien ir.
—Mango, ¿escuchaste? Nos iremos de viaje.
Se acarició el vientre con alegría.
—La villa está completamente amueblada. Solo tienes que empacar ropa abrigadora.
—¡Entonces salgamos el treinta y uno de diciembre!
—Perfecto.
Esa misma noche, Jiwoon ya estaba empacando bocadillos, ropa abrigadora y, por supuesto, una gran cantidad de rodajas de mango deshidratado, su antojo más reciente.
El treinta y uno de diciembre, Seo Taecheon permitió que los empleados salieran temprano y regresó a casa por la tarde. Cargó las bolsas en la cajuela, envolvió a Jiwoon en varias capas de ropa y emprendieron el viaje.
Aunque el clima exterior era gélido, la calefacción del automóvil mantenía una temperatura perfecta.
—Tengo sueño.
Apenas habían transcurrido diez minutos desde que salieron cuando Jiwoon comenzó a cabecear. Últimamente la somnolencia lo acompañaba todo el tiempo. No importaba si tenía calor, si acababa de comer o si sentía frío: siempre terminaba quedándose dormido.
—No te preocupes. Descansa. Te despertaré cuando lleguemos.
—…¿Cómo voy a dormir mientras tú conduces?
—Es completamente seguro. Duerme tranquilo.
—…Entonces… perdón, pero voy a…
Sin terminar la frase, Jiwoon cayó en un sueño profundo.
Los sueños llegaron vívidos y llenos de color.
Espera… Ya he visto esta escena antes.
Era el mismo sueño de hacía mucho tiempo: Jiwoon, Taecheon y un bebé muy pequeño.
Sin embargo, esta vez él y Taecheon estaban juntos, sosteniendo con alegría al niño entre sus brazos.
Ah… Así que eres tú, Mango.
Los rasgos del bebé eran claros: mitad Taecheon y mitad él, luminosos y radiantes. Conmovido y asombrado, Jiwoon contempló cómo ambos parecían vivir en aquel pequeño rostro.
El hijo que tendremos juntos… nuestro bebé Mango.
Dentro del sueño, Jiwoon abrazó con delicadeza al bebé.
No había soledad.
No había tristeza.
Solo una alegría creciente, tan intensa que sentía que el pecho estaba a punto de estallarle.
Sí. Así es como debe ser.
Sin darse cuenta, Jiwoon sonrió mientras dormía en el asiento del copiloto, disfrutando del primer descanso verdaderamente tranquilo de toda su vida.