Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 91

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Quizá abrumado por la culpa, las manos y los pies del jefe de equipo Song temblaban mientras caminaba, y en sus pasos no quedaba ni rastro de su arrogancia habitual. Los empleados, que conocían desde hacía mucho tiempo sus malas acciones, chasquearon la lengua, convencidos de que por fin había llegado el momento de su caída.

Mientras todas las miradas estaban fijas en la oficina del director, Jiwoon regresó rápidamente a su escritorio sin llamar la atención. Apenas se sentó, la subdirectora Min y el gerente Kim se apresuraron hacia él junto con otros miembros del equipo y lo rodearon.

—¿Qué está pasando, asistente Lee?

—¡Nos preocupamos mucho cuando de repente te fuiste! ¿Entonces… ya regresaste?

—¿Te reincorporaron? Te reincorporaron, ¿verdad?

Las preguntas le llovieron una tras otra. Jiwoon sonrió con cierta vergüenza.

—Sí. He vuelto. La verdad es que en aquel momento simplemente perdí los estribos… No fue muy maduro de mi parte. Me disculpo.

Al inclinar la cabeza, sintió que la subdirectora Min le daba unas palmaditas en el hombro.

—Bien. Tomaste la decisión correcta. Si alguien tenía que irse, debería haber sido el jefe de equipo Song, no tú.

Era cierto que Song no había sido la única razón por la que Jiwoon había renunciado, pero sin duda era la principal fuente de su estrés. Aquel hombre había sido inquietante y obsesivo, persiguiéndolo sin descanso.

Ahora que el «diagnóstico terminal» había resultado ser un simple error médico, y dado que Jiwoon era demasiado ambicioso como para abandonar su trabajo, Song era un problema que tarde o temprano tendría que superar.

Si es necesario, yo mismo lo llevaré ante el Comité de Ética. Si esto termina en una votación disciplinaria, que así sea. Lo enfrentaré abiertamente, sin esconderme… ni siquiera detrás de Taecheon.

Apretando el puño bajo el escritorio, Jiwoon juró enfrentarlo de manera justa.

Mientras tanto, dentro de la oficina del director, Song sudaba a mares.

—Explique este informe. No me importa si lo refuta, confiesa o intenta justificarse, pero diga algo.

Con su habitual frialdad, Seo Taecheon arrojó un expediente sobre la mesa.

Las manos temblorosas de Song lo recogieron. El título decía: Investigación interna sobre denuncias anónimas de acoso y conducta sexual inapropiada.

En su interior había un registro demoledor: cada ocasión en la que había hecho insinuaciones no deseadas a Jiwoon, lo había invitado a «tomar un té» con segundas intenciones o había murmurado cumplidos inapropiados sobre su apariencia. En el ámbito profesional, los detalles eran aún más numerosos: asignación injusta de trabajo, órdenes punitivas y abuso de autoridad. Las pruebas eran abrumadoras y la conclusión resultaba evidente: Song había acosado a Jiwoon debido a su obsesión personal.

A mitad de la lectura, Song cerró el expediente y agachó la cabeza. La atmósfera de la habitación era demasiado opresiva. Y la mirada del director lo atravesaba; su rostro perfectamente esculpido permanecía helado y ahora irradiaba una amenaza tan afilada que hasta respirar resultaba doloroso.

—Señor, espere, si pudiera explicarle…

—Ni una confesión ni una negación. ¿Excusas?

—N-no, yo solo… había ciertas circunstancias…

—¿Circunstancias? No se acosa a los subordinados ni se dan órdenes ilegales, sin importar cuáles sean esas «circunstancias». Me niego a emplear a alguien tan falto de disciplina.

—¿S-señor?

La insinuación de que podía ser despedido hizo que Song temblara violentamente.

—Hasta nuevo aviso, queda suspendido de sus funciones.

—¡D-director!

—¿Por qué sigue aquí? Fuera.

—¡S-sí! De inmediato.

Presa del pánico, salió apresuradamente, teniendo cuidado de no dejar que la puerta se cerrara de golpe tras él.

—¿Qué voy a hacer…? —gimió, sujetándose la cabeza mientras regresaba abatido al área de oficinas.

De inmediato vio a Jiwoon conversando con la subdirectora Min. La ira brotó en su interior. ¿Había sido cosa suya? Lo fulminó con la mirada, pero Jiwoon se adelantó.

—Hola, jefe de equipo.

El saludo firme y claro hizo que sus miradas se encontraran.

—A-ah… s-sí.

Había algo en la dignidad de Jiwoon, en la firmeza de su mirada, que hizo encogerse a Song. Se sentía como si hubiera recibido dos palizas consecutivas: una de Seo Taecheon y otra de Jiwoon.

Jiwoon miró de reojo la puerta de la oficina del director. ¿Taecheon se había enterado de todo aquello por su cuenta?

Era posible. Tenía el poder para hacerlo y, aunque Jiwoon no había querido cargarlo con sus problemas, quizá había investigado en secreto.

Luego tantearé el terreno con cuidado. Tal vez no haya sido él, pero… tengo que saberlo.

Sin darse cuenta de que ya contaba con el protector más poderoso de toda la empresa, Jiwoon se dirigió a la sala de descanso.

Después de servirse agua caliente, tomó un sobre de café instantáneo, pero enseguida frunció el ceño.

No puedo. Nada de cafeína mientras esté embarazado.

—…Mejor tomaré té de yuja.

Bebiendo a sorbos la bebida agridulce, regresó a su asiento. Song seguía ausente, ahora enfrascado en más conversaciones con el jefe del departamento. Todos estaban al tanto y permanecían silenciosamente alerta; por todas partes se oían susurros sobre «medidas disciplinarias» y «denuncias».

¿Será por mí…?

Los ojos de Jiwoon se desviaron hacia la oficina del director justo cuando se abrió la puerta. De ella salieron la secretaria Kim Minji y el propio Seo Taecheon. Inmediatamente, el jefe del departamento y el jefe de equipo Song se levantaron de un salto para hacer una reverencia. Jiwoon, sorprendido a mitad de un movimiento, inclinó la cabeza con torpeza.

Pero entonces sus ojos se encontraron con los de Taecheon durante un instante. Los labios del director se curvaron en una sonrisa sutil, pero inconfundible.

El corazón de Jiwoon se elevó de alegría.

Mi esposo: guapo, competente e infinitamente cariñoso. ¡Qué honor tener un romance de oficina contigo!

Incapaz de controlar su sonrisa, las comisuras de sus labios se alzaron. Justo entonces, la subdirectora Min le envió un mensaje.

Min: Creo que algo está pasando con el jefe de equipo Song.

Jiwoon: Sí. Eso parece. No conozco los detalles…

Min: Mi intuición me lo dice. Ahora está en la lista negra del director.

Si tiene que ver conmigo, mucho mejor, pensó Jiwoon con seriedad. Me niego a trabajar un solo día más bajo sus órdenes.

Sin embargo, había algo que le preocupaba aún más que Song.

Con las nuevas políticas de bienestar laboral, cualquier persona cuyo embarazo estuviera confirmado podía solicitar inmediatamente una licencia de maternidad. Jiwoon también planeaba tomar una licencia prenatal en algún momento. Su vientre todavía no se notaba y seguía trabajando cómodamente, pero la prudencia aconsejaba que se tomara la licencia antes del parto.

¿El problema? Oficialmente, Jiwoon figuraba como soltero. Solicitar una licencia de maternidad provocaría rumores escandalosos: ¿un Omega soltero y embarazado? Los amantes de los chismes se darían un festín. Jiwoon no se dejaba intimidar fácilmente, pero su pareja era el director. Eso podía complicar su posición.

Hacer público su matrimonio resolvería el problema, pero Jiwoon temía causar dificultades a Taecheon. De todos modos, la boda de la próxima primavera revelaría toda la verdad. Hasta entonces, lo más seguro era mantener separados el trabajo y la vida privada.

Por ahora, seguiré trabajando mientras mi condición me lo permita.

Con dos días de ausencia que compensar, Jiwoon se entregó de lleno a sus tareas. Por el momento, reinó la paz.

Song no volvió a acercarse a él en privado y a menudo desaparecía para someterse a interrogatorios en otros lugares. Pronto, la noticia se difundió abiertamente: su caso había sido remitido al Comité de Ética.

Sin interferencias, los días de Jiwoon se volvieron más sencillos y tranquilos. Besos matutinos al despertar junto a Taecheon, abundantes desayunos preparados por él y luego rumbo a una oficina tranquila donde la presencia de Song era cada vez menor.

Jiwoon: Cariño, ánimo en el trabajo hoy.

Taecheon: Tú también, mi amor.

A través del mensajero de la empresa intercambiaban mensajes tan empalagosos que daban vergüenza ajena. Jiwoon mantenía la ventana del chat diminuta y sonreía cada vez que aparecía una respuesta.

Entonces, una tarde, el Comité de Ética se reunió… y convocó al propio Jiwoon. Como víctima, solicitaron que confirmara los hechos.

Jiwoon decidió asistir con orgullo y la cabeza bien alta.

Nota

Yuja-cha (유자차 / té de yuja): Concentrado de té cítrico, generalmente considerado libre de cafeína y utilizado como sustituto del café, especialmente entre mujeres embarazadas.

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