Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 68

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Por fin llegó el tan esperado viernes.

¡Finalmente es el día de Let’s World!

Ante aquel pensamiento, todo rastro de sueño desapareció y Jiwoon saltó de la cama mucho antes de lo habitual, con los ojos brillantes de emoción.

—¡Taecheon, buenos días!

—Estás rebosante de energía.

—Por supuesto. ¡Hoy vamos a Let’s World! Tengo que asearme rápido.

Salió disparado hacia el baño. Frente al espejo, mientras se acomodaba el cuello de la camisa, Seo Taecheon lo observó con cariño, incapaz de ocultar su sonrisa.

—Las diademas. No olvides las diademas.

Después de ducharse, Jiwoon se secó cuidadosamente el cabello con el secador para dejarlo bien liso. Era fundamental: pensaba usar una diadema, así que no podía permitir que el cabello se le esponjara.

Primero las diademas. Olvídate de los churros, olvídate del helado. No importa qué atracciones sugieran los demás, no te distraigas…

Demasiado emocionado para quedarse quieto, comenzó a tararear y a mover brazos y piernas, e incluso se puso a bailar el ridículo jingle de la campaña del Programa de Reflexión que había visto el día anterior en el video de Min.

—Cariño mío~~ te quiero taaaanto~~

Sonaba espantoso, desafinado y fuera de ritmo, hasta el punto de que apenas podía reconocerse como una parodia de la canción original. A decir verdad, Jiwoon no solo era malo actuando: tampoco sabía cantar ni bailar. Su imitación de la coreografía de las mascotas parecía más bien una serie de movimientos aleatorios y descontrolados.

—Jiwoon, escucho ruidos extraños. ¿Está todo bien?

Alarmado por los extraños sonidos que salían del baño —que ni siquiera podían identificarse como una canción—, Taecheon llamó a la puerta.

—N-no, ¡no es nada! Es solo que… me emocioné por ir a Let’s World y me puse a cantar un poco.

Avergonzado, Jiwoon se frotó la nuca.

—Ah… Ya veo. Eso era… ¿cantar?

¿Eso contaba como cantar?

Taecheon se guardó sus verdaderos pensamientos. Era mejor una mentira piadosa que herir el orgullo de Jiwoon.

—Cantas bien.

—¿En serio?

Jiwoon salió del baño con una enorme sonrisa. Taecheon se limitó a asentir con calma. Lo cierto era que tenía un gran talento para las mentiras piadosas. Realmente formaban una pareja perfecta.

En la práctica, aquella mañana se había concedido medio día libre a todos los empleados. La gente llegaría poco a poco más tarde de lo habitual, revisaría algunos correos o mensajes de trabajo y, después, toda la empresa cenaría junta antes de trasladarse en masa a Let’s World aquella noche.

Por lo tanto, tanto Seo Taecheon como Jiwoon todavía tenían que «dejarse ver» por la oficina durante la tarde. Afortunadamente, aquel día se permitía vestir de manera informal.

Frente al espejo de cuerpo entero, Jiwoon reflexionó largamente sobre qué ponerse. No quería algo demasiado formal, pero tampoco infantil.

Después de pensarlo mucho, eligió un suéter de punto sencillo y elegante, no demasiado informal pero con estilo. Unos pantalones azul marino resaltaban sus esbeltas piernas y los combinó con zapatillas deportivas para poder moverse cómodamente.

Taecheon llevaba pantalones oscuros, una camisa blanca y una chaqueta menos formal encima. El conjunto suavizaba el aura normalmente austera del ejecutivo, haciéndolo parecer más accesible, aunque seguía siendo demasiado deslumbrante para pasar por un «empleado común».

—¡Te ves increíble!

—Tú también te ves muy bien. Me gusta ese suéter.

—Tú me lo compraste.

—Lo recuerdo. Lo elegí yo mismo.

El suéter había costado más de un millón de wones. La primera vez que Jiwoon vio la etiqueta del precio, casi se desmayó. Sin embargo, encantado por el cumplido de Taecheon, había terminado aceptándolo felizmente.

—Vamos en mi auto. La mayoría de los empleados no llegará a la oficina hasta las cinco o seis, así que, si salimos ahora, evitaremos que nos vean.

—Buena idea.

Para evitar las miradas de sus compañeros, salieron temprano. Antes de que Jiwoon subiera, Taecheon había calentado previamente el auto y limpiado el asiento del copiloto. Aquel pequeño gesto de consideración llenó de calidez el corazón de Jiwoon.

—Está calentito.

—¿Te gusta?

—Por supuesto. Me encanta.

—Entonces estamos listos para irnos. El cinturón de seguridad, por favor.

Taecheon se inclinó hacia él y le abrochó el cinturón. Su aroma envolvió a Jiwoon e hizo que su corazón comenzara a latir con fuerza. Incapaz de contener la emoción, se quedó mirando fijamente aquel hermoso rostro.

—Me estás mirando con mucha atención.

—¿Eh? Ah… sí.

—¿Tengo algo en la cara?

—N-no, en realidad… solo quería pagar la tarifa.

Taecheon sonrió y soltó una risita.

—Es verdad. La tarifa.

—E-entonces… cierra los ojos un momento, por favor.

Jiwoon se inclinó hacia delante y lo besó, apenas un suave roce de labios. Cuando se apartó, Taecheon abrió lentamente los ojos.

—Mmm… La tarifa no es suficiente.

—¿Qué?

—Lo siento, pero tendré que cobrar un poco más.

Sujetándolo por la nuca, lo atrajo hacia sí y unió sus labios en un beso profundo. Sus lenguas se entrelazaron y sus respiraciones se mezclaron con una dulzura embriagadora, dejando a Jiwoon mareado de felicidad.

¿Se supone que soy yo quien está pagando o él quien se está beneficiando? Porque siento que el que salió ganando fui yo…

Finalmente, Jiwoon tuvo que obligarse a detenerse.

—¡Espera! ¡Llegaremos tarde!

—Los empleados empezarán a llegar pronto. Tienes razón, démonos prisa.

Un poco alterado, Taecheon puso en marcha el auto. Incluso verlo así, con su habitual calma ligeramente perturbada, hizo que Jiwoon se derritiera de ternura. Realmente desprendían el inconfundible aire de una pareja enamorada.

Al llegar a la oficina, algunos empleados, entre ellos el líder de equipo Song, ya estaban presentes. Vestidos de manera informal, habían dejado atrás la rígida apariencia de los días laborales.

—Oh, el asistente Lee también se ve precioso con ropa informal —comentó Song con una sonrisa afectada, guiñándole un ojo.

—…¿Disculpe?

—Dije que se ve precioso.

—Eh… ¿Habrá sido una llamada que no escuché?

Fingiendo no haber oído nada, Jiwoon apartó la mirada con una mueca.

¿Llamar «precioso» a tu subordinado? ¿Qué sigue, acoso laboral? Maldito idiota.

Maldiciéndolo para sus adentros, encendió la computadora. Mientras tanto, Song lo observaba como si fuera un pedazo de carne, fijándose en que su suéter pertenecía a una prestigiosa marca de lujo, nunca entraba en rebajas y era una de las prendas más codiciadas de la temporada.

Mira eso. Debe costar al menos un par de millones. Definitivamente proviene de una familia rica.

Song se contempló satisfecho en su reflejo, con el cabello levantado con cera como un pavo real desplegando sus plumas. Ya estaba haciendo planes.

Dicen que las atracciones aterradoras aumentan la atracción entre dos personas. Lo llevaré al barco vikingo, nos sentaremos en la última fila y quizá pueda tomarle la mano o incluso abrazarlo. O podríamos ir a la casa embrujada; se aferrará a mí y yo lo rodearé con mis brazos…

Mientras Song se perdía en fantasías sin fundamento, Jiwoon se concentró en ponerse al día con el trabajo acumulado: correos electrónicos, borradores de informes y llamadas de clientes.

Una hora después llegó el anuncio: todos los empleados podían retirarse para prepararse para el evento de la noche. Los vítores resonaron por toda la oficina mientras la gente recogía sus pertenencias.

La cena se sirvió en un restaurante familiar cercano a la oficina. Divididos en pequeños grupos, todos disfrutaron de la comida mucho más que de las habituales comidas de la cafetería de la empresa. Al terminar, se dirigieron hacia los autobuses que aguardaban en fila.

Antiguos compañeros de universidad de distintos departamentos se reunieron. Relaciones Públicas, Contabilidad… Aunque trabajaban en la misma torre, rara vez tenían oportunidad de verse.

—¡Jiwoon, hace siglos que no te vemos!

Kang Hee-joo, del equipo de Relaciones Públicas, hizo un puchero exagerado. Los demás se unieron a ella y comenzaron a reprocharle que se hubiera perdido sus últimas reuniones.

—Sí, lo siento. He estado ocupado.

—Hasta faltaste a la cena de exalumnos. No me digas que… ¿estás saliendo con alguien?

La perspicaz pregunta de Hee-joo hizo que Jiwoon se sobresaltara, presa del pánico.

Nota:

La broma de la «tarifa» (요금, yogeum): es un recurso romántico recurrente en los dramas coreanos, donde un beso se utiliza juguetonamente como «pago» o «peaje». En este caso, Taecheon aprovecha la broma para prolongar el beso de manera mucho más apasionada.

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