Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 66

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—Uf, estoy agotado después de tanto lío.

Cuando Jiwoon llegó a casa, estaba completamente exhausto. Solo recordar el comportamiento tan poco caballeroso del líder de equipo Song le revolvía el estómago e incluso le provocaba dolor de cabeza.

Como Seo Taecheon aún no había regresado, pensó que podría descansar un poco. Se sumergió en agua caliente y se dio un largo baño antes de desplomarse sobre la cama. Quizá debido al agotamiento mental, pronto comenzó a sentir sueño.

No debería dormirme. Debería esperar a que Taecheon regrese…

Esa era su intención, pero los párpados se le cerraban solos. Al final, Jiwoon cayó en un profundo sueño a primera hora de la noche.

Era un sueño, y él lo sabía. Lo extraño era que, al mismo tiempo, se encontraba dentro del sueño y lo observaba desde fuera.

Un campo… Ahí estoy yo. Y a mi lado está Taecheon… Espera, ¿eso no es un niño?

En el sueño, otra versión de Jiwoon sostenía a un pequeño entre sus brazos. Lo extraño era que le daba la espalda a Taecheon y se alejaba de él, caminando, casi corriendo, mientras estrechaba desesperadamente al niño contra su pecho.

Detrás de él, Taecheon extendía una mano y gritaba su nombre.

—¡Jiwoon! ¡Jiwoon!

Pero el Jiwoon del sueño ignoraba su voz, apretaba con más fuerza al niño entre sus brazos y aceleraba el paso. Prácticamente estaba huyendo.

Mientras observaba la escena desde fuera, Jiwoon sintió una punzada aguda en el pecho. No sabía qué significaba, solo que dolía como si una cuchilla le estuviera partiendo el corazón en dos. Sintió que estaba a punto de llorar.

¿Por qué están haciendo eso? El que está huyendo… ¿qué está pensando? ¿Y quién es el bebé que lleva en brazos? ¿Podría ser nuestro hijo? No puedo verle el rostro ni distinguir su género, solo parece un recién nacido… ¿Quién es?

Una melancolía insondable se abatió sobre él. A sus espaldas, Taecheon cayó de rodillas con la expresión de un hombre que lo había perdido todo. El cielo despejado se oscureció y, de pronto, comenzó a llover a cántaros. Jiwoon habría jurado que podía sentir el frío de las gotas empapándole el cabello y los hombros.

—¡Ahhh!

Despertó sobresaltado y con un jadeo. La habitación oscura mantenía una temperatura y humedad agradables, pero su corazón seguía latiendo desbocado, atrapado entre el sueño y la realidad.

¿Eso fue un sueño… o fue real?

El pecho le palpitaba como si se lo hubieran desgarrado y le ardían los ojos. Al sentir que se movía, Taecheon se incorporó a su lado.

—Jiwoon, ¿qué ocurre?

Taecheon encendió la lámpara de noche, dejando su rostro al descubierto. De inmediato, Jiwoon exhaló temblorosamente. Aquello era la realidad: su dormitorio, Taecheon allí, junto a él. Todo lo demás no había sido más que una pesadilla.

—Ah… no es nada. Solo tuve un sueño extraño.

—Tienes muy mala cara.

Taecheon le acarició suavemente la mejilla. Jiwoon apoyó el rostro contra aquella palma y se acurrucó entre sus brazos. Percibió su aroma, sintió su calor y escuchó los latidos firmes de su corazón —pum, pum—, que poco a poco calmaron los suyos.

—Estoy bien. Debió de ser un sueño sin sentido.

—Estoy aquí contigo, así que no te preocupes.

—…Gracias.

Jiwoon hundió aún más el rostro en el pecho de Taecheon.

Sí. Solo fue una pesadilla absurda. Probablemente por el estrés de que Song me estuviera molestando hoy. Dormiré y se me pasará.

Taecheon lo envolvió con fuerza entre sus brazos y le dio suaves palmaditas en la espalda.

—Te abrazaré hasta que te duermas.

—…Taecheon.

Depositó un suave beso en la frente de Jiwoon. Aquella calidez disipó su inquietud y una profunda sensación de paz se apoderó de él.

Ya fuera gracias al efecto terapéutico de Taecheon o no, Jiwoon durmió profundamente hasta la mañana. Lo siguiente que consiguió despertarlo fue un delicioso aroma.

Ah, este maldito apetito mío. Siempre me despierta justo a la hora del desayuno.

Relamiéndose, se incorporó. Desde la cocina llegaban sonidos de algo friéndose y salteándose. Después de asearse, salió de la habitación y encontró a Taecheon esperándolo con un desayuno digno de la realeza.

—Ya despertaste.

—Guau… Qué extravagante.

—Hoy quería prepararte algo especial.

Apartándose un instante de la sartén, Taecheon le dio un beso en la mejilla y continuó cocinando. El extraño sueño quedó olvidado y una enorme sonrisa apareció en el rostro de Jiwoon.

—¿Omelette?

—Sí. Al estilo español. Lleva salsa de tomate y pimiento cortado en cubitos por dentro.

—¡Suena delicioso! ¡Me encantan los omelettes!

—Lo sé.

Con movimientos expertos, Taecheon removió los huevos y, utilizando un par de largos palillos, los enrolló rápidamente hasta formar una tortilla gruesa y perfecta. Jiwoon lo observó impresionado.

—Eres un chef genial.

—Eso es exagerar, pero aceptaré el cumplido. Come mientras esté caliente.

Taecheon deslizó el omelette sobre un plato y lo colocó frente a Jiwoon, quien tomó el cuchillo y el tenedor con entusiasmo. El sabor suave y ligeramente tostado del huevo se mezclaba con la acidez del tomate, creando algo cercano a lo celestial.

—Esto está increíble.

—Gracias por disfrutarlo.

—Ah, por cierto…

—¿Sí?

Jiwoon vaciló. ¿Estaría bien preguntarle algo así durante el desayuno? Había querido hacerlo la noche anterior, pero no había tenido oportunidad de verlo.

—¿Tendrías… tiempo el fin de semana después del próximo? Me gustaría que fuéramos juntos a un lugar.

—Si quieres que vaya contigo, sacaré tiempo, sin importar qué tenga que hacer.

Con toda tranquilidad, Taecheon tomó una servilleta y limpió delicadamente los labios de Jiwoon.

Este hombre realmente dice cosas así sin cambiar de expresión… Si no fuera ya mío, terminaría mimando a otra persona de esta manera y yo sería miserable.

Por un fugaz instante, Jiwoon sintió celos de un rival imaginario.

—Pero ¿adónde iremos?

—Ah, la verdad es que… quería visitar a mis abuelos.

Esbozó una leve sonrisa. Taecheon tocó silenciosamente su mano y asintió.

—Estaba pensando lo mismo. Debería presentarles mis respetos como corresponde.

—¿De verdad?

—Sí. Es lo correcto, ¿no?

Encantado de que ambos hubieran pensado lo mismo, Jiwoon volvió a darse cuenta de lo considerado que era Taecheon al tener presentes a sus abuelos.

—El parque conmemorativo está en Seongnam, ¿verdad?

—Sí, exactamente.

—Entonces, ¿por qué no nos alojamos también en el Hotel Seongnam, que está cerca?

—Ah, es verdad. Está a solo quince minutos de allí en taxi…

—¿Has estado antes?

—Sí. Una vez, después de visitar a la abuela y al abuelo… me alojé en el Hotel Seongnam. Para ser sincero, en aquel entonces era caro para mí, pero como pertenecía a la empresa en la que tanto deseaba trabajar, hice un esfuerzo para hospedarme allí al menos una vez.

En aquellos días en los que estaba solo y apenas tenía dinero, mientras lloraba la pérdida de sus abuelos, Jiwoon había intentado crear un recuerdo esperanzador: se había hospedado en un hotel del Grupo Seohwa, pensando que quizá eso le daría ánimos para seguir esforzándose por entrar en la empresa donde tanto deseaba trabajar.

—…Hotel Seongnam.

Taecheon repitió el nombre con una expresión concentrada, sin apartar los ojos de él.

—Sí. Tengo recuerdos muy agradables de ese lugar porque… había un empleado muy amable.

—…¿Un empleado amable?

Taecheon se apoyó sobre un codo, mostrando curiosidad. Jiwoon se animó mientras comenzaba a relatar la historia.

—Esa noche me sentía tan solo que bajé al vestíbulo. Mientras caminaba por allí, pensé en lo bonito que habría sido poder ir con mis abuelos… y terminé rompiendo a llorar.

—Ya veo.

—Entonces se acercó un empleado y me entregó un pañuelo.

Jiwoon sonrió suavemente al recordar aquel momento. En la época más triste de su vida, alguien le había entregado un trozo de tela cuidadosamente doblado y perfumado. Lo único que recordaba era aquel aroma, los impecables pliegues del pañuelo y que la mano que se lo había ofrecido era grande y firme.

—Las habitaciones eran bonitas y las instalaciones elegantes, pero lo que realmente importa es aquella amabilidad. Gracias a eso, tomé una decisión: aunque no consiga entrar esta vez, volveré a postularme para Seohwa Hotels. Tengo que hacerlo.

—Así que te conmovió mucho.

Taecheon sonrió suavemente, con una ternura infinita.

—Sí. Fue una muestra de amabilidad que jamás pude olvidar.

Notas:

Gae-ggum (개꿈): literalmente, «sueño de perro». En coreano se utiliza para referirse a un sueño absurdo, insignificante o sin sentido que no merece ser interpretado. Jiwoon utiliza esta expresión para restarle importancia a su pesadilla.

Chil-cheop bansang (칠첩반상): tradicional mesa coreana compuesta por siete guarniciones o platos complementarios, considerada una comida especialmente abundante y lujosa.

La anécdota del Hotel Seongnam alude a la práctica de realizar una «estancia aspiracional»: alguien con pocos recursos, como un joven en busca de empleo, invierte parte de sus ahorros para alojarse en un hotel perteneciente a la empresa de sus sueños como fuente de motivación. El recuerdo del «empleado amable» también anticipa la posibilidad de que aquella persona haya sido el propio Taecheon.

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