Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 60
La fiebre abrasadora consumía su cuerpo y Lee Jiwoon se sentía terriblemente mal. Aun así, como empleado de una empresa, todavía tenía trabajo que hacer; con una tenacidad obstinada, se obligó a superar la mañana. Envió correos electrónicos a los clientes, participó en una videollamada con un socio de ventas por televisión y terminó de redactar un informe para su aprobación.
—Jefe de equipo, acabo de enviar un informe electrónico para su aprobación. Por favor, revíselo.
—Ah, está bien. Entendido.
El jefe de equipo Song agitó una mano con desgana en señal de asentimiento.
—Por cierto, asistente Jiwoon.
—¿Sí, jefe de equipo?
—Si no tienes planes para hoy, ¿por qué no almorzamos juntos?
—…¿Almorzar, señor?
—Sí. Estoy intentando almorzar individualmente con cada miembro del equipo para fortalecer nuestra relación. ¿Qué te parece?
Mi estado es un desastre… Debería estar desplomado en un sillón reclinable de la sala de descanso, no almorzando fuera con el jefe.
Jiwoon quería protestar, pero como subordinado no se atrevió.
—Sí, entendido.
—Hay un restaurante aquí enfrente famoso por su pez sable estofado. Vamos allí.
—Ah… sí.
No le gustaba el estofado de pez sable, pero cuando el jefe decía que había que comer, negarse no era una opción. El ambiente corporativo de aquella empresa era sutilmente estricto en cuanto a jerarquía y burocracia.
—Entonces, ¿salimos un poco antes?
—Sí, señor.
Aunque apenas eran las once y cuarenta, Jiwoon se levantó cuando escuchó «vamos». Sin embargo, de repente las rodillas le fallaron.
—Ah…
—¡Jiwoon! ¿Qué te pasa?
La subgerente Min se levantó de un salto, sobresaltada.
—No, no es nada. Solo estoy un poco mareado…
—¿Es por el resfriado?
—¿Qué? ¿Estás enfermo?
El jefe de equipo Song chasqueó la lengua mientras lo observaba.
—Sí… La verdad es que he estado sintiendo escalofríos.
—Vamos, entonces debiste decirlo. El almuerzo no importa ahora.
—Creo que solo es un resfriado… Señor, lo siento mucho, pero ¿puedo solicitar medio día libre?
Jiwoon preguntó con el rostro pálido y Song asintió.
—Por supuesto. No tiene sentido que te quedes aquí sentado estando enfermo. Presenta la solicitud y vete.
—Gracias.
Temblando, Jiwoon se puso el abrigo y comenzó a llenar la solicitud. La mirada de Song se detuvo en la prenda.
Mmm, ese abrigo… ¿No es de esa marca de lujo? Mira ese brillo. Y la camisa que lleva debajo también es de diseñador. Dijo que está soltero y que no tiene pareja, pero lleva ropa que ningún empleado de bajo rango podría permitirse con su salario… Debe provenir de una familia rica.
Mientras lo examinaba de arriba abajo, Song pensó que tenía un aspecto refinado, como el heredero Omega de alguna familia adinerada. Y su rostro… era exactamente de su tipo.
Quizá podría seducirlo.
Song tenía antecedentes de romances en el lugar de trabajo y solía fijarse en Omegas atractivos de familias acomodadas. Debido a su condición de Beta y a sus modestos orígenes, arrastraba un complejo de inferioridad, y seducir a jóvenes ingenuos y ricos alimentaba su ego.
Si logro atrapar a un buen Omega aquí, podría cambiar mi suerte. No puedo ser un simple asalariado toda la vida.
Sin saber nada de los planes depredadores de su jefe, Jiwoon se esforzó por terminar los trámites.
—Por favor, apruébelo.
—¡Vete ya, rápido!
Fingiendo amabilidad, Song lo despidió con una sonrisa y un gesto de la mano.
—¡Asegúrate de ir al médico y descansar!
—Sí. Me retiraré.
De camino a casa, Jiwoon pensó en pasar por una clínica, pero tuvo mala suerte con el horario: llegó justo durante la pausa del almuerzo. Esperar más de una hora superaba las fuerzas que le quedaban, así que decidió simplemente volver a casa y dejarse caer en la cama.
—Ah… Me estoy muriendo.
Durante el trayecto, la fiebre empeoró. Para cuando llegó a la puerta de su casa y trató torpemente de abrirla, apenas podía mantenerse en pie.
Después de quitarse el abrigo y la ropa, bebió agua a grandes tragos, sediento por el calor.
—Qué frío…
Aunque ardía de fiebre, su cuerpo temblaba sin control. Sería mejor sumergirse en agua caliente.
Llenó la bañera con agua casi hirviendo y se metió. La calidez le proporcionó por un breve instante una somnolienta sensación de alivio.
—Haa…
Pero su visión comenzó a dar vueltas y a oscurecerse, mientras los escalofríos lo sacudían a pesar del agua caliente.
Debí obligarme a ir al hospital… pero ahora estoy demasiado débil para salir. Apenas puedo mantenerme en pie…
Sus pensamientos divagaron.
Quiero a Taecheon.
No lo había visto aquella mañana y no habían hablado. Evitarlo para que no se preocupara había resultado contraproducente.
Ojalá me recupere antes de que vuelva a casa. Al menos lo suficiente para poder ocultárselo.
Pero entonces su cuerpo sufrió un cambio repentino y violento. A diferencia de los escalofríos helados de antes, un calor abrasador surgió desde lo más profundo de su vientre.
—…¿Qué?
El horno en su interior ardía con una intensidad incontrolable. Aquello iba más allá de una simple fiebre. Su abdomen parecía revolverse en llamas, aterrorizándolo.
—¿Q-qué me está pasando?
No tengo otra opción. Tengo que llamar a Taecheon.
Se esforzó por salir de la bañera, pero sintió que algo líquido descendía entre sus muslos. No era agua, sino un fluido resbaladizo y translúcido. Aturdido por la fiebre, apenas le prestó atención; salió tambaleándose, se puso una bata y avanzó con dificultad.
—Haa… haa…
Su respiración era ahora entrecortada. Las puntas de sus dedos y sus labios adquirieron un tono rosado, mientras un dulce aroma a salvia emanaba débilmente de sus muñecas y su nuca: sus feromonas escapaban sin control.
—Ugh…
Solo unos pasos más y podría alcanzar su teléfono. Pero los músculos de sus piernas perdieron toda fuerza y Jiwoon se desplomó.
—¡Ah!
Cayó al suelo, retorciéndose bajo las oleadas de calor y mareo.
Lee Jiwoon era un Omega atípico, clasificado como «hipoexpresivo» (yeolseong omega, 열성 오메가). Aunque había sido diagnosticado como Omega durante la adolescencia, sus niveles de feromonas eran inusualmente bajos. Los médicos le habían dicho que los supresores podrían controlar cualquier posible ciclo de celo.
Desde la adolescencia los había tomado con diligencia, en parte porque su familia era pobre y un embarazo o matrimonio accidental habría arruinado su vida. Siempre había mantenido un estricto control sobre sí mismo, pues nunca quiso que sus feromonas incomodaran a los demás.
Por fortuna, los supresores siempre habían funcionado.
Hasta ahora.
Había llegado a los veintisiete años sin experimentar jamás un celo completo. Solo podía adivinar las fechas: cada pocos meses, durante aquellos días en los que se sentía somnoliento y aletargado, pensaba:
Ese debió ser mi periodo de celo.
Pero lo que estaba experimentando en ese momento era un ciclo de celo completo y extremo, retrasado durante años. Sus glándulas de feromonas, reprimidas durante todo ese tiempo, estallaron de repente, liberándolo todo de una sola vez y llenando el aire de feromonas intensas y embriagadoras que lo arrastraban sin piedad hacia el celo.
—Hhhaahh…
El fluido volvió a brotar entre sus piernas. Jiwoon supo instintivamente lo que era, pero su mente nublada apenas podía razonar.
Solo podía pensar una cosa.
Necesito a Taecheon. Lo necesito ahora.
Con manos temblorosas, tomó su teléfono. Demasiado débil para escribir un mensaje, presionó el botón de llamada. Ni siquiera pensó en la hora que era.
Después de apenas unos cuantos tonos, Taecheon respondió.
—Jiwoon. ¿Qué sucede?
Escuchar aquella voz profunda hizo que Jiwoon quisiera llorar.
—¿Por qué no hablas? Jiwoon, ¿qué está pasando?
El silencio hizo que la voz de Taecheon se tensara por el pánico.
—¡Jiwoon! Respóndeme. ¿Qué sucede? ¿Estás herido?
—T-Taecheon…
—¡Jiwoon!
—M-mi cuerpo… algo anda mal… se siente muy extraño.
—¿Dónde estás ahora?
—E-en casa… hhhaah…
Le ardía la garganta, su respiración era áspera y sus palabras apenas resultaban coherentes.
—Voy para allá inmediatamente. Aguanta.
Antes siquiera de poder asimilar aquellas palabras, Jiwoon perdió el conocimiento. El teléfono resbaló de su mano temblorosa y cayó al suelo con un golpe seco.