Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 53
¿Ese hombre estoico y aparentemente perfecto había enviado un emoji tan adorable?
¡Y pensar que no había dejado entrever ni una sola señal por fuera…!
Taecheon-C, ¡eres demasiado genial! ¡¡Eso es jugar sucio!!
Jiwoon apretó los puños en secreto, emocionado.
No puedo perder. Voy a darlo todo: cursi, pero sincero.
Buscó frenéticamente en la pestaña de emojis y sacó un enorme Sook-ryeo-Doong-i.
[«Soy feliz porque te tengo a ti ♥»]
Era un poco exagerado, pero nada expresaba mejor su afecto, así que Jiwoon lo envió sin dudarlo.
Cuanto más esperas algo, más insípidos parecen los días normales.
Mientras contaba los días que faltaban para el campamento del fin de semana, Jiwoon sentía que cada jornada avanzaba con la lentitud de un caracol, hasta el punto de resultarle casi insoportable.
Aun así, se animaba a sí mismo: solo un día más de trabajo, solo uno más, y de ese modo logró superar la semana.
El nuevo jefe de equipo era muy distinto al anterior: estaba lleno de energía, presionaba bastante a sus subordinados para mejorar la eficiencia e incluso los arrinconaba en el trabajo.
Comparado con el corrupto «jefe de la vieja escuela» que habían tenido antes, Jiwoon pensaba que aquello era una mejora. Sin embargo, el verdadero problema era que el nuevo jefe de equipo lo miraba siempre que tenía oportunidad. No era algo por lo que pudiera armar un escándalo o mostrarse ofendido, pero aquella atención sutil se convirtió en una silenciosa fuente de estrés.
No importaba. Si lograba sobrevivir ese día, ¡mañana se iría de campamento con Taecheon-C! Con solo imaginarlo, la felicidad lo invadía.
Miró con tanta intensidad el fin de semana impreso en azul y rojo en el calendario de su escritorio que parecía a punto de hacerle un agujero.
Después del trabajo, él y Taecheon habían planeado ir a comprar los ingredientes para el campamento. ¿Qué frutas deberían llevar? ¿Qué cosas para la parrilla? Había oído que los kits de comida para acampar eran bastante buenos últimamente, así que quizá podían comprar algunos.
Soñó con un festín de campamento y se le hizo agua la boca.
Cuando era niño, su familia había sido demasiado pobre y, después de crecer, siempre había estado demasiado ocupado con trabajos de medio tiempo durante las vacaciones escolares como para asistir a viajes o excursiones de clubes. Nunca había estado en un campamento de verdad. Lo más cercano había sido una parrillada durante un taller de la empresa. Eso era todo.
Ahora podré ir de campamento con mi amante… no, con mi esposo.
Habría actividades recreativas, fabricación de velas, fogatas… El supervisor había dicho que prepararían todo el equipo y las tiendas, de modo que ellos solo necesitaban llevar objetos personales y comida.
Mientras lleve suficiente comida para Taecheon-C y para mí, el día será perfecto. Solo pensarlo me emociona.
Mientras se reía para sí, de pronto notó que el jefe de equipo Song lo miraba y revisaba su reloj antes de ponerse de pie.
—Comamos juntos hoy. Me he sentido mal por no haberlos invitado desde que llegué.
—¿Una comida de equipo? Suena bien.
La subgerente Min hizo una señal de aprobación. Los integrantes del equipo, que normalmente sobrevivían con el aburrido menú de la cafetería, parecieron encantados con la oportunidad de salir.
—Yo invito. ¿Qué les parece sushi?
El jefe de equipo Song miró específicamente a Jiwoon al preguntar.
—¿A mí? Eh… Por mí está bien, pero ¿qué opinan los demás…?
¿Por qué me pregunta precisamente a mí?
Quería responderle de mala manera, pero como se trataba de su superior, solo pudo trasladar torpemente la pregunta al resto del grupo.
—A mí me gusta el sushi.
—A mí también.
El subgerente Park, el gerente Kim y el jefe Choi estuvieron de acuerdo.
—Perfecto. Reservaré un lugar cerca. Salgamos al mediodía.
—Guau, es el mejor, jefe de equipo.
—Gracias.
Los empleados vitorearon ante la idea de una comida gratis.
Después de una mañana ajetreada, llegó el mediodía y Song los condujo hasta la planta baja. En el restaurante de sushi que había reservado, el personal los recibió calurosamente.
—Su sala privada está lista. Pasen, por favor.
Mientras todos tomaban asiento, Jiwoon abrió discretamente el teléfono para enviarle un mensaje a Taecheon. Revisó los emojis. Por suerte, el paquete de Sook-ryeo-Doong-i incluía absolutamente de todo, incluso uno para decir «Buen provecho».
[«Mastica bien, cariño.»]
Pulsó enviar y sonrió. El Sook-ryeo-Doong-i, que antes le parecía vergonzoso, ahora se veía irresistiblemente adorable.
Sook, sook, sook~ ryeo, ryeo, ryeo~ Reflexiona una vez más~
Casi sin darse cuenta, tarareó la absurda canción promocional de la campaña de Reflexión.
—Jiwoon, ¿te está pasando algo bueno últimamente?
—¿Mmm? ¿A mí?
—Te ves radiante. ¿Seguro que no hay nada?
La subgerente Min entrecerró los ojos tras sus afilados lentes. Sobresaltado, Jiwoon negó con la cabeza.
—N-no, nada. Solo… estoy aburrido.
—Mmm. Si tú lo dices. Por cierto, este fin de semana vas a la boda de tu amigo, ¿verdad? ¿Es fuera de la ciudad? Vas a estar ocupado.
—¡Ah, sí! En la provincia de Gangwon.
—Está lejos. El pronóstico dice que hará buen tiempo y habrá mucha gente de paseo. Ten cuidado con el tráfico.
—Es cierto. Clima perfecto para una cita —comentó el subgerente Park.
El ambiente era ligero y animado.
—Entonces, ¿tienes novia, subgerente Park? —preguntó el jefe de equipo Song.
—Sí, estamos saliendo con la intención de casarnos.
—Oh, ya veo. Entonces, veamos… Los gerentes están casados, así que el subgerente Park, la subgerente Min y yo somos solteros. Y tú, Jiwoon… no estás casado, ¿verdad?
Song lo miró directamente desde el otro lado de la mesa.
—¿Ah, yo?
—Sí. En los registros apareces como soltero, ¿cierto?
Como Jiwoon nunca había presentado un registro familiar que mostrara su inscripción matrimonial accidental, en los archivos de la empresa aún figuraba como soltero. Rio con incomodidad y asintió.
—Así es.
—¿Tienes pareja?
¡¿Qué se supone que debo responder?! Tengo novio y esposo…
Nervioso, inclinó la cabeza sin saber qué contestar.
—…¿Tal vez?
—¿Eso significa que sí o que no?
—Ah… No. No tengo.
Mejor fingir que no tengo ninguno. Claro que no puedo admitir que tengo esposo, y decir que tengo amante sería igual de complicado.
—¿De verdad? Pensé que ya tendrías a alguien.
—¿Eh?
—No creí que la gente de la empresa te dejaría tranquilo.
Song le dedicó una sonrisa grasienta. Aunque podía considerarse apuesto, había algo viscoso en él que repelía a Jiwoon.
—Come.
Song empujó hacia Jiwoon un plato de camarones en tempura.
—Mmm, lo siento. Soy alérgico a los mariscos.
No se había molestado en mencionarlo al hacer la reserva porque bastaba con evitar el sushi de camarón. Pero que de pronto le empujaran camarones fritos y calientes hacia él le quitó el apetito.
—Que alguien más se los coma. De verdad no puedo.
—Están deliciosos. Prueba solo uno.
—No, de verdad no puedo.
Fuera insistencia o «preocupación», aquella presión lo puso tenso. Entonces Min intervino.
—Jefe de equipo, una vez Jiwoon terminó en urgencias por comer camarón. No es una broma. No se tome las alergias a la ligera.
Su tono juguetón alivió la tensión. Song cedió, diciendo que era una lástima desperdiciarlos, y se comió él mismo la porción de Jiwoon.
No, en serio. Una vez me hospitalizaron por eso. Mi abuelo tuvo que cargarme durante kilómetros porque ni siquiera pudimos encontrar un taxi.
Al recordar aquello, el corazón de Jiwoon se enterneció y se encogió al mismo tiempo. Había sido durante una época fría como aquella… Los recuerdos de sus abuelos surgieron con claridad.
Entonces su teléfono vibró suavemente. Lo revisó debajo de la mesa.
De ㅌㅊC:
[Come bien. No te apresures o te dará indigestión.]
Era un mensaje breve y sencillo, pero el ánimo de Jiwoon se despejó de inmediato, como un cielo azul después de la lluvia.
Comeré bien, excepto camarones. No te preocupes, ahora mastico con cuidado… después de aquella vez que me pinché la mano, aprendí la lección.
Respondió con una ligera sonrisa.
Sin que Jiwoon lo notara, Song lo observaba atentamente, pues había visto las sonrisas que dirigía al teléfono. Su mirada se volvió más aguda.
Mmm… Mira a este Omega.
Acariciándose la barbilla, el jefe de equipo Song contempló a Jiwoon como si lo estuviera evaluando.