Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 46
Lee Jiwoon se quedó petrificado.
¿Qué acaba de pasar?
El rostro de Seo Taecheon llenaba todo su campo de visión, tan deslumbrante como una estatua finamente esculpida, acompañado de un aroma tan embriagador que casi lo asfixiaba. Y la calidez de sus pieles al tocarse… Todo parecía un sueño.
No tenía idea de cuánto tiempo permaneció así, inmóvil y sin poder pronunciar palabra.
Entonces, Taecheon rozó con el pulgar los labios húmedos de Jiwoon y preguntó:
—¿Te sorprendió?
—Eh…
Así que esto es lo que pasa cuando estás demasiado sorprendido: no se te ocurre qué decir.
Jiwoon se limitó a parpadear con expresión ausente.
—Pareces sorprendido.
—Sí, yo… sorprendido… Espera, ¿qué?
Nos besamos. Taecheon-C y yo… ¿nuestro primer beso?
No, espera… No fue profundo, así que quizá debería llamarlo «nuestro primer piquito». Pero aun así, nuestros labios se tocaron, ¿no? ¿No debería contar eso como un primer beso?
Un torbellino de preguntas, asombro y emoción se reflejó en el rostro de Jiwoon.
Entonces, Taecheon volvió a inclinarse y le dio otro beso rápido en la mejilla.
—Como estamos afuera, me abstendré de hacer algo más.
—…¿Eh? ¿Algo… más?
—Estamos al aire libre. Lo haré como es debido más tarde.
El rostro de Jiwoon se encendió con tanta violencia que no habría sido extraño que simplemente explotara.
Ni siquiera recordaba cómo había terminado el resto de su bebida. Cuando volvió en sí, estaba sentado en el asiento trasero de un automóvil junto a Taecheon, con un chofer al volante. Y, en realidad, solo había bebido un daiquirí y un sorbo de whisky; apenas lo suficiente para considerarlo beber demasiado. Sin embargo, le daba vueltas la cabeza y tenía el corazón inquieto.
Todo era culpa de aquel beso. Y de la promesa de Taecheon-C de hacer «algo más».
—No te sientes tan lejos. Acércate.
—Eh… está bien.
Taecheon extendió la mano y atrajo a Jiwoon hacia él hasta que sus hombros quedaron estrechamente pegados. Su aroma y el calor de su cuerpo envolvieron a Jiwoon, trayéndole de vuelta el vívido recuerdo del contacto físico de antes. Casi hizo que se le erizara el cabello.
—Apóyate en mí.
Taecheon rodeó sus hombros con un brazo, haciendo que resultara natural para Jiwoon recostarse contra él.
El tenue perfume mezclado con el aroma de Alpha… huele demasiado bien.
Aunque estaba completamente rígido por los nervios, Jiwoon saboreó el momento.
Dios… Esto me gusta demasiado. ¿Por qué no hay tráfico esta noche?
Casi deseaba que el trayecto a casa durara más para poder seguir disfrutando de aquella calidez a su lado.
—Hemos llegado.
—Gracias. Que llegue bien a casa.
Una vez en casa, se despidieron del conductor y caminaron juntos hasta la entrada. Jiwoon seguía sintiéndose eufórico, así que Taecheon abrió la puerta por ambos.
—Cuidado con tus pasos.
—¡Sí!
Caminaron por el jardín hasta llegar al edificio principal. Jiwoon supuso que Taecheon simplemente abriría la puerta principal.
Pero, en cambio, Taecheon se detuvo de repente, apoyó una mano contra la puerta y se volvió para mirarlo.
—¿Qué pasa?
—Voy a cumplir esa promesa ahora.
—…¿Qué?
—Ya no estamos al aire libre.
Taecheon tomó las mejillas de Jiwoon entre ambas manos y se inclinó hacia él. Jiwoon podía sentir el calor puro de su aliento, y su corazón parecía a punto de estallar.
—Eh… e-está bien.
—Bien.
Jiwoon comprendió que ahora era su turno de ser valiente. Tembloroso, deslizó los brazos alrededor del cuello de Taecheon.
Tú puedes hacerlo. Eres un adulto.
Alzándose ligeramente sobre las puntas de los pies, Jiwoon acercó sus labios a los de Taecheon, y el brazo de este se ciñó con firmeza alrededor de su cintura.
¡Se están tocando…! ¡Lo hice! ¡Nuestros labios se están tocando!
Más que un verdadero beso, parecía que simplemente estaban presionando sus bocas una contra la otra, pero Jiwoon aun así sintió una oleada de satisfacción por haber sido él quien iniciara el contacto.
—Haa…
Sin aliento, Jiwoon volvió a apoyar los talones en el suelo y se apartó. Pero aquello no había terminado: Taecheon buscó sus labios de inmediato.
—¡Mm…!
Algo caliente se deslizó entre ellos, separando sus labios y dejando rastros de calor a su paso. Sus alientos se entrelazaron profundamente hasta volverse indistinguibles. Jiwoon sintió como si estuviera precipitándose por un abismo sin fondo. Lo único a lo que podía aferrarse era el sólido cuello de Taecheon, su pecho y sus hombros duros como una roca, que apretaba y acariciaba sin pensar.
Sentía los labios en llamas, y el placer que nacía en ellos descendía por su columna, estremeciéndolo hasta la punta de los pies. Podía jurar que nunca en su vida había sentido algo tan embriagador.
Taecheon-C… ¿No dijiste que nunca habías salido con nadie? Entonces, ¿por qué besas tan bien? ¿Era mentira?
—Deja de pensar tanto.
Era como si Taecheon hubiera leído las dudas en su mente. El brazo que rodeaba la cintura y la espalda de Jiwoon se estrechó de repente, casi hasta aplastarlo, y, combinado con la intensidad arrolladora del beso, dejó la mente de Jiwoon completamente en blanco.
La puerta principal se abrió y, todavía abrazados, entraron en la casa. El sonido de la puerta cerrándose de golpe hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Jiwoon. Y, por supuesto, dentro de aquella casa… estaban solos. Lo que significaba que, sin importar lo que hicieran dos amantes, nadie se enteraría.
—E-espera un segundo.
Jiwoon jadeó desesperadamente en busca de aire. Durante el breve instante en que sus bocas se separaron, quedaron jadeando frente a frente, con las narices casi rozándose. Y entonces Jiwoon vio realmente la expresión de Taecheon: algo nuevo, casi depredador.
Este no es el director que conozco. ¿Cómo podría describirlo…?
—Taecheon…
Como un carnívoro.
Era como si su actitud caballerosa hubiera sido una máscara desde el principio. Al instante siguiente, Taecheon lo obligó a retroceder sin dejar de besarlo. Sus zapatos se salieron de sus pies sin que siquiera se diera cuenta y, tropezando torpemente para no caer, Jiwoon siguió retrocediendo. Todo su cuerpo ardía, sentía que el cerebro se le derretía y los movimientos de Taecheon eran rápidos y feroces.
Mientras era empujado lejos de la entrada, una repentina alarma lo sacudió.
Espera… ¿Está planeando cruzar la línea esta noche? Este ambiente, el beso profundo, este Taecheon depredador… ¿De verdad va a…?
El corazón de Jiwoon latía a un ritmo peligroso. No podía negar que sentía expectación, pero, debajo de ella, también había un rastro de miedo.
En la pensión de la isla, cuando había considerado audazmente abalanzarse sobre Taecheon, solo tenía una vaga idea de lo que aquello implicaría. Como nunca había experimentado realmente el lado adulto de las cosas, había supuesto temerariamente: Ya veré cómo me las arreglo.
Pero ahora… ahora el ambiente era completamente diferente. Se sentía emocionado ante la idea de lo que estaba por venir y, al mismo tiempo, asustado.
No… Tengo demasiado miedo para dejarme llevar así sin más. Pero… ¡también quiero dejarme llevar…!
Emociones contradictorias se agitaron frenéticamente en su pecho.
—¡Espera… detente!
Estaban casi frente a la puerta del dormitorio principal cuando Jiwoon agitó los brazos e intentó apartar a Taecheon, al menos lo suficiente para poder hablar y despejar la cabeza. Justo entonces, su mano chocó contra algo duro, que cayó al suelo con un fuerte golpe.
El ruido lo devolvió a sus sentidos, y Taecheon también lo soltó.
—¿Qué pasó? ¿Te lastimaste?
—Estoy bien. Ah… ¿qué es eso?
Jiwoon se agachó para mirar. Era una caja de paquetería bastante grande.
—Una entrega.
Ahora que lo pensaba, el aparador junto al dormitorio principal era donde el ama de llaves siempre dejaba los paquetes.
—Debí tirarla al golpearla.
Un breve silencio cayó entre ambos. Con el ambiente apasionado espectacularmente arruinado, la incomodidad y la vergüenza llenaron el aire.
—Ja, ja… ¡Es un paquete! Llegó una entrega —dijo Jiwoon apresuradamente mientras se arreglaba el cuello arrugado de la ropa, aferrándose a aquella oportunidad para romper la tensión.
¿Por qué? Porque si entraban al dormitorio ahora mismo… podría ocurrir algo muy peligroso, y él todavía no estaba mentalmente preparado para eso.
—Míralo después.
Pero Taecheon lo levantó y volvió a atraerlo entre sus brazos. Jiwoon entró en pánico y lo empujó.
—Q-quizá… deberíamos revisarlo. Podría ser… correspondencia urgente.
Incluso mientras lo decía, sabía lo ridículo que sonaba. ¿Un paquete urgente? Eso ni siquiera tenía sentido. Pero, una vez que empiezas a balbucear, ya no puedes detenerte.
Empezó a decir que la cinta parecía resistente y que tendría que ir a buscar un cuchillo a la cocina para abrirla.
—…Está bien. Si es tan urgente, ábrelo.
—S-sí… está bien.
Taecheon soltó su muñeca y Jiwoon tragó saliva con dificultad mientras bajaba la mirada.
Muac.
Taecheon depositó un beso en su frente.
—La próxima vez, no te dejaré escapar.
Su voz era grave y provocó que la piel de los brazos de Jiwoon se erizara. Aquella sensación llevaba consigo un estremecimiento de miedo, pero también algo parecido al placer.
En lo más profundo de su pecho, una extraña expectación comenzó a agitarse.
Espero que esa «próxima vez» en la que no me dejarás escapar llegue pronto…
…Pero esta noche, por favor, comprende que todavía tengo un poco de miedo.