Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 4
Los dos entraron en la suite de Seo Taecheon, se quitaron los zapatos de una patada y se dejaron caer sobre la cama. Seo Taecheon acomodó una almohada debajo de Lee Jiwoon, quien ni siquiera podía mantenerse erguido correctamente, y luego levantó el teléfono con una mano.
—Voy a tomar la foto.
—Zzz…
—…¿Subgerente Lee Jiwoon?
Seo Taecheon miró a un lado y descubrió que Lee Jiwoon ya había cerrado los ojos y caído en un sueño profundo.
—…Zzz…
¿Se quedó dormido en ese breve instante?
Seo Taecheon intentó despertarlo sacudiéndolo, pero Jiwoon no se movió en absoluto.
Dejó escapar un suspiro de incredulidad y terminó tomándose una foto junto al dormido Lee Jiwoon antes de subirla a la aplicación del diario de deliberación. Mientras tanto, guiado por la embriaguez, Lee Jiwoon había caído en un sueño profundo. Ofrecía la imagen perfecta de alguien que no se daría cuenta aunque se lo llevaran cargando.
Con el paso del tiempo, cuando el amanecer se acercaba, Lee Jiwoon despertó debido a un calor sofocante.
—Ah… Qué calor.
¿Por qué siento todo el cuerpo tan caliente? Quiero beber agua fría.
La habitación estaba completamente oscura y, con la mente todavía aturdida, no podía distinguir nada. Su respiración se volvió agitada, la frente le ardía y hasta sus manos y pies irradiaban calor.
¿Por qué sigo sintiéndome así? Tengo el cuerpo tan caliente que me estoy volviendo loco.
Al prestar atención, se dio cuenta de que aquello era completamente distinto a una resaca. No se trataba solo de sed o dolor de cabeza; sentía como si algo en lo más profundo de su cuerpo estuviera abrasándolo y consumiéndolo.
Tengo muchísima sed. Quiero algo frío… Algo helado que me quite este calor del cuerpo.
Su mente se volvió cada vez más confusa. Lee Jiwoon flotó entre los límites del sueño y la realidad hasta que volvió a perder el conocimiento.
Poco después, un contacto sorprendentemente fresco y húmedo rozó su mejilla.
—Ah…
Aunque se encontraba en un sueño, la sensación era increíblemente vívida. Aquella mano, semejante a un trozo de hielo que nunca se derretía, transmitía un frescor maravilloso.
—Qué refrescante…
Lee Jiwoon colocó su mano sobre aquella y frotó el rostro contra ella. Un aroma gélido surgió de algún lugar y le hizo cosquillas en la punta de la nariz. Era una fragancia indescriptiblemente agradable y, al mismo tiempo, embriagadora.
—…Más…
El aire frío, mezclado con aquel aroma intoxicante, intensificó aún más su sed. ¿Qué tan maravilloso sería absorber esa sensación en su cuerpo? Si pudiera tragársela, ¿qué tan refrescante resultaría?
En cuanto lo pensó, algo fresco tocó sus labios. Era suave y húmedo.
—Mmm…
La respiración quedó atrapada en su garganta y aquella sensación fría penetró en su boca.
Un beso. ¿A quién estoy besando?
Incluso con la mente nublada, era consciente de lo que estaba haciendo. Sin embargo, los efectos del alcohol y del sueño eran demasiado intensos como para permitirle pensar racionalmente.
Envuelto en la neblina de la embriaguez, Lee Jiwoon sintió que todo su cuerpo flotaba en el aire. Era como si volara por el cielo, y cada vez que una corriente eléctrica atravesaba las puntas de sus dedos y sus pies, su pecho, pegado al de la otra persona, palpitaba con violencia.
—Quédate quieto.
La otra persona sujetó la muñeca de Jiwoon cuando este comenzó a moverse inquieto y lo inmovilizó contra el colchón. Con las manos restringidas, Jiwoon no podía moverse en absoluto. Lo único que podía hacer era respirar aquella sensación helada que se abría paso entre sus labios y la abrumadora fragancia.
—Ah…
De vez en cuando, cuando sus labios se separaban, se escapaban suspiros semejantes a gemidos. A medida que el calor se disipaba lentamente de su cuerpo, una energía diferente comenzó a agitarse en su interior. Todo su cuerpo hormigueó y se tensó con sensibilidad. La parte interna de sus muñecas, sus mejillas y los lóbulos de sus orejas le cosquilleaban bajo el peso de la persona que se encontraba a horcajadas sobre él.
—Ya es suficiente.
Una voz grave sonó muy cerca y, poco después, su cuerpo se sintió más ligero.
…Qué sueño tan extraño.
Lee Jiwoon volvió a hundirse en el mundo de la inconsciencia.
La luz del sol entraba a raudales por la ventana. El sol veraniego era tan deslumbrante que Lee Jiwoon apenas logró abrir los ojos. Se frotó los pesados párpados y miró a su alrededor. Estaba acostado en una cama tan amplia como el océano Pacífico y, más allá, se extendía una enorme habitación con una sala de recepción al fondo.
—¿Dónde estoy…?
Definitivamente, aquella no era la habitación en la que había guardado su equipaje. ¿Acaso la suya no era una acogedora habitación estándar? En ese lugar podrían rodar por el suelo treinta personas sin ningún problema.
Sosteniéndose la cabeza mareada, Jiwoon se incorporó lentamente. Desde la sala de recepción llegó el sonido de alguien moviéndose y, poco después, apareció Seo Taecheon.
—Dormiste muy bien.
—¿Eh? ¿Esta es su habitación, director?
—Así es.
—¿Por qué estoy… aquí?
—Te quedaste dormido mientras realizábamos la tarea de la foto para el diario de deliberación. ¿No lo recuerdas?
Seo Taecheon respondió mientras se sentaba en el sofá junto a la mesa auxiliar. Solo entonces, Jiwoon comenzó a recordar vagamente algunos fragmentos de la noche anterior. Se había emborrachado por completo y Seo Taecheon lo había arrastrado hasta allí. Se quedó dormido justo después de tomarse la foto…
Espera. ¿No tuve un sueño extraño al amanecer? Estaba ardiendo y besé a alguien agradablemente frío. A alguien que olía a bosque. Era un aroma tan maravilloso que no podía creer que existiera algo tan agradable…
Jiwoon se llevó la palma de la mano a la frente. No estaba caliente en absoluto. Tenía una temperatura completamente normal. Resultaba difícil creer que hubiera estado ardiendo como el fuego.
—Qué sueño tan absurdo.
—¿Qué dijiste?
—Ah, nada.
—Entonces desayuna y sal cuando estés listo.
—¿Desayuno?
Al mirar el reloj de la pared, vio que eran las ocho de la mañana. Si se aseaba y bajaba a la cafetería de los empleados, apenas llegaría a tiempo para el servicio.
—Creo que no me alcanzará el tiempo.
—El servicio a la habitación llegará pronto.
—¿Disculpe?
—Olvidé que tenía una reunión de ejecutivos y lo pedí de todos modos. El menú resulta ser sopa de abadejo seco para la resaca. Sería un desperdicio dejarla, así que cómetela tú.
—¿De verdad?
Jiwoon se rascó la nuca y parpadeó.
¿Hoy es mi día de suerte? No tendré que buscar una sopa para la resaca en otro lugar.
—Entonces, hoy también fingiremos no conocernos.
—Igualmente.
Seo Taecheon revisó en el espejo que su camisa estuviera perfectamente planchada y poco después abandonó la habitación.
—Ah, primero un sueño extraño y luego comida gratis. ¿Será una señal de que hoy tendré suerte…?
No podía estar seguro, pero sentía el cuerpo ligero y tampoco parecía tener problemas con las feromonas. Eso era bueno.
Por si acaso, Jiwoon olfateó distintas partes de su cuerpo, pero no logró percibir rastro alguno de feromonas.
Así que saltarse el supresor durante un día no causa ningún problema. Sí. No hay nada de qué preocuparse.
Jiwoon lo pensó con total tranquilidad, pero había una posibilidad que no había considerado. Cuando las feromonas de un Omega se alteraban y comenzaban a filtrarse al exterior, el contacto cercano con las feromonas de un Alpha podía neutralizar aquella energía.
En pocas palabras, el contacto físico con un Alpha podía impedir que su aroma se esparciera por todas partes. Jiwoon, sin siquiera imaginar esa segunda posibilidad, esperó alegremente la llegada del servicio a la habitación.
—¡El momento más importante del día! ¡La jornada deportiva del Orgullo del Trabajo en Equipo!
El gerente Kim, que ejercía de maestro de ceremonias, animó el ambiente dentro del gimnasio cubierto. Los sesenta participantes fueron divididos en seis equipos y gritaban con entusiasmo, coreando sus consignas.
Lee Jiwoon y Ki Hyunjin pertenecían al Equipo 1. Ambos demostraron una excelente coordinación en juegos grupales como el tira y afloja y la carrera con pelota gigante. Incluso consiguieron el primer lugar en el minifútbol, mostrando un desempeño sobresaliente.
—¡El Equipo 1 está imparable! ¡A este paso, podría llevarse la victoria! Sin embargo, aún queda una última competencia: ¡la carrera de tres piernas! ¡Si otro equipo gana, todavía podría darle la vuelta al marcador!
—¡Waaa!
Los empleados aplaudieron y vitorearon.
—¡El subgerente Ki y el subgerente Lee deberían participar! ¡Trabajaron muy bien juntos!
—Exacto, exacto. Si ellos dos compiten, la victoria está asegurada.
Todos los empleados estuvieron de acuerdo en que Ki Hyunjin y Lee Jiwoon debían formar pareja. Jiwoon también pensaba que competir junto a Hyunjin en la carrera de tres piernas les daría muchas posibilidades de ganar.
—Por el Equipo 1, competiré junto al subgerente Ki.
Jiwoon se dirigió a la mesa de organización y se inscribió en la competencia. Sin embargo, el encargado negó con la cabeza.
—Ah, eso no será posible.
—¿Por qué no, señor?
—El director debe participar por el Equipo 1. Es la prueba final, así que debería servir como recuerdo. ¿No lo escuchó antes?
Jiwoon quedó desconcertado ante las palabras del encargado. Por mucho que aquello fuera un espectáculo, ya era demasiado. ¿Qué sentido tenía obligar a un ejecutivo a participar en una competencia deportiva?
—Entendido. Entonces el subgerente Ki y el director correrán…
—El subgerente Lee y yo participaremos.
—¿Qué?
Seo Taecheon se había acercado sin que lo notaran y permanecía allí con los brazos cruzados, mostrando una expresión segura.
—Espere. ¿Quiere correr conmigo?
—¿Por qué no? Vi que tuviste un buen desempeño en todas las competencias anteriores.
—Eh… Es cierto, pero aun así…
—¡Bien, ya no tenemos tiempo! ¡Director! ¡Subgerente Lee! ¡Por favor, diríjanse a la línea de salida!
Los empleados de la organización corrieron hasta ellos y los apremiaron para que se colocaran en la línea de salida. Jiwoon fue arrastrado hasta allí antes de poder decir nada. Taecheon ató rápidamente sus tobillos y pasó un brazo por encima de los hombros de Jiwoon.
—¿Empezamos con el pie izquierdo o con el derecho?
—Comencemos con los pies del centro.
Los dos realizaron una sencilla práctica. Cada vez que contaban al unísono —uno, dos, uno, dos—, avanzaban perfectamente sincronizados.
¿Qué demonios? ¿Por qué estamos tan coordinados?
No se sentía bien ni mal. Solo resultaba extraño.
Recordó a la instructora de la prueba de personalidad diciendo: «Si estas dos personas trabajaran juntas en un proyecto, les iría muy bien». ¿Acaso aquella prueba había sido realmente precisa?
Jiwoon hizo un puchero.
Uf, esto es irritante. Es como si el mundo entero estuviera tratando de emparejarme con este hombre.
La carrera de tres piernas terminó con ambos obteniendo el primer lugar por una diferencia abrumadora. Los aplausos estallaron cuando Jiwoon y Taecheon cruzaron la línea de meta.
—¡Increíble! ¡El director y el subgerente unieron fuerzas y consiguieron el primer lugar! El premio es… ¡un cupón de hotel!
—¡Guau! ¡Qué envidia!
—¡Bien hecho!
Un cupón para una noche de alojamiento en uno de los hoteles afiliados terminó en manos de Jiwoon.
Pero ¿no es uno de esos hoteles que podemos usar con descuento de empleados de todas formas? Este cupón no me emociona demasiado… Aunque supongo que tengo que sonreír y fingir que sí. De eso se trata ser un profesional.
La expresión aturdida de Jiwoon y el rostro sereno de Taecheon quedaron inmortalizados para siempre en una fotografía.
Después de aquel caótico y agitado viaje de dos días y una noche, el trayecto de regreso coincidió con la hora pico y un tráfico intenso. Al entrar en Seúl, la congestión empeoró. Jiwoon comenzó a quedarse dormido dentro del autobús, que avanzaba con lentitud.
—Mmm…
Ah, qué agradable.
A Jiwoon le gustaba mucho el objeto desconocido sobre el que descansaba su cabeza. El equilibrio perfecto entre suavidad y firmeza resultaba ideal para dormir cómodamente.
—Ah… Es muy elástico.
Extendió una mano y apretó el cojín. Era tan resistente que, incluso cuando lo presionaba con fuerza y le daba palmadas, no perdía su forma en absoluto.
¿De qué está hecho esto?
En el momento en que abrió los ojos, se encontró con la mirada de Seo Taecheon, quien lo observaba como si no pudiera creer lo que estaba viendo.
—¡Ah! Lo siento.
—…Me preocupa menos que me hayas tocado y más que hayas babeado sobre mi hombro.
—¡No babeé!
Jiwoon se apartó rápidamente del hombro de Taecheon y usó la pantalla de su teléfono como espejo para comprobarse el rostro. Por fortuna, no había rastros de saliva.
—Esta es la estación Gangnam. Por favor, desciendan con cuidado.
El autobús finalmente se detuvo. Jiwoon fue el primero en bajar y sacó su maleta del compartimiento de equipaje. Mientras lo hacía, recorrió rápidamente con la mirada a las decenas de personas, buscando a Taecheon.
Sin embargo, no lo encontró por ninguna parte.