Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 32
Su estómago comenzó a revolverse con más violencia y ahora hasta le dolía la cabeza. Sin saber qué más hacer, Jiwoon siguió dándose golpes en el pecho y, justo entonces, Seo Taecheon salió del baño.
—¿Qué ocurre?
—Ah… en realidad, creo que tengo indigestión.
—¿Qué dijo?
—Siento el pecho oprimido.
Jiwoon se desabrochó un par de botones de la camisa y respiró profundamente. Seo Taecheon notó que su rostro se volvía cada vez más pálido y frunció profundamente el ceño.
—No tiene buen aspecto. Acuéstese por ahora. Iré a ver si tienen algún medicamento.
—Sí. Gracias.
Seo Taecheon salió rápidamente de la habitación. Jiwoon, empapado en sudor frío y completamente exhausto, se desplomó sobre la ropa de cama.
Después de una breve espera, Seo Taecheon regresó. Pero en lugar de medicamentos, traía una aguja clavada en un corcho y un encendedor.
—¿Eh…? ¿Y el medicamento?
—Justamente se les acabó el medicamento para la indigestión. Pero me dieron esto en su lugar.
—¿U-una aguja?
Jiwoon se estremeció y retrocedió instintivamente. La gruesa y reluciente aguja desprendía un aura intensa, casi amenazante.
—Dijeron que pincharse con una aguja aliviaría inmediatamente la indigestión e incluso me explicaron cómo hacerlo.
Jiwoon conocía la costumbre de pincharse los dedos con una aguja. Cuando sufría indigestión de niño, su abuela le pinchaba las yemas de los dedos. Pero también recordaba, tan vívidamente como si hubiera sido ayer, lo terriblemente doloroso que era: cómo la aguja se clavaba y después había que apretar para sacar la sangre.
¿¡De verdad voy a tener que pasar otra vez por ese dolor…!?
Sin inmutarse ante el rostro aterrorizado de Jiwoon, Taecheon se dispuso tranquilamente a pincharle la yema del dedo. Gracias a la meticulosidad de la abuela, también tenía un encendedor para esterilizar la aguja. Lo encendió y pasó la aguja por la llama antes de limpiarla con una toallita con alcohol.
—Director, realmente no me gustan las agujas. ¿No podemos intentar otra cosa?
—Mmm. Bueno. Yo también he probado varios métodos, pero nada funciona tan bien como esto para la indigestión. Es lo más rápido y eficaz.
—¡Aun así…! Creo que va a doler demasiado. Mire lo gruesa que es esa aguja.
—Cuanto más gruesa, mejor. Hay que clavarla lo bastante profundo como para que se le salten las lágrimas; solo así funciona.
Mientras Jiwoon ponía una expresión miserable, Taecheon se acercó. Se quitó el reloj y dejó la aguja sobre la toallita con alcohol por un momento. Jiwoon retrocedió nerviosamente.
—¿P-por qué se acerca?
—Quédese quieto.
¿Por qué se quita el reloj solo para pincharme un dedo? ¿Qué pretende hacer?
Mientras Jiwoon temblaba de miedo, Taecheon extendió repentinamente una mano.
—¡Ah!
—Primero tengo que darle un masaje.
Su gran mano se dirigió directamente al vientre plano de Jiwoon. Este se sobresaltó tanto que casi le dio hipo.
—Quédese quieto.
Sin vacilar, Taecheon comenzó a frotar lentamente el vientre de Jiwoon con movimientos circulares. Era un contacto suave y delicado que le permitía sentir hasta el último rastro de su calor.
—…Director.
—Esto ayudará a que su cuerpo se relaje.
—Bueno, sí, pero…
Con la pared a su espalda, no tenía adónde retroceder. Jiwoon no tuvo más remedio que dejarse tocar por Taecheon. Después de unos minutos de aquel delicado masaje, un intenso calor comenzó a acumularse en su bajo vientre.
Maldita sea. Esto no está bien. Es peligroso… ¡Demasiado peligroso…!
Aquellas yemas firmes, las palmas callosas, el tenue aroma de la colonia… Todo estimulaba los sentidos de Jiwoon y despertaba pensamientos indecentes.
Esta es la mano de un robot. No es la mano de un ser humano.
Intentó convencerse a sí mismo, pero la mano de Taecheon seguía recorriendo persistentemente su abdomen.
—Respire. Relájese.
—Haa… Sí, Director.
—Relájese un poco más. Simplemente confíeme su cuerpo.
—Uf, está bien.
Las caricias de Taecheon se volvieron más lentas y persistentes, casi como si intentara memorizar los contornos del cuerpo de Jiwoon.
¡No, no puedo permitir que esto continúe! Prefiero soportar el dolor de la aguja.
Jiwoon sujetó de repente la muñeca de Taecheon con fuerza para detenerlo.
—¡D-deténgase! ¡Por favor, mejor use la aguja!
Ante la súbita súplica de Jiwoon, Taecheon asintió, como si estuviera ligeramente decepcionado.
—Su estómago apenas comenzaba a calentarse… pero está bien. Un pinchazo rápido funcionará igual de bien.
—S-sí.
Taecheon deslizó la mano desde el codo de Jiwoon hasta su muñeca. A primera vista, el movimiento parecía suave, pero en realidad ejercía bastante fuerza, haciendo que la sangre fluyera hasta las yemas de sus dedos. Masajeó la muñeca y la mano de Jiwoon, presionando el espacio entre el pulgar y el índice.
—Ah, eso duele.
—Este punto suele doler cuando se tiene indigestión. Déjeme aflojarlo.
—Uf, haah…!
Con la fuerza propia de un hombre, Taecheon presionó y amasó los puntos doloridos, haciendo que Jiwoon gimiera involuntariamente. Este hizo una mueca y apartó la cabeza.
—Bien, con eso bastará. Ahora es hora de pincharle la yema del dedo.
—Haa… Está bien. Por favor… hágalo rápido.
—Relájese. Si está tenso, la aguja no entrará con facilidad.
Taecheon sostuvo el dedo índice de Jiwoon. Atrapada entre la gran mano de Taecheon, la mano de Jiwoon tembló.
—Subgerente Lee, ¿está temblando?
—N-no…
—¿Está seguro de que se encuentra bien?
—La verdad… no.
—Entonces no puedo hacerlo así. Tiene que dejarse llevar y aceptarlo con más calma.
La voz de Taecheon era como un susurro, tan baja y profunda que parecía resonar en el cráneo de Jiwoon.
Esto es extraño. Estoy nervioso. Y no solo por la aguja, sino también porque está demasiado cerca. Puedo sentir perfectamente la respiración del Director. Nuestras rodillas ya se están tocando.
El aroma de su cuerpo, aquella atmósfera extrañamente cargada y ahora esas frases que, con la más mínima tergiversación, podían malinterpretarse por completo si se escuchaban con una mente pervertida.
Solo me está diciendo que va a pincharme el dedo, pero ¿por qué suena tan sugerente?
Mientras Jiwoon estaba distraído por aquellos pensamientos inoportunos, la aguja perforó repentinamente la yema de su dedo.
—¡Ah!
No se lo esperaba y se estremeció con fuerza. Taecheon lo había pinchado sin previo aviso.
—¡Ahh, ngh!
Antes de que Jiwoon pudiera siquiera protestar, Taecheon le pinchó el siguiente dedo. El repentino dolor fue tan intenso que los ojos de Jiwoon se llenaron de lágrimas. Jadeó en busca de aire y las lágrimas rodaron por sus sonrosadas mejillas.
—¿Le duele?
—S-sí, Director… Por favor, deténgase.
Jiwoon alzó los ojos llorosos hacia Taecheon.
—¿Solo le duele?
—Ah… no solo eso.
Por extraño que pareciera, se sentía un poco mejor. Tal vez el efecto había sido inmediato: su estómago se estaba aliviando gradualmente y la opresión comenzaba a desaparecer.
—No… solo duele.
—Entonces pinchemos uno más.
—¡N-no! Con esto es suficiente.
—Shh. Solo uno más.
Con un rápido movimiento, Taecheon volvió a tomar la aguja y pinchó la yema del cuarto dedo de Jiwoon. Una gota redonda de sangre brotó y luego descendió por su pálido dedo. Sus largas y esbeltas manos estaban ahora manchadas de sangre.
—Se lo limpiaré. Espere aquí.
—Puedo hacerlo yo mismo.
—Yo fui quien le hizo daño, así que asumiré la responsabilidad.
—Ah… entonces, gracias.
Taecheon fue al baño y regresó con una toalla húmeda, limpiando suavemente la mano de Jiwoon. Su mirada, baja mientras examinaba los dedos de Jiwoon, era seria y cuidadosa.
—Lamento haberle causado dolor.
—…Está bien.
—La próxima vez intentaré no hacerle daño.
Taecheon levantó la cabeza y miró a Jiwoon a los ojos. Este apartó el rostro, sintiéndose repentinamente avergonzado.
—Traje unas vendas adhesivas. Déjeme ponérselas.
—Sí. Gracias.
Una vez que Taecheon cubrió los dedos de Jiwoon con las vendas, el tratamiento terminó. Cuando Taecheon se alejó para recoger las cosas, Jiwoon finalmente se relajó. Y entonces una repentina oleada de somnolencia se apoderó de él.
—¿Nos acostamos?
—Sí…
Jiwoon respondió débilmente mientras se apoyaba contra la pared.
Tal vez se debía a que habían sucedido demasiadas cosas en un solo día. Su cuerpo exhausto no tardó en sucumbir al sueño.
Incluso mientras su conciencia se desvanecía, Jiwoon no dejaba de pensar:
No puedo quedarme dormido así… Vine a esta isla con una misión… pero estoy tan cansado.
Seo Taecheon sostuvo a Jiwoon por la nuca y la parte baja de la espalda, acostándolo cuidadosamente sobre la manta.
—Director… No puedo quedarme dormido ahora…
—Está bien.
—Hay algo que… todavía tengo que hacer…
Jiwoon murmuró incoherentemente.
—Solo duerma.
Taecheon subió la manta hasta la barbilla de Jiwoon y apagó las luces con el interruptor de la pared.
—Todavía tenemos mucho tiempo, subgerente Lee.
Pero Jiwoon, ya completamente dormido, no escuchó las últimas palabras de Taecheon. Simplemente se sumió en un profundo sueño.
Había dormido demasiado profundamente. Lo que despertó a Jiwoon fue la sed. Cuando abrió lentamente los ojos, algo cálido… no, caliente y firme, estaba pegado a él. No, considerando que aquello rodeaba su brazo y su hombro, tal vez sería más apropiado decir que estaba atrapado.
¿Dónde estoy…? Esto no parece mi casa. ¿Y qué es este calor sofocante? ¿Me quedé dormido envuelto en una manta eléctrica? No, es demasiado pesado para eso.
Levantó la cabeza para comprobar qué era aquello que lo rodeaba y entonces Jiwoon se quedó sin palabras.
Se dice que una conmoción extrema puede paralizar el cuerpo. Jiwoon se tragó el grito.
Seo Taecheon estaba acostado a su lado, con un brazo bajo la cabeza de Jiwoon a modo de almohada y el otro rodeándole la cintura.
Lo que había creído que era un muro de calor… en realidad eran el pecho y el brazo del Director.