Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 23
—Uno, dos, tres… ¿veinte batas?
Era una escena tan absurda que resultaba difícil de creer. Al parecer, Seo Taecheon había estado alternando entre veinte batas negras idénticas. A esas alturas, era como si él y aquellas batas se hubieran convertido en una sola entidad.
Sorprendido, Lee Jiwoon comenzó a sacarlas.
—Intentaré organizarlas bien a mi manera.
Después de todo, eran pertenencias valiosas para la otra persona. Jiwoon pensó que lo mejor sería doblarlas con cuidado y dejarlas perfectamente ordenadas.
Unos treinta minutos más tarde, Seo Taecheon abrió la puerta y salió. El silencio repentino de Jiwoon le había parecido demasiado sospechoso, por lo que decidió ir a buscarlo. También le preocupaba la clase de desastre en el que podría haberse metido.
—¿Adónde fue?
Hacía apenas un rato había estado armando un escándalo con las tareas de la casa, y ahora reinaba un silencio absoluto. Seo Taecheon quería comprobar con sus propios ojos qué estaba haciendo exactamente Jiwoon.
Sin embargo, no estaba en la espaciosa cocina, ni en la habitación pequeña, ni en el baño.
—…¿Eh? La puerta está abierta.
Entonces se dio cuenta de que la puerta del vestidor estaba entreabierta. Seo Taecheon se acercó y echó un vistazo al interior.
Al instante siguiente, una sonrisa apareció en sus labios.
Lee Jiwoon se había quedado dormido, acurrucado entre varias batas negras que lo envolvían. Parecía un pájaro cómodamente instalado en su nido, con una apacible sonrisa en el rostro.
Al verlo hecho un ovillo y acostado de lado, Seo Taecheon no pudo evitar reír. Incluso dormido, Jiwoon abrazaba las batas contra su pecho y hundía el rostro en ellas.
—Mmm…
Al percibir una presencia, Jiwoon se estremeció. Seo Taecheon se acercó con cuidado al montón de batas donde estaba acostado.
Con la mano sana, sostuvo suavemente la pequeña cabeza de Jiwoon y la apoyó sobre su muslo. Incluso dormido, Jiwoon sonrió débilmente al sentir aquella comodidad, y sus manos se agitaron en el aire.
—Mmm… ah…
Seo Taecheon tomó una de las manos errantes de Jiwoon y la guio hasta apoyarla contra su pecho. De pronto, Jiwoon comenzó a presionarlo.
Sin embargo, la forma en que lo tocaba no se parecía tanto a una caricia afectuosa como a las manos bruscas de un comprador que aprieta duraznos para comprobar si están maduros.
En su sueño, Jiwoon recorría aquella pared lisa y firme que había sentido en el taller.
Sí. Esta textura, esta temperatura, esta humedad… Esto era. ¿Dónde había estado todo este tiempo para regresar apenas ahora?
Jiwoon se entregó por completo a aquella sensación, feliz y satisfecho.
—Debe ser incómodo dormir aquí.
—No… me gusta aquí…
Todavía medio dormido, Jiwoon frotó la mejilla contra el muslo de Seo Taecheon. Taecheon lo observó durante un momento, viendo cómo volvía a quedarse dormido, y luego tomó una de las batas y la colocó suavemente sobre él.
—Como esperaba, será mejor que a partir de ahora yo me encargue de las tareas de la casa.
Primero pondría la lavadora. Los platos podían esperar.
Con ese pensamiento, Seo Taecheon acarició la cabeza de Jiwoon.
—Ya es hora de levantarse.
—Mmm… solo un poco más…
Seo Taecheon le presionó la mejilla rosada con un dedo. La carne suave y elástica se hundió y luego recuperó de inmediato su forma.
—Vamos a comer.
—Co…
—Comida. Dije comida.
—¡¿Comida?!
Los ojos de Jiwoon se abrieron de golpe. Durante un instante, su mente permaneció nublada. A la izquierda, tela negra. A la derecha, más tela negra. Incluso lo que lo cubría era una bata negra.
—¿Por qué estoy así…?
—Parece que te quedaste dormido mientras organizabas la ropa.
—Ah, cierto.
A medida que recuperaba la memoria, Jiwoon se sentó y se pasó los dedos por el cabello desordenado. El aroma de las batas le había resultado tan reconfortante que había pensado descansar solo un momento, pero no tenía idea de cuánto tiempo había terminado durmiendo.
—Ya son las cinco. Deberíamos prepararnos para ir a Pyeongchang-dong.
—¡Ah! Pyeongchang-dong.
Jiwoon se puso alerta de inmediato. Tenían programada una visita a la residencia familiar de Seo Taecheon para reunirse con su padre. Era una cena formal y llegar tarde no era una opción.
Después de asearse de nuevo, Jiwoon se dirigió a la pequeña habitación contigua al dormitorio principal. Como, después de todo, era un Omega ajeno a la familia, cuando comenzaron a vivir juntos solo había llevado sus pertenencias personales y las había guardado allí. De ese modo, podría marcharse con ellas nuevamente cuando fuera necesario.
—¿Qué debería ponerme…?
Abrió el armario y se sumió en una profunda reflexión.
—¿Algo informal? No. Es una reunión formal con un mayor, así que debería vestirme con respeto.
Naturalmente, su mirada se dirigió hacia los trajes. Sin embargo, luego pensó:
No voy a la oficina. ¿Qué sentido tiene usar un traje completo?
—Entonces, ¿quizá algo semiformal…?
Jiwoon murmuró mientras revolvía el armario, pero pronto descartó también esa idea.
—Lo importante no es lo que vista, sino el papel con el que voy a presentarme.
No soy un Omega que entró en un matrimonio político con esta familia chaebol, ni uno que participa en un matrimonio contractual o falso. Solo soy el resultado de un error administrativo.
El día anterior, en el hospital, lo habían aceptado sin cuestionamientos, pero nada garantizaba que ese día sucediera lo mismo.
Jiwoon no podía evitar preocuparse por la posibilidad de que el presidente Seo lo viera con malos ojos.
Al darse cuenta de que, en última instancia, la ropa no era el verdadero problema, se puso unos pantalones de vestir y una camisa blanca, y salió de la habitación pequeña. Seo Taecheon ya estaba completamente vestido y de pie en medio de la sala.
—Entonces… ¿cómo iremos? ¿Deberíamos pedir un taxi?
Jiwoon preguntó, pero Seo Taecheon negó suavemente con la cabeza.
—No. Mi padre enviará a alguien.
—¿A alguien?
Justo cuando Jiwoon se preguntaba quién podría ser, sonó el timbre. Seo Taecheon revisó el intercomunicador y presionó el botón para abrir.
Un hombre de unos cuarenta años, vestido con traje y gafas, entró e hizo una reverencia.
—Joven amo. Ha pasado mucho tiempo.
—Señor Choi. Ha pasado mucho tiempo.
—Señor Lee Jiwoon, hoy estaré a cargo de acompañarlo. Es un placer servirle.
Jiwoon hizo una reverencia cortés y luego lo siguió hasta el exterior para subir al automóvil negro.
El trayecto hasta Pyeongchang-dong tomó algo de tiempo. Jiwoon soportó el largo viaje en un estado de nerviosa tensión hasta que finalmente llegaron a la mansión.
Desde la puerta principal, el lugar gritaba lujo. Y tras cruzar el jardín, todo se volvía todavía más grandioso.
Había un estanque enorme, peces koi tan gruesos como un brazo nadando en su interior y un pequeño pabellón escondido entre la vegetación. Prácticamente parecía un paraíso.
Vaya… Qué casa tan absurdamente lujosa. Bueno, es la residencia del presidente de un conglomerado, así que supongo que era de esperarse.
…Pero ¿alguien como yo puede entrar sin más?
Preocupado, Jiwoon cruzó el vestíbulo.
—Padre, ya llegamos.
—Mhm. Pasen.
—Buenas tardes.
Jiwoon hizo una reverencia a modo de saludo. El presidente Seo respondió con un asentimiento y señaló el sofá.
—Siéntense primero. Están preparando la comida.
Jiwoon y Seo Taecheon se sentaron uno junto al otro, mientras el presidente Seo ocupaba el asiento frente a ellos.
—Taecheon ya me explicó la situación general. Tengo entendido que el registro se completó y que están oficialmente casados.
—Ah… sí.
Yo no fui quien lo presentó, pero… sí, técnicamente es verdad.
Jiwoon asintió con calma, y la expresión del presidente Seo se volvió seria.
—Mhm…
¿Qué va a decir ahora?
Jiwoon no podía imaginar cuáles serían las siguientes palabras del presidente. Tras un breve silencio, Seo Hyungho finalmente abrió la boca.
—Ya reservé un lugar en un jardín de niños de habla inglesa.
—…¿Perdón?
Jiwoon se sorprendió tanto que la voz se le quebró. De su garganta escapó un chillido agudo.
—Dicen que lo mejor es reservar con anticipación, incluso antes de que nazca el niño. Así que hice los arreglos en un lugar de buena reputación.
Jiwoon quedó atónito.
Señor, ni siquiera nos hemos tomado de la mano. ¿Cómo se supone que vamos a tener un hijo? No, más importante aún, nos divorciaremos dentro de cuatro meses y medio. ¿Cómo espera que tengamos un bebé?
—Eh, presidente… bueno, lo que ocurre es que…
Mientras Jiwoon tartamudeaba, intentando decir algo, Seo Taecheon, sentado a su lado, colocó la mano sobre el dorso de la suya.
¿Qué…? ¿Por qué me toma de la mano?
El corazón de Jiwoon dio un salto.
Pum, pum.
Su pulso se aceleró y fue incapaz de seguir hablando.
—Gracias. Por haberte tomado la molestia de reservar un lugar con tanta anticipación.
—No me importa si es nieto o nieta. Creo que dos serían perfectos.
¡¿No uno, sino dos?!
Jiwoon quedó completamente sin palabras y volvió a mover los labios.
—Disculpe que lo interrumpa, pero…
Entonces Seo Taecheon intervino para hablar en nombre de ambos.
—Eso es algo que la pareja debe decidir por sí misma. Creo que mi Omega piensa lo mismo.
—Ah. Ya veo. Por supuesto, la planificación familiar es algo que deben acordar las personas involucradas.
Jiwoon miró fijamente a Seo Taecheon, aturdido.
¿Qué está pasando con esta conversación? ¿Está diciendo que, por lo menos, debemos fingir esto correctamente? ¿O hay algún significado oculto detrás de sus palabras…?
Jiwoon sintió como si estuviera siendo arrastrado por un torbellino de confusión.