Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 115
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- Capítulo 115 - Episodio extra 15
Y así, Seo Mango se convirtió en Seo U-yeon. Bendecido por todos, el niño creció sano y pronto dejó atrás la primera infancia sin padecer ninguna enfermedad grave. Gran parte de ello se debía al esfuerzo incansable del presidente Seo. Semirretirado, se desplazaba todos los días desde Pyeongchang-dong hasta Banpo-dong para cuidar al bebé. Como había criado solo a un hijo en el pasado, tenía mucha experiencia.
Cuando el niño lloraba, él lo calmaba; cuando llegaba la hora de alimentarlo, percibía el momento con una precisión casi sobrenatural y le daba la fórmula.
—Padre, es increíble. Parece que puede leer la mente de U-yeon.
—La verdad es que U-yeon hace exactamente lo mismo que Taecheon a esa edad, así que es fácil saberlo.
—¿De verdad?
—Mmm. ¿Ves cómo sus ojos se parecen a los de Taecheon y le dan ese aspecto tan serio? También tiene los labios apretados. Pero esa expresión que tiene ahora significa que está de buen humor.
—…¿Perdón?
—Y ahora le está dando sueño. Sus ojos acaban de entrecerrarse un poco.
—…Dios mío.
—Es como volver a contemplar la infancia de Taecheon.
Al escuchar al presidente, Jiwoon comprendió algo: el niño no solo se parecía físicamente a Seo Taecheon, sino que también se comportaba como él. Para Jiwoon, eso significaba que podía echar un vistazo al hombre que amaba tal como había sido treinta años atrás.
Una época en la que tú y yo ni siquiera sabíamos de la existencia del otro.
Cuando no teníamos idea de que algún día nos conoceríamos y nos enamoraríamos, mientras vivíamos en mundos separados y muy lejos el uno del otro. Así es como debiste de verte entonces.
Ya amaba al bebé hasta desbordarse, pero ahora comprendía por qué el niño le resultaba cada vez más adorable: la mitad de Seo Taecheon estaba fundida en su interior.
¿Cómo no iba a parecerle adorable, sin importar cuánto tiempo lo contemplara?
Aquello le recordó algo que la subdirectora Min había dicho una vez. Había una pregunta que debía considerarse antes de casarse con alguien:
«Si naciera en el mundo una persona exactamente igual a tu pareja, ¿sería algo bueno?»
El tema había surgido por casualidad durante una cena del equipo. Algunos habían puesto los ojos en blanco y dijeron que amaban a sus parejas, pero se oponían firmemente a crear más ejemplares de «ese ser humano». Uno incluso se estremeció y declaró que semejantes genes debían extinguirse con aquella generación.
Jiwoon no lo había comprendido del todo en aquel momento, pero ahora lo sabía con absoluta claridad.
Desde que U-yeon, que se parece a Taecheon, nació en este mundo, este lugar se ha vuelto un poco más hermoso.
A los nueve meses, sus extremidades adquirieron fuerza y comenzó a gatear. Para evitar accidentes, Seo Taecheon cubrió toda la casa con alfombras acolchadas y seguía al bebé durante todo el día. No dejaba de insistir en que, viendo la fuerza con la que gateaba, no tardaría mucho en ponerse de pie y dar sus primeros pasos.
—No estoy bromeando. Pronto estará caminando.
—¿Tan rápido?
—¿Y por qué no? ¿De quién es hijo?
—Mmm… Sí dijeron que su desarrollo está más avanzado que el de otros bebés de su edad. Como tanto tú como yo comenzamos a caminar pronto, quizá U-yeon también lo haga.
Los niños crecen a pasos agigantados sin que los padres siquiera se den cuenta. Como había dicho Taecheon, cualquier día el bebé podría simplemente ponerse de pie y comenzar a caminar tambaleándose; nadie podía predecir cuándo sucedería.
O quizá, de repente, su lengua se soltaría y gritaría:
«¡Papá!»
Si eso sucedía, ¿no sería mejor atesorar y registrar aquellos pequeños y frágiles momentos mientras aún duraban?
Jiwoon sintió la necesidad de dejar constancia de ellos.
Reservó una sesión en un estudio de fotografía familiar al que llevaba tiempo echándole el ojo. Cuando explicó que serían dos padres y un bebé, el estudio les sugirió llevar atuendos a juego. No lo había considerado, así que se apresuró a elegir la ropa.
Unas simples camisetas habrían sido suficientes, pero quería que la fotografía de su familia de tres fuera especial. Así que, después de pensarlo mucho, preparó el tipo de camisas que uno podría llevar a la oficina. Como no había ninguna camisa que le quedara al bebé, decidieron envolverlo en una de las camisas de Seo Taecheon como si fuera una manta para recién nacidos.
El día de la sesión, el fotógrafo sacó un álbum de muestras con fotografías de ejemplo de otras familias y modelos.
—Elijan la que más les guste y trataremos de imitar la composición lo mejor posible.
Mientras hojeaban el álbum, vieron que la mayoría de las familias de tres aparecían sentadas una al lado de la otra, con el niño en medio de los padres.
—Lo más seguro sería sentar a U-yeon sobre sus piernas o sostenerlo en brazos.
—Es cierto… Pero ¿hay alguna pose que quieras hacer especialmente?
—Mmm… La verdad es que sí. Aunque no sé si será posible.
—¿Cuál?
Jiwoon se rascó la mejilla, avergonzado.
—Yo sostendré a U-yeon y tú me abrazarás por detrás. Como… do-re-mi, supongo.
Lo representó torpemente con gestos. Taecheon soltó una carcajada.
—Suena adorable. Hagámoslo.
—¿De verdad?
—Claro. Recuerda que ya no tengo carácter.
Sonriendo ampliamente, besó a Jiwoon en la mejilla y después dejó otro beso sobre la frente del dormido U-yeon.
—Muy bien, vamos a tomar la fotografía. Quédense quietos.
Adoptaron la pose que Jiwoon había sugerido. Jiwoon acunó al bebé entre sus brazos y, detrás de él, Taecheon permaneció firme y erguido; desde allí podía verlos a ambos al mismo tiempo.
En el instante en que contempló dentro del encuadre a aquellas dos personas que hacían que su corazón se llenara con solo mirarlas, el fotógrafo accionó el obturador un segundo antes de tiempo.
—Ah, fue un error mío. Hagámoslo una vez más.
Esta vez, Taecheon volvió el rostro hacia la cámara.
Clic.
El obturador capturó a la familia de tres dentro de un mismo encuadre.
Nacidos de una casualidad y unidos por el destino, conservarían aquella fotografía durante muchísimo tiempo.
El niño comenzó a balbucear antes que otros bebés de su edad y, cuando gritó «¡Papá!» por primera vez, tanto Jiwoon como Taecheon estuvieron a punto de desmayarse.
Cuando se puso de pie por primera vez apoyándose contra la pared, los ojos de Taecheon se humedecieron mientras declaraba que había nacido un prodigio excepcional.
Cuando el bebé adquirió la costumbre de repetir alegremente «Papá, papá» con sílabas claras, Jiwoon recibió una Notificación de reincorporación al trabajo.
—Uf…
Contemplando la imponente altura de la torre del Grupo Sehwa Hotel & Resort, respiró profundamente.
¿Cuántos años han pasado desde la última vez que vine aquí?
Resultaba difícil creer que alguna vez hubiera sido un entusiasta empleado recién contratado que entraba y salía de aquel edificio todos los días.
Aquel era el lugar de un jefe miserable, de tareas agotadoras y de evaluaciones negativas.
Y también era el lugar donde había conocido a Seo Taecheon.
Y allí dentro, incluso ahora, se encontraba Seo Taecheon, que había llegado temprano para trabajar.
El miedo y el nerviosismo de regresar después de tanto tiempo, la sensación de volver a ser un empleado recién contratado, pesaban sobre él. Pero tenía que entrar.
Cuando el semáforo cambió a verde, cruzó junto con la multitud.
El vestíbulo parecía diferente, quizá debido a una remodelación. El mostrador de información había cambiado de lugar y los torniquetes de seguridad eran completamente nuevos. Sin los consejos de la subdirectora Min, quizá habría terminado perdido.
Subió en un ascensor mucho más rápido y salió en el piso diecinueve. El letrero decía:
División de Marketing — Equipo 1, Equipo 2
En cuanto abriera aquella puerta de cristal, comenzaría el segundo acto de su vida laboral.
Cerró los ojos con fuerza, volvió a abrirlos y empujó la puerta.
En el instante en que esta se abrió, estalló una tormenta de aplausos.
—¡Bienvenido!
—¡Qué alegría verte!
Todo el departamento se precipitó hacia él y lo rodeó. Mientras permanecía allí desconcertado, la subdirectora Min Hye-gyeong se acercó.
—Asistente Lee, bienvenido de nuevo.
—Subdirectora…
—¡Te estábamos esperando!
—Yo también los extrañaba.
Jiwoon tomó su mano y se la estrechó durante largo rato.
Mientras saludaba a los rostros conocidos en medio de un alegre alboroto, se abrió la puerta de la oficina del Director de Marketing, situada en el mismo piso, y unos pasos firmes se aproximaron.
Todas las miradas se dirigieron naturalmente hacia su origen.
—Buenos días, Director.
Los empleados inclinaron la cabeza mientras sus saludos se superponían.
Seo Taecheon estaba allí, impecable como un diamante perfectamente tallado.
Aquella misma mañana, en casa, llevaba el flequillo caído sobre la frente y había refunfuñado porque no quería ir a trabajar. Pero el Director que Jiwoon tenía ahora frente a sí era diferente: hombros anchos y rectos, irradiando la seguridad de un hombre que no temía a nada.
Y con una sonrisa que parecía ofrecerle compartir aquella valentía, extendió la mano.
—Director Seo Taecheon.
—Asistente Lee Jiwoon, Equipo 1 de Marketing.
—Trabajemos bien juntos.
—Espero trabajar bien con usted.
Los empleados vitorearon y aplaudieron en voz alta.
Al verlo finalmente allí, de pie frente a él, Jiwoon lo sintió de verdad.
Había vuelto a casa.