Una Segunda Vida para Amarte - Capítulo 69
Park Dong-sik recorrió la casa con la mirada. Era tan enorme que se necesitaba bastante tiempo solo para ir de un extremo al otro. Era la casa más grande en la que había vivido. No, quizá el orfanato era un poco más grande. Bueno, allí vivían juntos decenas de niños, así que eso no contaba.
Se detuvo frente a la habitación de Kim Jun-han. Después de llamar dos veces, abrió la puerta y encontró un dormitorio impecablemente ordenado. Park Dong-sik dejó sobre la mesita de noche el brazalete que había recibido como regalo. Aunque la caja estaba rayada por culpa de Kim Tae-han, el brazalete estaba prácticamente nuevo.
—Vive bien, Kim Jun-han. De verdad eras mi tipo ideal.
A pesar de esa personalidad tan fría que tienes. Los trajes te quedaban de muerte, eras guapo, tenías un cuerpazo y una polla enorme también, ja. Si hubiera sabido que todo terminaría así, debería haber follado más contigo. ¿Dónde voy a encontrar a otro como tú? No, espera. Con la cara de Lee Hee-soo, quizá sea posible. El problema es que no abundan los hombres como él.
Park Dong-sik chasqueó la lengua con pesar y se dirigió a su vestidor. Sacó una bolsa de viaje grande y comenzó a organizar los objetos de la caja fuerte. Mientras separaba lo que iba a tirar de lo que se llevaría consigo, se oyeron unos pasos acercándose y apareció Kim Yoon-ah.
—Señor Lee, ya llegué.
—Oh, ya estás aquí.
Después de que Park Dong-sik la saludara con la mano, Kim Yoon-ah se acercó y se sentó a su lado.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarlo?
Park Dong-sik miró alrededor, tomó la caja con la tarjeta llave que le había dado Kim Tae-han y se la entregó.
—¿Podrías dejar esto en los aposentos de Kim Tae-han?
—¿Qué es…?
—Los sentimientos de Kim Tae-han.
—¿Disculpe?
Mientras la otra mujer lo miraba confundida, finalmente se percató del arma dentro de la bolsa de viaje y abrió mucho los ojos.
—¡S-Señor Lee! ¡Eso es…!
Park Dong-sik levantó la pistola y se la mostró por ambos lados.
—¿Qué te parece? Bonita, ¿verdad?
—¿Es de verdad?
—Claro. ¿Quieres verla? Hasta está cargada.
—Dios mío. ¿De dónde la sacó?
—De algún lugar. De cierto bastardo que ahora está muerto.
Dejando a Kim Yoon-ah sin palabras por la impresión, Park Dong-sik guardó un collar de oro de cincuenta don y varias camisas de estampados llamativos.
Ahora que ya no hay nadie que critique mi ropa, puedo ponerme lo que me dé la gana.
Mientras tarareaba alegremente, la expresión de Kim Yoon-ah se volvió seria.
—Señor Lee. ¿De verdad… está bien?
—¿Yo? Estoy perfectamente.
Park Dong-sik sonrió deliberadamente, mostrando todos los dientes.
—¿Ves? Estoy súper emocionado, ¿verdad?
Parecía tan excesivamente emocionado que aquello la asustó todavía más. Kim Yoon-ah continuó con cautela.
—Um… ¿el señor Kim lo sabe?
Park Dong-sik asintió.
—Hablamos ayer y esta mañana le entregué los documentos sin rodeos.
—Me refiero a lo de ir al hospital…
—Se lo dije. Solo que no le mencioné que sería hoy.
La boca de Kim Yoon-ah se abrió por la sorpresa.
—¿E-Estará bien?
—No te preocupes. Todo saldrá bien. Solo confía en mí.
—Señor Lee…
—¿Sí?
—Sinceramente, tengo miedo…
Mientras tranquilizaba a la ansiosa Kim Yoon-ah, Park Dong-sik cerró la bolsa de viaje.
—Démonos prisa. Por cómo está el cielo, va a nevar.
Kim Yoon-ah asintió con sentimientos encontrados. Mientras ella iba a dejar la tarjeta llave en los aposentos de Kim Tae-han, Park Dong-sik bajó con el equipaje. Después de guardarlo en el maletero del automóvil, contempló la casa con una extraña sensación. No se había sentido así cuando huyó del orfanato.
Miró hacia la casa principal. El automóvil de la señora Song no estaba a la vista y el personal se encontraba ocupado limpiando la parte delantera. Unos diez minutos después, Kim Yoon-ah regresó de los aposentos de Kim Tae-han y, una vez sentada al volante, se volvió hacia él.
—Un empleado dijo que esta mañana hubo un accidente en la entrada.
—¿Un accidente?
—Sí. Entre el automóvil del señor Kim y el de Kim Tae-han.
Park Dong-sik frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿Sabe qué es aún más sorprendente? Alguien vio que Kim Tae-han chocó contra ellos a propósito. Y aun así los dos se fueron a trabajar…
No me digas que se pelearon esta mañana.
Park Dong-sik negó con la cabeza, disgustado.
Ah, da igual, da igual. Que los hermanos se arranquen la cabeza o se disparen entre ellos no tiene nada que ver conmigo. Yo solo tengo que seguir mi propio camino. Pensemos únicamente en eso.
Después de reafirmar su decisión, miró por la ventanilla y, poco después de que partieran, tal como Park Dong-sik había predicho, comenzaron a caer del cielo los primeros copos de nieve.
[¿Por qué pones esa cara? De todos modos, tú esperabas que no fueran tus hijos.]
—¿Señor Kim?
—…
—¿Señor Kim?
Ah.
Kim Jun-han finalmente volvió en sí y levantó la mirada. Frente a él, el director ejecutivo Nam Ik-hyun lo observaba a través de sus gafas de montura plateada.
—¿Hay algo que le preocupa?
—No. ¿Por dónde íbamos?
—Por lo de Kim Tae-han. Alguien publicó algo de forma anónima en el tablón de anuncios de la empresa. Lo eliminamos rápidamente, pero quienes debían enterarse ya lo saben. Le pregunté al director de división Seo y, por lo visto, está haciendo bien su trabajo, sin recurrir a ningún truco. Así que estaba pensando en ponerlo a cargo de este proyecto y quería conocer su opinión.
Otro ejecutivo intervino.
—¿No es demasiado pronto? Por muy competente que sea, sigue siendo un empleado común. La gente simplemente dirá que es nepotismo.
—¿Y si le damos un puesto? Seamos sinceros, todo el mundo sabe que es hijo del presidente. ¿Quién se atrevería a cuestionarlo si mañana por la mañana se convirtiera en director de división?
Mientras la conversación continuaba, todos lanzaban miradas furtivas hacia Kim Jun-han. El tema de Kim Tae-han era solo un preludio; por el ambiente, parecía que querían sacar a relucir un asunto difícil. Presionaron con la mirada al director Lee, quien finalmente habló de mala gana.
—Señor. Sé que esto es inapropiado, pero últimamente han circulado rumores…
Mientras el director Lee vacilaba, Kim Jun-han fue directo al grano.
—Como todos parecen sentir curiosidad, se los diré. Voy a divorciarme. La noticia se hará pública pronto. Ya he dado instrucciones a los equipos legal y de relaciones públicas a través del secretario Choi, así que los ejecutivos no necesitan preocuparse por ello.
—¡Ja, ja, qué sorpresa! Como era de esperar de alguien joven, es muy decidido. No teníamos ninguna otra intención. Solo queríamos estar preparados en vez de enterarnos por los medios.
Sus expresiones parecían bastante complacidas. Las historias sobre el matrimonio de Kim Jun-han se habían difundido, y circulaban rumores de que un divorcio no sorprendería a nadie. También existía preocupación por la falta de hijos. Mientras tanto, algunos ejecutivos habían especulado con el hijo menor del Grupo Young-hwa como posible pareja para Kim Jun-han. Para ellos no era algo malo. Después de todo, ¿no era así como se relacionaban los grandes conglomerados, mediante matrimonios?
—Si hemos terminado, dejémoslo aquí por hoy. Pensaré en la situación de Kim Tae-han y les comunicaré mi decisión en la próxima reunión. Gracias por su trabajo.
Todos se pusieron de pie, hicieron una reverencia y abandonaron la sala de conferencias. En la habitación vacía, Kim Jun-han se reclinó en la silla y cerró los ojos con cansancio. Quizá debido a la falta de sueño, comenzaba a dolerle la cabeza. Al pensar en la causa de aquel dolor, terminó llegando inevitablemente a una sola persona.
[¿Por qué pones esa cara? De todos modos, tú esperabas que no fueran tus hijos.]
—¿Qué clase de expresión puse…?
Justo entonces, la puerta se abrió de golpe y oyó pasos acercándose. Al abrir los ojos, encontró a Kim Tae-han justo delante de él. Tenía el rostro enrojecido, como si hubiera corrido todo el camino, y el secretario Choi venía detrás.
—No puedes irrumpir así. Ya te lo he dicho varias veces…
Kim Tae-han lo empujó.
—¡Que te jodan, suéltame!
Kim Jun-han observó la escena mientras pasaba la lengua por la parte posterior de sus dientes delanteros. Como si destrozar el automóvil de alguien esa mañana no hubiera sido suficiente, ahora también irrumpía en salas de reuniones. Si los ejecutivos hubieran visto esto, jamás habrían mencionado la posibilidad de darle un puesto.
—¿Destrozar mi automóvil no fue suficiente para satisfacerte?
Kim Tae-han respiraba agitadamente y se mordió con fuerza el labio inferior.
—Hermano, ¿lo sabías?
—¿Saber qué?
—¡¿Que Hee-soo está en el hospital ahora mismo?!
Estaba a punto de preguntarle qué tontería estaba diciendo cuando algo cruzó repentinamente por su mente. Kim Jun-han sacó tranquilamente el teléfono y llamó al hospital. Cuando respondió una enfermera, se presionó la sien con el pulgar.
—Soy Kim Jun-han. Necesito hablar con el doctor Lee Ki-woong.
[El doctor Lee está en una cirugía.]
—¿Qué clase de cirugía?
[Ah… Me temo que no podemos revelar esa información…]
La incomodidad era palpable, y Kim Jun-han trató de contener sus emociones tanto como pudo.
—¿El paciente es Lee Hee-soo?
[…]
Después de una pausa, la voz de la enfermera llegó cargada de disculpa. Kim Jun-han apretó los dientes y colgó. Frente a él, Kim Tae-han, con los ojos enrojecidos, parecía a punto de agarrarlo por el cuello de la camisa.
—¿Qué dijeron? ¿Está allí?
En lugar de responder, Kim Jun-han se puso de pie y pasó junto a Kim Tae-han.
—No me sigas. Si abandonas la empresa a esta hora, serás despedido inmediatamente, ¿entendido?
Aun así, Kim Tae-han lo siguió fuera de la sala de conferencias y lo agarró del hombro.
—¡Te estoy preguntando si es Hee-soo!
Kim Jun-han mantuvo su expresión fría.
—Sí. Es él.
El labio inferior de Kim Tae-han tembló.
Mierda. Al final…
—¡¿Por qué vas allí?! ¡¿Qué derecho tienes a ir después de amenazarlo para que se sometiera a la cirugía?!
—Todavía no estamos divorciados y soy el tutor legal de Hee-soo. ¿Necesitas más razones?
—Yo también quiero ir.
—No vengas. Te lo advertí. Dejé pasar el incidente de esta mañana, pero si sigues provocándome, no seré tan indulgente. Esto no es una broma.
Cuando Kim Jun-han dejó ver una intención asesina en sus ojos, Kim Tae-han apretó los dientes y retrocedió. Justo entonces, dos empleados se acercaron desde la dirección opuesta. Kim Jun-han se dio la vuelta sin vacilar y, cuando Kim Tae-han intentó seguirlo, el secretario Choi le bloqueó el paso.
—Muévete.
—Me gustaría hacerlo, pero…
El secretario Choi hizo una señal a alguien. Poco después, dos guardias de seguridad se acercaron y se colocaron junto a Kim Tae-han, uno a cada lado. Él soltó una risa incrédula al verse tratado como un criminal. El secretario Choi hizo una reverencia respetuosa.
—Me disculpo. Por favor, comprenda mi situación.
—Sí, lo entiendo. Eres el perro fiel de Kim Jun-han. Tienes que hacer lo que te ordenen.
Kim Tae-han fingió darse por vencido, pero de repente se dio la vuelta y corrió hacia la salida de emergencia. Los guardias de seguridad fueron tomados por sorpresa y se apresuraron a perseguirlo. Al contemplar la escena, el secretario Choi se masajeó el cuello y gimió.
—Ah. En serio quiero renunciar…
Suspiró profundamente y sacó el teléfono para ponerse en contacto con el personal de seguridad del piso inferior.
—Díganles que detengan a Kim Tae-han como sea.
Luego caminó rápidamente hacia el ascensor, deseando con todo su corazón que Kim Tae-han no consiguiera escapar del edificio.