Una Segunda Vida para Amarte - Capítulo 63

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Park Dong-sik abrió la caja fuerte y guardó dentro el contrato de la señora Song. Allí ya estaban el contrato que había firmado con Kim Jun-han, el brazalete que este le había dado, la tarjeta de acceso a la villa de Gangnam que había recibido de Kim Tae-han y el arma que había robado de la oficina de Moon Ho-cheol. Sentía que, con el paso del tiempo, los secretos no dejaban de acumularse.

Después de salir, tomó un caramelo del frasco de vidrio y se lo metió en la boca. Los había comprado para comer uno cada vez que sintiera deseos de fumar, pero como consumir demasiados dulces durante el embarazo no era bueno, intentaba contenerse incluso con eso.

Solo estaba embarazado, ¿por qué había tantas restricciones? Entonces pensó en su madre biológica. ¿Dónde estaría ahora la persona que había abandonado a su bebé cuando era tan pequeño? Dada su falta de apego hacia los niños, Park Dong-sik debía haber salido a su madre. Y ni hablar de aquel hombre que era su padre. Aun así, aquel niño viviría rodeado de lujos en esa casa, de modo que, al final, tendría una vida mucho mejor que la de Park Dong-sik.

Chupando el caramelo, Park Dong-sik bajó a la sala del primer piso y se recostó en el sofá para ver la televisión. Estaba absorto en un nuevo drama de zombis cuando, de repente, la pantalla se apagó. Al volverse, vio a un hombre de mediana edad sonriendo amablemente.

—Ver demasiada televisión no es bueno para el feto. En especial, programas violentos.

Park Dong-sik suspiró suavemente y se puso de pie. Aquel era el gerente Lee, un omega masculino al que habían asignado para encargarse de Park Dong-sik durante el embarazo. Se ocupaba de todo: planes de alimentación saludable, ejercicios, corrección de hábitos cotidianos e incluso lecturas, que a veces estaban en inglés y otras en chino.

Tener que seguir sus instrucciones robóticas durante todo el día lo estaba volviendo completamente loco. Sin embargo, aquello estaba claramente especificado en el contrato con la señora Song, así que no podía negarse.

[Hasta el nacimiento del niño, la educación prenatal se realizará según los deseos de la señora Song.]

Supuestamente, se trataba del método tradicional de educación prenatal del Grupo Daesan, diseñado para formar sistemáticamente al niño desde el vientre y asegurar que desarrollara un carácter excelente. Sin embargo, al observar al presidente Kim, a Kim Jun-han y a Kim Tae-han, no parecía demasiado creíble. En todo caso, sospechaba que sus personalidades podían ser el resultado del estrés que semejante régimen había provocado en sus madres.

Poco después, varios empleados de la residencia principal llegaron cargando flores de distintos tipos envueltas en papel.

Tuvo un mal presentimiento. Y, tal como esperaba, el gerente Lee le entregó un delantal lleno de volantes.

—Hoy haremos arreglos florales. Usar mucho las manos es muy beneficioso para el desarrollo cerebral del bebé.

Park Dong-sik preguntó con irritación:

—¿Qué clase de arreglos?

—Arreglos florales. Ya lo ha hecho antes, ¿verdad?

—Ah, sí. En el estómago de alguien…

—¿Disculpe?

—Nada… Solo estoy diciendo tonterías.

A Park Dong-sik no le gustaban las flores. En vez de gastar dinero en aquello, prefería comprar carne. No entendía por qué la gente se molestaba en meter flores en un jarrón y luego sacarlas cuando, de todas formas, terminarían marchitándose.

—¿De verdad tengo que hacer esto?

—Como ya le mencioné, para el desarrollo cerebral del bebé…

—Maldita sea.

El gerente Lee se estremeció ante la maldición.

—Decir groserías tiene un efecto negativo en el feto. Por favor, absténgase. La forma de hablar de la madre se convierte en la forma de hablar del niño.

—Creo que el estrés sería peor, ¿no?

—Todo esto es por su bien, joven señora.

Park Dong-sik soltó una risa. No era por su bien, sino por el niño que llevaba en el vientre.

—Mire, gerente. Como ambos somos omegas, hablaré con franqueza. ¿No hay algo más… práctico que podamos aprender?

—¿Práctico como qué…?

—Como las relaciones maritales.

Sorprendentemente, en lugar de mostrarse disgustado, aceptó la pregunta con seriedad.

—Las relaciones íntimas durante el embarazo son muy importantes. Un contacto físico adecuado ayuda al bebé a desarrollar sentimientos positivos hacia el padre y a encontrar estabilidad. No dude en preguntarme lo que quiera.

Apenas terminó de hablar, Park Dong-sik disparó preguntas como una ametralladora:

—¿Cuándo podemos tener sexo? Leí que hay cincuenta posiciones, ¿podemos hacerlas todas? ¿Está bien que termine dentro? ¿Puedo tragar? ¿Puedo correrme? La verga de papá es jodidamente enorme; si golpea al bebé en la cabeza durante el sexo, no se volverá idiota, ¿verdad?

El rostro del gerente Lee fue perdiendo color poco a poco. Con las fosas nasales dilatadas, parecía estar a punto de gritar en cualquier momento. Mientras temblaba, esforzándose por contenerse, se oyó el sonido de un automóvil en el exterior y un sedán negro se detuvo frente a la casa.

El rostro de Park Dong-sik se contrajo al mirar por la ventana de la sala. Era Kim Jun-han. ¿Por qué había regresado tan temprano ese día? Aunque ya había pasado casi una semana desde que le dieron el alta, Park Dong-sik apenas veía a Kim Jun-han últimamente. Se marchaba antes de que Park Dong-sik despertara y regresaba cuando él ya estaba a punto de dormir.

Preocupado por causar problemas, Park Dong-sik fingió no haberlo visto y tomó una flor.

—¿Dónde pongo esto?

Pero el gerente Lee se puso de pie. Los demás empleados lo siguieron hasta la entrada. Poco después, Kim Jun-han entró y todos lo saludaron respetuosamente.

—Bienvenido a casa, director.

Después de asentir levemente, Kim Jun-han miró en su dirección. Park Dong-sik forzó una sonrisa mientras sostenía unas tijeras en una mano y una flor en la otra.

—¿Ya llegaste?

Sin responderle, Kim Jun-han le preguntó al gerente Lee:

—¿Qué están haciendo?

—Sí, director. Estamos haciendo arreglos florales. Es bueno para la educación prenatal.

Park Dong-sik cortó desafiante el tallo de la flor hasta la base.

—No sé si será bueno para el cuidado prenatal, pero definitivamente no lo es para mi salud mental.

Luego se colocó la rosa detrás de la oreja. ¿Lo ves? Me estoy volviendo medio loco. Empezó a cortar los tallos de las demás flores, haciendo que el rostro del gerente Lee se deformara. Si Kim Jun-han no hubiera estado allí, ya habría comenzado a sermonearlo sin parar.

Kim Jun-han miró a los empleados.

—Gracias por su trabajo. Pueden retirarse.

El pánico del gerente Lee fue evidente.

—P-Pero la señora dijo…

—Yo hablaré con ella. Por favor, váyanse.

Cuando el personal se marchó, Park Dong-sik celebró en silencio. Aunque últimamente no podía evitar sentirse incómodo cuando estaba a solas con Kim Jun-han. ¿Era aquella la primera vez que se veían cara a cara como era debido en una semana? Ojalá Kim Jun-han se limitara a subir las escaleras…

Sin embargo, contrariamente a sus deseos, Kim Jun-han colgó el abrigo en una silla, se lavó las manos y preparó café. Mientras cortaba los tallos de las flores, los ojos de Park Dong-sik siguieron la espalda de Kim Jun-han. Entonces, con un chasquido, cortó tanto el tallo como la punta de su dedo.

—¡Ah!

La sangre comenzó a gotear de inmediato.

Maldición. Está sangrando.

Mientras intentaba envolver el dedo con un pañuelo, oyó unos pasos acercándose. Cuando alzó la vista, Kim Jun-han ya le había sujetado el brazo y lo había levantado. Sorprendido, lo vio mirándolo con una expresión fría.

—¿En qué estabas pensando?

Avergonzado, intentó apartar el brazo, pero Kim Jun-han lo llevó hasta el fregadero, le lavó la herida bajo el agua corriente y la envolvió con una toalla esterilizada.

—Espera. Iré por medicamentos.

—Estoy bien. ¿Por qué haces tanto escándalo por esto? Si presiono un poco, dejará de sangrar. No es como si hubiera perdido un dedo.

Ignorándolo, Kim Jun-han insistió en traer el botiquín de primeros auxilios. Aunque la herida no era profunda, la sangre seguía filtrándose. Sus movimientos eran delicados mientras desinfectaba el corte, colocaba una gasa y cortaba cinta médica. Park Dong-sik observó con atención sus dedos, que parecían no haber conocido nunca el sufrimiento, y luego su mirada subió de forma natural por la muñeca hasta llegar a su rostro.

—Ha pasado tiempo.

—Así es.

—¿Por qué regresaste temprano?

—Estoy cansado.

—¿Mucho trabajo?

—Estuve ocupado. También tenía muchas cosas en qué pensar.

Sus ojos seguían fijos en el dedo de Park Dong-sik en vez de en su rostro.

—Cuando alguien te habla, míralo a la cara. Mi cara no está en mi dedo, ¿sabes?

Finalmente, Kim Jun-han levantó la mirada. Aunque sus ojos seguían siendo fríos, mostraba claros signos de cansancio, algo que antes no era tan evidente. Debía estar realmente agotado. Cuando Park Dong-sik intentó retirar la mano con torpeza ante la atmósfera incómoda, Kim Jun-han extendió la otra mano. Un instante después, la rosa roja que Park Dong-sik llevaba detrás de la oreja estaba entre sus dedos.

—En lugar de protestar de esta manera, deberías intentar convencerla.

—¿Tu madre es alguien a quien se pueda convencer? ¿Y sabes cuánto me presiona el gerente Lee? Me obliga a hacer todo tipo de cosas diciendo que es educación prenatal tradicional. Creo que los alfas de esta familia están locos por culpa de esa educación. Esto no es cuidado prenatal, es tortura.

Kim Jun-han soltó una carcajada, algo poco habitual en él, y Park Dong-sik quedó momentáneamente cautivado por aquella sonrisa. Luego estuvo a punto de darse una bofetada.

Contrólate, Park Dong-sik. Ya perdió el interés en ti.

Kim Jun-han se sentó frente a él, tomó las tijeras y comenzó a cortar los tallos para colocarlos en un jarrón. Incluso un arreglo hecho sin demasiado esfuerzo por él se veía bastante bien. Mientras Park Dong-sik se preguntaba si debía elogiarlo, Kim Jun-han habló primero.

—Preguntaste por qué regresé temprano. Tengo algo que decirte.

Aunque estaba nervioso por lo que pudiera decir, Park Dong-sik intentó no demostrarlo.

—Adelante…

—Me enteré de que aceptaste recibir dinero de mi madre.

Park Dong-sik lo miró como si acabaran de abofetearlo.

—No investigué a propósito. Ella estaba vendiendo algunas propiedades y me enteré mientras averiguaba los motivos.

—…

—Dime la cantidad y las condiciones que te ofreció.

Park Dong-sik suspiró suavemente y corrigió su postura.

—Nuestro director siempre va directo al punto. Sin direccionales. Tal vez porque toda tu vida ha sido un camino sin obstáculos.

—Solo dímelo. ¿Qué fue?

Park Dong-sik apretó los labios. La señora Song le había dicho que debía mantenerlo en absoluto secreto… ¿Qué tan descuidada había sido para que Kim Jun-han lo descubriera?

—¿Aceptaste recibir dinero a cambio de dejar al niño?

Su tono no era acusador ni reprochador. Solo parecía sentir curiosidad. Park Dong-sik humedeció sus labios resecos. Supuso que ya no tenía sentido ocultarlo, puesto que todo había quedado expuesto. Sin embargo, no sabía por dónde empezar a explicarse.

—¿Quieres marcharte de esta casa?

No podía negarlo.

—¿Y también quieres el dinero?

Tampoco podía negarlo.

—Mentalidad de ladrón.

Park Dong-sik no se molestó demasiado en negar la acusación. Sí, era una mentalidad de ladrón.

—Añadiré cuarenta mil millones de wones a la cantidad que te haya ofrecido mi madre.

Casi se mordió la lengua al escuchar aquella cifra.

¿Qué acabo de oír?

Alzó la vista sorprendido, pero el rostro de Kim Jun-han no mostraba emoción alguna. Era inquietante y difícil responder cuando no podía saber qué estaba pensando.

—¿Estás bromeando…?

—Por supuesto que no. Te estoy haciendo una propuesta. Aunque aceptarla o no depende de Lee Hee-soo.

—¿Por qué haces esto…? Da un miedo de la mierda…

—Si quieres, permitiré que te marches de esta casa.

—¿Hablas en serio…?

—Pero hay dos condiciones.

—¿Cuáles?

—Divorciémonos.

Park Dong-sik se quedó paralizado.

¿Qué…?

Entonces Kim Jun-han dijo algo aún más inesperado.

—Deshazte también del bebé.

—…

—Deshazte de él y vete a vivir como Park Dong-sik. Esas son mis condiciones.

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