Una Segunda Vida para Amarte - Capítulo 39

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Después de dar vueltas en la cama durante un rato, Park Dong-sik abrió los ojos, reconoció el rostro que tenía delante y soltó un pequeño suspiro. Miró la hora y todavía no había amanecido. Sentía el cuerpo limpio y suave, como si lo hubieran aseado y vestido con un pijama mientras estaba inconsciente.

Kim Tae-han dormía profundamente, y Park Dong-sik examinó detenidamente su rostro. Ahora que lo observaba de cerca, se parecía bastante a Kim Jun-han. Era evidente que eran hermanos. Ni siquiera se movió cuando Park Dong-sik le sopló en la cara.

Intentó bajar de la cama para encender un cigarrillo, pero le palpitaba la espalda.

Ah, imbécil. Ni siquiera sabe ser delicado.

Se incorporó en la cama, sujetándose la espalda. De pronto, alguien le agarró la muñeca. Al volverse, vio que Kim Tae-han había abierto los ojos y lo estaba mirando.

—¿Adónde vas?

Park Dong-sik alternó la mirada entre su muñeca y Kim Tae-han.

—No estoy huyendo. Suéltame.

Kim Tae-han se incorporó y miró la hora. Mientras tanto, Park Dong-sik consiguió liberar la muñeca y fue a buscar un cigarrillo. Se plantó frente a la ventana, se lo puso entre los labios y lo encendió, pero Kim Tae-han se acercó y se lo arrebató.

—¿Qué demonios haces?

—Por si acaso.

Park Dong-sik reflexionó sobre lo que quería decir el otro hombre y solo lo comprendió por completo cuando la mirada de Kim Tae-han descendió hasta su vientre. Su rostro se crispó de inmediato.

—¿Estás loco?

—Dije que es por si acaso.

Park Dong-sik frunció el ceño.

—Ni siquiera lo pienses. No va a suceder.

—¿Y si sucede?

—¿Qué pasa si sucede? Entonces lo eliminaremos.

Se hizo el silencio.

Kim Tae-han parecía ligeramente conmocionado, y Park Dong-sik se exasperó.

—Estás loco. ¿De verdad quieres eso?

—…

—No pierdas el tiempo. No pienso tener un bebé, sin importar de quién sea.

Park Dong-sik apagó el cigarrillo y salió al balcón. No le gustaban los niños y jamás se había imaginado teniendo uno. Solo había sacado el tema de los hijos con Kim Tae-han para provocarlo, no porque realmente quisiera tener uno.

Encendió otro cigarrillo y expulsó el humo al aire mientras el viento soplaba contra él.

Hacía un frío de mierda afuera.

Park Dong-sik cruzó los brazos, miró hacia abajo y abrió mucho los ojos. Un auto estaba llegando a esas horas de la madrugada y, sin lugar a dudas, era el de Kim Jun-han.

Dijo que ayer había volado a Busan o algo así por un viaje de negocios…

Apagó el cigarrillo con sorpresa y pánico y entró apresuradamente, pero justo entonces Kim Tae-han se acercó con expresión enfadada.

—¿Cómo puedes hablar de algo así sin pestañear siquiera?

Park Dong-sik lo agarró del brazo y tiró de él hacia las escaleras.

—Olvídalo. Vuelve a tu habitación ahora mismo.

Kim Tae-han apartó su brazo de un tirón y Park Dong-sik soltó un largo suspiro.

—Kim Jun-han está abajo.

—¿Y qué?

—¿Estás loco? ¿Estás haciendo esto conmigo y quieres que todo el mundo se entere?

—De todas formas, él ya lo sabe todo.

Park Dong-sik se quedó sin palabras. No estaba equivocado. Pero solo un idiota sería incapaz de comprender que nada bueno saldría de que los descubrieran de aquella manera, sobre todo cuando el divorcio todavía estaba pendiente. Si quería salirse con la suya, era mejor que no lo atraparan siendo infiel.

—No discutas. Vete. Te llamaré.

Estaba a mitad del pasillo cuando oyó abrirse la puerta principal. Park Dong-sik entró en pánico y empujó a Kim Tae-han por la espalda. Este soltó un bufido mientras lo arrastraba hacia el dormitorio.

—¿Te preocupa mi hermano?

—Shh.

Park Dong-sik se llevó un dedo a los labios y escuchó detrás de la puerta. Oyó unos pasos que se acercaban.

—Mierda —maldijo en voz baja, con los nervios de punta.

Fue entonces cuando Kim Tae-han agarró a Park Dong-sik por los hombros y lo empujó contra la puerta.

Cuando se volvió sorprendido, Kim Tae-han ya se había bajado los pantalones y la ropa interior y había deslizado los dedos entre sus nalgas. La entrada, todavía relajada por las múltiples penetraciones anteriores, aceptó sus dedos sin dificultad y produjo un sonido húmedo.

—¡Oye, tú!

Park Dong-sik lo agarró de los brazos para detenerlo, pero fue inútil. Kim Tae-han retiró rápidamente los dedos y con la otra mano le apretó el pecho. Park Dong-sik apoyó la frente contra la puerta y se tragó un gemido.

—Joder. Detente…

Kim Tae-han rozó con los labios la oreja de Park Dong-sik.

—¿Pensar que mi hermano está ahí afuera te excita aún más?

—Bastardo demente. Detente, ¡ugh!

Un dedo forzó su entrada desde dentro. Después salió y, antes de que tuviera oportunidad de relajarse, el pene volvió a penetrarlo. Resultaba incómodo recibirlo estando de pie, pero Kim Tae-han empujó con todas sus fuerzas.

La parte inferior de su cuerpo chocó contra la puerta con un fuerte golpe y Park Dong-sik se cubrió la boca. Como si estuviera perfectamente sincronizado con ellos, un teléfono comenzó a sonar.

Era el de Kim Jun-han, y su voz llegó desde el exterior.

—Sí, no, ese es el secretario Choi. Me comunicaré contigo después.

—Tengo razón, joder. Escuchar la voz de hyung hace que te aprietes muchísimo.

Kim Tae-han susurró conspirativamente junto a su oído e introdujo a la fuerza dos dedos en la entrada donde ya estaba su pene. Park Dong-sik le agarró la mano para detenerlo cuando el dolor amenazó con desgarrarlo, pero el otro hombre se limitó a seguir moviendo las caderas.

—Ah, Hee-soo… Imagínate si mi hermano y yo metiéramos los dedos juntos en tu agujero.

—Ah…

—¿Qué piensas? ¿Te volverías loco de placer?

Park Dong-sik abrió la boca y la saliva escapó de sus labios.

Hijo de puta, ya me estoy volviendo loco ahora mismo, aunque no admita que eso es verdad.

Las embestidas comenzaron a acelerarse y cada golpe contra la puerta sometía a tensión todo su cuerpo. Cerró los ojos con fuerza. La imagen de la puerta abriéndose, de Kim Jun-han entrando y de los tres enredándose juntos hizo que sintiera una repentina oleada de placer que lo acercó rápidamente a la eyaculación.

Mierda, ¿de verdad soy tan pervertido?

El sonido de unos pasos acercándose lo arrancó de sus fantasías, pero Kim Tae-han también debió de percibirlo, porque abrazó con fuerza la parte superior del cuerpo de Park Dong-sik desde atrás y le cubrió la boca con su gran mano.

—¿Señor Lee Hee-soo?

Justo entonces, Kim Tae-han retiró los dedos y le pellizcó y retorció un pezón con tanta fuerza que le dolió.

—Mmm…

Park Dong-sik tuvo que ponerse de puntillas para contener el gemido. El otro hombre frotaba su miembro duro contra él desde atrás. La sensación erótica hizo que todos los vellos del cuerpo de Park Dong-sik se erizaran, y sintió como si estuviera derritiéndose por el calor del sexo.

Se oyeron pasos y luego el golpe de una puerta al cerrarse. Kim Tae-han agarró con fuerza la cintura de Park Dong-sik.

Las embestidas se volvieron feroces.

Cada vez más rápidas.

Park Dong-sik se abrazó a sí mismo y gimió. Entonces Kim Tae-han soltó un grito y eyaculó en su interior. Con el pene todavía dentro, volvió a empujar las caderas una y otra vez. Parecía decidido a embarazarlo, y aquel pensamiento hizo estremecer a Park Dong-sik.

Cuando el pene finalmente salió de su cuerpo, las piernas de Park Dong-sik cedieron y fue incapaz de mantenerse de pie. Se sentó en el suelo, jadeando, y fulminó con la mirada a Kim Tae-han, que le sonreía diabólicamente.

—Debería estar ahí en alguna parte.

Park Dong-sik registraba los cajones del dormitorio mientras sostenía el teléfono junto a la oreja.

¿Por qué hay tantos paquetes de medicinas?

No conseguía distinguir cuál era cuál. Mientras los revisaba uno por uno, la gruesa voz del presidente Kim llegó a través del teléfono.

—Debería haber unas cápsulas amarillas. ¿Las encontraste?

Park Dong-sik descubrió las cápsulas amarillas mientras revolvía los paquetes de medicamentos.

—Oh, aquí están. ¿Debo tomar una de inmediato?

—Tienes que tomar una pastilla al día durante unos tres días. Pero…

La voz de Kim Yoon-ah se apagó.

Al percibir su evidente vacilación, Park Dong-sik se adelantó.

—No preguntes con quién lo hice.

—Está bien…

Aunque se sentía cómodo con Kim Yoon-ah, no quería contarle que había tenido sexo con Kim Tae-han la noche anterior y que este había eyaculado dentro de él.

Maldita sea. Al menos existe esta píldora del día siguiente o lo que sea.

Pero ¿Lee Hee-soo ya había tomado esas pastillas antes? Al observar el paquete, parecía que faltaban algunas.

¿De verdad está bien tomar estas cosas tan despreocupadamente?

Mientras buscaba en Internet, Park Dong-sik confirmó que la infertilidad figuraba como posible efecto secundario y se tragó una pastilla sin dudar.

¿Infertilidad? Muchas gracias. De todas formas, no quiero tener hijos.

Después ventiló la habitación durante mucho tiempo. También roció desodorante de feromonas por todas partes para eliminar el aroma de Kim Tae-han.

—Esto realmente me hace sentir como si estuviera teniendo una aventura.

Rio con autodesprecio y salió, pero no había ningún rastro en la sala. Después de mirar brevemente hacia el dormitorio de Kim Jun-han, bajó las escaleras y, para su sorpresa, se encontró con él en el pasillo del primer piso.

Entre ambos cayó un silencio incómodo.

—Oh, ¿cuándo regresaste?

—Al amanecer.

—¿Dónde estabas?

—Salí a correr para despejarme.

Ahora que lo pensaba, rara vez veía a Kim Jun-han con ropa deportiva. El flequillo que le caía naturalmente sobre la frente también le daba un aire diferente. Los trajes le sentaban bien, pero aquel aspecto tampoco estaba nada mal.

Mientras pensaba aquello, Kim Jun-han se dirigió a la cocina.

Park Dong-sik dudó entre regresar al dormitorio o no, pero finalmente también fue a la cocina. Le dolía la cintura y su entrada ardía con cada paso.

Ese bastardo de Kim Tae-han.

Mientras maldecía para sus adentros y se tocaba la cintura, Kim Jun-han dejó de preparar el café y lo observó.

—¿Te sientes mal de alguna parte?

Park Dong-sik negó con la cabeza, sobresaltado.

—No, para nada.

—Eso es bueno.

¿Estaba preocupado?

Park Dong-sik se sintió culpable sin motivo, pero entonces Kim Jun-han se dio la vuelta con el café en la mano y dijo:

—Pensé que quizá te habías desgarrado algo.

—…

—Por la forma en que bajaste caminando como una puta.

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