Una Segunda Vida para Amarte - Capítulo 123
Park Dong-sik tenía el pene de Kim Jun-han dentro de la boca y movía la cabeza de un lado a otro. Intentó tragárselo hasta el fondo, pero era demasiado para él. Cuando su rostro se puso rojo, Kim Jun-han lo sujetó por los hombros y retiró el pene de su boca.
—Detente. Vas a lastimarte.
Park Dong-sik se limpió la saliva de la boca y se puso de pie. Se quitó la bata como si estuviera desenvolviendo un regalo, dejando su cuerpo desnudo al descubierto. La mirada de Kim Jun-han descendió lentamente hasta detenerse en la cicatriz quirúrgica de su abdomen.
Le había sugerido buscar alguna forma de eliminarla, pero Park Dong-sik se había negado rotundamente, afirmando que era la herida de cuchillo más gloriosa que había recibido en toda su vida.
Kim Jun-han recorrió la zona con la mano antes de besarla. No sabía cómo se sentía Park Dong-sik al respecto, pero cada vez que veía aquella cicatriz recordaba esos días de pesadilla y se deprimía.
Mientras lamía la cicatriz, Park Dong-sik gimió, acarició la mejilla de Kim Jun-han, abrió las piernas sobre sus muslos y se montó encima de él. Se sentía extraño y, al mismo tiempo, emocionante hacerlo después de tanto tiempo. Cuando juntaron los labios y sus lenguas se entrelazaron húmedamente, la mano de Kim Jun-han descendió hasta apretarle el trasero.
Después de besarse hasta quedarse sin aliento, sus labios se separaron y Park Dong-sik lo contempló con cariño. Le apartó el cabello todavía húmedo hacia atrás y recorrió sus atractivas facciones con la mirada.
—Esposo mío, eres asquerosamente guapo.
Kim Jun-han soltó una risa silenciosa, enterró el rostro en el cuello de Park Dong-sik y respiró profundamente. El aroma de sus feromonas se intensificó, y el pene bajo él se endureció en respuesta. Kim Jun-han descendió desde sus hombros hasta su pecho.
—Mmm…
Cuando mordisqueó uno de sus pezones con los dientes delanteros, su espalda se arqueó involuntariamente. Kim Jun-han lo sostuvo con un brazo, cambió de posición, recostó a Park Dong-sik en la cama y se colocó encima de él.
Sus ojos, habitualmente serenos, brillaban de deseo. Su pene estaba completamente duro y erecto, presionando contra el muslo de Park Dong-sik.
Kim Jun-han acarició su pecho, rozó el pezón endurecido con la yema del dedo y luego lo pellizcó con fuerza entre el pulgar y el índice.
—Ya no produces leche.
Al cabo de un mes, la leche materna había dejado de salir y Kim Jun-han parecía bastante decepcionado. Solía succionarlos cada vez que estaban llenos, así que ¿acaso le había tomado el gusto?
—Chupa un poco más. Tal vez vuelva a salir.
Apenas terminó de hablar, Kim Jun-han tomó el otro pecho con una mano y llevó la boca hasta él. Succionó con tanta fuerza que sus mejillas se hundieron, y una sensación de hormigueo recorrió a Park Dong-sik desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
—Ah…
Park Dong-sik abrió las piernas, las envolvió alrededor de la cintura de Kim Jun-han y frotó la parte inferior de su cuerpo contra él, deseando que lo penetrara cuanto antes.
—Señor presidente, deja de hacer eso y mételo de una vez, rápido, ¿sí?
Ambos habían tenido que abstenerse durante varios meses, por lo que estaban ansiosos por hacerlo y su autocontrol estaba a punto de romperse.
Kim Jun-han bajó la mano y hurgó en el orificio de Park Dong-sik. Cada vez que lo penetraba con los dedos se escuchaba un sonido húmedo que resultaba vergonzoso. Luego estiró la mano, tomó algo y lo abrió con los dientes.
Era un condón.
Park Dong-sik lo miró desconcertado, pues no esperaba que Kim Jun-han utilizara uno.
—¿Cuándo preparaste los condones?
—Antes de venir.
—Vaya. Hace rato me dijiste que simplemente durmiera porque parecía cansado, pero mírate ahora. Qué meticuloso eres. No trajiste solo uno, ¿verdad?
—No te preocupes. Traje muchos.
Park Dong-sik soltó una risa incrédula mientras Kim Jun-han sacaba el condón del envoltorio. Bajó la mirada y se lo colocó él mismo sobre el pene, y aquella imagen era jodidamente sexy.
Park Dong-sik siguió frotando los muslos contra su cuerpo, deseando que lo penetrara rápidamente.
Entonces Kim Jun-han lo miró de reojo y sonrió.
—No me apresures. Yo también me estoy impacientando.
—Entonces ¿por qué tardas tanto en ponerte un condón?
Kim Jun-han permaneció tranquilo a pesar de sus quejas.
—Es mejor estar seguros.
—¿Qué te preocupa? Si vuelvo a quedar embarazado, simplemente tendremos otro.
Kim Jun-han no respondió a sus palabras.
Park Dong-sik ya había mencionado antes la posibilidad de tener un tercer hijo, pero Kim Jun-han se había negado rotundamente. Lo comprendía, pero aun así se sentía un poco decepcionado.
Ya había cuatro hombres de cabello negro en la casa.
Era una situación desafortunada para Park Dong-sik, que quería tener una hija.
Incluso después de ponerse el condón, Kim Jun-han vaciló.
—¿Debería ponerme dos para estar más seguros?
Park Dong-sik ya no pudo soportarlo. Se incorporó, empujó a Kim Jun-han y se subió encima de él.
El que más desea algo es quien cava el pozo. Si Kim Jun-han pretendía seguir perdiendo el tiempo, entonces él se le lanzaría encima primero.
—Eso es maltrato al pene. Míralo. Está tan apretado que no queda ni un solo espacio. Dime la verdad. ¿Te estás vengando mezquinamente porque últimamente he estado evitando el sexo y solo quería besarnos?
Kim Jun-han sonrió con picardía.
A Park Dong-sik no le importó. Extendió la mano hacia atrás y envolvió el pene con los dedos. La sensación le resultaba extraña porque hasta entonces siempre habían tenido relaciones sin condón.
Elevó las caderas, alineó el pene con su orificio y comenzó a descender lentamente.
El glande ensanchó la entrada a la fuerza y comenzó a penetrarlo. Park Dong-sik se mordió el labio mientras apoyaba ambas manos sobre el pecho de Kim Jun-han.
Aunque su interior ya estaba húmedo debido a las feromonas, le resultaba difícil recibir todo el pene de Kim Jun-han de una sola vez.
—Te ayudaré.
Apenas terminó de hablar, Kim Jun-han sujetó la cintura de Park Dong-sik y lo empujó hacia abajo.
—¡Ah…!
Entró casi por completo, y la parte inferior de su abdomen se sintió tensa y dolorida. Incluso podía ver cómo la piel se abultaba con la forma de aquel pene.
Cuando comenzó a mover la cintura hacia delante y hacia atrás en esa posición, sintió como si una vara ardiente abrasara sus paredes internas.
A medida que se excitaba más y aumentaba la intensidad de los movimientos de sus caderas, los ojos de Kim Jun-han se nublaron y su respiración se volvió áspera.
Entonces, como si aquello no fuera suficiente, Kim Jun-han sostuvo la cintura de Park Dong-sik con ambas manos y lo levantó desde abajo.
Con un golpe seco, Park Dong-sik se estremeció y un líquido transparente brotó de su pene, manchando el abdomen de Kim Jun-han.
Park Dong-sik dejó escapar una risa vacía al darse cuenta de que había eyaculado apenas habían comenzado.
—Me vine demasiado rápido. De esta forma… Ah, espera, señor presidente, más despacio, ¿sí?
Mientras suplicaba, Kim Jun-han tiró de su brazo, lo abrazó y cambió sus posiciones.
De repente, Park Dong-sik estaba acostado debajo y Kim Jun-han se encontraba encima de él. Colocó una de las piernas de Park Dong-sik sobre su hombro, retiró la cintura y luego embistió con fuerza.
El cabello de Park Dong-sik se erizó debido al impacto y al placer de sentirse atravesado.
No sabía si era porque se había vuelto más sensible después del parto o porque había transcurrido mucho tiempo, pero las sensaciones eran mucho más intensas que antes.
Sin saber qué hacer, extendió los brazos para que lo abrazara. Kim Jun-han se inclinó sobre él mientras mantenía su pierna apoyada sobre el hombro.
La penetración se hizo más profunda, y Park Dong-sik sintió que iba a morir cuando el pene presionó con fuerza contra el fondo de su abdomen.
—Ugh… Se siente tan… bien… tan bien… Ha pasado tanto tiempo… ¡Ah!
Golpe tras golpe, cada vez que Kim Jun-han embestía utilizando todo el peso de su cuerpo, el impacto resonaba en su cabeza como si lo golpearan con un cincel.
Park Dong-sik buscó frenéticamente sus labios y lo besó mientras destellos de luz atravesaban su visión.
Kim Jun-han devoró los labios, la barbilla, las mejillas y las orejas de Park Dong-sik con voracidad.
Su rostro terminó completamente cubierto de saliva, y la manera en que Kim Jun-han parecía querer devorarlo ese día hizo que sintiera que estaba a punto de correrse otra vez.
Cuando su interior se contrajo alrededor de él, Kim Jun-han frunció el ceño y comenzó a mover la cintura como un desquiciado.
Park Dong-sik ya no podía pensar.
Mientras temblaba de manera convulsiva y la saliva escapaba de su boca, abrazó con fuerza el torso de Kim Jun-han y apretó los dientes.
—Ugh…
Aunque llevaba puesto el condón, pudo sentir perfectamente que Kim Jun-han había eyaculado.
Permanecieron abrazados durante un largo rato. Cuando finalmente recuperó el aliento, Kim Jun-han acarició la mejilla de Park Dong-sik.
—¿Estás bien?
Park Dong-sik intentó aferrarse a la poca conciencia que le quedaba.
—Retiro lo que dije sobre querer limitarnos a besarnos. Joder, esto se siente demasiado bien.
Kim Jun-han sonrió y lo besó en los labios. Después retiró el pene y se quitó el condón.
Lo anudó, lleno de semen, lo arrojó al bote de basura y abrió un segundo envoltorio.
Park Dong-sik tomó el condón de su mano, queriendo colocárselo él mismo.
Kim Jun-han le sujetó la mano y lo ayudó cuando comenzó a torpezar porque no lograba distinguir el lado interior del exterior.
El pene de Kim Jun-han seguía tan duro y erecto como si no acabara de eyacular.
Era exactamente igual que su dueño.
Arrogante.
Kim Jun-han lo tocó con la mano, sonrió y preguntó con cuidado:
—¿Hay alguna posición que quieras probar?
Después de pensarlo durante un momento, Park Dong-sik se acostó sin vacilar, apoyó el torso contra la cama y levantó únicamente las caderas.
Llevó una mano hacia atrás para abrirse y mostrar claramente su orificio, y volvió la cabeza para mirar a Kim Jun-han.
—Me gusta esta posición. Embísteme. Con fuerza.
Kim Jun-han soltó una risa, murmuró una maldición y se colocó detrás de él. Frotó el pene contra su trasero, introdujo primero el glande y tiró de sus caderas para profundizar la penetración.
Park Dong-sik sintió vívidamente cómo llegaba hasta lo más profundo de su interior.
Sus párpados temblaron mientras aferraba las sábanas con fuerza.
Era estimulante que Kim Jun-han girara suavemente la cintura y penetrara de esa manera, tan diferente a cuando simplemente embestía sin control.
—Ah… Qué bien, señor presidente…
—¿Yo? ¿O el sexo?
—Por supuesto, el sexo.
El silencio cayó inmediatamente después de que soltara aquella estupidez con la cabeza completamente desajustada por el placer.
Cuando recuperó tardíamente la razón y abrió la boca para explicarse, Kim Jun-han retiró el pene casi por completo y volvió a introducirlo con tanta fuerza que produjo un sonido seco.
—¡Ugh!
Cada vez que su cuerpo rebotaba hacia delante por el impacto, Kim Jun-han lo sujetaba, lo atraía de vuelta y lo penetraba con ferocidad.
La velocidad aumentó poco a poco.
Park Dong-sik no pudo soportarlo más, perdió la fuerza en las piernas e intentó dejarse caer sobre la cama, pero Kim Jun-han lo notó y le dio una fuerte palmada en el trasero.
—¡Ah!
Sobresaltado, Park Dong-sik miró hacia atrás y escuchó la voz fría de Kim Jun-han.
—Ya que te gusta tanto, te daré todo lo que quieras. Procura recibirlo bien.
—No, me expresé mal… Ah, espera, espera… Creo que voy a correrme. Señor presidente, yo…
Kim Jun-han, que continuaba moviéndose con rapidez y fuerza, extendió un brazo hacia delante y abrazó su cuerpo.
Aun estando completamente inclinado sobre él, continuó moviendo la cintura. Con la otra mano sujetó el pene de Park Dong-sik y bloqueó la abertura de la uretra con el pulgar.
Park Dong-sik recordó que ya lo había sometido a eso antes e intentó luchar para escapar, pero era imposible.
Su mente ya estaba en blanco mientras permanecía aplastado contra la cama y ambos orificios eran estimulados por delante y por detrás.
Mientras soltaba gemidos animales y la saliva corría de su boca, Kim Jun-han susurró suavemente junto a su oído:
—Por eso tienes que… Ah… responder correctamente. ¿Entendido?
Maldita sea.
Era cierto.
¿Acaso no existía una forma mejor para que Kim Jun-han descargara su mal genio que aquella?
Aun así, Park Dong-sik comprendió exactamente qué significaba sentir que los ojos se le iban hacia atrás de tanto placer.
Porque después de varias rondas de sexo, sus ojos realmente se pusieron en blanco y perdió el conocimiento.