Una relación sin importancia - Capítulo 52
Kim Donghwa estaba a punto de replicar: «¿Cómo se supone que llame a Wi Woori si no es Wi Woori?», cuando de repente sintió que el rostro se le calentaba. A Wi Woori no le fue mucho mejor después de haberse referido a sí mismo en voz alta como su «novio».
Wi Woori se sonrojó después de decirlo y se veía tan adorable que Kim Donghwa soltó una risita antes de inclinarse para besarlo en el puente de la nariz.
Wi Woori se encogió y dejó escapar juguetonamente:
—¡Ay!
Verlo todo acurrucado en el asiento del copiloto hizo que Kim Donghwa quisiera molestarlo todavía más. Se inclinó hacia él, acercándose hasta prácticamente acurrucarse en su asiento.
Quizá porque estaba borracho, las reacciones de Wi Woori eran todavía más exageradas de lo habitual. Subió las rodillas hasta hacerse un ovillo y, cuando ocultó el rostro, Kim Donghwa le besó el lóbulo de la oreja, haciendo que las puntas de sus orejas se tiñeran de rojo.
En cuanto Wi Woori levantó ligeramente el rostro y dejó su mejilla al descubierto, Kim Donghwa la besó, con una sonrisa traviesa asomando en sus labios.
Después de una sucesión de besos juguetones, aquel dulce forcejeo terminó cuando Wi Woori de repente le devolvió uno.
—¿Qué te pasa, Kim Donghwa? Hoy estás muy lanzado.
Wi Woori se frotó la nariz mientras lo reprendía, y Kim Donghwa no tuvo mucho que responder.
Tal como había dicho Woori, hacía tiempo que no se veían y, después de decirle a su padre que lo extrañaba tanto que sentía que iba a morir, sus ganas de estar con Wi Woori habían llegado al límite. Incluso antes, en el restaurante de carne asada, aunque estaban juntos, casi se había vuelto loco por las ganas de tocarlo.
Sonriendo, Kim Donghwa volvió a acomodarse en su asiento, apagó el motor y preguntó:
—Woori, ¿vamos por un helado?
Le parecía un poco insatisfactorio regresar directamente a casa. Mientras buscaba alguna excusa para prolongar el tiempo que pasaban juntos, recordó que Wi Woori siempre quería comer helado después de beber. Según él, comer helado después de beber ayudaba a prevenir la resaca o algo parecido.
A Kim Donghwa no le gustaba especialmente beber ni tampoco comer cosas dulces cuando estaba borracho, así que nunca lo había probado. Sin embargo, las noches en que Wi Woori comía helado, siempre dormía más profundamente y al día siguiente despertaba sintiéndose renovado.
—¿Helado?
El rostro de Wi Woori se iluminó, claramente encantado con la idea. Sus ojos brillaban de una manera preciosa, como si reflejaran la luz de la luna, aunque la única iluminación provenía de las luces del estacionamiento subterráneo.
Convencido de que Wi Woori aceptaría, Kim Donghwa respondió despreocupadamente:
—Sí.
Pero, en lugar de aceptar, Wi Woori negó con la cabeza mientras sonreía. Entonces, de la nada, extendió su pálida palma hacia Kim Donghwa.
La mirada de Kim Donghwa alternó entre la mano extendida de Wi Woori y su rostro, todavía más pálido. Sus grandes ojos parpadearon lentamente, incapaces de comprender qué estaba pasando.
—La mano.
—¿Qué? ¿Me estás adiestrando como a un perro?
—Vamos, dame la mano.
¿Qué clase de «dame la mano» era aquello…?
Aunque Kim Donghwa dejó clara su inconformidad, Wi Woori simplemente agitó la mano extendida, haciéndole entender que resistirse era inútil.
Con un suspiro resignado, Kim Donghwa puso su mano sobre la de Wi Woori, quien sonrió satisfecho.
Después de entrelazar sus dedos, Wi Woori acarició suavemente con el pulgar el dorso de la mano de Kim Donghwa.
—Estoy tocando a Kim Donghwa…
Murmuró aquello y después comenzó a mascullar algo en voz baja.
Kim Donghwa se mordió inconscientemente el labio inferior. Había pensado que Wi Woori se había despejado un poco, pero ahora parecía que el alcohol finalmente le estaba pegando de lleno. Sus grandes ojos permanecían entrecerrados con pereza y soltaba risitas mientras jugueteaba con los dedos de Donghwa usando la mano que tenía libre.
—En serio…
Kim Donghwa soltó una risa incrédula y se recostó en el asiento. Después de dejar su mano a merced de Wi Woori, se limitó a mirarlo ocasionalmente sin hacer mucho más.
Aunque solo estaban tomados de la mano dentro del auto, el ambiente comenzó a calentarse de una forma extrañamente intensa. Kim Donghwa sintió cómo el calor se extendía lentamente desde las puntas de sus dedos y giró la cabeza con incomodidad.
Con la mano que tenía libre, comprobó instintivamente que la ventanilla estuviera completamente cerrada. Ya lo estaba, pero cuando jugueteó distraídamente con el botón solo para asegurarse, la risa baja de Wi Woori resonó a su lado.
—¿En qué estás pensando, Kim Donghwa? Qué indecente.
Si le parecía indecente, entonces debería apartarse un poco.
Como si eso no fuera suficiente, los feromonas del primer celo de Wi Woori habían quedado perfectamente grabados en él, por lo que el aroma persistente dentro del auto resultaba increíblemente estimulante.
Kim Donghwa tragó saliva con incomodidad y desplazó discretamente las caderas hacia la puerta. Intentó retirar un poco la mano, pero Wi Woori la sujetaba con tanta fuerza que no pudo.
—Es que no dejas de juguetear con ella…
Murmuró a modo de excusa.
Wi Woori sonrió ampliamente y arqueó una ceja. Entonces, de repente, se inclinó hacia él.
Sobresaltado por el repentino acercamiento de Wi Woori, Kim Donghwa se estremeció. Woori lo miró de reojo y recorrió su cuerpo de arriba abajo.
—¿Y quién era el que hace un momento no dejaba de besarme por todas partes?
Con un clic, el respaldo del asiento se reclinó.
—¿Eh?
Kim Donghwa lo miró, y Wi Woori reclinó su propio asiento de la misma manera antes de acomodarse cómodamente.
No tenía idea de qué pretendía hacer.
Mientras Kim Donghwa parpadeaba, Wi Woori siguió jugando con las manos que todavía mantenían entrelazadas.
—Quédate quieto. De verdad tenía muchas ganas de tocarte. Como no estabas, solo podía estar manoseando una almohada corporal y terminé arruinándola.
Wi Woori se giró para quedar recostado de lado y tiró de sus manos entrelazadas, invitando a Kim Donghwa a ponerse frente a él. Incapaz de resistirse, Donghwa hizo lo mismo y se giró para quedar cara a cara con él.
Simplemente estaban recostados dentro del auto estacionado en el estacionamiento subterráneo, mirándose el uno al otro.
Y, aun así, Kim Donghwa tragó saliva.
Por alguna razón, estaba tenso. El officetel era tan privado que difícilmente alguien pasaría por allí a esa hora, pero todos sus nervios estaban alerta, excesivamente conscientes de la posibilidad de que alguien los viera desde fuera.
Mordiéndose el labio inferior, Kim Donghwa contempló en silencio los redondos ojos de Wi Woori. Sus mejillas enrojecidas por el alcohol, sus labios rojos… no había una sola parte de él que no le pareciera hermosa.
Sin separar las manos que tenían entrelazadas, rodeó con el otro brazo la cintura de Wi Woori y lo atrajo con fuerza. El asiento del copiloto no estaba lejos, así que, al pegarse el uno al otro, casi parecía que estuvieran acostados juntos.
Wi Woori no se resistió y permitió que lo acercara hasta que sus muslos quedaron en contacto.
Kim Donghwa no retiró la mano de su cintura. En cambio, la acarició suavemente antes de deslizarla hacia abajo y dejarla sobre las nalgas de Wi Woori.
Woori soltó una risita traviesa. Mientras se removía hacia abajo y se encogía ligeramente, sus rostros quedaron todavía más cerca. El aliento que intercambiaban contenía rastros de los feromonas del otro, estimulándolos sutilmente.
Kim Donghwa parpadeó lentamente mientras contemplaba las delicadas facciones de Wi Woori y no pudo evitar robarle otro beso.
Wi Woori arrugó la nariz y retrocedió un poco, solo para volver a acercarse descaradamente y capturar sus labios en otro beso.
Aquel intercambio de besos resultaba provocador.
La mano de Kim Donghwa, que había estado recorriendo juguetonamente el cuerpo de Wi Woori por encima de la ropa, se deslizó lentamente dentro de sus pantalones y acarició la suave curva de sus nalgas.
Aunque Wi Woori retorció la cintura, no se apartó.
Entonces, de repente, Wi Woori se incorporó.
Pareció tantear la situación con pequeños movimientos antes de que, de un solo impulso, saltara hacia el lado de Kim Donghwa. En un instante, quedó a horcajadas sobre él en el asiento del conductor.
Kim Donghwa lo miró desconcertado, mientras Wi Woori, sentado sobre sus muslos, se apretaba firmemente contra su pecho.
—Tú quédate quieto. Hoy voy a tocarte yo.
Aunque todavía arrastraba ligeramente las palabras debido al alcohol, Wi Woori consiguió decirlo con suficiente claridad.
Kim Donghwa tragó saliva mientras Wi Woori comenzaba a explorar su cuerpo con mayor decisión.
Woori recorrió con las manos los contornos de su firme pecho, haciendo que Kim Donghwa se humedeciera ligeramente los labios resecos con la lengua. Cuando acarició suavemente su cintura, el atractivo rostro de Donghwa se contrajo un poco.
Luego, cuando Wi Woori sujetó con firmeza su marcada mandíbula, los ojos de Kim Donghwa se abrieron ligeramente.
El calor de la mano de Wi Woori sobre su rostro se sentía especialmente intenso.
Kim Donghwa permaneció quieto, sintiendo las caricias de Wi Woori tal como se lo había pedido. Su interior ardía de expectación y la impaciencia lo carcomía, pero decidió soportarlo por el momento. Le preocupaba que, si hacía algo contrario a lo que Woori quería, terminara regañándolo.
Aunque quizá…
Eso tampoco era lo que Wi Woori quería.
—¿Por qué estás ahí sin hacer nada?
Wi Woori se quejó de repente.
Pero tú me dijiste que me quedara quieto.
Antes de que Kim Donghwa pudiera siquiera responder, Wi Woori frunció profundamente el ceño.
—¡Tú también deberías tocarme!
Y entonces, sin previo aviso, explotó.
Agarró la mano de Kim Donghwa, que descansaba sobre el asiento, y la sacudió enérgicamente. Acto seguido gritó de repente:
—¡Ya no quiero!
Y salió furioso del auto.
Kim Donghwa se quedó completamente atónito.
¿Cómo podía ser tan absurdo?
Primero le había dicho que se quedara quieto y que él sería quien lo tocaría. Donghwa había estado conteniendo sus propias ganas de tocarlo precisamente por eso, solo para que al final le gritara por no hacerlo.
Chasqueó la lengua, frustrado, preguntándose cómo demonios se suponía que debía seguirle el ritmo a los caprichos de Wi Woori.
—¿No vas a salir?
Al escuchar el grito de Wi Woori desde fuera, Kim Donghwa se apresuró a bajar del auto.
Aunque había salido refunfuñando como si fuera a marcharse sin él, era evidente que la idea de hacerlo no le gustaba en absoluto. Permaneció frente al ascensor gritándole a Kim Donghwa.
Para cuando Donghwa cerró el auto e intentó alcanzarlo, Wi Woori ya estaba dentro.
Quizá avergonzado por haber afirmado que sería él quien lo tocaría para después terminar jugueteando solo, su pálido rostro seguía completamente rojo.
A Kim Donghwa le pareció tan gracioso que olvidó su propia vergüenza y estalló en una sonora carcajada.
—¡Mierda! —maldijo Wi Woori a todo pulmón.
—¡Oye, espérame! ¡Oye! ¡Detén la puerta!
—Ah. Sube por tu cuenta si quieres.
—¡Wi Woori, espérame!
—Te dije que me llamaras bonito.
—¡Woori, espérame! Ah, ¡te voy a tocar!
—¡Cállate, mierda!
Poco después, el sonido de sus intensas discusiones resonó por todo el estacionamiento subterráneo.
Su intercambio era brusco y estaba plagado de maldiciones.
Pero ¿qué importaba?
Así era como se comunicaban entre ellos, y ninguno se lo tomaba a pecho.