Una relación sin importancia - Capítulo 43
Aunque aquello no era un problema que me afectara solo a mí, Wi Woori parecía no darle demasiada importancia. Como sabía que no solía pensar demasiado las cosas y tendía a tomarse a la ligera incluso los asuntos serios, giré la cabeza para mirarlo.
—¿Y si nos dicen que vivamos separados porque tú eres omega y yo alfa?
—Les diré que no.
—¿Y si insisten?
—No sé. Supongo que me tiraré al suelo y me negaré.
Mientras respondía, Wi Woori se dejó caer boca arriba y empezó a agitar los brazos y las piernas de manera juguetona.
Al verlo, hasta los problemas más pesados parecían un poco más ligeros.
No pude evitar reírme ante sus ocurrencias.
Tal como él decía, preocuparse de antemano no solucionaría nada. Solo conseguiría darme dolor de cabeza, deprimirme y mantener los nervios tensos sin resolver realmente el problema.
Wi Woori se incorporó de repente y me dio un beso rápido en los labios.
—¿De verdad crees que van a echarnos?
Con una sonrisa, le devolví el beso.
—Aunque lo hicieran, podríamos ahorrar y rentar un lugar.
—Exacto. Tampoco van a quitarnos la mesada y dejarnos morir de hambre.
—También podríamos vender la moto.
—Guau, parece que Kim Donghwa ya está haciendo planes para cuando lo echen de casa.
Ante sus palabras burlonas, simplemente nos reímos juntos.
Después de todo, quizá no fuera un problema tan grave.
Mis padres, que eran increíblemente amables, no me dirían que me fuera de casa solo porque estuviera viviendo con Wi Woori. Lo más probable era que respetaran mi decisión y me apoyaran.
Aun así, no podía evitar preocuparme ante la posibilidad de que rechazaran mi relación con Wi Woori.
Pero eso era algo que no sabría hasta hablar realmente con ellos.
Sí, no sirve de nada darle tantas vueltas.
Con ese pensamiento, negué con la cabeza y me puse de pie.
En aquel breve instante de tensión, mi rodilla crujió sonoramente.
…Era ridículo.
⛧⛧⛧
Llegó el fin de semana y, después de recibir de sus padres la hora y el lugar de la reunión, los dos se colocaron uno al lado del otro frente al espejo para arreglarse como era debido por primera vez en bastante tiempo.
Imitando a Kim Donghwa, que se estaba afeitando, Wi Woori se palpó la barbilla y el labio superior antes de exprimir una cantidad generosa de espuma de afeitar sobre su mentón, como un niño de primaria copiando a su hermano mayor.
—¿Cómo me veo? ¿No parezco un poco Santa Claus?
Al añadir aquel comentario juguetón, Kim Donghwa lo observó fijamente a través del espejo.
Mientras se afeitaba con movimientos tranquilos, arqueó una ceja y movió la lengua dentro de la boca.
—¿Dónde encontrarías un Santa Claus tan bonito como tú?
Wi Woori jamás había imaginado que escucharía algo así.
Parpadeó, dudando ligeramente de sus propios oídos y preguntándose si habría escuchado mal.
Naturalmente, su rostro se puso completamente rojo y una oleada de calor le subió de golpe.
—Ay, por favor…
Avergonzado, golpeó con el codo el grueso brazo de Kim Donghwa.
Kim Donghwa giró todo el cuerpo para mirarlo.
Como ambos acababan de salir de la ducha, ninguno llevaba camiseta. Kim Donghwa sostenía la rasuradora con una mano mientras se apoyaba en el lavabo con la otra, haciendo que sus músculos pectorales se tensaran brevemente.
Ah, ¿por qué tiene que tener un cuerpo tan bueno?
El calor de su rostro no mostraba ninguna intención de disminuir.
Sin importarle aquello, Kim Donghwa ladeó ligeramente la cabeza y agitó suavemente la rasuradora que sostenía.
—Casi no te sale barba. ¿Para qué intentas afeitarte? Ve a vestirte.
Wi Woori no tenía forma de discutir contra aquella lógica.
Hizo un puchero, se lavó la cara y salpicó agua deliberadamente por todas partes.
¿A él qué le importa si alguien tiene barba o no? ¿Está presumiendo de la suya?
Ni siquiera Kim Donghwa, que tanto se lucía, necesitaba afeitarse más de una vez por semana.
Wi Woori le lanzó una mirada fulminante antes de empezar a tararear frente al armario.
El plato principal de ese día sería su favorito: un menú completo de comida coreana.
Era evidente que habían reservado un restaurante grande y que el menú por tiempos seguramente sería de su agrado.
No era especialmente glotón, pero solo pensar en comer lo ponía de buen humor.
Su hermana también acudiría ese día por primera vez en bastante tiempo, así que planeaba hacer un poco de aegyo torpe, recibir algún regaño y después intentar sacarle una generosa cantidad de dinero.
Su madre no solo lo había echado prácticamente de casa, sino que además había reducido considerablemente su mesada, por lo que últimamente dependía bastante de Kim Donghwa.
—Je, je.
Una risita maliciosa escapó de sus labios.
Fuera como fuera, imaginarse rodeado por su ruidosa familia, recibiendo regaños pero también cariño, hacía que se sintiera inexplicablemente ligero.
⛧⛧⛧
Vestidos de una forma moderadamente elegante y, al mismo tiempo, sutilmente llamativa, los dos se dirigieron al restaurante.
Wi Woori, que prácticamente había arrastrado a Kim Donghwa dentro de un taxi, pasó todo el trayecto regañándolo por no haber dejado la moto en casa.
Empezó con:
—¿Para qué vas a ir en moto si te arreglaste así?
Y siguió con:
—Si ibas a hacer eso, ¿por qué no pediste que tus padres enviaran un chofer?
Los regaños de Wi Woori se prolongaron durante treinta minutos completos.
Mientras tanto, Kim Donghwa tarareaba una canción alegre dentro de su cabeza.
No quería empezar una pelea justo antes de encontrarse con sus padres, y la voz de su padre diciendo: «Nos vemos el fin de semana y hablamos» no dejaba de resonar en su mente, haciéndolo sentir intranquilo.
Cuando la tensión comenzó a apoderarse de él, intentó sacudírsela de encima.
Pero justo entonces, Wi Woori extendió repentinamente la mano y tomó la suya.
—¿Qué?
—No te preocupes.
Era como si Wi Woori pudiera verlo todo a través de él.
Sonriendo con brillantez, no parecía preocupado en absoluto y mostraba un rostro completamente despreocupado.
Kim Donghwa soltó un profundo suspiro, como si no tuviera más remedio que rendirse.
Frente al restaurante, Wi Woori se pegó a Kim Donghwa mientras hablaba sin parar sobre el menú.
Gracias a su madre, que sabía mucho de gastronomía, conocía todos los restaurantes caros de Seúl y estaba familiarizado con los menús por tiempos de cada lugar.
—Aquí sirven gachas de abulón como entrada. ¿Te gustan?
—Puedes comértelas tú.
—También sirven tortitas de caracol. ¿Te gustan?
—Eso sí me lo como.
Aunque las preguntas eran prácticamente iguales, el tono de su voz cambiaba de manera evidente.
Cuando hablaba de algo que le gustaba, la voz de Wi Woori se elevaba como si estuviera flotando entre las nubes.
Pero cuando mencionaba algo que no le agradaba, su tono se oscurecía como una nube de lluvia descendiendo sobre el cielo.
Cada vez, Kim Donghwa le daba la respuesta que Wi Woori quería escuchar mientras sentía cómo este se acercaba cada vez más.
Apoyar la barbilla sobre el hombro de Kim Donghwa era una costumbre que tenía desde mucho antes de que empezaran a salir.
Sin embargo, consciente de que sus padres los estaban observando desde dentro, Kim Donghwa lo apartó suavemente mientras murmuraba que ni siquiera hiciera eso.
Pero Wi Woori era, como siempre, Wi Woori.
Como si no le importara en absoluto, se pegó todavía más, rodeó la cintura de Kim Donghwa con los brazos y apoyó firmemente la barbilla sobre su hombro.
—También sirven tortitas de carne de res. Te daré esas, te gustan, ¿verdad?
—Sí, me gustan. Ah, pero apártate un poco.
—No, no quiero.
—Nos están mirando desde dentro.
—¿Y qué? No es como si fuera la primera vez que hacemos esto.
Tal como esperaba, sus padres estaban sentados junto a la ventana, sonriéndoles amablemente.
Incluso la madre de Wi Woori, que no había quedado nada satisfecha con sus malas calificaciones del semestre anterior, los observaba con una mirada llena de cariño.
Wi Woori agitó los brazos por encima de la cabeza y después abrazó la cintura de Kim Donghwa mientras los saludaba.
Desde el otro lado recibieron un saludo igualmente cálido.
Kim Donghwa, que había estado tenso preocupándose por su padre y por cosas que ni siquiera habían ocurrido todavía, sintió cómo los nervios comenzaban a aliviarse.
Al ver a sus padres sonriéndole cálidamente, él tampoco pudo evitar sonreír.
—No hagas evidente que estamos saliendo.
—Sí. Lo sé, lo recordaré.
—No hagas demasiadas bromas. Sabes que me vuelvo torpe delante de mi papá.
—Sí, lo sé. Pero ¿por qué te pones tan torpe si tu papá ni siquiera da miedo?
—No sé, quizá porque es actor. Siento que se daría cuenta si le miento.
Kim Donghwa se encogió de hombros.
Naturalmente, recordó las veces que había visitado los sets de grabación de su padre cuando era niño.
En aquel entonces, siendo pequeño e inocente, había quedado completamente impactado al ver cómo su padre cambiaba de expresión y se metía en distintos personajes frente a sus ojos con absoluta naturalidad.
Por aquel entonces había creído seriamente que dentro del cuerpo de su padre vivían varias personas diferentes.
Pero cuando finalmente comprendió que todo era actuación, descubrió que ya no podía mentir frente a él.
Como decía el refrán: «Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, y vencerás cien batallas».
Creía que alguien capaz de actuar tan bien también debía ser capaz de detectar cualquier actuación ajena.
Wi Woori le picó el costado, diciéndole que dejara de preocuparse.
—Estoy seguro de que no nos descubrirán.
La seguridad con la que Wi Woori le dijo que no se preocupara contenía una confianza silenciosa pero imposible de ignorar.
Y, si había algo de lo que no cabía ninguna duda, era de que sus labios rojos, ligeramente curvados hacia arriba, eran increíblemente bonitos.
⛧⛧⛧
—Oye, Donghwa, ¡escuché que te manifestaste!
Cuando el ambiente ya se había vuelto más cálido y animado, la madre de Wi Woori lanzó repentinamente la pregunta sin ningún rodeo.
La idea de que su padre quisiera hablar con él en privado ya le pesaba bastante.
Así que recibir una pregunta tan directa mientras todavía intentaba medir el ambiente resultó abrumador.
Kim Donghwa tosió con incomodidad.
La tranquilizadora mano de su padre comenzó a darle suaves palmadas en la espalda.
Kim Donghwa aceptó la servilleta que Wi Woori le tendió desde el otro lado de la mesa, se limpió la boca y levantó la mirada hacia su padre.
Su padre, que ahora le masajeaba suavemente los hombros, sostuvo su mirada con una ligera sonrisa antes de girarse hacia la madre de Wi Woori y responder educadamente:
—Sí.
—Precisamente pensaba hablar con Donghwa sobre eso —dijo su padre mientras le revolvía el cabello con cariño.
Mirando al frente, mantenía su expresión encantadora habitual.
Pero antes de que pudiera seguir hablando, una voz enérgica lo interrumpió.
—¿Por qué hablar en privado? Hablemos todos juntos.
—Sí, cariño, hablemos todos juntos. ¿Por qué tendrías que hablar a solas con Donghwa?
Las risas de las madres, tan alegres y elegantes como las de unas damas nobles, resonaron por el restaurante.
Kim Donghwa había esperado tener una conversación privada con su padre.
Sin embargo, parecía que la manifestación de sus hijos tenía mayor importancia que su propio aniversario de bodas y, antes de darse cuenta, el tema ya había pasado a ser que ambos vivieran juntos.
—Entonces, Donghwa, si te resulta incómodo, ¿quieres que despejemos nuestra habitación para que puedas quedarte con nosotros?
La madre de Wi Woori preguntó con una sonrisa juguetona.
Por supuesto, Kim Donghwa estaba a punto de negar con la cabeza y decir que no.
Pero Wi Woori se adelantó de inmediato y se volvió hacia su madre.
—Mamá, entonces ¿dónde se supone que voy a vivir yo?
—¿Dónde más? Regresas a casa.
—¿Y la universidad?
—¿Qué tanto estás estudiando realmente en la universidad?
Wi Woori no era alguien que abandonara fácilmente una conversación, pero su madre siempre iba un paso por delante y lo hizo callar sin ningún esfuerzo.
Kim Donghwa, que durante un instante admiró lo hábilmente que manejaba la situación, volvió rápidamente en sí y negó con la cabeza.
Tenía que detener aquello antes de que siguiera creciendo.
—No, no hay nada incómodo. Estamos viviendo perfectamente bien.
—Donghwa, habla correctamente. ¿Qué quieres decir con que «están viviendo perfectamente bien»?
—Mamá, ¿de verdad eres mi mamá? Seguro me recogiste debajo de un puente.
—Tu buena apariencia la heredaste de mí.
—Gracias.