Una relación sin importancia - Capítulo 41
En cuanto reconoció su error y se disculpó, Kim Donghwa arqueó una ceja. Sus ojos entrecerrados parecían intentar determinar si hablaba en serio, así que Wi Woori abrió aún más los suyos, como si quisiera transmitirle toda su sinceridad.
—De verdad fue un error. No es lo que realmente pienso.
Cuando lo reafirmó con firmeza, Kim Donghwa finalmente soltó un profundo suspiro y relajó la expresión. Quizá había esperado que se tratara de una broma, pero al ver que no reaccionaba, parecía que durante aquellos breves instantes se había llevado un buen susto.
Wi Woori masajeó suavemente los dedos que sostenía, como si estuviera consolando a un niño, y Kim Donghwa soltó una risita.
—Atrévete a volver a hablar así a la ligera.
—¿Y qué vas a hacer?
—No lo sé. Ya veremos cuando pase.
—Está bien. Esta vez fue culpa de mi boca.
Wi Woori añadió aquello juguetonamente, con una sonrisa.
Kim Donghwa pasó su gran mano por el bonito y radiante rostro de Wi Woori.
Como ninguno de los dos tenía precisamente un carácter dócil, tampoco habían esperado empezar a hablarse con dulzura solo porque ahora salían juntos. Sin embargo, tampoco habían imaginado que chocarían tan pronto.
Por alguna razón, sentía que las cosas no siempre serían fáciles de ahora en adelante.
Dejó escapar un suspiro, aunque luego pensó que quizá no habría problema. Después de todo, hasta entonces habían conseguido permanecer juntos sin tener ninguna pelea realmente grave.
Kim Donghwa sacó otro cigarrillo del bolsillo y se lo llevó a la boca.
Empezaba a sentir hambre y todavía faltaba un poco para la siguiente clase. Necesitaba pensar qué podían hacer mientras tanto.
En cuanto encendió el cigarrillo con un clic, otro apareció a su lado.
Se preguntó de dónde había salido, ya que Wi Woori había dicho antes que no tenía ninguno, pero al volverse vio que sostenía el cigarrillo que había dejado sobre la banca.
Le gustaba la forma en que Wi Woori actuaba como si fuera perfectamente natural compartir sus cosas con él.
Sin decir una palabra, Kim Donghwa encendió la punta del cigarrillo de Wi Woori y luego echó el cuerpo hacia atrás para estirar el cuello.
¿Qué deberíamos comer para el almuerzo…? Se me antoja algo picante. Algo caliente y con caldo tampoco estaría mal.
Mientras pensaba y movía los ojos de un lado a otro, unos labios suaves se posaron repentinamente sobre su barbilla en un beso rápido antes de apartarse.
Ligeramente sorprendido, Kim Donghwa dirigió inmediatamente la mirada hacia Wi Woori.
¿Cuándo se había acercado?
Wi Woori, con la barbilla apoyada sobre el hombro de Kim Donghwa como si fuera lo más natural del mundo, lo observaba fijamente.
Wi Woori siempre le había parecido bonito, sin importar cuándo lo mirara, pero ese día el impacto era un poco más fuerte.
Kim Donghwa se quedó contemplándolo como si estuviera hechizado.
Sus labios rojos sostenían un cigarrillo y, cuando inhaló profundamente, se escuchó con claridad el crepitar de la punta al consumirse. Sin embargo, al exhalar el humo, giró la cabeza hacia el lado contrario, haciendo que destacara la hermosa línea de su mandíbula.
Incluso bajo aquel cielo gris que amenazaba con lluvia, Wi Woori era el único que parecía resplandecer.
Blanco y bonito, como si estuviera acaparando para sí todos los rayos de sol que ocasionalmente atravesaban las oscuras nubes.
Sus labios se movieron como los de un pez.
Como si supiera perfectamente lo bonito que era, Wi Woori ladeó la cabeza y sonrió con picardía mientras el humo blanco escapaba lentamente entre sus labios.
Era tan bonito que incluso aquello parecía un efecto especial sacado de un drama.
Ahora que estaban saliendo, Wi Woori le parecía todavía más bonito.
Y eso era un gran problema.
Kim Donghwa carraspeó sin motivo y dio otra calada al cigarrillo.
En su cabeza intentaba desesperadamente pensar en cualquier otra cosa.
¿Qué debería darle de comer para el almuerzo? Vamos, cerebro, funciona.
Pero todo esfuerzo resultó inútil.
A pesar de que ya estaban sentados muy cerca, Wi Woori se aproximó todavía más, jugueteó con el lóbulo de su oreja y le susurró suavemente:
—Oye, Kim Donghwa.
—Sí.
Apenas logró contener un estremecimiento.
Kim Donghwa fumaba tan rápido que era difícil saber si realmente estaba fumando o simplemente respirando profundamente una y otra vez.
Sentía que iba a perder la cabeza.
—Si no quieres que lo demostremos con la ropa, ¿puedo hacerlo de otra manera?
—¿Cómo?
—Por ejemplo… con los zapatos.
Wi Woori movió el pie de un lado a otro.
Había estado tan ocupado regañándolo por intentar vestir igual que él que ni siquiera había reparado en que los tenis del pie que Wi Woori agitaba eran exactamente del mismo modelo que los suyos.
Kim Donghwa soltó una risa incrédula.
Casi aspiró mal el humo del cigarrillo, pero terminó expulsándolo entre risas, y Wi Woori soltó una risita traviesa.
—De todos modos, no mucha gente se fija en los pies, ¿verdad?
—Sí. Hagámoslo así.
Al final, Kim Donghwa levantó la bandera blanca.
Wi Woori tenía tantas ganas de demostrar que estaban saliendo que ya no pudo seguir negándose.
Además, como había dicho Wi Woori, ¿quién iba a fijarse en sus zapatos?
Y aunque alguien lo hiciera, ¿qué importaba?
Su estilo y sus gustos al vestir ya eran similares de por sí, así que, si alguien sospechaba algo por pequeños accesorios, podían restarle importancia fácilmente.
Wi Woori, encantado de haber conseguido su aprobación, sonrió todavía más.
A partir de ese momento comenzó a preguntarle si podían llevar todo tipo de cosas iguales.
¿Podían usar la misma mochila?
¿Y relojes a juego?
Al final, incluso sugirió hacerse piercings iguales, haciendo que Kim Donghwa le tapara la boca con la mano.
A este paso, lo siguiente sería proponer hacerse tatuajes iguales.
—Los relojes están bien. Las mochilas también. Pero piercings no.
—¿Por qué no?
—Simplemente no me gustan. Si quieres hacerte uno, hazlo tú. Yo no.
Kim Donghwa negó firmemente con la cabeza.
Era una cuestión de gustos.
No tenía ningún problema con arreglarse o vestirse bien, pero, por alguna razón, no le gustaba teñirse el cabello. Como Wi Woori era incapaz de dejar su propio cabello tranquilo, a Kim Donghwa le daba igual lo que hiciera con él, pero eso no significaba que tuviera que obligarlo a hacer lo mismo.
De manera similar, no le molestaba usar anillos o pulseras, pero no le gustaba perforarse las orejas.
Podía aceptar todo lo demás, pero en eso no estaba dispuesto a ceder.
Al ver cómo su expresión se endurecía, Wi Woori infló las mejillas y le picó una con el dedo.
Y ni siquiera hacía falta escuchar lo que diría después para saberlo.
—Anticuado.
Lo sabía.
Lo había escuchado tantas veces que ya ni siquiera le afectaba.
Kim Donghwa movió el cuello hasta hacerlo crujir sonoramente y dejó la colilla en el cenicero, permitiendo que Wi Woori dijera todo lo que quisiera.
Quizá fuera por el forcejeo que había tenido desde la mañana, pero sentía el cuerpo algo destemplado.
El verano parecía acercarse rápidamente y, a medida que la ropa se hacía más ligera, él sentía ganas de comer algo caliente y con caldo.
Debía ser porque no se encontraba del todo bien.
—¿Qué quieres comer?
Mientras se sacudía los pantalones y se ponía de pie, Wi Woori se levantó inmediatamente con él.
Se colgó la mochila al hombro y comenzó a tararear, como si quisiera demostrar que su humor ya había mejorado. Su cabeza se balanceaba de un lado a otro de manera adorable.
—¿Qué quieres comer tú?
—Quiero algo… con caldo.
Solo imaginar algo caliente, picante y sustancioso que pudiera calentarlo por dentro hizo que le entrara hambre.
Kim Donghwa tragó saliva inconscientemente, saboreando en su imaginación aquel gusto indefinido pero apetitoso.
—Mmm… fideos chinos fríos.
—No. Algo caliente.
—Fideos en sopa de ostras y maesaengi¹.
—No, eso tampoco.
¿De dónde sacó ese platillo?
Aunque no era precisamente algo que los universitarios mencionaran con frecuencia, Kim Donghwa frunció el ceño ante la sorprendentemente plausible sugerencia de Wi Woori.
Entonces Wi Woori añadió con una sonrisa traviesa:
—¿Jjamppong²?
—No. Quiero arroz.
—¿Arroz con jjamppong de Nagasaki?
—…¿Quieres comida china?
—Sí, eso es.
Wi Woori chasqueó los dedos.
No había mucho que decir sobre aquellos gustos tan sencillos que contrastaban con su apariencia.
Kim Donghwa sabía mejor que nadie que, cuando Wi Woori se sentía mal, quería sundubu jjigae; cuando estaba de buen humor, quería comida china; y cuando quería divertirse, bastaba con darle carne para que todo estuviera bien.
Kim Donghwa asintió sin darle demasiadas vueltas y acompasó sus pasos con los de Wi Woori.
Por suerte, su restaurante chino favorito estaba cerca de la universidad. Si almorzaban y después tomaban un café, todavía podrían regresar tranquilamente a tiempo para la siguiente clase.
Aquello mejoró su estado de ánimo.
Además, un arroz con jjamppong bien caliente tampoco sonaba nada mal.
Quizá su estómago había estado deseando lo mismo que Wi Woori desde el principio.
Poco después, su estómago gruñó con tanta fuerza que pareció un trueno.
Mientras caminaban uno al lado del otro hacia la entrada principal, varias miradas persistentes los siguieron.
Eran miradas que fingían discreción, pero para Kim Donghwa, que no tenía ningún interés en atraer atención, no eran más que una molestia.
Wi Woori, en cambio, despreocupado por naturaleza y sin importarle demasiado la opinión ajena, estaba ocupado hablando sin parar a su lado.
Divagaba sobre echar chile en polvo al jajangmyeon, decía que no veía la hora de morder un rábano encurtido e incluso preguntó si podían pedir camarones agridulces.
Cada vez, Kim Donghwa simplemente respondía:
—Sí.
⛧⛧⛧
Los dos llegaron al restaurante y comenzaron a moverse como si siguieran una rutina establecida de antemano.
Wi Woori sirvió el agua mientras Kim Donghwa colocaba las cucharas.
Después de repartir las pequeñas guarniciones que les llevaron y colocarlas frente al otro, el crujiente sonido de Wi Woori mordiendo un trozo de rábano encurtido llenó el ambiente mientras Kim Donghwa bebía un gran trago de agua fría.
—Pero, Kim Donghwa.
—¿Mmm?
—¿No hay nada que quieras hacer conmigo? Yo te abrí mi corazón hace rato.
Cruj, cruj.
Wi Woori masticó el rábano encurtido mientras arqueaba las cejas.
Kim Donghwa, que estaba llenando nuevamente su vaso después de terminárselo de un trago, se detuvo ante aquella pregunta inesperada.
Nunca se había puesto a pensar seriamente en qué quería hacer con Wi Woori.
Sin importar lo que estuviera haciendo, Wi Woori aparecía naturalmente en su mente y, en esos momentos, solía pensar, casi como si siguiera una fórmula:
«Sería divertido hacer esto con Wi Woori».
Tanto cosas importantes como otras pequeñas, casi demasiado insignificantes para siquiera mencionarlas.
Kim Donghwa dejó lentamente la botella de agua sobre la mesa.
Pensó durante un buen rato en cómo expresar lo que sentía antes de finalmente hablar.
—No sé. Quiero hacer cosas pequeñas.
—¿Como cuáles?
—Solo… cosas cotidianas. No decidir de antemano «tengo que hacer esto con Wi Woori», sino simplemente hacer juntos las pequeñas cosas del día a día. Dormir la siesta juntos, estudiar juntos, andar en bicicleta juntos… cosas así.
—Ah.
—…Quiero hacer ese tipo de cosas.
Intentó expresarlo de la manera más sencilla y sincera posible, pero, en cuanto las palabras abandonaron su boca, su rostro se sonrojó.
Nunca había habido un solo día en que no fuera sincero con Wi Woori.
Aunque no siempre expresara sus sentimientos con palabras, tampoco los había ocultado deliberadamente.
Por eso nunca antes se había dado cuenta.
Kim Donghwa apenas lo comprendía ahora.
Cuando mostraba todo lo que sentía tal como era, se sonrojaba.
Un cálido calor ascendió por su cuerpo, resecándole la garganta.
Kim Donghwa tomó rápidamente un sorbo de agua.
Wi Woori, sentado frente a él, también levantó su vaso y bebió de golpe.
La incomodidad que parecía haberse disipado volvió a instalarse entre ambos, densa y pesada.
Era timidez.
Era vergüenza.
Y, poco a poco, se convirtió en emoción.
¹ Maesaengi: alga verde muy fina utilizada en la cocina coreana, especialmente en sopas y guisos; suele combinarse con ostras.
² Jjamppong: sopa coreana de influencia china, generalmente preparada con fideos y un caldo rojo y picante a base de mariscos o carne de cerdo, condimentado con gochugaru (chile rojo coreano en hojuelas o polvo).