Una relación sin importancia - Capítulo 35
Wi Woori apretó los brazos alrededor del cuello de Kim Donghwa y acercó su rostro. Cada vez que Kim Donghwa se movía, su pene se hundía más entre las nalgas de Wi Woori, rozando provocativamente su interior. Wi Woori se inclinó y le dio un beso rápido en los labios.
—Hazlo con cuidado, duele…
Los ojos de Kim Donghwa destellaron mientras se mordía el labio.
—Wi Woori, deja de verte tan bonito.
¿Acaba de decir que soy bonito?
Sorprendido, Wi Woori parpadeó. Kim Donghwa le besó la frente antes de retirar lentamente las caderas hasta dejar solo la punta dentro y luego comenzó a penetrarlo más profundamente que antes.
Cuanto más se contraía el rostro de Wi Woori debajo de él entre gemidos y más se sonrojaban sus mejillas, más impaciente se sentía Kim Donghwa, incluso estando ya unidos.
—Haa, haa…
—Ah, ngh… haa…
Kim Donghwa sujetó firmemente la cintura de Wi Woori. Al mismo tiempo, aumentó poco a poco el ritmo de sus embestidas. ¿Estaría dando resultado todo el esfuerzo que había hecho para prepararlo? El interior de Wi Woori, que había comenzado a aceptar su pene con mayor facilidad que al principio, palpitaba y se aferraba a él antes de volver a soltarlo.
La intensidad de aquella estimulación era tan extática que casi le entumecía los sentidos. Kim Donghwa inclinó su gran cuerpo para envolver por completo a Wi Woori. Mientras repetía el movimiento de ensancharlo y retirarse, finalmente consiguió penetrarlo hasta la base. El sonido algo provocador de sus cuerpos chocando comenzó a resonar con claridad.
Le gustaba sentir cómo el escroto de Wi Woori quedaba aplastado bajo su abdomen. Cuando elevó el vientre para hacer rodar sus testículos contra él, Wi Woori dejó escapar un gemido. Se mordió el labio inferior y exhaló ardientemente, pero, como si le pidiera más, acarició la cintura de Kim Donghwa, haciendo que a este le diera vueltas la cabeza.
El sonido de sus partes íntimas chocando era nítido. La fuerza con la que Kim Donghwa embestía, golpeando prácticamente sus nalgas con las caderas, era enorme. Wi Woori sentía al mismo tiempo el dolor de ser atravesado y un placer tan intenso que le hacía pensar que podría morir sin arrepentimientos.
—Ah, se siente… bien, ¡ah! Ahí… un poco más… ¡ah!
—Hay algo aquí. Está duro… ngh.
—¡Ah! Ahí se siente bien, ¡ngh! Ah… haa, ngh…
Era imposible controlar el temblor de sus muslos. Los dedos de sus pies, apuntando hacia el techo, se encogían y estiraban una y otra vez. Sus testículos, constantemente presionados, parecían estar a punto de estallar. El hormigueo que recorría su uretra le hacía sentir que podía eyacular en cualquier momento.
Wi Woori se mordió el labio y alzó la mirada hacia Kim Donghwa. Sentía curiosidad por ver su expresión, consumida por la excitación.
Kim Donghwa tenía el rostro contraído en un ceño y se mordía el labio inferior igual que Wi Woori mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas.
El placer que comenzaba a florecer al final del dolor producido por cada golpe era considerable. Sentía como si le arrebataran el aliento. Más que darle vueltas la cabeza, era como si su conciencia se encendiera y apagara. Su visión se oscurecía por completo para luego regresar bruscamente una y otra vez.
Las piernas de Wi Woori, elevadas hacia el techo, terminaron apoyadas sobre los hombros de Kim Donghwa. Ahora, como si realmente quisiera llegar hasta el final, Kim Donghwa las sujetó con fuerza y comenzó a embestir vigorosamente. Mientras entraba y salía una y otra vez, la carne todavía inexperta y sensible se aferraba a él para después intentar escapar repetidamente.
—¡Ah, haa! ¡Ah, haa! Ngh… ¡Ah, haa…!
Era inevitable sentirse abrumado por las feromonas que brotaban de ambos. Superado por la fuerza de las embestidas, la estimulación que removía su interior y las feromonas que rozaban su piel, Wi Woori finalmente eyaculó semen blanco mientras todo su cuerpo temblaba como si estuviera convulsionando.
Kim Donghwa también comenzó a sentir que se aproximaba a la eyaculación. Los músculos de sus muslos temblaron y se contrajeron. Aun así, continuó embistiendo con tanta fuerza que sus nalgas se tensaron por completo. Finalmente, con una sensación que pareció dilatarle las pupilas, el espeso semen que eyaculó cubrió pegajosamente el interior de Wi Woori.
—Haa… haa…
El sonido húmedo fue disminuyendo.
Kim Donghwa se desplomó como si hubiera agotado todas sus fuerzas y dejó caer el cuerpo sobre Wi Woori. Sus pechos subían y bajaban pesadamente uno contra el otro, permitiéndoles sentir plenamente la respiración del otro.
Wi Woori levantó una mano sin fuerzas y acarició suavemente la espalda de Kim Donghwa. Parecía como si estuviera a punto de entrar en celo, pero aquella sensación provenía más bien de la alegría y el anhelo de estar con la persona que le gustaba.
La excitación que había alcanzado su punto máximo con la eyaculación se transformó rápidamente en calma y lo devolvió a la realidad.
—Kim Donghwa…
Cuando lo llamó con voz lánguida, Kim Donghwa levantó ligeramente la cabeza y sus miradas se encontraron. Sus ojos, todavía cargados de calidez, permanecían débilmente desenfocados.
Wi Woori rozó suavemente con las yemas de los dedos las cejas de Donghwa antes de dejar caer la mano.
Ignoró el dolor de su espalda, raspada por el duro suelo. Simplemente permaneció mirándolo, demasiado agotado para moverse, aunque podía distinguir claramente cómo los oscuros ojos de Donghwa se movían inquietos de un lado a otro.
—Dame un beso.
—¿Puedo besarte?
—Después de meterme la polla, ¿ahora preguntas eso…?
Incluso después de eyacular, Kim Donghwa no había retirado el pene, como si quisiera disfrutar de las sensaciones posteriores. Y, sin embargo, se sonrojaba como si aquello de besarlo fuera algo completamente nuevo.
Wi Woori a veces pensaba que Kim Donghwa era adorable, pero ese día le pareció tan intensamente adorable que soltó una risita. Ante eso, Kim Donghwa le dedicó una sonrisa más apuesta que nunca.
⛧⛧⛧
—Siento que se me parte el trasero…
—Quédate quieto un momento.
—Ya estoy quieto…
—Haa…
Kim Donghwa cerró los ojos con fuerza, intentando grabarse la palabra paciencia en la cabeza. Una sensación de desprecio hacia sí mismo lo invadió y frunció el ceño.
Ni siquiera le había confesado todavía lo que sentía y ya habían terminado teniendo sexo primero.
Le parecía bastante lamentable.
Ya había experimentado incontables veces lo intensamente que las feromonas de Wi Woori podían estimularlo, pero nunca imaginó que serían capaces de hacerle perder la razón hasta lanzarse sobre él de aquella manera.
Por suerte, gracias a que Wi Woori había sugerido que se prepararan de antemano, ambos tenían píldoras anticonceptivas.
De lo contrario, aquello podría haber terminado en un verdadero desastre.
A diferencia de él, Wi Woori, con las pálidas nalgas al descubierto, no parecía sentir la menor vergüenza mientras se quejaba de que sentía el trasero desgarrado. Cuando Kim Donghwa le dio unas palmaditas allí, Wi Woori giró la cabeza hacia él con una sonrisa maliciosa.
—Kim Donghwa, qué descarado eres.
—…
Tenía razón.
No había podido resistirse cuando Wi Woori le había pedido que lo metiera y, después, incluso cuando le rogó que se detuviera, había continuado embistiendo sin pensar.
Así que llamarlo descarado era bastante acertado.
Por más vueltas que le diera, no encontraba ningún argumento para defenderse.
Kim Donghwa simplemente mantuvo la boca cerrada y examinó el espacio entre las nalgas de Wi Woori.
—Ah, ahí duele.
—Aguanta un poco. ¿Piensas dormir así?
—Kim Donghwa, eres muy cruel.
—Haa…
Kim Donghwa volvió a cerrar los ojos con fuerza.
No podía evitar que le doliera, pero tampoco podían dejarlo así y ponerse a dormir, ¿verdad?
Al ver a Wi Woori patear el colchón con las piernas, Kim Donghwa finalmente lo sujetó con firmeza por la cintura y colocó una toalla húmeda y tibia sobre sus nalgas.
—¿Así está bien? No está demasiado caliente, ¿verdad?
—Sí.
—Quédate quieto. Te limpiaré rápido y te dejaré tranquilo.
Finalmente, Wi Woori accedió y relajó el cuerpo.
Kim Donghwa sostuvo sus suaves nalgas y las separó ligeramente. Su entrada estaba hinchada debido a la fricción. El simple hecho de verla resultaba vertiginosamente estimulante. Al sentir que su bajo vientre volvía a volverse pesado, Kim Donghwa tragó saliva y limpió cuidadosamente el semen que había quedado alrededor.
Aunque ambos habían tomado anticonceptivos, pensó que quizá habría sido mejor utilizar un condón. Sin embargo, enseguida recordó que no tenían ninguno en casa y abandonó aquella idea.
Tal vez sería buena idea comprar algunos de antemano para la próxima vez…
De repente, su mano se detuvo.
Espera.
¿Estaba pensando en volver a hacerlo?
Mientras reflexionaba sobre lo naturalmente que aquel pensamiento había surgido en su cabeza, Wi Woori volvió a girarse hacia él.
—¿Por qué te detuviste? Está tibio y se siente bien.
—De verdad me haces trabajar.
—Tú me dejaste así.
—…Te dije que tomaras correctamente tus supresores.
—¿Estás diciendo que es culpa mía?
Wi Woori soltó un pequeño quejido y relajó nuevamente el cuerpo.
Por supuesto, sabía que aquello no era culpa de ninguno de los dos, pero le parecía un poco injusto que Kim Donghwa intentara echarle toda la responsabilidad encima.
En lugar de responder, Kim Donghwa masajeó suavemente la cintura de Wi Woori. Mientras tanto, continuó limpiando cuidadosamente entre sus adorables y regordetas nalgas. Al ver su semen seco y blanquecino, volvió a tragar saliva.
La noche que habían pasado entrelazando sus cuerpos sin pensar regresaba una y otra vez a su mente, haciéndolo sentir incómodo y avergonzado.
Al mismo tiempo, pensó que, en lugar de limitarse a pensar en comprar condones, sería mejor que hablaran sobre qué hacer si algo así volvía a ocurrir.
Solo eran amigos, pero seguir enredándose de esa manera no sería bueno para ninguno de los dos.
Aunque…
¿De verdad podían seguir considerándose simples amigos después de hacer algo así?
Kim Donghwa contempló el cuerpo ya bastante limpio de Wi Woori antes de levantarse lentamente para buscarle ropa interior. Cuando intentó ayudarlo a ponérsela, Wi Woori soltó una risita, como si aquello le resultara divertido.
—Ah, vamos. Levanta las piernas.
—Kim Donghwa, podrías criar a un niño, ¿eh?
—Si tienes energía para bromear, póntela tú mismo. Solo estaba ayudándote porque parecías cansado.
—Mm, hazlo tú.
Justo cuando Kim Donghwa pensaba que Wi Woori estaba siendo adorable, este se giró de repente y se expuso por completo ante él.
Sorprendido, Kim Donghwa frunció el ceño.
Wi Woori soltó una risa traviesa.
—Ah, ¿qué pasa?
—No es como si fuera la primera vez que lo ves.
—Ten un poco de vergüenza.
—¿De qué debería avergonzarme? No me da vergüenza.
Kim Donghwa sabía que seguirle el juego solo acabaría perjudicándolo a él.
Suspiró para sus adentros, agarró las piernas de Wi Woori y, con cierto esfuerzo, comenzó a ayudarlo a ponerse la ropa interior.
La manera en que Wi Woori levantó las caderas por sí mismo cuando la prenda se quedó atorada en sus nalgas fue descaradamente provocadora.
⛧⛧⛧
Cuando Kim Donghwa salió de la ducha, Wi Woori estaba metido debajo de una manta limpia, con apenas su pálido rostro asomando.
En cuanto lo vio, Wi Woori sacó una mano de debajo de la manta y la extendió hacia él.
—Ven a dormir aquí.
—Sí.
Bueno, era su cama, así que obviamente iba a dormir allí.
Kim Donghwa se acercó lentamente a Wi Woori, como si realmente fuera a acostarse en su propia cama únicamente porque este se lo había ordenado.
No le importó que Wi Woori llevara únicamente ropa interior.
En cuanto levantó la manta y se acostó a su lado, Wi Woori se giró y colocó una pierna sobre su muslo.
Quizá el calor de su cuerpo todavía no había disminuido, porque la pierna que rozaba su piel se sentía bastante caliente.
Cuando intentó apartar un poco las caderas, Wi Woori se acurrucó todavía más contra él.
Kim Donghwa intentó retroceder torpemente otro poco, pero Wi Woori frunció el ceño.
—Oye.
—¿Por qué sigues huyendo?
—…Está rozándome, ¿sabes?
Con la rodilla señaló el miembro hinchado de Wi Woori.
Wi Woori soltó una risita.
—Ah, ¿y qué…? Tengo un poco de frío. Date prisa y abrázame.
—¿Soy tu niñera? ¿Por qué no dejas de darme órdenes?
—Te haces del rogar, pero al final lo vas a hacer de todas formas.
Tenía razón.
Al final, Kim Donghwa fingió resignarse y rodeó los hombros de Wi Woori con un brazo, atrayéndolo hacia sí hasta envolverlo completamente entre sus brazos.