Una relación sin importancia - Capítulo 26
Apenas faltaban diez pasos para llegar a la bolera cuando Woori desapareció justo antes de que alcanzaran su destino. Donghwa miró a su alrededor, pero pronto desistió de buscarlo.
Ya volverá por su cuenta.
Tras llegar a esa conclusión, Donghwa comenzó a caminar hacia la bolera.
—¡Oye!
Al parecer, Woori ya se había calmado, pues su alegre voz surgió de alguna parte. Donghwa se volvió sorprendido y vio a Woori plantado frente a él como si fuera una aparición. Su repentina presencia hizo que el corazón le diera un vuelco.
—Oh, me asustaste.
—¿Y qué tiene de aterrador?
Woori no solo había aparecido de la nada, sino que además se acercó mucho a él. Había salido de una pequeña máquina con una cortina colgante. Donghwa observó aquel aparato desconocido con expresión desconcertada.
—¿Por qué estabas ahí dentro?
Le recordaba a las cabinas fotográficas de las estaciones del metro. A los lados había largas tiras de fotografías, cada una con cuatro imágenes alineadas verticalmente, lo que le resultó un tanto sospechoso.
Woori salió de detrás de la cortina negra con una sonrisa tan alegre como sospechosa.
—¡Tomémonos unas fotos aquí!
—¿Fotos aquí?
Los ojos de Donghwa se abrieron ante la propuesta.
Las fotografías de muestra y las que habían dejado visitantes anteriores eran todas de parejas. Aunque estaban expuestas públicamente, las imágenes de besos, corazones y poses en las que aparecían pegados el uno al otro hicieron que sintiera un cosquilleo en el pecho.
Pero entonces vaciló.
En primer lugar, no estaba acostumbrado a tomarse fotos y le preocupaba parecer un robot. En segundo lugar, estaba el problema de su cara hinchada.
Hacía mucho que no se tomaba una foto con Woori y no le agradaba la idea de que la primera foto de su «cita» saliera así. Quería tomársela cuando tuviera mejor aspecto, pero Woori, percibiendo su vacilación, se aferró a él.
Era una actitud completamente distinta a la que había mostrado cuando estaba frustrado y le tiraba del cabello.
Ha… Seguirle el ritmo a este tipo es agotador…
En cuanto Donghwa cerró los ojos con resignación, Woori hizo lo de siempre: apoyó la barbilla sobre su hombro y le susurró suavemente al oído.
—Ah, tomémonos una. ¿Sí? Hace muchísimo que no nos tomamos una foto juntos. No la subiré a las redes sociales, ¿de acuerdo? Vamos, vamos.
Y diciendo eso, dejó caer su peso sobre Donghwa.
Más que el peso sobre su hombro, fue sentir el pecho de Woori contra su cuerpo y los dedos que le picaban la cintura lo que hizo que Donghwa se mordiera el labio inferior.
Fingiendo que cedía a regañadientes, Donghwa siguió a Woori al interior de la máquina.
Mientras permanecía torpemente de pie en aquel espacio desconocido, observó a Woori manejar la máquina con soltura. Después de elegir el diseño del marco y el color del fondo, Woori miró directamente a la cámara, completamente acostumbrado al proceso.
—Tienes que mirar a la cámara. Si no, parecerá que estás mirando hacia abajo.
—¿Dónde está la cámara?
—¡Aquí!
—¿Solo tengo que dejar que tome la foto?
—¡Sí! Aunque queda mejor si al menos sonríes. También puedes elegir una pose.
—¿Una pose?
Donghwa se rascó torpemente la nuca.
No había ninguna razón en particular. Simplemente se sentía increíblemente incómodo frente a una cámara y, naturalmente, no se le ocurría ninguna pose.
Woori, en cambio, probaba diferentes poses con total naturalidad.
Mientras Donghwa movía los ojos de un lado a otro sin saber qué hacer, Woori de pronto le puso el teléfono delante.
—Mira esto.
En la pantalla blanca aparecían diferentes poses, la mayoría formando corazones.
Un ambiente incómodo se instaló entre ellos.
Woori también pareció sentirlo, pues se aclaró la garganta varias veces antes de terminar diciendo:
—Ah, solo tomémonos la foto.
Y presionó inmediatamente el botón de «iniciar».
Todo ocurrió tan rápido que Donghwa ni siquiera supo qué había quedado capturado.
Cuando volvió en sí, ya tenía en la mano una larga tira de fotografías y Woori soltaba risitas traviesas a su lado.
—Mira la cara de Kim Donghwa. ¿Cómo puede alguien salir tan mal en las fotos teniendo esta cara?
—Ah, bueno. Simplemente soy incómodo frente a las cámaras.
—Exactamente. Por eso, cuando te diga que nos tomemos fotos, deberías aceptar sin más. Así acabarás acostumbrándote.
—¿Y por qué tengo que acostumbrarme?
Donghwa miró a Woori, apartando por fin la vista de las fotografías.
Casi nunca se tomaba fotos y tampoco le gustaba hacerlo, así que ¿por qué tendría que acostumbrarse?
Era una pregunta genuina, pero Woori la ignoró y ya había salido corriendo hacia la bolera.
Era la clase de comportamiento que solía mostrar cuando no tenía una respuesta lógica, así que Donghwa simplemente negó con la cabeza.
⛧⛧⛧
¡BANG!
Tras el pesado impacto llegó el estruendo de los bolos derribándose, resonando con claridad por toda la bolera.
Como Kim Donghwa y Wi Woori habían llegado tarde, intercambiaron breves saludos con Kim Chanyoung y su novia antes de escoger cuidadosamente sus bolas y examinar las pistas.
—No se excedan, cabrones.
La advertencia de Chanyoung llegó de inmediato, pero ni Woori ni Donghwa le prestaron atención.
Mientras Woori estaba en el mostrador indicando el número de pista después de encontrar una que le gustaba, Donghwa limpiaba meticulosamente las bolas que iban a utilizar.
Woori observó cómo aparecía el marcador en la pantalla y enseguida volvió la mirada hacia Chanyoung.
Parecía llevarse muy bien con su nueva novia y aquella relación daba la impresión de estar durando más de lo habitual.
Woori miró de reojo a su amigo, que estaba completamente acaramelado con su novia, y de repente exclamó:
—¡Ah!
—Oye, Kim Chanyoung.
—¿Sí?
—Deberían tomarse unas fotos de estas cuando salgan. Nosotros peleamos de camino aquí, pero después de tomárnoslas nos reconciliamos.
Chanyoung inclinó la cabeza ante sus palabras.
¿Eso cuenta como reconciliarse? ¿No fue simplemente Donghwa cediendo?
A pesar de que Donghwa odiaba tomarse fotos, siempre que Woori se lo proponía terminaba aceptando.
Después de mirar la tira de fotografías, Chanyoung dirigió la vista hacia Donghwa.
Donghwa, que acababa de colocar la bola que había limpiado en el retorno, le devolvió la mirada con una ceja arqueada.
Lo estás disfrutando, pero finges que no.
A Chanyoung le resultaba divertido que Donghwa se negara a admitir lo complacido que estaba. Haciendo un mohín, le devolvió la foto a Woori.
—¿Ya volvieron a pelear?
—¿Acaso eso es cosa de uno o dos días?
—¿Por qué pelearon?
—…¿No lo sabes? ¿Acaso no conoces a Donghwa?
—No me acuerdo. ¿Cuándo los he visto pelear por algo que valga la pena recordar?
Los dos eran todo un espectáculo, por decirlo de alguna manera.
Chanyoung pensaba que resultaban agotadores, pero aun así le divertía el afecto que Donghwa sentía por Woori. Y Woori, que seguía pegado a Donghwa a pesar del carácter espinoso de este, le parecía igual de gracioso.
Mientras disfrutaba internamente del espectáculo como si estuviera comiendo palomitas, Woori, que siempre se tomaba muy en serio las apuestas, se acercó con una sonrisa maliciosa.
De pronto puso el puño delante del rostro de Donghwa y explicó las condiciones de la apuesta tan rápido que parecía estar rapeando.
—Tomamos la puntuación promedio y le restamos cincuenta a nuestro promedio. ¿Trato?
—Trato.
Aunque Donghwa parecía bastante arrogante, Chanyoung conocía bien las habilidades de Woori y Donghwa en el boliche, así que no tuvo más remedio que aceptar.
Cuando accedió sin objeciones, Donghwa sonrió con aprobación.
Entonces Chanyoung y Woori chocaron los puños.
Tras aquel breve contacto, Donghwa se colocó frente a la pista.
—¡Kim Donghwa, si no haces chuza, no vuelvas a casa!
—…Pero es mi casa.
—¡Como sea, ni se te ocurra entrar!
Uno, dos, tres.
Donghwa lanzó la bola con confianza.
Con un golpe seco, la bola comenzó a rodar en línea recta y él regresó inmediatamente hacia su asiento.
Woori, como una suricata, asomó la cabeza para seguir el recorrido de la bola.
El zumbido de esta rodando por la pista resonaba claramente en sus oídos. Incluso sin mirar, seguramente sería una chuza, pero Woori apretó los puños por si acaso.
Poco después, con un estruendo limpio, los diez bolos cayeron.
En ese instante, el alegre grito de Woori resonó por toda la bolera.
—¡Bien! ¡Eso, Kim Donghwa!
Como si hubiera sido él mismo quien lanzara la bola, Woori corrió hasta la línea de falta y volvió, extendiendo ambas palmas hacia Donghwa.
En las boleras era habitual chocar las manos después de un lanzamiento, así que aquella era su señal.
Donghwa sonrió y chocó con fuerza sus palmas.
Para sorpresa de Woori, sus dedos incluso llegaron a entrelazarse.
Woori parpadeó ante el contacto inesperado y Donghwa, todavía sonriendo, apartó la mano.
Aunque solo había durado un instante, la palma de Woori se calentó rápidamente y él tragó saliva.
Mientras tanto, Chanyoung también consiguió una chuza y estaba chocando las manos con su novia.
Cambiar de tema era una buena forma de distraerse de los latidos acelerados de su corazón.
Woori puso los ojos en blanco burlonamente al mirar a Chanyoung.
—De todas formas, jamás vas a vencer a Donghwa.
—Oye, no lo sabremos hasta intentarlo. Esto va por promedio, ¿verdad? Acordamos restar cincuenta, así que no te arrepientas después.
—¿Arrepentirme de qué? Solo mira.
Woori sonrió con suficiencia mientras tomaba la bola.
Le dedicó una sonrisa amistosa a la novia de Chanyoung, que parecía un poco incómoda, antes de dirigir una mirada desafiante hacia Donghwa.
Al ver la expresión desaprobatoria de Donghwa, inclinó la cabeza.
Donghwa le dio una palmada en el trasero.
—Si no haces chuza, tú sí vas a hacer las maletas.
Woori fulminó a Donghwa con la mirada.
Aquello era un nivel de amenaza completamente distinto a su «no vuelvas a casa».
—¡Ah! ¡¿Por qué?! ¡Al menos dame oportunidad de hacer un spare! ¡Necesito tiempo para familiarizarme con la pista!
—Ah, ¿para qué tienes que familiarizarte con la pista? Solo lanza tranquilamente.
Donghwa volvió a darle una palmada juguetona en el trasero, esta vez provocándolo para que al menos derribara un bolo.
Woori sopló para apartarse el flequillo de la cara y avanzó con pasos firmes.
¡Thud!
La pesada bola golpeó la pista y, poco después, resonó el estruendo de los bolos cayendo.
—Tsk.
Donghwa arqueó una ceja mientras contaba los bolos.
Uno había sobrevivido por muy poco, pero Woori simplemente sonrió con suficiencia, como si no fuera gran cosa.
—Oye, ese lo derribo después. Adelante.
La regla era alternarse en cada lanzamiento según la pista y, por cortesía, esperar cuando alguien estaba usando la pista contigua.
Woori le cedió el turno a la novia de Chanyoung y se sentó junto a Donghwa.
Apoyándose con toda naturalidad sobre el firme hombro de Donghwa, Woori observó a Jang Youjin, la novia de Chanyoung, a quien acababan de presentarle.
Entonces susurró:
—Hacen buena pareja, ¿verdad?
—Sí. Parece que a Chanyoung esta chica le gusta de verdad.
—¿En serio? ¿Le gusta mucho?
—Él dice que siempre ha sido así, pero míralo. Prácticamente le chorrea miel de los ojos.
—Ese cabrón es demasiado empalagoso.
Aunque habló con brusquedad, Woori de pronto se preguntó si los demás también verían a Donghwa y a él como veían a Chanyoung y a su novia.
Esperaba que sí.
—Tsk.
Woori chasqueó la lengua cuando Jang Youjin regresó después de lanzar la bola y levantó la mano para chocar los cinco con ella.
En cuanto sus palmas se encontraron, Chanyoung lo fulminó con la mirada.
—¡Oye! ¿Por qué estás agarrando de la mano a mi novia?
—¿Quién está agarrándole la mano, cabrón loco?
—De verdad estás mal de la cabeza.