Una relación sin importancia - Capítulo 11
Para animarlo, Wi Woori mostró algo de entusiasmo y Kim Donghwa comenzó a hablarle del cuadro y de otros términos técnicos. ¿En qué momento se había vuelto tan aficionado a las bicicletas? No era como si no tuviera licencia de conducir, y parecía que todo el tiempo que estaba invirtiendo en elegir una bicicleta bien podría haberlo dedicado a ir a un concesionario y comprarse un auto.
Quizá debería dejar que Kim Donghwa se comprara su bicicleta y él comprarse un auto, pero enseguida lo reconsideró. Conducir le resultaba una molestia y ahora sus padres vivían en el campo. Sería mucho mejor pedirles que enviaran a alguien por él que conducir solo hasta allá.
—¿La compramos?
Kim Donghwa lo apremió para que respondiera, girando sus oscuros ojos hacia él. Cuando parpadeó lentamente, Wi Woori le dedicó una bonita sonrisa, y solo entonces Kim Donghwa se incorporó y comenzó a mover activamente el mouse.
—Pero tú eres principiante…
—No marques distancias entre nosotros.
—Ah, como si estuviera marcando alguna distancia.
—Todo lo que tú puedas hacer, yo también puedo hacerlo. ¿Entendido?
—Tu terquedad va a hacer que termines lastimándote.
—¡Te dije que puedo hacerlo!
Este tipo me trata como si fuera idiota.
Había aprendido a andar en bicicleta de dos ruedas desde la primaria, así que ¿por qué tanto escándalo? Tampoco era como si fuera a montar un monociclo.
Con una expresión profundamente irritada, Wi Woori enseñó los dientes como si estuviera a punto de lanzarse sobre él, y Kim Donghwa levantó una mano para tranquilizarlo.
—Entonces haré el pedido, así que tú…
—¿Qué?
—Sal y lleva la basura. Hoy no te toca hacerte el presumido, ¿o sí?
Ante las palabras de Kim Donghwa, Wi Woori se levantó de golpe, dándose una palmada en la rodilla al recordarlo.
Todos los lunes se realizaba la recolección de reciclaje en el complejo residencial, y salir a recibir el cariño de los residentes era uno de los pequeños placeres de la vida de Wi Woori.
Rápidamente reunió los residuos reciclables, que ya estaban bien separados. Al pensar que iba a salir a divertirse un rato, una amplia sonrisa se dibujó en sus labios.
⛧⛧⛧
—Oh, ¿ya llegó nuestro estudiante?
—¡Hola!
Su voz alegre y desenfadada atrajo al instante todas las miradas dispersas.
Alto y de hombros firmes, su cabello claro resplandecía bajo el sol y ondeaba con el viento como una suave ola. Sus grandes ojos redondos tenían la agudeza de los de un gato, y sus pequeñas fosas nasales redondeadas brillaban bajo la luz del sol. Debajo de su pulcro surco nasolabial, sus labios rojo cereza, bien delineados, trazaron una elegante curva antes de abrirse en una luminosa sonrisa que iluminó todo su rostro. Su piel, blanca como la porcelana fina, parecía suave al tacto incluso sin necesidad de tocarla.
A sus poco más de veinte años, al joven le quedaba mucho mejor la palabra «bonito» que «guapo».
Wi Woori estaba bastante acostumbrado a que la gente lo mirara fijamente.
Desde que se había mudado al officetel con Kim Donghwa, incluso había empezado a disfrutar un poco de las miradas de las señoras del complejo.
La mayoría de las personas que se encontraban en el área de reciclaje eran empleadas domésticas. Al principio había pensado que simplemente eran residentes como los demás, pero a través de conversaciones casuales terminó enterándose de la verdad.
Kim Donghwa solía regañarlo preguntándole si pensaba hacerse amigo de todo el mundo, pero a Wi Woori no le importaba.
No había mejores interlocutoras para mantener una conversación profunda sobre reciclaje que aquellas mujeres.
Naturalmente, terminaron haciéndose cercanos.
—Nuestro estudiante siempre viene a reciclar solo. ¿No dijiste que ahora vives con Donghwa?
—Ah, Kim Donghwa se encarga de los residuos de comida y yo del reciclaje.
—¿Por qué no contratan a alguien que se encargue de la casa?
—Nos sentimos más cómodos haciéndolo nosotros mismos.
Wi Woori soltó una risita mientras separaba hábilmente los residuos.
Era algo que nunca había hecho ni se le habría ocurrido hacer durante su infancia, pero, una vez que empezó a verlo como un pasatiempo, descubrió que era bastante divertido.
Colocó una caja de cartón aplanada sobre la pila de papel, después retiró cuidadosamente las etiquetas de las botellas de vidrio y las depositó en una bolsa marcada como «Vidrio».
¡Clang!
Ante el sonido agudo, las personas a su alrededor exclamaron:
—¡Wow!
Cuando empezó a reciclar, Wi Woori pensaba que eran demasiado exageradas.
Se preguntaba quién demonios aplaudía algo tan simple como tirar la basura, pero, cuando comprendió que esa era su manera de volver más entretenidas las tareas monótonas del día a día, dejó de cuestionárselo.
Más bien, comenzó a disfrutarlo con ellas.
Wi Woori se encogió de hombros, sacudió las bolsas de plástico y terminó de ordenar todo el vidrio. Después se colocó frente a una bolsa marcada como «Latas de aluminio» y vertió dentro las latas limpias que había enjuagado previamente, provocando un estruendoso repiqueteo metálico.
Finalmente, completó su tarea depositando la basura común, perfectamente embolsada, en el contenedor grande.
Al estirar la espalda con un crujido, comenzaron a lloverle elogios desde todas partes.
—¡Dios mío! ¿Cómo puedes separar tan bien todo el reciclaje?
—Ojalá en mi casa lo hicieran así. Ayer casi me muero intentando quitar las etiquetas de las botellas de cerveza.
—El señor de esa casa bebe demasiada cerveza. Dígale que le baje un poco.
Las señoras soltaron sonoras carcajadas, aparentemente encontrando algo de diversión en medio del trabajo pesado.
Wi Woori rio con ellas mientras escuchaba los asuntos domésticos ajenos, hasta que el sonido de unos pasos acercándose lo hizo girar de repente.
—Wi Guanzhong, vámonos.
Kim Donghwa, con la gorra bien calada sobre la cabeza, lo llamó en voz baja, atrayendo las miradas de todos.
—¿Wi Guanzhong?
Wi Woori sonrió ligeramente ante la pregunta.
—Ese es mi nombre chino —explicó.
⛧⛧⛧
—Hmm…
Wi Woori tarareó suavemente mientras se tocaba la barbilla, pensativo.
Frente a él estaban alineadas las bicicletas que él y Kim Donghwa habían elegido juntos en la tienda unos días atrás.
A pesar de todo el discurso de Kim Donghwa sobre que era principiante y demás, al final había elegido para Wi Woori una bicicleta igual a la suya.
Curiosamente, mientras contemplaba las bicicletas, de pronto recordó a Kim Donghwa abrazándolo mientras estaba excitado.
Wi Woori recordó aquel hecho que había estado ignorando durante los últimos días, y sus cejas comenzaron a moverse inquietas.
Él se excitaba con facilidad por culpa de Kim Donghwa, hasta el punto de sentir que le ardía el bajo vientre con un simple contacto físico.
Pero entonces, ¿por qué Kim Donghwa había reaccionado así?
Si se suponía que Kim Donghwa era un alfa, podría atribuirlo tranquilamente a las feromonas.
Pero ¿Kim Donghwa no era simplemente una persona común que ni siquiera se había manifestado?
Después de darle vueltas durante un rato, Wi Woori se levantó de golpe.
No tenía sentido atormentarse solo por aquello.
Si sentía curiosidad, lo mejor era preguntárselo directamente a Kim Donghwa.
Pensando así, sacudió la ceniza del cigarrillo. Después de apagar cuidadosamente la colilla en el cenicero, se dirigió a casa con pasos decididos.
Pero ¿podía preguntarle sin más: «¿Por qué te excitaste?»?
Conociendo la personalidad de Kim Donghwa, seguramente no le daría una respuesta directa…
¿Cómo podía planteárselo para obtener una respuesta apropiada?
Estaba pensando precisamente en eso cuando entró en el ascensor.
—¿Dónde estabas?
—¡Guau!
Sin saber siquiera en qué piso había subido, Kim Donghwa ya se encontraba dentro del ascensor.
Wi Woori soltó un grito del susto, haciendo que Kim Donghwa levantara una ceja con suspicacia.
—¿Qué? ¿Viste un fantasma?
—¿Fantasma? ¿Qué fantasma?
—Entonces, ¿por qué te asustaste tanto?
—Tú…
—¿Qué pasa conmigo?
Kim Donghwa levantó una ceja como si dijera: «Dime si hice algo».
Wi Woori frunció el ceño de la misma manera.
—No, ¿por qué actúas como si no hubieras hecho nada después de que tú también te pusiste duro?
—¿Qué? ¿Qué hice yo?
Ups.
Wi Woori se quedó desconcertado.
Solo había pretendido pensarlo, no decirlo en voz alta.
Por suerte, únicamente estaban ellos dos en el ascensor. De lo contrario, aquello podría haber provocado un malentendido enorme.
Sorprendido, Kim Donghwa bajó la mirada hacia su propia entrepierna, como si se preguntara si ahora se estaba excitando sin siquiera darse cuenta.
Por fortuna, su parte inferior permanecía tranquila.
—¿De qué estás hablando?
—Bueno, ya que salió el tema, hablemos. La otra vez, cuando estaba enfermo…
—Sí.
—¿Por qué se te puso duro…? ¡Mmm!
Justo cuando iba a decirlo, Kim Donghwa le cubrió rápidamente la boca.
¿Qué clase de locura era esa?
Wi Woori lo fulminó con la mirada, mientras Kim Donghwa alternaba la vista entre él y la puerta del ascensor.
¿Cuándo habían llegado?
El nuevo vecino del apartamento de al lado estaba justo frente a la puerta abierta del ascensor.
Wi Woori lo saludó torpemente y el vecino respondió con una sonrisa igual de incómoda.
Ah, qué vergüenza.
Wi Woori suspiró aliviado y se llevó una mano al pecho, sin dejar de mirar a Kim Donghwa, que todavía le tapaba la boca.
El rostro de Kim Donghwa, habitualmente tranquilo, estaba ahora lleno de vergüenza.
—¿Me sueltas, por favor? —murmuró Wi Woori con la boca cubierta.
—¿Qué clase de lujo estoy disfrutando para tener que hacer esto?
—Suéltame.
—No hagas ese ruido.
Kim Donghwa no retiró la mano hasta que estuvieron a salvo dentro del apartamento.
Lo había sujetado con tanta fuerza que a Wi Woori le dolía la boca. Movió la mandíbula de arriba abajo, sintiendo que apenas podía moverla correctamente.
—No, maldito. ¿Por qué demonios dices algo así afuera?
—¿Qué importa? Solo estábamos nosotros. Entonces, ¿por qué se te puso duro aquella vez?
—Bueno, eso fue porque…
Kim Donghwa comenzó a responder con seguridad, pero de pronto cerró la boca y sus ojos empezaron a moverse de un lado a otro.
¿Qué clase de reacción era esa?
Wi Woori inclinó la cabeza con suspicacia.
Si seguía comportándose de manera tan misteriosa, era inevitable que empezara a tener sus propias dudas.
Cuando alzó las cejas, Kim Donghwa, con expresión atribulada, se pasó una mano grande por el rostro.
—Porque estabas rozándote contra mí y me estimulaste. Por eso.
—Oye, ¿de verdad eso basta para estimularte? ¿Quién se estaba rozando con quién? Estábamos prácticamente quietos y apenas nos tocábamos.
—Ah, yo también estaba excitado en ese momento. Fue porque tenía el cuerpo caliente, no porque hubiera nada especial en ti. Ya nos hemos visto todo lo que había que ver, ¿por qué iba a importarme ahora?
—Oh, entonces ¿normalmente no te excitas?
Wi Woori lo provocó con tono sarcástico.
Kim Donghwa frunció el ceño como si la respuesta fuera obvia.
Su mirada severa parecía decirle: «No te hagas ideas absurdas», y el firme asentimiento que dio dejó claro que no pensaba retractarse.
Era perfectamente normal que habitualmente no se excitara por él, así que ¿por qué aquella respuesta despertaba en Wi Woori semejante espíritu de rebeldía?
—Entonces, ¿no te excitarías sin importar lo que yo hiciera?
—¿Por qué iba a excitarme por tu culpa?
Ah.
Cuando alguien se mostraba tan seguro, surgía un deseo innato de hacer pedazos esa seguridad.
Wi Woori pasó la lengua por el interior de la boca, inflando las mejillas.
El leve movimiento de sus cejas delataba su irritación.
Ver a Kim Donghwa mostrarse tan categórico sobre sí mismo solía despertar en Woori un innecesario espíritu competitivo.
Aquello ya no se trataba simplemente del contacto físico.
Sentía que era un punto decisivo para determinar si realmente no ejercía ningún efecto sobre Kim Donghwa.
—¿De verdad?
Wi Woori se acercó a Kim Donghwa.
Kim Donghwa, que acababa de dejar una bolsa de plástico sobre la isla de la cocina con un golpe seco, esta vez permaneció en silencio.
Quizá era inevitable que Woori se sintiera desafiado.
Como si ni siquiera se diera cuenta de lo que estaba haciendo, Wi Woori se quitó teatralmente la chaqueta y deslizó una mano por la espalda de Donghwa.
—¡Ah! ¿Qué estás haciendo?
Kim Donghwa se estremeció de forma exagerada.
Si ya estaba reaccionando, ¿de qué demonios había estado presumiendo?
—¿Ni siquiera así te excitas?
—Ah, tú, de repente…