Un frágil personaje de relleno - Capítulo 232
Los cinco que presenciaron aquella escena contrajeron las pupilas al mismo tiempo. En ese instante, el mismo pensamiento surgió en sus mentes:
¿Ese era Liu Qingzhi?
¿Era realmente el Liu Qingzhi que ellos conocían?
¡La escena ante sus ojos era demasiado absurda!
Tanto los miembros amputados de los insectoides esparcidos por el suelo como la sangre de los insectos, que ya comenzaba a volverse viscosa, parecían completamente incompatibles con Liu Qingzhi.
En sus recuerdos, Liu Qingzhi no solo era incapaz de matar personalmente a aquellas criaturas repugnantes; incluso cuando veía desde lejos a esos monstruos deformes que consideraban a los humanos como alimento, se asustaba tanto que el cuerpo se le debilitaba, el rostro se le llenaba de terror y las extremidades le temblaban.
Sin embargo, todo lo que los rodeaba, los cadáveres del suelo y el cuchillo militar ensangrentado que Liu Qingzhi sostenía en la mano indicaban claramente que existía una enorme posibilidad de que él hubiera acabado con esos insectoides.
Huo Zheng estaba al frente del grupo.
Fue el primero en recuperarse de la conmoción.
Frunció ligeramente los labios, recorrió con la mirada los cadáveres y finalmente dirigió los ojos hacia Liu Qingzhi, con una expresión oscura e indescifrable.
—¿Tú acabaste con estos?
Liu Qingzhi lo ignoró por completo y simplemente le ordenó a Slime que se apresurara a limpiar la sangre del cuchillo militar.
Lo que tenía que hacer ahora era resolver el problema de las glándulas y recuperar cuanto antes todas sus fuerzas.
Ese proceso no requeriría demasiado tiempo.
Tampoco necesitaba ocultar deliberadamente nada ni repetir lo que había hecho la primera vez: abandonarse a la pereza durante un mes, vivir de los suministros de aquellos hombres y representar ante los ojos de Huo Zheng y los demás el papel de una «carga».
Liu Qingzhi no tenía intención de hacer lo mismo por segunda vez.
No había absolutamente ninguna necesidad.
Y tampoco quería desperdiciar tiempo tratando con aquellos hombres.
Slime, con su cuerpo verde, podía ser visto a simple vista. Así que cuando separó parte de su sustancia gelatinosa y comenzó a limpiar la suciedad del cuchillo militar, las expresiones de Huo Zheng y los demás se volvieron de lo más variadas.
Xiao Xiangyang exclamó atónito:
—¡¿Qué demonios es esa cosa pegajosa?!
Mientras hablaba, volvió la mirada hacia Liu Qingzhi.
Reprimió la extraña palpitación que había sentido en el instante en que el otro lo miró y lo observó con una mezcla de vigilancia y rareza.
—Este tipo… ¿no habrá sido parasitado por algún insectoide de alto rango?
De lo contrario, no había forma de explicar por qué el Liu Qingzhi ante sus ojos parecía una persona completamente diferente.
No quedaba en él ni rastro de la antigua debilidad.
Y no solo eso.
Todo su ser irradiaba una extraña aura difícil de describir, algo casi perverso que incluso perturbaba los pensamientos de Xiao Xiangyang.
Además, en ese momento había comenzado a sentir una inexplicable oleada de calor dentro del pecho.
Aquello no era normal.
¡Definitivamente no era normal!
Al pensar en ello, Xiao Xiangyang frunció el ceño, ignoró aquella extraña sensación y miró a Liu Qingzhi con todavía más cautela.
Fue entonces cuando descubrió de repente que en el rostro de Liu Qingzhi, normalmente pálido como una hoja de papel, había aparecido un tenue rubor.
Incluso sobre su frente lisa y clara se había formado una ligera capa de sudor.
Huo Zheng y los otros tres también lo notaron.
La mirada de Wei Ziming fluctuó ligeramente.
—Tú…
Apenas alcanzó a pronunciar aquella palabra cuando, a medida que la noche se volvía más oscura, comenzó a mezclarse con el fuerte olor a sangre de los insectoides otra fragancia diferente.
Era un aroma sumamente tenue.
Si no se poseía un sentido del olfato especialmente agudo, probablemente habría sido imposible percibir aquella agradable fragancia entre el intenso olor a sangre.
Prácticamente en el instante en que captaron aquel rastro, Huo Zheng y Wei Ziming pensaron en la misma posibilidad.
Ambos tenían una confianza absoluta en su olfato.
Por lo tanto, aquella fragancia apenas perceptible no podía ser una ilusión.
Y si no era una ilusión, al relacionarla con las sutiles reacciones que mostraba el cuerpo de Liu Qingzhi, solo podía significar una cosa.
Ese aroma probablemente provenía de las glándulas situadas en la nuca de Liu Qingzhi.
Pero los Beta no podían liberar feromonas.
Solo los Omega y los Alfa poseían glándulas capaces de producirlas.
A medida que percibían con mayor claridad las feromonas en el aire, tanto Huo Zheng como Wei Ziming, Xiao Xiangyang y los otros dos comenzaron a sentir una ligera tirantez en la garganta.
Los cinco eran Alfa.
Si aquellas feromonas pertenecieran a otro Alfa, lo más probable era que provocaran rechazo o una sensación de supresión.
En cualquier caso, nunca producirían una reacción como la de ahora: calor acumulándose en el pecho, sequedad en la garganta y un impulso inconsciente de acercarse a Liu Qingzhi.
Aquello bastaba para demostrarlo.
Liu Qingzhi no era ningún Beta.
¡Era un Omega!
Al darse cuenta de eso, los cinco abrieron los ojos de par en par.
Xiao Xiangyang y Jiang Yu, en especial, lo miraron con una incredulidad evidente.
Y una vez que llegaron a la conclusión de que Liu Qingzhi era un Omega que se hacía pasar por Beta, la hipótesis de que hubiera sido parasitado por un insectoide de alto rango se desmoronó por sí sola.
Después de todo, por perfecta que fuera la imitación de un insectoide parasitario, no podía modificar el hecho de que, tras sustituir a un humano, era incapaz de liberar feromonas como una persona normal.
Incluso si las glándulas permanecían dentro del cuerpo, no eran más que adornos inútiles.
Xiao Xiangyang señaló a Liu Qingzhi.
En aquel momento, su estado de ánimo era tan complejo como una montaña rusa.
—Tú… ¡¿eres un Omega?!
Al pronunciar las últimas palabras, ni siquiera él mismo parecía capaz de creerlo.
Después de todo, Liu Qingzhi había convivido con ellos durante cientos de días.
Y durante todo ese tiempo, ninguno de los cinco había notado absolutamente nada.
Liu Qingzhi era un Omega.
Un Omega vivo…
Xiao Xiangyang no dejaba de repetir aquello en su mente.
Entre sus emociones confusas, una alegría secreta comenzó a germinar silenciosamente y, junto con el calor que seguía aumentando en su pecho, se extendió por todo su cuerpo.
Su nuez se movió.
Miró a Liu Qingzhi y quiso decir algo más.
—Tú…
Pero apenas comenzó, Jiang Yu lo interrumpió desde un lado.
Liu Qingzhi miró de reojo a Jiang Yu, cuya expresión resultaba difícil de interpretar, y luego recorrió con la vista a los demás.
Solo los encontró incomprensibles.
Y, además, bastante molestos.
Si aquellos hombres no hubieran aparecido para interrumpirlo, a estas alturas ya se habría extirpado las fastidiosas glándulas de la nuca.
Liu Qingzhi nunca había sido una persona capaz de mostrarse generosa cuando alguien arruinaba su estado de ánimo.
Ante aquellas miradas cargadas de emociones ambiguas y la evidente expectativa de que les diera alguna explicación, sus delicadas cejas se fruncieron ligeramente.
Solo respondió:
—Son muy molestos.
La breve frase estaba cargada de un desagrado que ni siquiera intentó ocultar.
No había adornos ni explicaciones.
Simplemente:
Muy molestos.
La expresión de Xiao Xiangyang cambió.
Algo también cruzó por el rostro de Huo Zheng.
Pero Liu Qingzhi, después de decir aquello, dejó de prestarles atención.
Giró la muñeca, apartó el cabello que caía sobre su nuca y, acto seguido, con un movimiento extremadamente rápido y limpio, se extirpó directamente las glándulas.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Además, Huo Zheng y los demás jamás habían imaginado que Liu Qingzhi se clavaría de repente un cuchillo en sus propias glándulas.
O, mejor dicho, nunca habían contemplado siquiera la posibilidad de que alguien pudiera decidir extirpárselas así, sin más.
La sangre escarlata brotó de la nuca de Liu Qingzhi y trazó un destello rojo ante sus ojos.
El cuchillo militar que Slime acababa de dejar completamente limpio volvió a quedar manchado de sangre.
Liu Qingzhi ni siquiera miró las glándulas que habían caído al suelo.
Tampoco parecía sentir el dolor de la herida.
Simplemente indicó a Slime que volviera a limpiar el cuchillo.
Huo Zheng y los demás quedaron completamente paralizados por aquella decisión tan tajante.
Xiao Xiangyang no podía creer lo que acababa de ver.
—Tú realmente…
No terminó la frase.
En realidad, desde que había entrado en aquel lugar, su mente no había dejado de recibir un impacto tras otro.
Cada uno más fuerte que el anterior.
Pero ver a Liu Qingzhi extirparse las glándulas frente a ellos, sin la menor vacilación, había llevado su conmoción al límite.
Estaba loco.
Definitivamente estaba loco.
Había poquísimas personas que eligieran voluntariamente extirparse las glándulas.
Y quienes lo hacían eran, inevitablemente, individuos extremadamente poderosos por derecho propio.
Pero Liu Qingzhi…
Liu Qingzhi, que en el pasado ni siquiera parecía capaz de sostener un arma pesada.
Liu Qingzhi, que temblaba al ver insectoides.
¿Cómo podía haber decidido con tanta frialdad convertirse voluntariamente en un «discapacitado»?
Sí.
Un discapacitado.
Para un Omega, perder sus glándulas equivalía prácticamente a quedar discapacitado.
Al ver el completo desinterés de Liu Qingzhi, como si lo que acabara de cortar no fueran sus propias glándulas sino simplemente un mechón de cabello, Xiao Xiangyang sintió surgir dentro de él una ira que jamás había experimentado antes.
—¡¿De verdad sigues siendo Liu Qingzhi?!
Aunque los demás no exteriorizaron sus emociones con la misma intensidad que Xiao Xiangyang, la conmoción que sentían no era mucho menor.
Liu Qingzhi comenzaba a perder la paciencia.
—Lo sea o no, ¿tengo alguna obligación de explicártelo?
Transformó de nuevo el cuchillo militar en un anillo y se lo colocó en el dedo.
Después hizo que Slime se adhiriera temporalmente a la herida de su nuca para detener la sangre.
Aunque no le importaba aquel dolor, tampoco había razón para dejar que siguiera sangrando y ensuciara su ropa, obligándolo después a lavarla.
Huo Zheng miró fijamente a Liu Qingzhi.
—¿Todo este tiempo estuviste fingiendo delante de nosotros?
Liu Qingzhi lo miró con indiferencia.
—¿Fingiendo? Te das demasiada importancia.
Tras decir aquello, ya no quiso seguir conversando.
Planeaba abandonar ese lugar primero.
Por lo general, los insectoides eran más activos durante la noche, por lo que moverse a esas horas resultaba extremadamente peligroso para los supervivientes.
Pero para Liu Qingzhi era justo lo contrario.
Le convenía para acelerar la fusión de su alma con el cuerpo.
Planeaba matar insectoides mientras buscaba un nuevo lugar donde alojarse.
Ya que esta vez no tenía intención de vivir de manera pasiva como antes, tampoco había ninguna necesidad de permanecer con Huo Zheng y los demás.
En realidad, si tuviera que elegir a alguien de aquel mundo que despertara su interés, sería Huo Lin.
Al ver que Liu Qingzhi ya se dirigía hacia la salida, Xiao Xiangyang se adelantó inconscientemente y bloqueó su camino.
—¿Te vas?
Liu Qingzhi miró a Xiao Xiangyang frente a él.
No respondió.
Solo chasqueó ligeramente la lengua y dio un paso hacia él.
El cuerpo de Xiao Xiangyang se puso rígido al instante.
Mientras veía cómo el rostro de Liu Qingzhi se acercaba cada vez más al suyo, su corazón comenzó a latir de manera completamente descontrolada.
En el pasado nunca le había ocurrido algo semejante cuando estaba frente a Liu Qingzhi.
Sin embargo, ahora parecía un adolescente inexperto, afectado constantemente por la presencia del otro.
Incluso una sola mirada bastaba para dejarlo sin saber cómo reaccionar.
¡Aquello era terrible!
Mientras pensaba eso, Liu Qingzhi quedó a menos de un puño de distancia.
Hasta las orejas de Xiao Xiangyang comenzaron a ponerse rojas.
—T-Tú… tú…
Liu Qingzhi extendió una mano y apoyó las yemas de los dedos en la nuca de Xiao Xiangyang.
Su dedo se detuvo justo sobre la posición de sus glándulas.
Entonces dijo con ligereza:
—Apártate. O tú tampoco necesitarás esto.
Su tono era extremadamente casual.
Pero en aquel momento nadie podía creer que estuviera bromeando o amenazando sin intención de cumplirlo.
Xiao Xiangyang, que estaba justo frente a él, podía sentir con absoluta claridad que Liu Qingzhi hablaba en serio.
Si seguía bloqueándole el paso, Liu Qingzhi realmente le extirparía las glándulas.
Y aun siendo consciente de aquello, aunque en teoría debería haberse apartado inmediatamente y alejarse de Liu Qingzhi, su cuerpo tembló ligeramente bajo el roce de aquellas yemas.
Una excitación desconocida y peligrosa surgió en su interior.
Era como caminar sobre el filo de una cuchilla.
Liu Qingzhi entrecerró los ojos.
La mano que había retirado ya estaba tocando el arma vinculada que llevaba en el meñique.
Cuando había leído el comentario de Wang Facai, había pensado que, si algún día aquello se hacía realidad, se extirparía sus propias glándulas y luego destruiría también las de aquellos hombres.
Sin embargo, en aquella historia, esa idea correspondía a una fase en la que la trama ya estaba a punto de entrar en situaciones «armoniosas».
El momento al que había llegado ahora todavía no alcanzaba ese punto.
Por eso había descartado inicialmente esa idea.
Después de todo, tampoco era el tipo de persona que castigaba anticipadamente a alguien por acciones que todavía no había cometido.
Pero si Xiao Xiangyang insistía en bloquearle el camino, tampoco le molestaría hacerle un corte en la nuca.
Una frialdad tenue apareció en los ojos de Liu Qingzhi.
Justo cuando se disponía a actuar, Huo Zheng llegó rápidamente al lado de Xiao Xiangyang, lo agarró y lo apartó de allí.
Liu Qingzhi miró brevemente a Huo Zheng.
No dijo nada.
Simplemente se marchó.
Solo cuando su figura desapareció por completo de la vista, los demás parecieron finalmente recuperarse del torrente constante de conmociones.
Jiang Yu frunció el ceño.
—Él… ¿simplemente se fue así?
Wei Ziming miró el cielo.
—Salir a esta hora es muy peligroso.
Sin embargo, apenas terminó de decirlo y volvió a ver los cadáveres de insectoides del suelo, sintió que aquel comentario había sido completamente innecesario.
Liu Qingzhi debía de ser muy fuerte.
Más fuerte que cualquiera de ellos.
Quizá resultara extraño llegar a semejante conclusión basándose únicamente en aquellos pocos cadáveres.
Pero Wei Ziming estaba absolutamente convencido.
Porque en el instante en que Liu Qingzhi se había preparado para actuar, había sentido una presión y una sensación de peligro que jamás había experimentado.
Al final, Huo Zheng dijo:
—Esperemos hasta mañana.
……….
En otro lugar.
Liu Qingzhi avanzaba matando por el camino a todos los insectoides que, apenas lo veían, parecían oler algo y se abalanzaban directamente sobre él.
Al mismo tiempo, buscaba algún lugar adecuado para descansar.
Dos horas después, encontró un sitio bastante aceptable.
Sin embargo, justo cuando se disponía a pasar allí el resto de la noche, una mirada tranquila, oculta en la oscuridad, se posó sobre él.
Liu Qingzhi conocía muy bien aquella forma de observar.
Levantó ligeramente una ceja y un destello de interés cruzó por sus ojos.
Lo había encontrado.
El Huo Lin de este mundo.