Un frágil personaje de relleno - Capítulo 178
—¡Liu Qingzhi, eres Liu Qingzhi! —soltó casi sin pensar.
Debido al dolor y a la ansiedad, sumados al agua que seguía invadiendo su oído medio, la voz se le quebró y sus palabras salieron acompañadas de un evidente temblor.
Liu Qingzhi alzó ligeramente los ojos y detuvo por el momento lo que estaba haciendo, impidiendo que el agua continuara avanzando hacia la trompa de Eustaquio.
—¿Tan rápido lo recordaste?
Liu Cheng no tenía fuerzas para responder. Solo dejó escapar un suspiro, como alguien que acababa de librarse de una catástrofe.
Desde el sofá, Si Lanyin soltó de pronto una suave risa. Cambió la posición de sus piernas cruzadas y repitió lentamente el nombre que acababa de salir de boca de Liu Cheng:
—Liu… Qing… zhi…
Pronunció cada sílaba por separado, como si saboreara aquel nombre. Su tono ligeramente ronco sonaba, a primera impresión, como el murmullo íntimo dirigido a un amante.
Después de pronunciarlo, levantó los párpados y fijó sus ojos ligeramente estrechos en Liu Qingzhi.
—Así que ese es tu nombre. Suena mucho mejor que Liu San.
Liu Qingzhi no le hizo caso. Su mirada permaneció fija en Liu Cheng.
Sus ojos descendieron lentamente desde la frente cubierta de sudor de Liu Cheng hasta su rostro completamente desprovisto de color.
Aunque aquella mirada no podía considerarse afilada ni contenía frialdad alguna, Liu Cheng sintió como si su pecho estuviera siendo comprimido una y otra vez, dejándolo sin aliento.
Quería retroceder, alejarse de aquel joven, pero sus piernas seguían paralizadas por la toxina y era incapaz de moverlas.
Liu Qingzhi sonrió levemente y habló con un tono tenue y pausado:
—Ya que recordaste mi nombre, ahora toca seguir con lo demás.
A pesar de sus palabras, Liu Qingzhi no invadió inmediatamente la mente de Liu Cheng con su habilidad mental. Primero dirigió una mirada hacia Si Lanyin, que seguía sentado en el sofá.
Si Lanyin apoyaba un codo sobre la rodilla y sostenía el mentón con una mano.
—¿Qué ocurre? —preguntó alzando la mirada—. Después de todo, este sigue siendo mi territorio. No esperarás que me retire, ¿verdad?
Liu Qingzhi respondió:
—Haz que traigan aquí a la mujer que estaba con él.
Si Lanyin entrecerró los ojos.
—¿Me estás dando órdenes?
Liu Qingzhi levantó ligeramente los párpados.
—Si quieres interpretarlo así.
Casi en el mismo instante en que terminó de hablar, cientos de enredaderas brotaron del cuerpo de Si Lanyin y se lanzaron contra Liu Qingzhi con la velocidad de un vendaval.
Las puntas de las enredaderas estaban cubiertas de diminutas espinas, y las delgadas hojas que crecían sobre ellas parecían cuchillas extremadamente afiladas.
En apenas un parpadeo, ya estaban frente a Liu Qingzhi.
Pero justo cuando estaban a punto de atravesarlo, la temperatura del aire descendió bruscamente.
Al mismo tiempo, capas de cristales de hielo de un blanco inmaculado recubrieron por completo las enredaderas.
¡Crac!
Con una sucesión de sonidos de hielo quebrándose, las enredaderas congeladas se partieron en numerosos segmentos y cayeron al suelo como granizo.
Si Lanyin se incorporó bruscamente del sofá.
—¿Tienes dos habilidades?
Mientras hablaba, el mutante con forma de cocodrilo que permanecía en la piscina se apresuró hasta sus pies y adoptó una postura de ataque, mirando fijamente a Liu Qingzhi.
Parecía que, en cuanto Si Lanyin diera una orden, se lanzaría inmediatamente sobre él para despedazarlo.
Los zombis de alto nivel, al igual que los usuarios de habilidades, podían despertar poderes específicos.
Del mismo modo, los mutantes de alto nivel también podían evolucionar y desarrollar habilidades. Liu Yu, por ejemplo, había desarrollado una habilidad espacial, mientras que el mutante que Liu Qingzhi había convertido en la Residencia Medusa había desarrollado una habilidad de agua.
Por el momento, Liu Qingzhi aún desconocía qué habilidades habían desarrollado los dos mutantes criados por Si Lanyin.
Sin embargo, aquella incertidumbre no bastaba para hacerlo sentir amenazado, mucho menos para obligarlo a cambiar de planes.
Aunque, en realidad, tampoco podía decirse que tuviera un plan propiamente dicho.
Había aceptado repentinamente la invitación de Yu Ze y subido al vehículo para venir hasta allí. Incluso había improvisado un nombre falso y seguido las reglas del lugar, participando junto a Si Lanyin en aquella ceremonia de bienvenida terriblemente aburrida.
Todo aquello solo tenía un propósito: pensar en una manera de hacer que Liu Cheng y la maliciosa madrastra del dueño original murieran de una forma todavía más dolorosa.
Al ver que Liu Qingzhi no respondía, el rostro de Si Lanyin volvió a enfriarse.
—¿No vas a responder?
Liu Qingzhi hizo una pausa.
—Trae a la persona que te pedí y te lo diré.
No le importaba enfrentarse a Si Lanyin, pero hacerlo inevitablemente le haría perder tiempo. Después de todo, Si Lanyin tenía bajo sus órdenes a varias decenas de usuarios de habilidades.
Si podía evitar una pelea, mucho mejor.
Si Lanyin apretó los labios. La frialdad en sus ojos se hizo cada vez más evidente mientras observaba fijamente a Liu Qingzhi.
No dijo nada.
Parecía estar sopesando algo.
Después de un largo rato, finalmente hizo que el mutante serpentiforme enroscado alrededor de su hombro trajera el comunicador que descansaba sobre un armario cercano.
Acto seguido, delante del propio Liu Qingzhi, ordenó que llevaran hasta allí a la persona que este había solicitado.
—Cinco minutos —dijo Si Lanyin—. La traerán en menos de cinco minutos.
—Mm. Gracias.
Liu Qingzhi asintió y le dio las gracias con total naturalidad.
Si Lanyin se quedó inmóvil un instante.
—Vaya, sí que eres educado.
—Es lo mínimo.
Después de responder, Liu Qingzhi no esperó a que Si Lanyin dijera nada más y volvió a centrar su atención en Liu Cheng.
Era evidente que, a ojos de Liu Qingzhi, Si Lanyin, quien podía atacarlo en cualquier momento, era menos importante que Liu Cheng, quien tenía ambas piernas paralizadas y no suponía amenaza alguna.
Ser ignorado una y otra vez habría bastado para que Si Lanyin atacara si se hubiera tratado de cualquier otra persona.
Sin embargo, aquel joven frente a él ya le inspiraba cierta cautela.
Liu Qingzhi se mostraba demasiado tranquilo.
Era una serenidad absoluta, como si no concediera ninguna importancia a su situación actual ni a las amenazas que podía llegar a enfrentar.
Antes de que revelara su habilidad de hielo, Si Lanyin ya suponía que debía ser bastante fuerte, pero todavía lo contemplaba con una actitud juguetona, dispuesto a permanecer como espectador y disfrutar temporalmente de aquel interesante espectáculo de venganza.
Ahora, después de verlo utilizar una segunda habilidad delante de él, ya no podía evitar tomarse en serio la verdadera fuerza del joven.
Después de todo, en teoría, la habilidad de agua de Liu Qingzhi habría sido suficiente para bloquear el ataque anterior.
Pero Liu Qingzhi no había seguido utilizándola.
Había elegido revelar otra habilidad.
Exponer sin reparos una segunda capacidad frente a él solo podía significar una cosa: Liu Qingzhi no consideraba aquello una carta oculta.
Y eso podía significar que poseía capacidades todavía más poderosas que el simple hecho de ser un usuario de dos habilidades.
En ese caso, aquella supuesta carta oculta ni siquiera podía considerarse como tal.
Al mismo tiempo, Liu Qingzhi también le estaba transmitiendo indirectamente que no había necesidad de seguir atacando y deteriorar la relación entre ambos por una o dos personas sin demasiada importancia.
Si Lanyin había conseguido convertirse en líder de numerosos usuarios de habilidades en pleno apocalipsis. Era despiadado con los demás y todavía más consigo mismo. Pero si solo hubiera poseído crueldad, sin inteligencia ni capacidad para evaluar las circunstancias, jamás habría llegado hasta donde estaba.
Volvió a observar a Liu Qingzhi durante unos segundos antes de sentarse nuevamente en el sofá.
El tiempo continuó transcurriendo.
Después de aquel intercambio, todo parecía haber regresado al punto de partida.
Liu Qingzhi colocó una mano sobre la cabeza de Liu Cheng sin llegar a tocarla.
Como acababa de utilizar su habilidad de hielo, su mano seguía extremadamente fría. Sobre su piel blanca como el jade parecía flotar una tenue bruma helada.
El frío que emanaba de su palma alcanzó el cuero cabelludo de Liu Cheng.
Este se estremeció violentamente y su respiración se detuvo durante un instante.
Movido por un instinto de supervivencia ante el peligro, Liu Cheng cerró los ojos y gritó:
—¡Si Lanyin, sálvame! ¡Sálvame!
Liu Qingzhi detuvo el movimiento y miró de reojo a Si Lanyin.
Si Lanyin hizo un gesto despreocupado con la mano.
—Yo solo estoy aquí mirando.
Al escuchar su respuesta, Liu Cheng abrió bruscamente los ojos.
—¡Si Lanyin, no puedes hacerme esto! ¡No puedes…! ¡Ah!
No alcanzó a terminar.
En el siguiente instante, una enredadera lanzada por Si Lanyin lo azotó brutalmente.
La sangre que salpicó estuvo a punto de alcanzar a Liu Qingzhi.
Este frunció ligeramente el ceño y miró al responsable.
Si Lanyin parpadeó con aparente inocencia.
—Tampoco puedo controlar hacia dónde salpica la sangre.
Liu Qingzhi apartó la mirada.
Para evitar más interrupciones y que se repitiera una situación semejante, utilizó su habilidad de agua para levantar a su alrededor y alrededor de Liu Cheng un muro ondulante que los aisló de cualquier ataque procedente del exterior.
Solo después de terminar cerró lentamente los ojos y utilizó su habilidad mental sobre Liu Cheng.
Una fluctuación invisible brotó de su palma, atravesó el cuero cabelludo de Liu Cheng y penetró en su mente.
Como aquella energía no podía percibirse a simple vista, Si Lanyin, al otro lado del muro de agua, solo pudo sentir las fluctuaciones de la habilidad.
Pero al ver cómo Liu Cheng adoptaba una expresión ausente, como si su conciencia hubiera sido invadida, las pupilas de Si Lanyin se contrajeron.
¡Una habilidad mental!
Aunque entre sus subordinados no había ningún usuario de habilidades mentales, Si Lanyin se había encontrado con algunos e incluso había luchado contra ellos.
Por eso podía estar completamente seguro de que, en ese momento, Liu Cheng estaba sufriendo una invasión mental.
Eso significaba que Liu Qingzhi no poseía dos habilidades.
Poseía tres.
O quizá incluso una cuarta.
Al llegar a esa conclusión, incluso Si Lanyin, que ya había hecho sus propias estimaciones sobre la fuerza de Liu Qingzhi, sintió una fuerte conmoción.
De pronto se alegró un poco de no haber roto por completo las relaciones con él ni haber hecho nada verdaderamente irreparable.
Por su parte, Liu Qingzhi utilizó primero su habilidad mental para recorrer rápidamente los recuerdos de Liu Cheng de los últimos tres años.
Después concentró su poder en un único punto y comenzó a disipar de manera precisa un coágulo de sangre alojado en el cerebro de Liu Cheng.
La fuerza de voluntad de Liu Cheng nunca había sido especialmente fuerte y el poder mental de Liu Qingzhi era demasiado abrumador.
Aunque Liu Qingzhi había reducido deliberadamente su intensidad, cuando finalmente retiró la habilidad, Liu Cheng cayó inconsciente debido a la enorme carga soportada por su cerebro.
Para entonces, la toxina que había paralizado sus piernas también se había disipado por completo.
En cuanto Liu Qingzhi retiró la mano, Liu Cheng se desplomó como un montón de barro.
¡Pum!
Cayó pesadamente al suelo.
Si Lanyin, que había contemplado todo el proceso, preguntó por iniciativa propia:
—¿Quieres que lo despierte?
Liu Qingzhi no le respondió.
Se agachó frente al inconsciente Liu Cheng y utilizó su habilidad de hielo para condensar un afilado punzón.
Al verlo, Si Lanyin comprendió lo que pretendía hacer y dejó de hablar.
Desde que Liu Qingzhi había revelado tres habilidades delante de él, Si Lanyin había decidido que lo mejor era establecer una buena relación con él.
Si realmente tuvieran que enfrentarse, tampoco le tendría miedo.
Pero ante un usuario de habilidades de semejante nivel, siempre era más inteligente convertirlo en aliado que en enemigo.
Liu Qingzhi sostuvo el punzón de hielo y lo clavó en el brazo de Liu Cheng.
Entonces comenzó a cortar lentamente sobre su piel, trazo a trazo, como si estuviera haciendo un tatuaje.
El dolor intenso, acompañado por aquel frío penetrante, no tardó en sacar a Liu Cheng de la inconsciencia.
Abrió los ojos.
Y en el instante en que vio a Liu Qingzhi, su expresión fue como si acabara de contemplar a un espectro surgido del infierno para reclamar su vida.