Un frágil personaje de relleno - Capítulo 144

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Después de decir aquello, Fu Rongyang actuó como un anfitrión generoso y considerado que recibía a sus invitados. Alzó ligeramente una mano y, con una suave sonrisa, les dijo a Liu Qingzhi y a los otros dos:

—Hay muchas habitaciones aquí. Pueden elegir la que quieran.

Zhao Jiayan observó durante un par de segundos más los ojos sonrientes de Fu Rongyang antes de decir con cierta desconfianza:

—Más te vale no estar tramando nada.

Al oírlo, Fu Rongyang parpadeó con una expresión bastante inocente. Entre sus pálidas cejas apareció cierta impotencia, como si lo hubieran acusado injustamente. Miró primero a Liu Qingzhi y luego a Huo Lin antes de preguntar:

—Con estos dos presentes, ¿qué podría tramar yo?

Zhao Jiayan continuó:

—Y no creas que por hacer todo esto vamos a dejarte en paz. Cuando se cumpla el plazo, las cosas seguirán su curso como deben.

Mientras hablaba, una evidente agudeza apareció en sus ojos y la mirada que dirigió a Fu Rongyang contenía una clara advertencia.

El significado de sus palabras no podía ser más evidente.

Había cosas que el hermano Zhi y el hermano Lin consideraban innecesario enfatizar y que tampoco se molestarían en explicar deliberadamente.

Pero él era diferente.

No tenía por qué contenerse. Algunas palabras debían ponerse claramente sobre la mesa, y nadie más apropiado que él para decirlas.

Fu Rongyang no se enfadó ni se sintió ofendido por sus palabras. Por el contrario, caminó hasta Zhao Jiayan, extendió la mano y le dio unas suaves palmadas en el hombro, con la actitud de un mayor frente a un joven.

—Relájate un poco. No tienes por qué estar siempre tan alerta y tenso.

Su tono estaba lleno de consuelo, como si realmente estuviera tratando de tranquilizarlo.

Zhao Jiayan puso de inmediato una expresión como si una mosca acabara de posarse sobre él. Apartó con fuerza la mano de Fu Rongyang y retrocedió dos pasos.

—No estoy alerta. Te estoy advirtiendo —recalcó antes de añadir—: Y deja de acercarte a mí a cada rato. Mucho menos me toques con esas manos. Me da asco, están sucias.

En cuanto pronunció la última frase, la sonrisa que todavía permanecía en los ojos de Fu Rongyang se enfrió de repente.

Pero al instante siguiente volvió a la normalidad.

El cambio fue tan rápido que casi resultaba imposible captarlo.

Xu Yan, que hasta entonces había permanecido callado, ya no pudo soportarlo.

—Tu boca apesta más que una letrina.

En pocas palabras, para él, lo más sucio allí era la boca de Zhao Jiayan.

Zhao Jiayan ni siquiera se molestó en discutir con él. Se volvió hacia Liu Qingzhi y Huo Lin.

—Hermano Zhi, hermano Lin, ¿qué piso nos conviene elegir?

Liu Qingzhi recordó la distribución de aquel búnker subterráneo y, después de pensarlo un momento, respondió:

—Nos quedaremos en este piso.

En ese momento se encontraban en el segundo nivel.

Debajo todavía había otros dos niveles y encima había uno más, por lo que se encontraban en una posición relativamente intermedia.

Además, Liu Qingzhi ya había comparado las distintas zonas y aquel nivel era, en términos generales, el más apropiado para vivir.

Tanto en lo referente a su propia privacidad como a la posibilidad de observar a los demás.

Por un lado, mientras nadie hiciera un esfuerzo deliberado, sería prácticamente imposible ver lo que ocurría en su nivel.

Por otro, si ellos querían observar a los demás, la ubicación geográfica era ideal para vigilar y supervisar.

Huo Lin evidentemente había pensado lo mismo.

Después de que Liu Qingzhi terminara de hablar, respondió:

—Nos quedaremos aquí.

Al ver que ambos habían elegido el mismo nivel, Fu Rongyang no pareció sorprendido.

—Entonces nosotros viviremos un piso debajo de ustedes.

En realidad, solo podían instalarse debajo de Liu Qingzhi y los demás.

Aunque también había habitaciones en el nivel superior, eran bastante pequeñas. Comparativamente, aquel piso se parecía más a una zona de almacenamiento, llena de suministros, equipos e instrumentos.

Una vez decidido dónde se alojaría cada uno, Fu Rongyang no permaneció allí mucho más tiempo y se marchó con Qiya y Xu Yan.

Liu Qingzhi miró el sensor de temperatura interior instalado en la pared.

Marcaba exactamente cinco grados bajo cero.

Le pidió a Liu Yu que sacara unas mantas del espacio de almacenamiento y luego se tumbó en el sofá.

En cuanto se cubrió con una cálida manta, la sensación húmeda y helada provocada por el aire frío disminuyó considerablemente.

Zhao Jiayan imitó a Liu Qingzhi y se tumbó en otro sofá con una manta.

Se la subió hasta el cuello y suspiró:

—Con un frío así no dan ganas de hacer absolutamente nada. Ni siquiera quiero moverme.

Antes del apocalipsis, cada vez que se acercaba la temporada más fría, conducía con anticipación hacia el sur.

El clima allí era más cálido que en el norte. Aunque también hacía frío, al menos la temperatura no caía bajo cero a cada momento.

Cada vez que llegaba al sur, le gustaba encerrarse en el alojamiento temporal donde estuviera viviendo, envolverse en las cobijas y no levantarse salvo para comer o ir al baño.

Ahora, aquella sensación de pasar el invierno acurrucado bajo una manta le despertaba cierta nostalgia por el pasado.

Pensando en eso, Zhao Jiayan giró la cabeza y se acomodó de lado para mirar a Liu Qingzhi, que estaba en el otro sofá.

Preguntó con curiosidad:

—Hermano Zhi, ¿qué solías hacer antes cuando hacía tanto frío?

En cuanto formuló la pregunta, Huo Lin también miró a Liu Qingzhi.

Huo Lin conservaba recuerdos del pasado, pero para él aquellos recuerdos carecían de una verdadera sensación de pertenencia.

Más que otra cosa, los contemplaba con indiferencia, como si pertenecieran a alguien más.

En aquellos recuerdos había algunas cosas relacionadas con Liu Qingzhi, pero no demasiadas.

Además, buena parte de ellas no tenían realmente que ver con el Liu Qingzhi que estaba ahora frente a él.

Por eso, estrictamente hablando, Huo Lin no conocía el pasado de Liu Qingzhi.

Y precisamente por eso, cuando escuchó la pregunta de Zhao Jiayan, su atención quedó inmediatamente atrapada.

Él también quería conocer algo sobre su pasado directamente de boca de Liu Qingzhi.

Bajo las miradas de ambos, Liu Qingzhi trató de recordar qué solía hacer durante los inviernos.

Sin embargo, después de pensarlo, descubrió que desde que se había convertido en jugador de los mundos infinitos y había comenzado a realizar misiones y superar escenarios en distintos mundos, rara vez había vuelto a experimentar un invierno propiamente dicho.

En los mundos infinitos también existían las cuatro estaciones.

Pero en aquella época, toda su atención estaba centrada en completar las misiones.

En escenarios de supervivencia tan intensos, rara vez tenía tiempo o disposición para preocuparse por los cambios del clima.

La naturaleza extraña y cambiante de las propias misiones ocupaba prácticamente todos sus pensamientos y su atención.

Después de todo, sin una mente lo suficientemente meticulosa y una concentración mental extrema, era muy difícil alcanzar un desenlace de superación perfecta en aquellos mundos de alto nivel.

Liu Qingzhi lo pensó un momento antes de responder de manera bastante general:

—Supongo que… mantener activa la mente.

Zhao Jiayan soltó un «ah».

—¿Qué clase de respuesta es esa?

Estaba algo decepcionado.

Había esperado escuchar algo más interesante.

Huo Lin, en cambio, observó a Liu Qingzhi un par de veces más. Un destello pensativo cruzó por sus iris grises.

Liu Qingzhi sonrió y no dio más explicaciones.

Huo Lin se acercó a él y se sentó de lado en el borde del sofá. Después extendió una mano para comprobar la temperatura de las manos de Liu Qingzhi.

Aunque Liu Qingzhi poseía una habilidad de tipo hielo y, estrictamente hablando, no temía al frío, eso no impedía que su temperatura corporal descendiera.

Incluso cubierto con la manta, sus manos seguían sin calentarse demasiado.

O, mejor dicho, la temperatura de aquel cuerpo ya era más baja de lo normal desde antes.

Desde que Liu Qingzhi había obtenido la habilidad de hielo, su temperatura corporal había descendido todavía más.

En comparación, incluso Huo Lin, cuyo cuerpo contenía la mitad de genes mutantes, estaba ligeramente más caliente que él.

Huo Lin tomó una de las manos de Liu Qingzhi entre las suyas, intentando disipar con su propio calor parte del frío de su piel.

Liu Qingzhi contempló su acción con cierta diversión.

—Sabes que esto no sirve de nada.

—Lo sé —respondió Huo Lin.

Lo sabía.

Sin embargo, no retiró la mano.

Al contrario, sostuvo la de Liu Qingzhi con un poco más de firmeza.

Zhao Jiayan, que observaba desde un lado, volvió a sentir aquella familiar punzada amarga en el pecho.

—Hermano Lin, lo estás haciendo a propósito, ¿verdad?

La pregunta parecía haber sido lanzada al azar.

Pero, para sorpresa de Zhao Jiayan, Huo Lin lo admitió directamente.

—Sí.

Lo estaba haciendo a propósito.

Quería tomar la mano de Liu Qingzhi.

Quería sentir su piel contra la suya.

Quería utilizar aquel tipo de contacto para reducir un poco más la distancia entre ambos.

Huo Lin no veía nada malo en admitirlo.

Con los ojos bajos, contempló a Liu Qingzhi, que permanecía recostado en el sofá.

Su piel era tan blanca como el jade helado. Bajo sus cejas oscuras se encontraban aquellos ojos igualmente negros, semejantes al firmamento de una noche de verano, profundos y hermosos.

Entre sus cejas se percibía un ligero aire enfermizo, acompañado de aquella actitud perezosa y despreocupada tan propia de él.

Esa naturalidad relajada, esa indiferencia casual, formaban en Liu Qingzhi un encanto personal extremadamente marcado.

A Huo Lin le resultaba difícil describir exactamente qué tenía Liu Qingzhi que lo atraía tanto.

Solo sabía que, si podía hacerlo, en ese preciso instante quería inclinarse y besarlo.

Besar sus cejas.

Sus ojos.

El puente de su nariz.

Sus labios.

Ese deseo de acercarse a alguien, nacido desde lo más profundo de su ser, solo aparecía cuando estaba frente a Liu Qingzhi.

Todos aquellos deseos mundanos —codicia, anhelo, obsesión— únicamente quedaban expuestos sin reservas cuando tenía delante a aquella persona.

Al pensar en ello, la mirada de Huo Lin se volvió considerablemente más profunda.

Liu Qingzhi percibió el cambio en sus ojos.

Alzó ligeramente sus bien delineadas cejas y entreabrió los labios.

—Tú…

Pero apenas había comenzado a hablar cuando el siguiente movimiento de Huo Lin lo interrumpió.

Huo Lin levantó la otra mano y apartó con suavidad los mechones que caían sobre la frente de Liu Qingzhi.

Después se inclinó directamente y depositó un beso sobre su frente clara y lisa.

Al contemplar aquella escena, Zhao Jiayan abrió los ojos de par en par.

Sin embargo, Huo Lin no se detuvo después de besar la frente de Liu Qingzhi.

Descendió hasta sus párpados.

Luego al puente recto de su nariz.

Y finalmente, poco a poco, llegó hasta sus labios.

Por su personalidad, Huo Lin rara vez hacía algo así.

O, mejor dicho, prácticamente nunca.

Precisamente por eso, cuando sus labios terminaron posándose sobre los de Liu Qingzhi, las pupilas de Zhao Jiayan parecieron sufrir un auténtico terremoto.

Incluso Liu Qingzhi se sorprendió por su iniciativa.

Había pensado que aquel acercamiento terminaría en el puente de su nariz.

No esperaba que Huo Lin fuera a besarlo directamente en los labios.

Al sentir aquella suavidad ligeramente fría sobre su boca, Liu Qingzhi levantó los párpados.

Sus pupilas, negras como la tinta, reflejaron el rostro de Huo Lin a escasos centímetros del suyo.

Huo Lin también lo miró.

Sus miradas se encontraron a una distancia mínima.

Y al instante siguiente, los labios de Huo Lin volvieron a moverse.

Ya no se limitó a mantener sus labios unidos.

Entreabrió ligeramente la boca y mordisqueó con suavidad el labio inferior de Liu Qingzhi.

La fuerza fue mínima.

El gesto transmitía una intimidad difícil de describir, mezclada con cautela y tanteo.

La emoción que nacía en sus ojos se encontraba justo en el límite entre la contención y el deseo ardiente.

Para entonces, Zhao Jiayan ya había saltado del sofá.

Permanecía de pie a un lado, completamente boquiabierto, con una expresión que prácticamente gritaba:

«Mis ojos no están fallando. De verdad se están besando delante de nosotros».

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