Un frágil personaje de relleno - Capítulo 119

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Aunque habló en voz muy baja, su tono no tenía nada de reconfortante ni amable. Por el contrario, transmitía una frialdad que parecía filtrarse lentamente desde las alcantarillas, húmeda y siniestra, capaz de provocar escalofríos con solo escucharla.

Después de decir aquello, no se apresuró a acercarse a Liu Qingzhi. Permaneció donde estaba, mirándolo desde arriba mientras seguía sentado en el sofá. Sus ojos se posaron sobre el rostro desconcertado y nervioso de Liu Qingzhi, con una expresión semejante a la de alguien contemplando un pescado sobre la tabla de cortar.

La extraña curva de sus labios no desapareció. Al contrario, se ensanchó un poco más.

—No tengas miedo.

Xie’er le dijo:

—Seré muy gentil.

Al ver que, aunque Liu Qingzhi parecía asustado, no lloraba ni armaba un escándalo, su estado de ánimo mejoró visiblemente. Sus labios pálidos se entreabrieron ligeramente.

—Solo necesito un poco de tu sangre. Si eres obediente y cooperas, no sentirás ningún dolor.

Como responsable de aquel laboratorio bioquímico subterráneo, durante los últimos dos años Xie’er había tenido incontables sujetos experimentales bajo su control.

Entre ellos había obedientes, rebeldes, aterrorizados y completamente insensibles.

Había visto demasiados de todos los tipos.

No era una persona particularmente paciente, pero tampoco tenía un temperamento impulsivo o irritable.

De hecho, antes de comenzar cada experimento, siempre se tomaba la molestia de explicarle al sujeto lo que iba a hacer.

Xie’er consideraba que aquella era la explicación que, como controlador, debía ofrecerle a quien estaba bajo su control.

También procuraba decir unas palabras tranquilizadoras antes de comenzar.

Si después de escucharlo el sujeto se comportaba y cooperaba, sus movimientos eran un poco más caballerosos.

Por desgracia, los sujetos experimentales lo bastante inteligentes como para comprender la situación eran muy pocos.

La mayoría, después de sus palabras tranquilizadoras, o lloraba y gritaba, o forcejeaba desesperadamente como una hiena moribunda, arruinando por completo su cuidadosamente preparado ritual de apertura.

Al recordar aquello y volver a mirar al joven sentado en el sofá, que aparte de mostrarse nervioso no estaba contaminando sus tímpanos con ningún ruido desagradable, Xie’er se sintió todavía más complacido.

Esta vez, la sonrisa que apareció en sus labios fue un poco más genuina y dejó de parecer la rígida sonrisa ceremonial de antes.

El cambio en el estado de ánimo de Xie’er era demasiado evidente, por lo que Liu Qingzhi naturalmente no pasó por alto aquella transformación.

Respiró profundamente y fingió esforzarse por conservar la calma. Cuando habló, mantuvo la voz baja, impregnándola con un ligero temblor.

—¿Para qué quieres mi sangre? Solo soy una persona común.

Xie’er sonrió.

—Buen chico. Incluso una persona común tiene el valor de una persona común. Especialmente alguien como tú.

Levantó la mano izquierda y, con el fino bisturí que sostenía, apartó suavemente hacia atrás el cabello que caía sobre la frente de Liu Qingzhi, dejando al descubierto todo su rostro.

La fría punta del bisturí rozó su frente tersa.

Con solo bajarla un poco más, podría cortar aquella piel que parecía tan suave y delicada.

Xie’er se detuvo repentinamente.

Entonces, como si ambos no fueran ni demasiado cercanos ni completos desconocidos y simplemente estuvieran conversando, comentó sin prisa:

—Aunque tu rostro es bastante común, tienes una piel excelente. No parece en absoluto la piel de alguien que lleva más de dos años sobreviviendo en el apocalipsis.

Liu Qingzhi redujo un poco el temblor que fingía.

—Mi piel siempre ha sido blanca.

Xie’er se quedó ligeramente atónito durante medio segundo.

Después, como si hubiera pensado en algo, recorrió con la mirada el rostro de Liu Qingzhi hasta detenerse finalmente en sus ojos.

—Sí, así está mucho mejor. Comparado con esos sujetos experimentales que no hacen más que llorar, prefiero a los que son como tú y pueden conversar conmigo.

Liu Qingzhi preguntó:

—¿De verdad tienes que sacarme sangre ahora mismo?

Al escucharlo, Xie’er dejó el bisturí a un lado y pareció considerar seriamente su pregunta.

—No necesariamente.

Sin embargo, apenas terminó de decirlo, cambió de tono.

—Aunque… tus dos compañeros son muy poderosos. Para evitar problemas si esto se prolonga demasiado, será más seguro extraerla cuanto antes.

Liu Qingzhi bajó los ojos.

Sus largas pestañas ocultaron la sombra que cruzó por sus pupilas.

—Entonces, ¿hoy vas a sacarme sangre sí o sí?

Xie’er asintió.

—Sí o sí.

—Lo de sacarme sangre se te ocurrió sobre la marcha, ¿verdad? Entonces, ¿puedo preguntarte cuál era tu verdadero propósito al ordenar que me secuestraran y me trajeran aquí?

Esta vez, Xie’er soltó directamente una carcajada.

—Parece que ya no tienes tanto miedo como al principio. Y no solo eso, incluso tienes ánimos para intentar sonsacarme mi propósito… No, eso no es correcto. Ni siquiera estás intentando sonsacármelo. Me lo has preguntado directamente.

Se inclinó y acercó el rostro al de Liu Qingzhi.

—Me da curiosidad. ¿Qué clase de razonamiento te llevó a hacerme una pregunta así?

Debido a la escasa distancia entre ambos, el aliento de Xie’er alcanzó gradualmente a Liu Qingzhi mientras hablaba, como lodo que se extendiera lentamente a su alrededor.

Las pestañas de Liu Qingzhi se movieron.

No miró el rostro de Xie’er.

—Supongo que ya no tengo nada que perder.

Al escuchar aquella respuesta, Xie’er alzó ligeramente una ceja.

—De repente siento que estás intentando ganar tiempo.

Sin esperar a que Liu Qingzhi respondiera, continuó:

—Pero…

Dejó las cosas que llevaba a un lado y, acto seguido, se inclinó y tomó a Liu Qingzhi en brazos.

Luego caminó hacia una puerta situada en diagonal frente a ellos.

Liu Qingzhi preguntó:

—¿Adónde me llevas?

—A un lugar con un poco más de sentido ceremonial.

Xie’er era alto, aunque no tan corpulento como Markas, el hombre que había llevado a Liu Qingzhi hasta allí.

Sin embargo, pese a su apariencia delgada, poseía una fuerza considerable.

Mientras avanzaba cargando a Liu Qingzhi, sus pasos eran firmes y su respiración seguía siendo completamente estable incluso al hablar.

Cuando se abrió la puerta metálica, Liu Qingzhi pudo ver finalmente la distribución del interior.

Era una sala experimental muy similar al quirófano de un hospital.

En el centro había una cama individual.

A su derecha se encontraban diversos aparatos electrónicos de distintos tamaños y, a la izquierda, instrumentos quirúrgicos de toda clase de longitudes y grosores.

La temperatura allí era todavía más baja que en el exterior, y el olor a desinfectante que flotaba en el aire era mucho más intenso.

Todo parecía muy nuevo.

No había una sola mancha de sangre ni suciedad.

Parecía una habitación recién construida que jamás hubiera sido utilizada.

Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran los espejos de las cuatro paredes.

Exceptuando el suelo bajo sus pies y el techo, prácticamente toda la habitación estaba cubierta de superficies reflectantes.

Las lámparas de mercurio de alta presión proyectaban una luz extremadamente intensa por toda la sala. Al reflejarse y refractarse en los espejos circundantes, creaban haces luminosos apenas visibles que se entrecruzaban en el aire.

El conjunto transmitía una extraña estética tecnológica, casi ciberpunk, acompañada de una desconcertante sensación de distorsión espacial.

Xie’er depositó a Liu Qingzhi sobre la única cama experimental situada en el centro.

Sin embargo, no se incorporó inmediatamente.

Manteniéndose a apenas medio brazo de distancia, inclinó la cabeza y le dijo:

—Bien. Ahora ya no puedes seguir ganando tiempo.

Después de comparar su comportamiento actual con el trato que había dado a sus innumerables sujetos experimentales, Xie’er consideraba que ya estaba siendo lo bastante considerado y gentil.

Liu Qingzhi no dijo nada más.

Se limitó a recostarse tranquilamente sobre aquella cama quirúrgica completamente nueva.

—Qué consciente de tu situación.

Xie’er le dirigió una mirada de aprobación.

Después regresó hasta la puerta y cerró la hoja metálica de color gris plateado.

A continuación, se cambió los guantes por unos completamente nuevos y sacó otra jeringa de un gabinete.

Esta vez, la aguja era más fina que la anterior.

Aunque la extracción de sangre sería más lenta, también reduciría considerablemente el dolor.

Xie’er regresó junto a la cama.

—La fuerza todavía no debe haber regresado por completo a tu cuerpo, así que no te inyectaré ningún otro medicamento. Después de extraerte la sangre, podrás dormir tranquilamente.

Liu Qingzhi miró la jeringa que sostenía.

—¿Vas a empezar?

—Mm. Voy a empezar.

Xie’er se inclinó.

Con los dedos enguantados apartó lentamente el cabello del cuello de Liu Qingzhi, dejando toda aquella zona expuesta ante sus ojos.

La máscara de piel humana confeccionada por Liu Yu era extremadamente fina y natural. Se extendía desde el rostro hasta la clavícula, por lo que, observando únicamente el cuello, era imposible descubrir nada extraño.

Liu Qingzhi tenía una constitución delgada y un cuello igualmente esbelto.

Su pequeña nuez sobresalía ligeramente y, junto con la línea alargada de su cuello, recordaba al de un cisne, delicado y elegante.

La mirada de Xie’er cayó sobre aquel cuello largo y níveo.

En sus ojos apareció una admiración completamente genuina.

—Tu cuello es mucho más atractivo que tu rostro.

Sus líneas eran suaves y armoniosas.

Aunque parecía frágil, también era esbelto y firme. Bajo la piel podían distinguirse vagamente los vasos sanguíneos al ritmo de la circulación, produciendo una inexplicable atracción visual.

Xie’er ajustó su postura.

Apuntó la aguja hacia la arteria del cuello de Liu Qingzhi.

Sin embargo, justo cuando la punta estaba a punto de tocar su piel, una corriente helada se extendió repentinamente.

Acto seguido, una fina capa de escarcha apareció sobre el cuello de Liu Qingzhi, separando la aguja de su piel.

¡Clinc!

La punta chocó contra el hielo.

Al instante siguiente, la fina aguja se quebró y salió disparada.

Fue a clavarse directamente en el dorso de la mano de Xie’er, atravesando el guante y perforándole la piel.

Una línea de sangre brotó lentamente.

Xie’er se quedó inmóvil.

Durante un instante, ni siquiera pareció comprender qué acababa de suceder.

No fue hasta que una fina capa de hielo transparente cubrió por completo la jeringa y comenzó a extenderse hacia los dedos que la sostenían cuando el frío repentino lo sacó de su conmoción.

Sus pupilas se contrajeron.

Miró incrédulo al joven recostado en la cama quirúrgica y, con cierta rigidez, bajó los ojos hacia su cuello.

—Tú…

Su nuez se movió.

No estaba claro si hablaba con Liu Qingzhi o consigo mismo.

—Resulta que eres un usuario de habilidades…

—Seguirte el juego un rato servía para matar el tiempo, pero tampoco podía dejar que realmente me sacaras sangre.

Mientras hablaba, Liu Qingzhi se incorporó tranquilamente sobre la cama.

—Además, comparado con interpretar a un sujeto experimental, creo que el papel que tú desempeñas me queda mucho mejor.

Al decir esto, Liu Qingzhi inclinó ligeramente la cabeza.

Como si realmente estuviera pidiendo su opinión, miró a Xie’er y preguntó:

—¿Tú qué crees?

Xie’er estalló en carcajadas.

Una expresión de fervor apareció en sus ojos.

—¡Interesante! ¡Realmente interesante! Creí que eras una persona común, pero resulta que podrías ser un usuario de habilidades de alto rango cuya energía ni siquiera puede soportar el aparato de pruebas.

Su mirada se volvió cada vez más ardiente.

—El límite actual del aparato es el cuarto rango. Entonces, ¿eres de quinto rango? ¿Sexto? ¿O acaso… ya alcanzaste el séptimo?

Cuando pronunció «séptimo rango», incluso su voz cambió.

Un extraño rubor apareció sobre su rostro pálido y su expresión adquirió un matiz cada vez más frenético y exaltado.

Arrojó despreocupadamente la jeringa congelada que sostenía y se abalanzó hacia Liu Qingzhi.

—Vamos, buen chico… ¡dímelo de una vez!

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